Para nadie es un secreto que la gesta patriótica del 9 de enero de 1964, que dio inicio a la recuperación del territorio nacional que en un momento constituyó la innombrable «zona del canal», y por ende a la plena soberanía de Panamá, no solo de dicho territorio, sino de la operación del Canal de Panamá, tuvo su inicio en el Instituto Nacional, conocido como el «Nido de Águilas».
Las vidas de los estudiantes de ese colegio estuvieron en peligro en esa memorable fecha y en los días subsiguientes, e incluso fueron el preludio de una acción de la policía que cobró vidas de distintas personas y provocó el rompimiento de las relaciones diplomáticas con los Estados Unidos por parte de la República de Panamá.
A lo largo de los años, el Instituto Nacional ha sido un bastión fundamental en la lucha por nuestra soberanía, y también de distintos movimientos ideológicos y reivindicativos que frecuentemente causan incomodidad a los gobernantes de turno.
Cuando, hace 25 años, se produjo la terminación de la presencia norteamericana en la administración del canal, fecha en que todo el pueblo panameño se volcó al área donde se encuentra el edificio de la Administración del Canal, el Instituto Nacional se hizo presente y sirvió como una prueba indubitable de su raigambre nacionalista, cuestionadora de cómo sería administrado este patrimonio público que sirve al comercio marítimo internacional.
Por eso, causa extrañeza y también incomodidad encontrarse que, al celebrarse hoy un cuarto de siglo de esa administración panameña, a todas luces aceptable y sobre la cual se ciernen amenazas públicas de un presidente electo de los Estados Unidos, no haya sido invitado el colegio público que mejor representa el perfil cívico y la semilla fértil de nuestra nacionalidad, omisión que no tiene justificación alguna ni mucho menos sustentación.
Deseamos desde aquí reiterar el reconocimiento al “Nido de Águilas” como el más importante de los gestores de este movimiento de reivindicación nacional, al mismo nivel que en su oportunidad lo hicieron muchos panameños a través de generaciones que, desde el primer momento, rechazaron las cláusulas del tratado que permitió la construcción del Canal de Panamá, particularmente la que concierne a la perpetuidad de esta presencia militar en nuestro país.
Creo que el país merece un pronunciamiento de disculpas, especialmente a los estudiantes del Instituto Nacional. Amanecerá y veremos…