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Se endurecen los requisitos para ejercer medicina en Panamá

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El ajuste al puntaje mínimo de aprobación en el examen de certificación médica no es un hecho aislado. Responde a una tendencia que ha venido desarrollándose por años y que ahora se vuelve imposible de ignorar. Las estadísticas acumuladas entre 2014 y 2024 revelan una realidad profundamente desigual en la preparación de los futuros médicos según su universidad de origen.

Durante ese período, 10,381 aspirantes presentaron el examen de certificación básica en medicina aplicado tres veces al año: en enero, mayo y agosto, pero 4,670 de ellos no lograron aprobar, lo que representa una tasa de reprobación cercana al 45%. Sin embargo, al desglosar los resultados por institución, la diferencia entre universidades públicas y privadas es aún más marcada.

La Facultad de Medicina de la Universidad de Panamá (UP), con un enfoque pedagógico estrictamente presencial, registra apenas un 5% de fracaso: solo 106 de 2,079 graduados no superaron el examen. En la Universidad Autónoma de Chiriquí (UNACHI), el índice de reprobación sube al 29%, con 178 estudiantes reprobados de un total de 615. En cambio, las universidades privadas presentan un panorama crítico, con un alarmante 57% de fracaso: 4,386 de los 7,687 egresados de estas instituciones no alcanzaron el puntaje requerido.

Estos datos confirman Io que distintos gremios de salud y docentes venían advirtiendo: la calidad de la formación médica no es uniforme, y los estudiantes provenientes de universidades con menor carga práctica, uso excesivo de plataformas virtuales o limitada supervisión clínica son los más afectados. El nuevo aumento del puntaje mínimo ahora fijado en 45%, no hará más que acentuar estas diferencias si las universidades no realizan ajustes estructurales inmediatos.

Cabe destacar que este examen de certificación no es un mecanismo informal. Su obligatoriedad está contemplada en la Ley 43 del 21 de julio de 2004, que regula el ejercicio de la medicina en Panamá y establece que ningún profesional puede ejercer sin demostrar las competencias básicas necesarias. La ley no solo establece los criterios, sino que protege al paciente panameño exigiendo mínimos de idoneidad en quienes tendrán a su cargo decisiones médicas vitales.

En este contexto, el país no puede limitarse a subir el puntaje. Es imperativo fortalecer la supervisión de los planes de estudio, aumentar la rigurosidad académica, exigir prácticas clínicas reales y promover un modelo educativo que responda a las necesidades del sistema de salud, no solo al negocio universitario. El futuro de la medicina panameña y la seguridad de miles de pacientes depende de ello.

Finalmente, en nuestra última publicación, del pasado 20 de junio, advertimos con cifras concretas el preocupante índice de reprobación entre los egresados de universidades privadas en el examen de certificación médica y adicionalmente presentamos una propuesta concreta que puede servir como punto de partida para revertir esta tendencia y cerrar la brecha formativa. La clave está en entender que la solución no depende exclusivamente de una universidad o de una política estatal aislada. Se necesita responsabilidad institucional compartida, liderazgo del Estado, apertura del sector privado y voluntad académica real.

Señalamos también que una de las causas principales de este fenómeno es la escasa o en muchos casos inexistente formación clínica práctica durante los primeros años de carrera. A partir de ello, propusimos la necesidad urgente de que las universidades privadas puedan integrarse a un inventario nacional de instalaciones hospitalarias disponibles para prácticas médicas supervisadas, para la reducción de este déficit.

Inventario de oportunidades: instalaciones que pueden hacer la diferencia

En ese sentido, tanto el Ministerio de Salud (MINSA) como la Caja de Seguro Social (CSS) están llamados a desempeñar un papel más activo en la formación médica del país. Estas instituciones deben fortalecer sus alianzas con universidades públicas y privadas y organismos internacionales, promoviendo estándares académicos unificados, facilitando el acceso a rotaciones clínicas y estableciendo convenios sostenibles con hospitales docentes.

Panamá ya cuenta con una red hospitalaria nacional con capacidad de formación clínica, que debe ser formalmente reconocida y puesta al servicio de la educación médica.

En el caso del MINSA, destacan el Hospital Santo Tomás, el Hospital del Niño Dr. José Renán Esquivel, el Hospital Regional Luis “Chicho” Fábrega en Veraguas y el Hospital Materno Infantil José Domingo de Obaldía en Chiriquí. Por parte de la CSS, se suman el Complejo Hospitalario Dr. Arnulfo Arias Madrid, el Hospital de Especialidades Pediátricas, el Hospital Irma De Lourdes Tzanetatos, el Complejo Hospitalario Dr. Manuel Amador Guerrero en Colón, el Hospital Regional Dr. Rafael Estévez en Coclé, el Hospital Regional Dr. Gustavo Nelson Collado en Herrera y el Hospital Regional Dr. Rafael Hernández en Chiriquí.

Estos centros además de atender a miles de panameños cuentan con la infraestructura, el talento humano y la casuística clínica necesarios para convertirse en plataformas activas de formación para estudiantes, internos y residentes, independientemente de su universidad de origen.

A través de estas instituciones, los futuros médicos pueden capacitarse en más de 30 especialidades clínicas y líneas de investigación médica, incluyendo: alergología, inmunología, anestesiología, cardiología (pediátrica y de adultos), cirugía general y especializada (cardiovascular, torácica, vascular periférica), endocrinología, gastroenterología, ginecología y obstetricia, medicina familiar, medicina del trabajo, nefrología, neumología, neurología, neonatología, oftalmología, oncología, ortopedia, otorrinolaringología, psiquiatría, radiología, salud pública, terapia física y urología, entre otras.

Esta diversidad de especialidades permite que el aprendizaje clínico sea integral, contextualizado y acorde con las realidades epidemiológicas y sociales del país. Si se logran establecer convenios equitativos y bien estructurados, estas instituciones podrían ofrecer las condiciones necesarias para que miles de estudiantes de medicina especialmente de universidades privadas completen su formación de manera ética, técnica y profesionalmente competente.

Fuente: La Prensa. «Aumenta el puntaje mínimo en el examen de certificación médica: Ahora es del 45%»

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