La carrera por los chips: cómo Corea del Sur prepara a sus jóvenes para la era de la inteligencia artificial

La carrera por los chips

Si quieres entender cómo el auge de la inteligencia artificial está transformando el mercado laboral, vale la pena mirar hacia Corea del Sur. Allí, la industria de los semiconductores no solo está generando grandes inversiones y beneficios empresariales: también está cambiando las aspiraciones profesionales de miles de jóvenes.

En Seúl han comenzado a proliferar academias especializadas que preparan a estudiantes y recién graduados para ingresar a compañías como Samsung Electronics y SK Hynix, dos de los principales fabricantes de semiconductores del mundo. Los programas combinan conocimientos técnicos sobre componentes, diseño y fabricación de chips con análisis de datos, preparación de currículums y entrenamiento para entrevistas laborales.

Uno de estos programas tiene una duración aproximada de tres meses y medio y mantiene jornadas intensivas de formación de lunes a viernes. La competencia para ingresar es considerable, reflejo de una realidad más amplia: cada vez son más los jóvenes surcoreanos que ven en la industria tecnológica una oportunidad de obtener empleos estables, especializados y altamente remunerados.

De la medicina a los semiconductores

Durante décadas, si preguntabas a una familia surcoreana cuál era una de las carreras que ofrecía mayor prestigio y seguridad económica, probablemente la respuesta sería medicina. Hoy, esa percepción está comenzando a cambiar.

El auge de la inteligencia artificial y la creciente demanda mundial de chips han fortalecido enormemente a los grandes fabricantes surcoreanos. Como consecuencia, los programas universitarios especializados en semiconductores —algunos desarrollados directamente en colaboración con Samsung y SK Hynix— están captando una atención que antes estaba reservada para las carreras tradicionales de mayor prestigio.

En el proceso de admisión de 2026, algunos programas vinculados a SK Hynix en importantes universidades surcoreanas registraron incluso mayores tasas de solicitudes que determinadas facultades de medicina. Paralelamente, las solicitudes para estudiar medicina disminuyeron significativamente.

¿Qué está impulsando este cambio? Además de las oportunidades profesionales, existe un poderoso incentivo económico.

Los buenos resultados obtenidos por las empresas de semiconductores gracias a la expansión de la inteligencia artificial han permitido establecer importantes esquemas de reparto de beneficios y bonificaciones para sus trabajadores. De acuerdo con la información publicada, Samsung alcanzó un acuerdo de reparto de beneficios con decenas de miles de trabajadores de su división de semiconductores, mientras que SK Hynix acordó distribuir durante los próximos años una parte de sus beneficios operativos entre sus empleados.

Las habilidades prácticas ganan terreno

El fenómeno tampoco se limita a los ingenieros.

La percepción del trabajo técnico y de producción está cambiando entre los jóvenes y sus familias. Algunos graduados universitarios están incluso optando por puestos especializados dentro de las fábricas de semiconductores debido a las perspectivas de estabilidad y remuneración que ofrece el sector.

Este cambio se produce, además, en un contexto laboral complejo. El desempleo juvenil surcoreano alcanzó un promedio del 7,1 % durante los tres meses terminados en junio de 2026, mientras los jóvenes enfrentan una fuerte competencia por los empleos disponibles en los principales conglomerados empresariales del país.

Ante esta situación, el Gobierno surcoreano también ha anunciado iniciativas destinadas a facilitar la incorporación de los jóvenes al mercado laboral y promover inversiones en sectores de crecimiento, particularmente aquellos vinculados con la inteligencia artificial y la tecnología.

Para quienes observamos desde otros países, la experiencia de Corea del Sur deja una reflexión importante: la transformación tecnológica no solamente modifica las industrias, sino también la educación, las decisiones profesionales y la manera en que una sociedad entiende el éxito laboral.

¿Una transformación permanente?

Sin embargo, el crecimiento del sector no está exento de riesgos.

Especialistas en educación advierten que los semiconductores siguen perteneciendo a una industria altamente cíclica. El extraordinario atractivo actual de estas carreras está estrechamente relacionado con el buen momento que atraviesan los fabricantes de chips debido al desarrollo de la inteligencia artificial.

Por ello, aunque hoy los programas especializados ganan terreno frente a profesiones tradicionales, permanece abierta una pregunta fundamental: ¿estamos ante un cambio estructural en las preferencias profesionales de los jóvenes o ante una tendencia impulsada por un ciclo extraordinariamente favorable para la industria tecnológica?

Lo cierto es que Corea del Sur ya está preparando a una nueva generación de trabajadores para competir en uno de los sectores más estratégicos de la economía mundial. Y mientras la inteligencia artificial siga aumentando la demanda de capacidad computacional, la carrera por formar especialistas capaces de diseñar, fabricar y perfeccionar los chips que hacen posible esta tecnología continuará intensificándose.

Fuente: Adaptado de Financial Times, “Dentro de las escuelas de formación para la fabricación de chips en Corea del Sur”, por Song Jung-a y Daniel Tudor, publicado el 22 de agosto de 2026.




Las tarifas del Canal de Panamá alcanzan un máximo histórico debido a que El Niño y la guerra con Irán están paralizando el transporte marítimo.

El descenso del nivel del agua provocado por fenómenos meteorológicos podría limitar los espacios de tránsito a través de un paso marítimo crucial.

Las subastas diarias para obtener un espacio de tránsito a través de las esclusas de uso común del Canal de Panamá promediaron alrededor de 1,1 millones de dólares en lo que va del mes, más de 16 veces el precio promedio del mismo período del año pasado © Martin Bernetti/AFP/Getty Images

Los precios de las rutas marítimas más transitadas del Canal de Panamá han alcanzado un nuevo récord, debido a que el descenso del nivel del agua, vinculado a la intensificación del fenómeno de El Niño, y a la fuerte demanda derivada de la guerra con Irán, están limitando el tráfico.

Las subastas diarias para obtener un espacio de tránsito en agosto a través de las esclusas más utilizadas del canal han promediado alrededor de 1,1 millones de dólares en lo que va del mes, más de 16 veces el precio promedio del mismo período del año pasado. Los precios se han disparado desde que Estados Unidos e Israel iniciaron el bombardeo de Irán el 28 de febrero, lo que provocó el cierre del estrecho de Ormuz.

Al mismo tiempo, un fenómeno de El Niño más intenso, un calentamiento de la superficie del océano Pacífico que puede causar sequías severas y temperaturas invernales más cálidas, comenzó a desarrollarse en junio y podría ser más fuerte de lo habitual este año, según la Administración Nacional Oceánica y Atmosférica (NOAA).

Los precios están subiendo debido a que se prevé que los bajos niveles de agua limiten la cantidad de carga que los buques pueden transportar a través del canal y, potencialmente, reduzcan el número de franjas horarias de paso a finales de este año.

«El problema ahora mismo es que los niveles de agua están bajando de forma constante, y no debería ocurrir así entre mayo y diciembre», declaró Ross Griffith, director de precios de flete para América en Argus. El fenómeno de El Niño de este año ya ha afectado al tráfico marítimo en ríos europeos como el Rin y el Danubio, provocando la cancelación de cruceros y el desvío de mercancías.

Mientras tanto, el cierre del estrecho de Ormuz, punto estratégico por donde fluye una quinta parte del petróleo mundial, ha obligado a los compradores asiáticos a aumentar sus compras de crudo y productos derivados del petróleo en la costa del Golfo de Estados Unidos, impulsando la demanda y los precios del tránsito por el canal de Panamá.

En las últimas semanas, el precio promedio para usar las esclusas más grandes del canal —que permiten el paso de buques de mayor tamaño— alcanzó los 2,5 millones de dólares, el más alto registrado en cualquiera de las subastas, según datos recopilados por Argus.

Los precios de algunas subastas individuales para las esclusas Neopanamax y Panamax han alcanzado los 3,78 millones de dólares y los 2,63 millones de dólares, respectivamente, desde el 28 de julio. Los nombres de las esclusas hacen referencia al tamaño de los buques según su capacidad de carga.

Los grandes armadores que utilizan con frecuencia el Canal de Panamá, como los grandes portacontenedores y las compañías de gas licuado de petróleo, suelen reservar franjas horarias con antelación a precios fijos, generalmente muy inferiores a los precios promedio de las subastas, en lugar de competir por ellas en las subastas diarias. Sin embargo, hasta el 30 % del tráfico total del canal puede competir en las subastas diarias en lugar de reservar franjas horarias con antelación.

El reciente aumento de precios se produce tras la entrada en vigor, en julio, de restricciones por parte de la Autoridad del Canal de Panamá que regulan la altura mínima a la que pueden flotar los buques, lo que se conoce como calado.

La reducción del calado obliga a los buques a transportar menos carga, por lo que flotan más alto. Esto eleva los precios para las navieras y sus clientes, y puede generar largas colas de embarcaciones en la entrada de la vía fluvial de 80 kilómetros de longitud.

Tres restricciones de calado anunciadas el mes pasado para las esclusas Panamax reducirían el nivel del agua en el que puede operar un buque a 47,5 pies para el 3 de septiembre, desde su nivel habitual de 50 pies.

Unos 113 buques esperaban para transitar por el canal el 3 de agosto, ya sea mediante franjas horarias reservadas con antelación o participando en subastas diarias, frente a los 40 del 2 de enero.

Los niveles de agua en el lago artificial Gatún, que alimenta el Canal de Panamá, están por debajo del promedio del período 1965-2022 y se prevé que disminuyan aún más en los próximos meses, según estimaciones de Argus. Si bien los niveles de agua son más altos que en 2023, un año excepcionalmente seco, el descenso previsto es mucho más pronunciado y se produce antes del inicio de la estación seca en diciembre.

«Así que, potencialmente, podríamos tener una situación peor que la de 2023», dijo Griffith.

La Autoridad del Canal de Panamá informó al Financial Times que algunos buques que transitaron recientemente pagaron cantidades superiores a 1 millón de dólares en subasta para satisfacer sus necesidades específicas de mercado, lo que reflejaba «fluctuaciones temporales del mercado» y no una tarifa establecida por el Canal de Panamá.

«Los ajustes anunciados al borrador no reducirán el número de tránsitos diarios de buques», declaró un portavoz de la autoridad. Sin embargo, dependiendo de cómo evolucionen las condiciones, la autoridad podría imponer restricciones adicionales, añadió el portavoz.

Fuente: Este artículo fue publicado el 11 de agosto en el Financial Time por Jamie Smyth y Eva Xiao en Nueva York https://www.ft.com/content/38083cb5-3892-40a1-b90f-102109f96b17?accessToken=zwAAAZ_7i6Y-kc84CDy1OJJAodO5DxAhCflrFw.MEQCICz4SsZVFvvSON-ibskjWRxLEQvx572c_ENoMtGVuGPyAiB-_VLQPKMQF6Kf2ZHgImQIWjuQ9_jvuev0C1vfjXh5Gg&sharetype=gift&token=aa9eade4-7040-49ef-b54b-1608f8cc8073&syn-25a6b1a6=1




Autonomía estratégica o dependencia aliada. El debate que Europa no puede aplazar

Otan EU

Autores: Manuel de la Cámara y Fernando del Pozo
Documento de Opinión IEEE 81/2026 – 13 de julio de 2026

El artículo analiza los cambios políticos y militares que han transformado el entorno de seguridad euroatlántico y plantea la necesidad de que Europa avance hacia una mayor autonomía estratégica. Examina la defensa europea, la Política Común de Seguridad y Defensa de la Unión Europea, su relación con la OTAN, las estructuras de mando, la dimensión nuclear y las alternativas institucionales disponibles para fortalecer la capacidad europea de defensa.

La defensa de Europa

Durante más de 75 años, la OTAN ha constituido la piedra angular de la defensa colectiva de Europa. Su fundamento se encuentra en el artículo 5 del Tratado del Atlántico Norte, según el cual un ataque armado contra un aliado se considera un ataque contra todos. La Alianza dispone de estructuras permanentes de mando, planificación militar integrada, fuerzas nacionales y multinacionales y del respaldo de la disuasión nuclear estadounidense.

Sin embargo, los autores consideran que el entorno de seguridad euroatlántico ha cambiado profundamente. Identifican como factores principales la amenaza de Rusia, reflejada en la guerra contra Ucrania, los ataques híbridos, la guerra cibernética, el sabotaje de infraestructuras y las amenazas nucleares; la pérdida de fiabilidad de Estados Unidos como principal aliado europeo, especialmente a raíz de las políticas de la Administración Trump; y la creciente inestabilidad en el sur, derivada de los conflictos en Oriente Medio, Irán, el Golfo Pérsico y el Sahel, que pueden afectar a Europa mediante nuevas presiones migratorias y problemas en el suministro energético, incluido el eventual cierre del estrecho de Ormuz.

Este escenario coloca en primer plano una pregunta fundamental: qué papel debe desempeñar la Unión Europea en su propia defensa y cómo debe relacionarse con la OTAN.

La Política Común de Seguridad y Defensa (PCSD)

El Tratado de la Unión Europea creó la Política Común de Seguridad y Defensa para proporcionar a la UE capacidad operativa mediante los recursos civiles y militares aportados por sus Estados miembros.

A diferencia de la OTAN, la PCSD se ha orientado principalmente hacia operaciones de gestión de crisis fuera del territorio de la Unión, como misiones de mantenimiento de la paz, asistencia humanitaria, prevención de conflictos y estabilización.

El principal límite es que la seguridad nacional continúa siendo responsabilidad exclusiva de cada Estado miembro. La defensa territorial corresponde fundamentalmente a los Estados y, para 23 de los 27 miembros de la Unión Europea, también a la OTAN.

La cláusula de asistencia mutua

El artículo 42.7 del Tratado de la Unión Europea establece que, cuando un Estado miembro sea víctima de una agresión armada en su territorio, los demás tienen la obligación de prestarle ayuda y asistencia por todos los medios a su alcance.

Los autores destacan que algunos especialistas consideran esta obligación jurídicamente más fuerte que el artículo 5 de la OTAN, porque este último permite a cada Estado adoptar las medidas que considere necesarias, mientras que el Tratado de la UE habla de utilizar todos los medios disponibles.

La cláusula también debe respetar las políticas particulares de Estados neutrales como Austria, Irlanda y Malta, aunque estos continúan obligados a prestar asistencia.

No obstante, la principal diferencia entre la UE y la OTAN no estaría tanto en el contenido jurídico de sus respectivas cláusulas como en la capacidad militar efectiva para aplicarlas. La OTAN dispone actualmente de una estructura militar integrada que la Unión Europea todavía no posee.

Hacia una defensa común europea

El artículo 42.2 del Tratado de la Unión Europea contempla la posibilidad de avanzar progresivamente hacia una defensa común, siempre que exista una decisión unánime del Consejo Europeo y la aprobación de los Estados conforme a sus respectivos procedimientos constitucionales.

El problema es que Europa todavía carece de las estructuras operativas necesarias para desarrollar de manera independiente una defensa colectiva a gran escala.

Para alcanzar una verdadera autonomía estratégica, los autores consideran necesario reorganizar las estructuras militares de la UE, establecer una estructura europea integrada de mando, disponer de cuarteles generales capaces de planificar y dirigir operaciones, integrar mejor las fuerzas multinacionales existentes y aumentar su nivel de preparación.

También resulta indispensable disponer de capacidades estratégicas propias, incluida defensa antimisiles y otros elementos que actualmente dependen en buena medida de Estados Unidos o de la OTAN.

La conclusión es especialmente clara: Europa no puede reclamar autonomía estratégica mientras continúe dependiendo de capacidades críticas que no controla. Junto con ello, deberá invertir más, invertir mejor y hacerlo de manera conjunta, fortaleciendo simultáneamente su propia industria de defensa.

Vías de acción institucionales

Una modificación de los tratados europeos para crear una defensa común resulta políticamente muy difícil en las actuales circunstancias. Por ello, los autores analizan mecanismos que ya existen y que podrían utilizarse para avanzar sin necesidad de una gran reforma institucional.

Una posibilidad es la cooperación reforzada, que permitiría que un grupo de al menos nueve Estados avanzara en materia de defensa. Otra es potenciar la Cooperación Estructurada Permanente (PESCO), aunque los autores consideran que podría ser necesaria una especie de PESCO 2.0, menos inclusiva pero más ambiciosa y orientada hacia capacidades y necesidades operativas reales.

También plantean la eventual constitución de una Unión Europea de Defensa mediante un acuerdo intergubernamental, siguiendo un modelo similar al utilizado inicialmente con Schengen. Esta alternativa permitiría incluso integrar a países europeos que no pertenecen a la UE, como Reino Unido, Noruega o Turquía y, eventualmente, Ucrania.

Otra posibilidad es utilizar fórmulas informales como las reuniones del E5, integrado por Francia, Alemania, Italia, Polonia y Reino Unido.

Cooperación UE-OTAN: el pilar europeo

Para los autores, desarrollar una defensa común de la Unión Europea y construir un pilar europeo dentro de la OTAN son dos aspectos de un mismo proceso: lograr que Europa asuma una responsabilidad mucho mayor sobre su propia seguridad.

El objetivo del pilar europeo sería que los aliados europeos dejaran de actuar únicamente como Estados individuales y funcionaran como una unidad estratégica dentro de la OTAN, aportando la mayor parte de las fuerzas convencionales necesarias para defender el continente y desarrollando capacidades militares suficientes para reducir la dependencia estadounidense.

Esto exige avanzar en los compromisos de gasto asumidos en la Cumbre de La Haya de 2025, que contemplan alcanzar para 2035 un gasto equivalente al 5 % del PIB, dividido entre capacidades de defensa e inversiones relacionadas con la seguridad.

Sin embargo, el actual pilar europeo continúa siendo insuficiente. Persisten deficiencias en gasto, preparación de fuerzas, transporte estratégico, inteligencia, vigilancia y reconocimiento, defensa aérea y antimisiles, municiones y cohesión política.

La preocupación central es que Europa continúa dependiendo de capacidades estadounidenses sin tener la certeza absoluta de que estarán disponibles en una futura crisis.

Fuentes de fricción entre la UE y la OTAN

Aunque existen mecanismos de cooperación entre ambas organizaciones, persisten importantes obstáculos.

Uno de ellos es el conflicto entre Chipre y Turquía, que dificulta el intercambio de información y la cooperación institucional. También existe una escasa coordinación entre programas europeos como CARD, PESCO y el Fondo Europeo de Defensa y el sistema de planificación militar de la OTAN, lo que puede provocar duplicidades e ineficiencias.

Otro punto de debate es precisamente la autonomía estratégica europea. Algunos aliados consideran que crear estructuras de mando o estándares europeos paralelos podría perjudicar la interoperabilidad y generar dos cadenas de mando diferentes en situaciones de crisis.

También existen diferencias importantes respecto de la industria europea de defensa. Las políticas de la UE pretenden favorecer la producción europea, mientras algunos aliados externos consideran estas medidas proteccionistas. Los autores recuerdan, no obstante, que aproximadamente el 64 % de las adquisiciones europeas de armamento proceden actualmente de Estados Unidos y que Washington aplica desde hace décadas políticas de preferencia nacional mediante el principio de “Buy American”.

Estructuras de mando en la OTAN

La estructura militar integrada de la OTAN ha distribuido históricamente sus principales responsabilidades entre europeos y estadounidenses. Tradicionalmente, el secretario general es europeo, mientras que el comandante supremo aliado en Europa (SACEUR) ha sido siempre estadounidense.

El artículo plantea la posibilidad de que esta situación cambie progresivamente y que, en el futuro, el puesto de SACEUR pueda ser ocupado por un europeo.

Algunos reajustes ya reflejan una redistribución de responsabilidades dentro de la estructura de mando. Al mismo tiempo, frente a las propuestas de reducir la presencia estadounidense en Europa, el Congreso de Estados Unidos estableció límites mediante la Ley de Autorización de Defensa Nacional de 2026, dificultando una reducción significativa de tropas estadounidenses o el abandono del puesto de SACEUR sin determinadas condiciones.

La dimensión nuclear de la autonomía estratégica

La cuestión nuclear constituye uno de los mayores obstáculos para una autonomía estratégica europea completa.

Rusia dispone de un amplio arsenal nuclear estratégico y táctico. La OTAN se define como una alianza nuclear, pero no posee armas nucleares propias: su principal garantía continúa siendo el arsenal estratégico de Estados Unidos.

Además, aproximadamente un centenar de ojivas nucleares estadounidenses permanecen desplegadas en Europa, aunque los mecanismos para activarlas continúan bajo control estadounidense.

Europa cuenta también con las fuerzas nucleares independientes de Francia y Reino Unido, que poseen aproximadamente 290 y 225 ojivas, respectivamente. Ambas constituyen un importante elemento de disuasión, pero no alcanzan por sí solas la cobertura proporcionada por Estados Unidos.

Francia ha comenzado a mostrar una mayor disposición a integrar su capacidad nuclear dentro de una reflexión sobre la seguridad europea. La cooperación nuclear franco-británica también se ha intensificado. Sin embargo, París continúa reservándose exclusivamente las decisiones sobre el eventual empleo de su arsenal nuclear.

La incertidumbre sobre el compromiso estadounidense plantea así una cuestión fundamental: ¿podrían Francia y Reino Unido garantizar por sí solos una disuasión nuclear europea creíble?

El artículo considera que ambos países poseen una enorme capacidad de destrucción y, por tanto, una capacidad disuasoria considerable. Sin embargo, existe un importante desequilibrio respecto de Rusia, especialmente en armas nucleares tácticas, donde Europa depende prácticamente de las ojivas estadounidenses actualmente desplegadas en el continente.

Conclusiones

La creciente inestabilidad internacional, las guerras en los espacios oriental y meridional de Europa y la incertidumbre sobre la continuidad del compromiso estadounidense hacen que, para los autores, Europa deba desarrollar las fuerzas, capacidades militares y estructuras operativas necesarias para actuar con mayor autonomía estratégica.

Para lograrlo será imprescindible contar con una base industrial y tecnológica europea sólida, acompañada de voluntad política, liderazgo y capacidad financiera. Europa sigue siendo una gran potencia económica y regulatoria, pero continúa dependiendo militarmente de Estados Unidos.

Ese cambio tendrá importantes consecuencias económicas. El incremento del gasto militar, unido a mayores costes energéticos vinculados a los conflictos en Oriente Medio y a la guerra contra Irán, podría aumentar los déficits públicos, la deuda, la inflación y los tipos de interés en las economías europeas. Por ello, los autores insisten en que el desarrollo de nuevas capacidades deberá realizarse con la máxima eficiencia posible.

Los tratados europeos ya contienen mecanismos que podrían conducir hacia una defensa común, pero la dificultad de alcanzar consensos puede impedir avanzar con la rapidez requerida. De ahí que algunos Estados puedan recurrir a fórmulas flexibles o acuerdos intergubernamentales.

Paralelamente, un pilar europeo fortalecido dentro de la OTAN permitiría reequilibrar las responsabilidades dentro de la Alianza, haciendo que Europa asuma la carga principal de su defensa convencional.

El artículo considera indispensable mantener una coordinación estrecha entre la Unión Europea y la OTAN para evitar duplicidades y aprovechar mejor los recursos disponibles, así como mejorar la relación con los aliados europeos que no pertenecen a la UE y, particularmente, reforzar el diálogo y la cooperación con Turquía.

La reflexión final es que Europa ya no puede basar su seguridad en la certeza de que las garantías estadounidenses serán permanentes. Debe estar preparada para proteger sus propios intereses, actuar de forma unida y disponer de los instrumentos políticos, industriales y militares necesarios para hacerlo.

Fuente: Manuel de la Cámara y Fernando del Pozo, Autonomía estratégica o dependencia aliada. El debate que Europa no puede aplazar, Documento de Opinión IEEE 81/2026, Instituto Español de Estudios Estratégicos (IEEE), 13 de julio de 2026.https://www.defensa.gob.es/documents/2073105/3095923/ieee-2026-autonomia-estrategica-dependencia-aliada-documento-opinion-81.pdf




¿Capital privado en los bufetes de abogados? Una transformación que podría cambiar el negocio legal

abogados e inversiones

Las grandes firmas estadounidenses comienzan a explorar estructuras que permitirían la entrada de inversionistas externos, mientras la inteligencia artificial y la competencia por el talento presionan al modelo tradicional de los bufetes.

Durante décadas, los grandes bufetes de abogados han operado bajo una premisa prácticamente incuestionable: la firma pertenece a sus abogados.

Ese principio, profundamente arraigado en las normas éticas de la profesión jurídica estadounidense, ha mantenido al sector legal relativamente aislado de una tendencia que ha transformado numerosas industrias durante los últimos años: la entrada del capital privado o private equity.

Pero esa barrera comienza a ser puesta a prueba.

Algunas de las firmas más reconocidas de Estados Unidos, entre ellas Paul Weiss, Quinn Emanuel y Proskauer, han sostenido conversaciones con fondos de capital privado, bancos de inversión o asesores para evaluar mecanismos que permitan obtener capital externo sin entregar directamente a personas que no sean abogados la propiedad de la práctica jurídica. White & Case también estaría estudiando estas estructuras, mientras que McDermott Will & Schulte habría mantenido reuniones con potenciales inversionistas y asesores.

Aunque ninguna de estas conversaciones significa necesariamente que las firmas terminarán concretando una operación, el simple hecho de que algunas de las organizaciones jurídicas más importantes del mundo estén estudiando esta posibilidad constituye una señal relevante sobre la evolución del mercado legal.

La fórmula que podría abrir la puerta: las MSO

El centro de esta discusión está en una estructura conocida como Management Services Organization (MSO) u organización de servicios de gestión.

El modelo consiste, esencialmente, en separar un bufete en dos estructuras.

La primera continúa siendo propiedad de abogados y mantiene exclusivamente la prestación de servicios legales.

La segunda, la MSO, administra determinadas funciones empresariales de la organización, como tecnología, propiedad intelectual, infraestructura y servicios administrativos. Es precisamente en esta segunda entidad donde podría ingresar el capital de inversionistas externos.

La firma jurídica paga a la MSO por los servicios que esta le proporciona.

De esta manera, el inversionista no adquiere directamente una participación en la entidad que ejerce la profesión jurídica, sino en la compañía que administra parte de la plataforma empresarial que sostiene su funcionamiento.

La fórmula no es completamente nueva. Estructuras similares ya han sido utilizadas por inversionistas en sectores sujetos a restricciones profesionales, como servicios médicos y firmas de contabilidad. Sin embargo, su aplicación a las grandes firmas jurídicas podría tener consecuencias mucho más profundas para la industria legal.

¿Por qué una firma de abogados necesitaría capital externo?

La pregunta es especialmente interesante porque los grandes bufetes tradicionalmente han financiado sus operaciones mediante sus propios ingresos y aportes de socios.

Sin embargo, el negocio legal está cambiando.

Las firmas compiten cada vez más agresivamente por abogados capaces de generar grandes volúmenes de negocios; necesitan invertir importantes cantidades de dinero en tecnología y, particularmente, enfrentan el desafío de incorporar inteligencia artificial en sus operaciones.

Todo esto requiere capital.

Una inversión externa podría proporcionar recursos para realizar adquisiciones, desarrollar plataformas tecnológicas, financiar proyectos de inteligencia artificial, expandirse internacionalmente o competir por los profesionales más rentables del mercado.

Precisamente, uno de los asuntos que estaría siendo evaluado por los bufetes estadounidenses es si una estructura MSO podría utilizarse como herramienta dentro de la denominada “guerra por el talento”.

El capital permitiría, por ejemplo, ofrecer participaciones económicas que se consoliden con el tiempo para retener a socios considerados estratégicos o atraer abogados estrella procedentes de firmas competidoras.

Y esa posibilidad toca uno de los puntos más sensibles de la economía de los grandes bufetes: sus socios.

Los “rainmakers” están cambiando el mercado

En el modelo tradicional, una de las principales fortalezas de una firma reside en sus abogados capaces de generar importantes clientes y negocios, conocidos en el mercado estadounidense como rainmakers.

La competencia por estos profesionales se ha intensificado considerablemente.

Si el capital privado permite ofrecer incentivos económicos diferentes a los esquemas tradicionales de participación en utilidades, las firmas respaldadas por inversionistas podrían contar con una nueva herramienta para atraer y retener talento.

Pero lo que constituye una ventaja también podría convertirse en un riesgo.

Algunos socios podrían rechazar la idea de trabajar dentro de una organización respaldada por un fondo de inversión. Esto podría generar movimientos de abogados hacia firmas que mantengan estructuras tradicionales.

El capital privado, por tanto, no necesariamente solucionaría la batalla por el talento. También podría intensificarla.

La pregunta incómoda: ¿quién controla realmente la firma?

Existe además un problema mucho más profundo.

Una firma jurídica no es una compañía tradicional.

Los abogados tienen obligaciones éticas frente a sus clientes y deben preservar su independencia profesional.

Precisamente por eso existen restricciones a la propiedad de firmas jurídicas por personas que no sean abogados.

La llegada de inversionistas introduce inevitablemente nuevas preguntas.

¿Quién decide cuáles inversiones debe realizar la firma?

¿Qué ocurre cuando los objetivos de rentabilidad del inversionista no coinciden con las prioridades profesionales de los abogados?

¿Podría el interés en generar determinados retornos financieros influir indirectamente sobre las decisiones empresariales de la firma?

Algunos líderes jurídicos también temen que estas operaciones puedan interpretarse como una oportunidad para que las generaciones actuales de socios moneticen el valor de la firma mientras trasladan las consecuencias económicas a los socios más jóvenes.

La distribución de beneficios entre generaciones podría convertirse así en uno de los aspectos más delicados de cualquier futura operación.

Incluso el private equity tiene dudas

Curiosamente, las reservas no provienen únicamente de los abogados.

Los propios inversionistas también están evaluando cuidadosamente los riesgos.

Uno de ellos es regulatorio. La utilización de estructuras MSO dentro de grandes firmas jurídicas todavía no ha sido ampliamente probada y podría enfrentar cuestionamientos por parte de autoridades profesionales.

Pero existe otro elemento particularmente interesante: la inteligencia artificial.

Los fondos de inversión analizan no solamente cuánto pueden crecer las firmas jurídicas, sino también cuánto podría cambiar su modelo de negocio como consecuencia de la automatización.

Si determinadas tareas que históricamente requerían grandes equipos de abogados comienzan a realizarse con tecnología, la estructura económica de las firmas podría modificarse sustancialmente.

Paradójicamente, por tanto, la inteligencia artificial aparece en ambos lados de la ecuación: es una de las razones por las cuales las firmas podrían necesitar mayores inversiones y, al mismo tiempo, constituye uno de los riesgos que hacen dudar a potenciales inversionistas.

Diferentes inversionistas, diferentes fórmulas

Tampoco existe un único modelo sobre la mesa.

Burford Capital, conocida principalmente por el financiamiento de litigios, se ha presentado ante grandes firmas como un posible inversionista minoritario que no participaría activamente en la administración.

Fortress Investment Group, por otra parte, habría planteado una alternativa diferente: crear una MSO y utilizarla para obtener financiamiento mediante deuda, en lugar de vender directamente participaciones de capital.

Mientras tanto, New Mountain Capital, que administra aproximadamente US$60.000 millones y cuenta con experiencia aplicando estructuras similares en firmas de contabilidad, también ha estudiado el mercado jurídico. Ejecutivos de Paul Weiss llegaron a reunirse con representantes del grupo, aunque la firma posteriormente indicó que no estaba actualmente persiguiendo una operación de este tipo.

El abanico de posibilidades demuestra que todavía se está definiendo cuál podría ser el modelo financiero adecuado para una industria sometida a reglas profesionales muy diferentes a las de una empresa convencional.

Fuera de Estados Unidos, el movimiento ya comenzó

Mientras las grandes firmas estadounidenses estudian sus opciones, en otros mercados algunas operaciones ya se están materializando.

La firma offshore Mourant anunció la venta de una participación del 27 % a MML, mientras que la boutique británica de derecho deportivo Northridge Law alcanzó un acuerdo con Cordillera Investment Partners.

Appleby, otra conocida firma offshore, también habría estado explorando la posible venta de una participación a inversionistas de capital privado.

Estos precedentes pueden convertirse en laboratorios para determinar hasta qué punto la convivencia entre capital privado y ejercicio profesional puede funcionar.

¿Estamos ante el futuro de los grandes bufetes?

Todavía es demasiado pronto para afirmarlo.

Muchas firmas simplemente están estudiando el modelo y ninguna quiere convertirse en el experimento que demuestre sus debilidades.

Una frase citada por el Financial Times resume perfectamente el sentimiento existente en la industria:

todos están interesados, pero todos quieren ser los segundos.

La afirmación refleja el momento que atraviesa el mercado jurídico: existe curiosidad, existen incentivos económicos importantes y existe capital disponible, pero también permanece un considerable nivel de incertidumbre.

Quizás la pregunta más importante no sea si los fondos de inversión pueden encontrar una estructura jurídicamente viable para ingresar al negocio legal.

La verdadera pregunta es otra:

¿Qué haría un bufete de abogados con ese dinero?

Trisha Rich, abogada de Holland & Knight que trabaja en la estructuración de operaciones MSO, planteó precisamente ese interrogante después de haber conversado con aproximadamente la mitad de las firmas más grandes del ranking Am Law 100.

Su conclusión resulta especialmente relevante: si una firma no puede identificar claramente los beneficios de largo plazo que generará ese capital, probablemente no debería realizar la operación.

Un cambio que merece seguimiento

La posible entrada del capital privado en las grandes firmas jurídicas podría representar mucho más que una nueva fuente de financiamiento.

Podría transformar la propiedad de los negocios legales, la compensación de los socios, la competencia por talento, las inversiones tecnológicas y hasta la forma en que se administra una firma de abogados.

El modelo tradicional no ha desaparecido y las barreras éticas continúan siendo significativas. Pero el debate ya comenzó.

Y cuando firmas como Paul Weiss, Quinn Emanuel, Proskauer, White & Case y McDermott analizan nuevas estructuras financieras, el mercado jurídico internacional tiene razones suficientes para prestar atención.

Porque, después de décadas en que los abogados fueron prácticamente los únicos propietarios posibles del negocio legal, el capital privado finalmente está buscando una puerta de entrada.

Fuente: Financial Times, “Biggest US law firms explore selling stakes to private equity”, publicado el 5 de agosto de 2026, por Stephen Foley, Kaye Wiggins y Suzi Ring.




Donald Trump o el signo de nuestro tiempo

Trump

Causa y efecto

Pocas veces un individuo ha protagonizado la escena internacional tan claramente como Donald Trump. A sus decisiones se une una personalidad que parece imponerse sobre el propio cargo. La sensación de ruptura no procede únicamente de lo que hace, sino también de sus formas excesivas y desconcertantes.

Al mismo tiempo, su presidencia es presentada como un síntoma de los problemas de nuestro tiempo y como consecuencia de transformaciones iniciadas décadas atrás. El propósito del artículo es afirmar que ni la llegada de Trump ni sus decisiones eran inevitables y advertir que sus políticas están perjudicando la situación internacional y la posición de Estados Unidos en el mundo.

¿Era Trump inevitable?

Las circunstancias históricas facilitan ciertos cambios, pero no convierten la historia en una sucesión exacta de causas y consecuencias. El ascenso de Trump puede explicarse por el descontento de una parte de la población estadounidense, la pérdida de poder adquisitivo, la influencia de las redes sociales, la simplificación del discurso político, la polarización, la desconfianza en la democracia y el temor provocado por la rapidez de los cambios.

Estos factores hicieron posible su llegada al poder, pero no la hicieron inevitable. En las mismas circunstancias podría haber gobernado un presidente con otro perfil y otras ideas.

El autor cuestiona la afirmación de que la muerte del orden internacional basado en reglas y en el multilateralismo sea un proceso definitivo. Comprender lo que sucede es necesario, pero no suficiente. También debe decidirse dónde se quiere estar y qué camino debe seguirse.

La hipótesis del artículo es que Estados Unidos está precipitando su declive como potencia mundial y provocando un deterioro innecesario del marco de las relaciones internacionales. No se trata solamente de procesos inevitables, sino también de consecuencias directas de decisiones libremente adoptadas.

La política doméstica de Trump

En el ámbito interno, el regreso de Trump ha agravado la polarización política estadounidense. Su presidencia es, al mismo tiempo, resultado y catalizador del auge de las posiciones extremas.

La actitud amenazante hacia la prensa, las extralimitaciones legales, la presión sobre la Reserva Federal y las tácticas antimigratorias menoscaban la democracia y se aproximan a prácticas propias de regímenes autoritarios.

También se observa un debilitamiento de la Administración como estructura profesional de decisión y gestión. La información y el control se han concentrado en Trump y en un grupo reducido de asesores, mientras los interlocutores y canales tradicionales pierden importancia.

Especial preocupación genera la actitud hacia la cultura, la ciencia y las universidades. Estados Unidos ha basado gran parte de su dominio en la capacidad de sus instituciones académicas y empresas para atraer a los mejores talentos. Sin embargo, la reducción de la financiación, los ataques a la independencia universitaria y las restricciones a estudiantes extranjeros debilitan voluntariamente uno de sus principales activos.

El deterioro de los valores democráticos, el ataque a las instituciones y el control de la actividad científica y periodística dañan internamente al país y, además, reducen su prestigio y perjudican sus intereses exteriores.

Su política exterior

La política exterior del segundo mandato de Trump se caracteriza por las operaciones militares unilaterales, el desprecio hacia los organismos internacionales y el trato económico y diplomático dispensado a sus antiguos aliados. El mensaje es que, para actuar, no se necesita otra justificación que el propio interés.

El cierre de USAID, la retirada de la lucha contra el cambio climático, la supresión de tratados de seguridad y el rechazo de instituciones internacionales reflejan una política orientada hacia lo directa e inmediatamente rentable para el país.

El lema Make America Great Again parece consistir en que Estados Unidos piense únicamente en sí mismo. En este juego de poder ya no existen aliados en el sentido tradicional, salvo que acepten condiciones exigentes, cambiantes y arbitrarias.

No se trata de un verdadero aislamiento, sino de una renuncia a la responsabilidad asociada a su condición de superpotencia. Se produce un regreso al poder duro, a las políticas coercitivas y a una concepción de las relaciones internacionales basada en la obtención de beneficios inmediatos.

Esta actitud también alcanza a la estructura transatlántica. Los aliados europeos son acusados de no contribuir suficientemente a su propia defensa. Sin embargo, la cooperación estadounidense nunca fue altruista. Desde el Plan Marshall hasta la OTAN, su ayuda fue útil e imprescindible, pero también proporcionó beneficios políticos, económicos, tecnológicos y estratégicos a Estados Unidos.

El resultado es un vuelco de las relaciones internacionales: regreso de la realpolitik, renuncia al multilateralismo, debilitamiento de la diplomacia, abandono de problemas globales y deterioro de las alianzas. Aunque algunas de estas tendencias comenzaron décadas atrás, la Administración Trump las ha acelerado o provocado directamente.

Estados Unidos: el tiro en el pie

Lejos de conseguir el objetivo anunciado por el movimiento MAGA, estas políticas pueden debilitar claramente la posición estadounidense. Dos factores explican este riesgo: la destrucción de su red de alianzas y la pérdida de su poder blando.

Ni siquiera el país más poderoso puede enfrentarse solo al resto del mundo. Estados Unidos construyó desde la Primera Guerra Mundial la mayor red de alianzas conocida, mediante acuerdos bilaterales e instituciones diseñadas de acuerdo con sus propios intereses. Ahora parece renunciar voluntariamente a las ventajas obtenidas.

Europa pierde su condición de principal aliado y se convierte en objeto de ataques y descalificaciones. La OTAN, la estructura de seguridad más poderosa de la historia, pierde relevancia cuando sus miembros son tratados como parásitos y se olvidan los compromisos asumidos conjuntamente.

La actuación unilateral y las colaboraciones puntuales no pueden reemplazar una red estable de aliados. La desconfianza y la lógica del juego de suma cero dejan expuestos tanto a los socios como a Estados Unidos.

Esta política puede convertirse en una profecía autocumplida: Washington se distancia de sus aliados porque no los considera confiables y, como resultado, estos dejan de responder cuando solicita su apoyo. Estados Unidos pierde así capacidades, aliados y legitimidad, precipitando su propio declive.

¿Pero importa el poder blando?

Joseph Nye definió el poder blando como el conjunto de herramientas no coercitivas que permiten a un país influir en los demás. Mientras el poder duro busca obligar mediante la fuerza militar, económica o tecnológica, el poder blando pretende convencer, persuadir y atraer.

Existen tres niveles de poder: ser el mejor jugador, establecer las reglas del juego y conseguir que los demás quieran participar y acepten el objetivo definido. Estados Unidos logró durante décadas ocupar los tres niveles.

Su dominio no se apoyó solamente en su fuerza militar y económica, sino también en la democracia liberal, el Estado de derecho, el libre mercado, el progreso material, la ciencia, la música, el cine, los negocios, la literatura y la imagen de la tierra de las oportunidades.

Ese atractivo creó ventajas concretas. Sin embargo, las formas del presidente, la política interior y las decisiones internacionales están cambiando rápidamente la imagen de Estados Unidos. La pérdida de prestigio constituye una debilidad tan real como un bajo crecimiento económico o un ejército obsoleto.

Un país no puede sostenerse exclusivamente sobre el poder blando, pero solamente la combinación inteligente del poder duro y el poder blando produce una estabilidad legítima.

¿Es este el fin del orden internacional liberal?

Occidente aplicó las reglas internacionales de manera selectiva, mantuvo una doble moral y creó estructuras pensadas para beneficiar a un grupo reducido de países. Por ello, es legítimo preguntarse quién lamentará la desaparición de un orden que nunca fue plenamente liberal ni justo para todos.

Sin embargo, es preferible contar con principios, aunque se incumplan o manipulen, que renunciar completamente a ellos. La existencia de normas obliga a los Estados a justificar sus actuaciones y establece límites, por imperfectos que sean.

Abandonar el derecho internacional y el multilateralismo significa renunciar al esfuerzo por construir un mundo más ordenado y justo. Siempre es preferible que exista un sistema que pueda ser incumplido a no contar con ningún sistema. Incluso es preferible que quien actúe mal tenga que disimularlo.

Cuando Estados Unidos rechaza estos principios, no solamente se declara libre para actuar sin justificación, sino que concede a los demás países la misma libertad. El resultado es el regreso de la ley del más fuerte.

Y ahora qué

Muchas de las transformaciones actuales proceden de procesos iniciados décadas atrás: la modificación del peso de las potencias, las consecuencias de la globalización, la crisis financiera, el desgaste del ideal liberal y la pérdida de confianza en la democracia.

Sin embargo, otras transformaciones están siendo decididas en el presente. El contexto limita las opciones, pero siempre existe un margen de decisión. La Administración Trump ha escogido unas respuestas concretas que, con otro gobierno, podrían haber sido diferentes.

Estados Unidos debía enfrentarse a nuevos rivales y adaptar las instituciones creadas bajo un equilibrio de poder ya superado. Pero eso no justifica políticas que precipitan su declive y transforman una crisis real, pero limitada, en una crisis existencial.

El país se está volviendo contra los elementos que lo hicieron fuerte: su democracia, sus instituciones, sus alianzas, su capacidad científica y su poder de atracción. Al mismo tiempo, acelera la degradación del orden internacional.

Otra forma de actuar sigue siendo posible. En el ámbito interno, Estados Unidos debe recuperar una democracia real, apoyada en una ciudadanía que crea en el sistema, y volver a valorar su poder blando. En el exterior, tendría que fortalecer sus alianzas, revisar las estructuras internacionales y corregir los errores del pasado.

El derecho internacional y el multilateralismo continúan siendo la única vía de progreso. Sus debilidades no justifican abandonarlos, sino reforzarlos.

El mundo no volverá a ser lo que era. Demasiadas cosas se han roto, pero todavía es posible recuperar el rumbo perdido. La función de la política es decidir a dónde se quiere llegar e intentarlo.

Fuente: SOTO MACEIRAS, Fernando. Donald Trump o el signo de nuestro tiempo. Documento de Opinión IEEE 82/2026 https://www.defensa.gob.es/documents/2073105/3095923/ieee-2026-donald-trump-signo-tiempo-documento-opinion-82.pdf




El “momento Cockroach” de la India: la juventud que desafió el poder de Narendra Modi

cucaracha india

Durante más de una década, Narendra Modi ha construido una imagen de autoridad política difícil de desafiar. Sin embargo, una ola de protestas encabezada por estudiantes y jóvenes indios obligó recientemente a su gobierno a retroceder, aceptar varias de las demandas del movimiento y enfrentar la renuncia del ministro de Educación, Dharmendra Pradhan.

La decisión representó un hecho excepcional para un dirigente acostumbrado a mantener el control de la agenda política. Tanto Financial Times como The New York Times coinciden en que la reacción del gobierno no solo refleja la magnitud alcanzada por las manifestaciones, sino también el reconocimiento de que la juventud india se ha convertido en una fuerza política capaz de ejercer presión directa sobre el poder.

De una crisis educativa a un movimiento nacional

Las protestas comenzaron a partir de dos acontecimientos que concentraron el malestar estudiantil. El primero fue la filtración de las preguntas de una prueba nacional de ingreso a las facultades de medicina, que llevó a la cancelación del examen. El segundo fue un comentario despectivo atribuido al principal juez del país, quien comparó a los jóvenes desempleados con “cucarachas”.

La polémica del examen evidenció la enorme presión existente dentro del sistema educativo indio. Aproximadamente 2,2 millones de estudiantes se presentaron a la prueba de ingreso a medicina para competir por unas 140.000 plazas. Para muchos jóvenes y sus familias, la educación constituye una de las pocas vías disponibles para mejorar sus condiciones económicas, por lo que la filtración fue interpretada como una muestra de corrupción, incompetencia institucional y desigualdad.

El comentario sobre las “cucarachas”, por su parte, fue convertido en un símbolo de protesta. El estudiante Abhijeet Dipke creó el denominado Partido Janta de la Cucaracha, una organización de carácter satírico que, mediante publicaciones y tendencias en redes sociales, logró movilizar a decenas de miles de personas en distintas ciudades del país.

Según Financial Times, el movimiento había sido fundado apenas 37 días antes de conseguir que el gobierno aceptara sus principales exigencias. La rapidez con la que pasó de ser una iniciativa digital a convertirse en una movilización nacional mostró la capacidad organizativa de una generación profundamente conectada a través de las plataformas digitales.

El desempleo, verdadero origen del descontento

Aunque la filtración del examen fue el detonante inmediato, las manifestaciones pronto comenzaron a expresar frustraciones mucho más amplias. Entre ellas se encuentran el desempleo juvenil, la falta de puestos de trabajo bien remunerados, el deterioro de la educación pública, la burocracia ineficiente y las escasas oportunidades para los graduados.

Un estudio de la Universidad Azim Premji citado por ambos medios señala que cerca del 40 % de los graduados de entre 15 y 25 años se encuentra desempleado. Incluso entre quienes logran trabajar, solo una minoría recibe un salario fijo o cuenta con prestaciones como seguridad social.

La competencia por las oportunidades disponibles resulta extraordinariamente intensa. En 2022, alrededor de diez millones de personas compitieron por apenas 35.000 puestos en la empresa estatal Indian Railways. Estas cifras ayudan a explicar por qué un problema inicialmente relacionado con un examen terminó transformándose en una crítica más profunda contra el modelo económico y social del país.

India ha registrado tasas de crecimiento económico superiores al 6 % anual. No obstante, ese crecimiento no ha generado empleos suficientes para absorber a los millones de jóvenes que ingresan cada año al mercado laboral. Además, la desaceleración del sector tecnológico, el avance de la inteligencia artificial y las herramientas de aprendizaje automático han reducido algunas de las oportunidades que anteriormente ofrecía la industria de servicios informáticos.

El riesgo de desperdiciar una ventaja histórica

La India posee una de las poblaciones más jóvenes del mundo. La edad media del país es de aproximadamente 29 años y más del 40 % de sus habitantes —alrededor de 600 millones de personas— tiene menos de 25 años.

Esta estructura demográfica podría representar una ventaja considerable. Una población mayoritariamente joven y en edad productiva puede elevar el consumo, la productividad, la innovación y el crecimiento económico. Es lo que los especialistas denominan “dividendo demográfico”.

Sin embargo, esa oportunidad depende de que el Estado pueda ofrecer educación de calidad, formación profesional y empleos suficientes. De lo contrario, la misma población que podría impulsar el desarrollo económico puede convertirse en una fuente de frustración, conflictividad e inestabilidad política.

El desafío es especialmente relevante porque Modi ha presentado a la juventud como una pieza central de su proyecto de “Vikshit Bharat” o “India Desarrollada”. Su objetivo declarado es convertir al país en una potencia mundial próspera y bien gobernada para 2047, cuando se cumpla el centenario de la independencia.

Para muchos jóvenes que crecieron escuchando esas promesas, la ausencia de oportunidades se percibe como una traición. Algunos de los manifestantes habían votado anteriormente por Modi y confiaban en que su gobierno generaría mejores condiciones económicas. Las protestas muestran que una parte de esa generación ya no está dispuesta a esperar indefinidamente.

Represión, medios de comunicación y pérdida del temor

La respuesta inicial de las autoridades incluyó una fuerte actuación policial. En Nueva Delhi, los estudiantes fueron dispersados con gases lacrimógenos y golpeados frente al Parlamento. Las imágenes de la represión alimentaron nuevas críticas contra el gobierno y fortalecieron la percepción de que las autoridades buscaban silenciar demandas legítimas.

Los manifestantes también cuestionaron la cobertura de los principales medios de comunicación, a los que acusaron de concentrarse en los daños sufridos por la policía y en los episodios de violencia, en lugar de denunciar el trato recibido por los estudiantes pacíficos.

El descontento se expresó incluso mediante insultos y grafitis dirigidos personalmente contra Modi, algo poco habitual durante sus años en el poder. Para algunos analistas citados por Financial Times, lo más significativo no fue únicamente la protesta, sino la pérdida del miedo entre adolescentes y jóvenes que comenzaron a criticar abiertamente al primer ministro y a sus ministros.

Una concesión política con efectos aún inciertos

Tras varias semanas de movilizaciones, el gobierno aceptó las principales demandas y el ministro de Educación renunció. Las protestas fueron suspendidas temporalmente y Modi designó al empresario tecnológico Nandan Nilekani para encabezar una reforma del sistema educativo.

Los simpatizantes del partido gobernante sostienen que la concesión fue una maniobra calculada para reducir la tensión, satisfacer a los estudiantes con reclamos legítimos y aislar a los sectores que pretendían ampliar las protestas hacia una agenda política contra el gobierno.

Sin embargo, la renuncia del ministro estableció un precedente importante: demostró que la presión juvenil puede producir consecuencias políticas concretas. Algunos manifestantes consideran que la movilización sentó las bases para exigir una rendición de cuentas más amplia. Otros temen que, una vez que los estudiantes regresen a sus actividades habituales, las instituciones continúen funcionando de la misma manera.

Un desafío que va más allá de una protesta

Las manifestaciones no representan necesariamente una amenaza inmediata para la continuidad política de Modi. El primer ministro sigue siendo un estratega formidable, su partido mantiene una importante estructura electoral y las próximas elecciones generales no están previstas hasta 2029.

No obstante, las protestas han debilitado la percepción de invulnerabilidad que acompañaba al mandatario. También han demostrado que las cifras elevadas de crecimiento económico no bastan cuando no se traducen en empleos, movilidad social y mejores condiciones de vida.

El principal desafío para la India será transformar su enorme población joven en una fuerza laboral capacitada, productiva y con oportunidades reales. Si el país no logra hacerlo, el prometido dividendo demográfico podría convertirse en una fuente permanente de inestabilidad.

La reciente movilización dejó un mensaje claro: los jóvenes indios están comenzando a responsabilizar directamente a Narendra Modi por las promesas incumplidas y, después de comprobar que pueden obligar al gobierno a retroceder, podrían estar dispuestos a movilizarse nuevamente.

Fuentes:

Financial Times: Michael Stott, “Los manifestantes de la Generación Z de la India hacen añicos el aura de invencibilidad de Narendra Modi”, publicado el 26 de julio de 2026, con información adicional de Jyotsna Singh.

The New York Times: Alicia P. Q. Wittmeyer, “El momento ‘cucaracha’ de la India”, con el análisis “El problema de los jóvenes en la India”, de Anupreeta Das; publicado el 27 de julio y actualizado el 28 de julio de 2026.




Confianza del consumidor panameño cae 17 puntos durante el primer semestre de 2026

Confianza del consumidor

La confianza de los consumidores panameños registró un marcado deterioro durante los primeros seis meses de 2026, al descender de 92 puntos en enero a 75 puntos en junio, según los resultados del Índice de Confianza del Consumidor Panameño.

La medición, presentada por la Cámara de Comercio, Industrias y Agricultura de Panamá, en conjunto con The Marketing Group, evidencia una caída de 17 puntos y mantiene el indicador por debajo de los 100 puntos, nivel que separa la confianza de la desconfianza entre los consumidores.

Este resultado refleja una percepción cada vez más cautelosa sobre la situación económica del país, las condiciones financieras de los hogares, las posibilidades de ahorro y la evolución del empleo.

Menores posibilidades de ahorro

Uno de los aspectos que más preocupa a los consumidores es su capacidad de ahorrar durante los próximos doce meses.

Este indicador disminuyó de 87 puntos en enero a 70 puntos en junio, lo que representa una reducción de 17 puntos. La cifra muestra que una parte importante de la población considera que tendrá pocas posibilidades de reservar dinero después de cubrir sus gastos habituales.

El debilitamiento de la capacidad de ahorro puede estar relacionado con el aumento del costo de vida, el precio de los combustibles y la incertidumbre económica, factores que obligan a las familias a destinar una mayor proporción de sus ingresos al pago de necesidades básicas.

Aumenta la preocupación por el empleo

Las expectativas relacionadas con el desempleo también mostraron un deterioro. El indicador pasó de 101 puntos en enero a 87 puntos en junio, con una caída de 14 puntos.

Aunque este componente continúa siendo el mejor evaluado dentro del índice, regresó a la zona de desconfianza, lo que refleja una percepción menos favorable sobre el comportamiento del mercado laboral durante los próximos meses.

Al ser consultados sobre la posibilidad de conseguir empleo en los próximos seis meses, el 22 % de los participantes consideró que era muy probable, mientras que el 21 % señaló que era bastante probable.

En contraste, el 16 % manifestó que era poco probable encontrar trabajo y el 26 % consideró que no lograría conseguirlo. El 15 % restante no expresó una opinión definida.

Estos resultados demuestran que, aunque existe un grupo de consumidores que mantiene expectativas positivas, una proporción importante de la población percibe dificultades para acceder a nuevas oportunidades laborales.

Las familias mantienen una visión cautelosa

La percepción sobre la situación económica de los hogares disminuyó de 96 puntos en enero a 79 puntos en junio, lo que representa una reducción de 17 puntos.

Este resultado indica que las familias panameñas mantienen una actitud prudente respecto de sus ingresos, gastos y estabilidad financiera para los próximos doce meses.

Cuando los hogares sienten incertidumbre sobre sus finanzas, suelen reducir los gastos no esenciales, aplazar compras importantes y evitar asumir nuevas obligaciones económicas.

Esta cautela puede influir directamente en el consumo interno y, en consecuencia, en la actividad de los comercios y empresas que dependen de la demanda de bienes y servicios.

Mayor pesimismo sobre la economía nacional

El componente que registró la caída más pronunciada fue el relacionado con la situación económica general del país.

El indicador descendió de 84 puntos en enero a 63 puntos en junio, lo que representa una reducción de 21 puntos.

La cifra refleja un elevado nivel de pesimismo sobre el rumbo de la economía panameña y sobre las posibilidades de que las condiciones económicas mejoren en el corto plazo.

Este resultado puede estar asociado con las preocupaciones sobre el costo de vida, la estabilidad del empleo, el precio de los combustibles y los efectos de factores económicos nacionales e internacionales.

Los cuatro indicadores se encuentran en desconfianza

Los cuatro componentes evaluados —situación económica del hogar, situación económica del país, capacidad de ahorro y expectativas sobre el desempleo— se ubicaron por debajo de los 100 puntos.

En términos generales, el estudio muestra que los consumidores panameños están menos optimistas que a comienzos de 2026 y que observan con preocupación la evolución de la economía.

María Alejandra Cuéllar, CEO y gerente general de The Marketing Group, explicó que el incremento del precio de los combustibles y la incertidumbre generada por factores internos y externos han influido en el comportamiento del índice.

La disminución de la confianza podría llevar a los consumidores a ser más cuidadosos con sus gastos, reducir las compras no prioritarias y postergar decisiones de consumo durante los próximos meses.

La confianza del consumidor es un indicador relevante para conocer el estado de ánimo de la población frente a la economía. Cuando las personas confían en la estabilidad de sus ingresos y en las perspectivas del país, suelen estar más dispuestas a consumir, invertir o adquirir compromisos financieros.

Por el contrario, cuando aumenta la incertidumbre, los hogares tienden a ahorrar cuando pueden, limitar sus gastos y actuar con mayor prudencia.

La caída de 17 puntos registrada durante el primer semestre de 2026 constituye, por tanto, una señal de alerta sobre la percepción económica de los panameños y sobre el posible comportamiento del consumo durante el resto del año.

Fuente: Economía Panamá, con información del Índice de Confianza del Consumidor Panameño elaborado por la Cámara de Comercio, Industrias y Agricultura de Panamá y The Marketing Group.




Panamá 2026-2030: los motores de la recuperación

resiliencia económica

Parte II: Sector externo, banca, consumo, vivienda y la ruta de inversión hacia 2030

En la primera entrega de esta serie examinamos una economía que crece, pero que continúa expuesta a fuertes presiones internacionales y a importantes desequilibrios internos. El aumento del petróleo, la inflación concentrada en transporte y alimentos, la debilidad de la inversión y una tasa de desempleo de 10.4 % muestran que el crecimiento de Panamá todavía no se traduce de manera uniforme en bienestar y oportunidades.

Esta segunda entrega retoma ese diagnóstico para analizar la otra cara del panorama: los sectores que mantienen en movimiento la economía panameña y los proyectos que podrían transformar su estructura productiva durante los próximos años.

El Canal de Panamá, la Zona Libre de Colón, las exportaciones, el Aeropuerto Internacional de Tocumen y el sistema bancario continúan ofreciendo señales de solidez. Al mismo tiempo, el consumo se vuelve más cauteloso, el mercado inmobiliario muestra dos realidades distintas y el país apuesta por megaproyectos logísticos, hídricos, energéticos y de movilidad para sostener el crecimiento hacia 2030.

El Canal mantiene su papel como motor económico

El Canal de Panamá presentó resultados favorables durante los primeros meses de 2026. Los ingresos acumulados por peajes aumentaron aproximadamente 8.9 %, mientras los peajes de mayo crecieron 18.6 %.

Las toneladas netas se incrementaron 16.2 % y el volumen de carga aumentó 25.4 %.

Estos resultados reflejan una recuperación del tránsito y una mayor movilización de carga, reafirmando la importancia del Canal dentro de la economía nacional.

El desempeño canalero tiene efectos que se extienden a los servicios marítimos, la logística, el transporte terrestre, los puertos, las actividades comerciales y las finanzas públicas.

Zona Libre de Colón y actividad portuaria

La carga portuaria creció aproximadamente 1.2 %, mientras el movimiento de contenedores aumentó cerca de 0.6 %.

La Zona Libre de Colón mostró un desempeño más dinámico. Su actividad comercial creció 11.5 % y las reexportaciones aumentaron 22.6 %.

Los productos con mayor participación fueron los químicos, la maquinaria, los equipos electrónicos y los textiles.

El resultado confirma que la plataforma logística y comercial continúa siendo una de las principales ventajas competitivas del país. No obstante, el reto es ampliar su capacidad, modernizar su infraestructura e integrar mejor a las empresas nacionales dentro de las cadenas de suministro internacionales.

Exportaciones en crecimiento

Las exportaciones panameñas alcanzaron aproximadamente B/.581.9 millones, con un incremento cercano a 31 %.

Entre los principales productos exportados se encuentran los camarones, el banano, la harina y el aceite de pescado, el azúcar, los medicamentos, el café, la madera y otros productos agroindustriales.

Estados Unidos concentró aproximadamente 18.7 % de las exportaciones. También fueron relevantes Taiwán, la Zona Libre de Colón, India, Costa Rica y los Países Bajos.

Cerca de 64.7 % del comercio se movilizó por vía marítima, lo que confirma la relevancia de la conectividad portuaria y del posicionamiento geográfico panameño.

Tocumen y la conectividad internacional

El Aeropuerto Internacional de Tocumen registró aproximadamente 7.6 millones de pasajeros, un aumento de 15 % respecto del período anterior.

El movimiento de aeronaves creció 12 %, hasta alcanzar 59,351 operaciones, mientras la carga aérea aumentó 10 %, llegando a unas 84,532 toneladas.

Del total de pasajeros, 71 % se encontraba en transferencia, 15 % correspondía a desembarques y 14 % a embarques.

Tocumen mantenía conexiones con 91 destinos internacionales y uno doméstico. Su desempeño fortalece el turismo, el comercio, los servicios y la posición de Panamá como centro regional de conexiones.

Un sistema bancario sólido, pero con poco impulso al crédito productivo interno

El sistema bancario mantiene elevados niveles de liquidez, capitalización y solvencia.

La cartera crediticia neta creció 3.74 %, los activos líquidos netos aumentaron 12.41 %, las inversiones en valores avanzaron 14.14 % y los depósitos crecieron 7.43 %.

La mayor parte del aumento de los depósitos provino de clientes particulares y privados, lo que fortalece la estabilidad estructural del sistema.

Sin embargo, existe una diferencia importante entre el crédito externo y el interno. La cartera externa aumentó aproximadamente 9.71 %, mientras la interna creció apenas 0.34 %.

En el mercado local, los bancos incrementaron los créditos para consumo personal, hipotecas y comercio. En cambio, redujeron el financiamiento destinado a la industria, la construcción y las actividades financieras.

El sistema conserva recursos y liquidez, pero una proporción limitada se canaliza hacia la inversión productiva interna.

Los indicadores bancarios continúan siendo positivos:

  • Liquidez aproximada de 56.58 %, frente a un mínimo legal de 30 %.
  • Adecuación de capital de 16.04 %.
  • Morosidad cercana a 1.47 %.
  • Cobertura de cartera de aproximadamente 134.47 %.
  • Retorno sobre patrimonio de 15.09 %.
  • Margen neto de intermediación de 2.58 %.

La utilidad neta disminuyó alrededor de 3.4 %, principalmente por el aumento de provisiones y gastos de saneamiento. A pesar de ello, el sistema se mantiene solvente, líquido y rentable.

Un consumidor más prudente

Las ventas generales disminuyeron aproximadamente 1.8 % y el volumen vendido cayó 2.1 %. Al mismo tiempo, el número de compradores aumentó cerca de 0.7 %.

Esto significa que más personas están comprando, pero adquieren cantidades menores.

Los supermercados perdieron participación, mientras los minisúperes y las tiendas de conveniencia crecieron. El consumidor favorece establecimientos cercanos, compras pequeñas y operaciones que le permiten controlar mejor su presupuesto.

El nuevo comportamiento se caracteriza por:

  • Mayor comparación de precios.
  • Compras más frecuentes, pero de menor valor.
  • Sustitución de marcas.
  • Preferencia por productos básicos.
  • Reducción de compras discrecionales.
  • Mayor sensibilidad a promociones y descuentos.

El consumo no se ha detenido, pero se ha vuelto más selectivo.

El mercado inmobiliario presenta dos realidades

Durante el primer semestre de 2026 se vendieron aproximadamente 3,648 unidades, por cerca de US$487 millones.

Las unidades comercializadas disminuyeron alrededor de 13 %, pero el capital movilizado aumentó aproximadamente 20 %. En otras palabras, se vendieron menos propiedades, aunque las operaciones fueron de mayor valor.

En la vivienda subsidiada, las unidades vendidas disminuyeron 21 %, el valor de las operaciones cayó en la misma proporción y el inventario disponible se redujo 19 %.

El segmento enfrenta una disminución significativa de proyectos y unidades, lo que puede limitar el acceso a vivienda para los sectores de menores ingresos.

En la vivienda no subsidiada, las unidades vendidas disminuyeron aproximadamente 6 %, pero el valor de las operaciones aumentó 20 %. El inventario disponible se redujo alrededor de 7 %.

La vivienda subsidiada presenta una rotación aproximada de 20.7 meses, frente a 27.6 meses en la vivienda no subsidiada. La primera se vende más rápido, pero dispone de una oferta más reducida.

El documento identifica dos modelos de negocio inmobiliario. El primero se basa en unidades pequeñas, menor valor individual y mayor velocidad de venta. El segundo se concentra en proyectos de mayor valor, con una rotación más lenta, pero ingresos superiores por cada operación.

Megaproyectos para sostener el crecimiento

La estrategia de crecimiento hacia 2030 descansa sobre dos pilares: los megaproyectos de la Autoridad del Canal de Panamá y la expansión de la infraestructura pública mediante inversión estatal y asociaciones público-privadas.

Entre los principales proyectos se encuentran:

  • Gasoducto transoceánico, con una inversión aproximada de US$8,000 millones.
  • Puertos de Corozal y Telfers, con alrededor de US$2,000 millones.
  • Reservorio de Río Indio, con una inversión entre US$1,500 y US$1,600 millones.
  • Corredor logístico, con una inversión aproximada de B/.1,782 millones.

Estas iniciativas buscan fortalecer la posición logística, energética e hídrica del país.

Río Indio: infraestructura y compensación social

El proyecto del reservorio de Río Indio no se limita a una obra de infraestructura. También implica un proceso social relacionado con la reubicación y compensación de las comunidades afectadas.

El nivel de confianza de las comunidades aumentó de aproximadamente 26 % en mayo de 2025 a 70 % en febrero de 2026, después de nueve meses de reuniones y más de doscientos encuentros comunitarios e individuales.

El marco de compensación contempla viviendas, terrenos, actividades económicas, condiciones sociales y culturales, infraestructura comunitaria, salud y educación.

El objetivo es que la reubicación no se reduzca a un traslado físico, sino que preserve las condiciones de vida, las relaciones comunitarias y las fuentes de ingreso.

Movilidad, salud, agua y saneamiento

Dentro de los principales proyectos de movilidad se encuentran:

  • Línea 3 del Metro, con un avance aproximado de 87 %.
  • Cuarto puente sobre el Canal, con un avance cercano a 38 %.
  • Ampliación de la Línea 1.
  • Teleférico de San Miguelito.
  • Línea 2A.
  • Tren Panamá-David.

La estrategia también incluye hospitales, policlínicas, centros oncológicos regionales, telemedicina, recetas electrónicas y automatización de farmacias.

En materia de agua y saneamiento se proponen nuevas plantas potabilizadoras, ampliación de redes de distribución, reparación de fugas y modernización de sistemas.

Empleo privado e inversión

La meta planteada es generar aproximadamente 80,000 empleos privados, principalmente en tecnología, agroindustria, turismo, construcción, logística y pequeñas y medianas empresas.

También se propone movilizar cerca de US$1,000 millones mediante organismos como BID Invest y aproximadamente US$250 millones para ampliar la capacidad logística de la Zona Libre de Colón.

La proyección económica se divide en tres etapas:

  • 2025-2026: período de transición, con crecimiento entre 4.1 % y 4.4 %.
  • 2027: inicio de la ejecución de megaproyectos.
  • 2028-2030: etapa de consolidación, con crecimiento entre 4.1 % y 4.7 %.

El objetivo sería movilizar aproximadamente US$15,000 millones y fortalecer la resiliencia logística, energética e hídrica del país.

La ruta hacia 2030

Panamá cuenta con ventajas importantes: el Canal, una plataforma logística internacional, conectividad aérea, un sistema bancario estable y capacidad para atraer inversiones.

Sin embargo, los megaproyectos no producirán automáticamente un desarrollo inclusivo. Su impacto dependerá de la capacidad para generar empleos formales, incorporar proveedores nacionales, formar trabajadores, proteger a las comunidades afectadas y mantener la sostenibilidad fiscal.

La ruta hacia 2030 exige diversificar la matriz energética, fortalecer la capacitación laboral, impulsar la formalización, preservar la inversión pública productiva y gestionar activamente la deuda.

La economía panameña ha demostrado capacidad para resistir choques externos y recuperar sus principales motores. El desafío de los próximos años será convertir esa resiliencia en transformación: pasar de una economía que crece a una economía que distribuye mejor las oportunidades, eleva la productividad y construye bases más sólidas para su futuro.

Fuente: Centro de Estudios Económicos de la Cámara de Comercio, Industrias y Agricultura de Panamá, Indicadores y Escenarios Económicos 2026-2030.




Panamá 2026-2030: entre la resiliencia económica y el desafío de transformar el crecimiento

resiliencia económica

Panamá llega a la segunda mitad de 2026 con una economía que continúa creciendo, pero también con señales que invitan a mirar más allá de las cifras generales. El país mantiene una expansión cercana al 4.8 %, impulsada por el Canal, la logística, el comercio, el turismo y la construcción. Sin embargo, detrás de ese desempeño conviven realidades menos favorables: una inversión privada debilitada, una tasa de desempleo de 10.4 %, altos niveles de informalidad y unas finanzas públicas obligadas a reducir el déficit sin comprometer los proyectos que podrían sostener el crecimiento futuro.

El informe Indicadores y Escenarios Económicos 2026-2030, elaborado por el Centro de Estudios Económicos de la Cámara de Comercio, Industrias y Agricultura de Panamá, presenta precisamente esa imagen: la de una economía resiliente, pero todavía expuesta a riesgos externos y a importantes desequilibrios internos.

Un conflicto lejano que llegó al bolsillo panameño

Para comprender la situación económica de Panamá en 2026, es necesario comenzar fuera de sus fronteras.

El estrecho de Ormuz, una de las rutas energéticas más importantes del mundo, se convirtió en el centro de las tensiones entre Estados Unidos e Irán. Por este paso marítimo circula aproximadamente una quinta parte del petróleo y de los combustibles comercializados internacionalmente, de modo que cualquier amenaza sobre la navegación repercute inmediatamente en los mercados.

El entendimiento impulsado por el presidente Donald Trump permitió reducir temporalmente las hostilidades, pero no resolvió todas las incertidumbres. El acuerdo fue presentado como preliminar y ambiguo, especialmente porque no establecía con claridad si el paso seguro se garantizaba a todas las embarcaciones o solamente a aquellas que Irán considerara amistosas. Tampoco definía de forma definitiva las tarifas, impuestos o peajes que podrían cobrarse después del período inicial de sesenta días.

La tensión afectó directamente al mercado petrolero. El precio del crudo WTI pasó de aproximadamente US$58 por barril en diciembre de 2025 a US$102 en mayo de 2026. Después del acuerdo preliminar, descendió a cerca de US$86 en junio, ante la expectativa de que Irán reanudara parcialmente sus exportaciones, se flexibilizaran ciertas sanciones y se recuperara el tránsito por Ormuz.

El alivio, sin embargo, no podía considerarse definitivo. Una interrupción de las negociaciones podía elevar nuevamente el precio del petróleo y devolver la volatilidad a los mercados.

Para Panamá, este riesgo no es abstracto. El país no produce petróleo y depende de combustibles importados. Por ello, los aumentos internacionales terminan trasladándose a los precios internos, generalmente con un rezago aproximado de un mes.

Entre mayo de 2025 y mayo de 2026, la gasolina de 91 octanos pasó de B/.0.85 a B/.1.23 por litro, un aumento de 44.7 %. La gasolina de 95 octanos se incrementó 46.7 %, mientras que el diésel aumentó 69.7 %, al pasar de B/.0.76 a B/.1.29 por litro.

El mayor impacto se produjo en el diésel, combustible utilizado por el transporte colectivo, la distribución de mercancías, la maquinaria, la logística y múltiples actividades productivas. Su encarecimiento no afecta únicamente al conductor: también se incorpora a los costos de movilización, producción y comercialización de los bienes que consumimos diariamente.

Para contener este efecto, el Estado estableció precios máximos subsidiados. La medida representó un ahorro aproximado de B/.0.35 por litro en la gasolina de 91 octanos, B/.0.32 en la de 95 y B/.0.39 en el diésel. La intervención alivió parcialmente la presión sobre los consumidores, pero añadió una nueva carga para las finanzas públicas.

Una inflación moderada, pero muy concentrada

La inflación acumulada hasta mayo de 2026 fue de 0.8 %. A primera vista, la cifra podría parecer baja. Sin embargo, el dato general oculta una fuerte concentración en categorías esenciales.

El transporte aumentó 4.1 % y se convirtió en el principal responsable de la inflación. Junto con los alimentos, explicó aproximadamente 96.4 % de la presión inflacionaria positiva.

La conclusión es importante: Panamá no enfrenta una inflación generalizada provocada por un exceso de consumo. La presión proviene principalmente de un choque externo relacionado con el petróleo y con su transmisión hacia el transporte y la distribución de productos.

La economía crece, pero de forma desigual

Durante el primer trimestre de 2026, la economía panameña creció aproximadamente 4.8 %. El Índice Mensual de Actividad Económica registró una variación similar en abril, confirmando que la expansión se mantenía.

Los sectores con mejor desempeño fueron los impuestos netos, con un crecimiento de 12.2 %; transporte y logística, con 8.2 %; construcción, con 6.5 %; comercio, con 6.4 %; minas y canteras, con 5.7 %; y hoteles y restaurantes, con 4.9 %.

También mostraron resultados positivos la enseñanza, las actividades inmobiliarias, los servicios profesionales y la manufactura.

El panorama, sin embargo, no fue uniforme. La intermediación financiera apenas creció 0.6 %, mientras el sector agropecuario se contrajo aproximadamente 4.3 %.

Dentro del agro se observaron comportamientos distintos. Aumentaron la producción de sandía, piña, arroz y el sacrificio de cerdos y aves. También mejoró la elaboración de algunas bebidas alcohólicas. En contraste, las exportaciones de banano, la producción de lácteos, el pescado fresco y los camarones registraron retrocesos importantes.

La gran paradoja: el consumo avanza y la inversión retrocede

Uno de los mensajes centrales del informe es la diferencia entre el comportamiento del consumo y el de la inversión.

Los indicadores de consumo mostraron resultados positivos. La recaudación del ITBMS aumentó 14.5 %, los préstamos de consumo crecieron 17.9 % y la venta de automóviles nuevos avanzó 14 %.

Al mismo tiempo, los indicadores relacionados con la inversión registraron fuertes caídas. Los préstamos para construcción disminuyeron 25.3 %, los créditos hipotecarios retrocedieron 23.5 % y la producción de cemento cayó 25.9 %.

Esto significa que la economía está siendo sostenida por el consumo, el turismo, la logística y determinadas obras públicas, mientras la inversión privada no avanza al mismo ritmo.

El consumo mantiene la actividad en el presente, pero la inversión es la que construye la capacidad productiva del futuro. Sin nuevos proyectos, infraestructura, empresas y empleos, el crecimiento corre el riesgo de perder fuerza.

El esfuerzo fiscal y sus costos

El déficit del Sector Público No Financiero se redujo de aproximadamente 2.46 % del PIB en mayo de 2025 a 1.82 % en mayo de 2026. La mejora fue cercana a B/.498.9 millones.

El resultado se explica por una mayor recaudación tributaria, el crecimiento de los ingresos de la Caja de Seguro Social, ingresos extraordinarios de capital y la reducción de determinados gastos.

No obstante, una parte importante del ajuste se produjo mediante la disminución del gasto de capital. La inversión pública pasó de aproximadamente B/.1,578.6 millones a B/.1,404.3 millones.

La reducción del déficit fortalece la posición fiscal del Estado, pero puede debilitar la economía cuando se logra sacrificando proyectos de infraestructura, obras públicas y programas que generan empleo.

La deuda pública se situó alrededor de B/.61,872 millones. Sus principales fuentes de financiamiento son los bonos internacionales, los organismos multilaterales, los préstamos bancarios directos y otros instrumentos financieros.

El informe identifica tres riesgos: la concentración de vencimientos y el elevado endeudamiento; el aumento de los gastos de funcionamiento y los servicios personales; y la debilidad de la inversión pública y privada.

El empleo sigue siendo la principal deuda

El crecimiento económico todavía no se traduce plenamente en oportunidades laborales.

Panamá registra aproximadamente 1,968,748 personas ocupadas, una participación económica de 64 % y una tasa de desempleo de 10.4 %, equivalente a cerca de 227,302 personas.

A ello se suma una población informal próxima a 784,990 trabajadores. En la práctica, una parte considerable de las personas ocupadas permanece fuera de estructuras laborales estables y con acceso limitado a seguridad social y prestaciones.

La población económicamente activa aumentó en cerca de 45,469 personas. De ellas, aproximadamente 27,547 encontraron empleo y 17,922 quedaron desempleadas.

La economía crea puestos, pero no en cantidad suficiente para absorber a todas las personas que se incorporan al mercado laboral.

La situación es especialmente difícil para los jóvenes entre 20 y 24 años, cuya tasa de desempleo alcanza aproximadamente 28.4 %. La falta de experiencia, las exigencias de especialización y la desconexión entre la formación académica y las necesidades empresariales levantan un verdadero muro de entrada.

La empresa privada generó aproximadamente 23,725 empleos adicionales, pero el aumento de la contratación se concentró principalmente en contratos por obra determinada y contratos definidos. Los contratos indefinidos crecieron en una proporción menor.

Las empresas buscan flexibilidad frente a la incertidumbre; los trabajadores buscan estabilidad. Esa diferencia representa uno de los principales desajustes estructurales del mercado laboral panameño.

Los motores que sostienen la economía

A pesar de estas dificultades, varios sectores continúan mostrando resultados favorables.

El Canal de Panamá registró un aumento aproximado de 8.9 % en sus ingresos acumulados por peajes. En mayo, los peajes crecieron 18.6 %, las toneladas netas aumentaron 16.2 % y el volumen de carga se incrementó 25.4 %.

La Zona Libre de Colón también mostró dinamismo. Su actividad comercial creció 11.5 % y las reexportaciones aumentaron 22.6 %, impulsadas por productos químicos, maquinaria, electrónica y textiles.

Las exportaciones panameñas alcanzaron aproximadamente B/.581.9 millones, con un crecimiento cercano a 31 %. Entre los principales productos se encontraban camarones, banano, harina y aceite de pescado, azúcar, medicamentos, café, madera y productos agroindustriales.

El Aeropuerto Internacional de Tocumen registró 7.6 millones de pasajeros, un aumento de 15 %. El movimiento de aeronaves creció 12 % y la carga aérea aumentó 10 %. Del total de pasajeros, 71 % se encontraba en transferencia, confirmando el papel de Tocumen como centro regional de conexiones.

Un sistema bancario sólido, pero poco orientado a la inversión productiva local

El sistema bancario mantiene una posición estable. La cartera crediticia neta creció 3.74 %, los activos líquidos netos aumentaron 12.41 %, las inversiones en valores avanzaron 14.14 % y los depósitos crecieron 7.43 %.

La liquidez del sistema se situó alrededor de 56.58 %, frente a un mínimo legal de 30 %. La adecuación de capital alcanzó 16.04 %, la morosidad se mantuvo cerca de 1.47 % y la cobertura de cartera llegó aproximadamente a 134.47 %.

Sin embargo, existe una diferencia importante entre el crédito externo y el interno. La cartera externa aumentó 9.71 %, mientras la interna creció apenas 0.34 %.

En el mercado local, los bancos incrementaron los créditos para consumo personal, hipotecas y comercio, pero redujeron el financiamiento destinado a industria, construcción y actividades financieras.

La banca posee liquidez y solvencia, pero una proporción limitada de sus recursos se canaliza hacia la inversión productiva nacional.

Un consumidor más cuidadoso

Las ventas generales disminuyeron aproximadamente 1.8 % y el volumen vendido cayó 2.1 %. Al mismo tiempo, el número de compradores aumentó cerca de 0.7 %.

La combinación revela un cambio en el comportamiento: más personas realizan compras, pero adquieren cantidades menores.

El consumidor compara precios, sustituye marcas, favorece los productos básicos, reduce las compras discrecionales y presta mayor atención a las promociones. También ha aumentado la preferencia por minisúperes y tiendas de conveniencia, donde puede realizar compras pequeñas y cercanas.

El consumo no se ha detenido, pero se ha vuelto más selectivo y condicionado por el presupuesto disponible.

Vivienda: menos unidades, pero operaciones de mayor valor

Durante el primer semestre de 2026 se comercializaron aproximadamente 3,648 viviendas, por cerca de US$487 millones.

Las unidades vendidas disminuyeron alrededor de 13 %, pero el capital movilizado aumentó aproximadamente 20 %. En otras palabras, se vendieron menos propiedades, aunque las operaciones fueron de mayor valor.

La vivienda subsidiada registró una caída de 21 % tanto en unidades vendidas como en el valor de las operaciones. Su inventario disponible disminuyó 19 %.

En la vivienda no subsidiada, las unidades vendidas disminuyeron aproximadamente 6 %, pero el valor de las operaciones aumentó 20 %. El inventario disponible se redujo alrededor de 7 %.

La vivienda subsidiada se vende más rápido, con una rotación aproximada de 20.7 meses, frente a 27.6 meses en la vivienda no subsidiada. No obstante, enfrenta una oferta cada vez más limitada.

La apuesta hacia 2030

La estrategia de crecimiento para los próximos años descansa sobre dos pilares: los megaproyectos de la Autoridad del Canal de Panamá y la expansión de la infraestructura pública mediante inversión estatal y asociaciones público-privadas.

Entre los proyectos señalados se encuentran un gasoducto transoceánico, con una inversión aproximada de US$8,000 millones; los puertos de Corozal y Telfers, por alrededor de US$2,000 millones; el reservorio de Río Indio, con una inversión estimada entre US$1,500 y US$1,600 millones; y un corredor logístico de aproximadamente B/.1,782 millones.

También se contempla la continuidad de la Línea 3 del Metro, el cuarto puente sobre el Canal, la ampliación de la Línea 1, el teleférico de San Miguelito, la Línea 2A y el tren Panamá-David.

A ello se añaden hospitales, policlínicas, centros oncológicos regionales, telemedicina, recetas electrónicas, nuevas plantas potabilizadoras, ampliación de redes de distribución de agua y reparación de fugas.

La meta es generar aproximadamente 80,000 empleos privados, especialmente en tecnología, agroindustria, turismo, construcción, logística y pequeñas y medianas empresas.

La proyección se divide en tres etapas: una transición entre 2025 y 2026, con crecimiento entre 4.1 % y 4.4 %; el inicio de la ejecución de megaproyectos en 2027; y una fase de consolidación entre 2028 y 2030, con una expansión estimada entre 4.1 % y 4.7 %.

Crecer no será suficiente

Panamá conserva ventajas importantes: el Canal, una plataforma logística internacional, conectividad aérea, un sistema bancario estable y capacidad para atraer inversión.

Pero mantener una tasa de crecimiento positiva no será suficiente. El verdadero desafío consiste en convertir esa expansión en empleos formales, productividad, inversión privada, infraestructura y mejores condiciones de vida.

La crisis petrolera demostró la necesidad de diversificar la matriz energética. El desempleo juvenil confirmó la urgencia de conectar la formación con las necesidades del mercado. La caída del crédito productivo reveló la importancia de recuperar la inversión. Y el ajuste fiscal puso en evidencia que controlar el déficit no puede significar detener los proyectos que sostienen el desarrollo.

Panamá ha demostrado capacidad para resistir choques y recuperar sus principales motores económicos. La tarea hacia 2030 será transformar esa resiliencia en oportunidades reales para sus ciudadanos.

Fuente: Centro de Estudios Económicos de la Cámara de Comercio, Industrias y Agricultura de Panamá, Indicadores y Escenarios Económicos 2026-2030.




Europa ante el desafío de su propia defensa

defensa militar

Durante décadas, Europa pudo concentrarse en su integración económica y en la construcción del Estado del bienestar gracias a la protección militar de Estados Unidos dentro de la OTAN. Sin embargo, el deterioro del orden internacional, el cambio de prioridades de Washington y el surgimiento de nuevas amenazas han puesto en duda la continuidad de este modelo.

El debate ya no se limita a cuánto deben gastar los países europeos en defensa, sino a una cuestión más profunda: ¿puede Europa seguir dependiendo de Estados Unidos o debe desarrollar una verdadera autonomía estratégica?

1. Una seguridad construida bajo el liderazgo estadounidense

Después de la Segunda Guerra Mundial, Estados Unidos asumió un papel central en la defensa de Europa occidental. La creación de la OTAN permitió contener la influencia soviética y proporcionó al continente una garantía de seguridad que se mantuvo incluso después del final de la Guerra Fría.

Esta protección permitió que los países europeos redujeran sus inversiones militares y concentraran sus recursos en el crecimiento económico, la integración regional y las políticas sociales. Europa delegó buena parte de su defensa en Washington mientras avanzaba en la construcción de la actual Unión Europea.

El modelo parecía conveniente: Estados Unidos protegía el continente y Europa fortalecía su prosperidad. Sin embargo, esa relación también produjo una dependencia militar y tecnológica que hoy resulta difícil de superar.

2. El orden internacional que protegía a Europa se debilita

La estabilidad posterior a la Guerra Fría ha dado paso a un escenario marcado por la competencia entre potencias, el debilitamiento del multilateralismo y el uso creciente de la fuerza en las relaciones internacionales.

La anexión de Crimea en 2014 y la invasión rusa de Ucrania en 2022 demostraron que la modificación violenta de fronteras continúa siendo una amenaza real para Europa. Al mismo tiempo, el ascenso de China ha desplazado el centro de atención estratégica de Estados Unidos hacia Asia y el Indopacífico.

Washington exige ahora que los países europeos asuman una mayor parte de los costos de su seguridad. Las diferencias sobre Ucrania, Irán, Venezuela y Groenlandia también evidencian que Estados Unidos y la Unión Europea no siempre comparten las mismas prioridades.

La relación transatlántica continúa siendo fundamental, pero ya no puede darse por garantizada en los mismos términos del pasado.

3. La Unión Europea no posee una defensa común

Aunque la Unión Europea cuenta con instituciones y políticas relacionadas con la seguridad, todavía no dispone de una verdadera estructura de defensa territorial.

La Política Exterior y de Seguridad Común permite coordinar posiciones diplomáticas, sanciones y actuaciones internacionales. Por su parte, la Política Común de Seguridad y Defensa facilita misiones de paz, operaciones civiles, asistencia humanitaria y gestión de crisis fuera del territorio europeo.

No obstante, estos mecanismos no equivalen a una alianza militar. La Unión no tiene fuerzas armadas propias, un mando militar centralizado ni recursos permanentes para defender colectivamente a sus miembros.

Por esa razón, la OTAN continúa siendo el principal instrumento de defensa del continente. La política europea de seguridad funciona como complemento de la Alianza Atlántica, pero no como una alternativa independiente.

4. La fragmentación política limita la capacidad de respuesta

Uno de los principales obstáculos para la defensa europea es la dificultad de alcanzar acuerdos entre los Estados miembros.

Las decisiones en política exterior y seguridad requieren generalmente unanimidad. Esto permite que cada país preserve su soberanía, pero también facilita los vetos, retrasa las respuestas y dificulta la adopción de posiciones comunes ante situaciones urgentes.

Además, los países europeos no perciben las amenazas de la misma manera. Los Estados del este consideran a Rusia su principal riesgo, mientras que los del sur prestan mayor atención a la inestabilidad del Sahel, la migración y la seguridad del Mediterráneo.

Estas diferencias impiden el desarrollo de una cultura estratégica verdaderamente común. Europa dispone de instituciones, pero carece de una dirección política unificada capaz de actuar con rapidez.

5. Una industria militar costosa y descoordinada

La fragmentación también afecta a la industria europea de defensa. Cada país continúa adquiriendo armamento y desarrollando capacidades según sus propios intereses nacionales.

Esta falta de coordinación produce duplicidades, eleva los costos y dificulta que los distintos ejércitos puedan operar conjuntamente. Mientras Estados Unidos utiliza alrededor de 33 sistemas de armas diferentes, Europa mantiene aproximadamente 179.

La existencia de tantos modelos de tanques, aviones, buques, misiles y sistemas de comunicación complica el mantenimiento, la logística y la interoperabilidad.

Aunque Europa realiza un gasto militar considerable, su impacto es menor porque las inversiones están dispersas. La solución no consiste únicamente en gastar más, sino en comprar, producir y planificar de manera conjunta.

6. La dependencia tecnológica de Estados Unidos

Europa continúa dependiendo de Estados Unidos en capacidades fundamentales como inteligencia, vigilancia, transporte estratégico, defensa antimisiles, mando operativo y disuasión nuclear.

El documento también señala que hasta el 60 % del armamento adquirido por los países de la Unión Europea procede de Estados Unidos. Esto significa que una parte importante del aumento del gasto europeo termina fortaleciendo la industria militar estadounidense, en lugar de consolidar una base tecnológica propia.

Además, las regulaciones estadounidenses pueden condicionar el uso o la exportación de equipos europeos que incorporan componentes desarrollados en Estados Unidos.

El resultado es una contradicción: Europa intenta ganar autonomía, pero muchas de sus inversiones profundizan indirectamente su dependencia de Washington.

7. Un círculo vicioso de dependencia

Las limitaciones políticas, industriales y técnicas se refuerzan entre sí.

La falta de voluntad política impide coordinar la producción militar. La descoordinación industrial obliga a los países a comprar individualmente, muchas veces en el mercado estadounidense. Esa dependencia tecnológica fortalece la necesidad de mantenerse bajo el paraguas de la OTAN y reduce el incentivo para desarrollar una política de defensa propiamente europea.

Europa posee capital, tecnología e industrias capaces de sostener una mayor autonomía. Su principal dificultad no es la falta de recursos, sino la incapacidad para organizarlos alrededor de una estrategia compartida.

Mientras este círculo no se rompa, la autonomía europea continuará siendo una aspiración más retórica que efectiva.

8. La opción más ambiciosa: un ejército europeo

La creación de un ejército europeo plenamente integrado sería la respuesta más profunda al problema de la dependencia.

Este modelo implicaría establecer fuerzas armadas comunes, un mando único, una doctrina compartida y una política conjunta de defensa. También permitiría aprovechar economías de escala, reducir duplicidades y mejorar la capacidad de disuasión.

Sin embargo, su aplicación exigiría que los Estados cedieran una parte considerable de su soberanía. También sería necesario reformar los tratados europeos y establecer una autoridad política facultada para ordenar el uso de la fuerza.

Las diferencias entre los países, la neutralidad de algunos miembros, la falta de interoperabilidad y el debate sobre la disuasión nuclear hacen que esta alternativa resulte poco probable en el corto plazo.

En teoría, sería la opción más completa; en la práctica, es la menos viable.

9. Una alternativa intermedia: el Consejo de Seguridad Europeo

Otra propuesta consiste en crear un Consejo de Seguridad Europeo integrado por un grupo reducido de países con mayor capacidad militar o influencia política.

Este organismo podría coordinar respuestas ante crisis, establecer posiciones comunes y facilitar decisiones más rápidas. También permitiría incluir a potencias europeas que no pertenecen a la Unión Europea, como el Reino Unido.

Sin embargo, la propuesta podría generar una Europa de distintas velocidades. Los Estados excluidos del grupo podrían considerar que las decisiones fundamentales se adoptan sin su participación.

El Consejo de Seguridad Europeo mejoraría la coordinación, pero no solucionaría por completo las diferencias industriales, militares y presupuestarias existentes.

10. La vía más realista: fortalecer a Europa dentro de la OTAN

La alternativa más pragmática consiste en reforzar el componente europeo de la OTAN, sin romper el vínculo con Estados Unidos.

Esta estrategia exigiría aumentar la cooperación industrial, realizar compras conjuntas, estandarizar los sistemas de armas, mejorar la movilidad militar y reducir la dependencia tecnológica en sectores estratégicos.

El objetivo no sería crear inmediatamente un solo ejército europeo, sino lograr que los distintos ejércitos nacionales funcionen como un sistema coordinado.

También podrían establecerse coaliciones de países dispuestos a participar en proyectos concretos, según sus capacidades y prioridades. Este modelo permitiría avanzar gradualmente sin exigir una integración militar total.

Una relación transatlántica más equilibrada

La autonomía estratégica europea no debe entenderse como una ruptura con Estados Unidos ni como el abandono de la OTAN. El verdadero objetivo consiste en construir una relación más equilibrada, en la que Europa pueda contribuir de manera proporcional a su propia seguridad y actuar cuando sus intereses lo exijan.

Durante décadas, el continente disfrutó de los beneficios de la protección estadounidense sin asumir plenamente los costos de su defensa. Ese modelo permitió consolidar la integración europea, pero también produjo una dependencia difícil de sostener en el nuevo contexto internacional.

Europa debe decidir si desea continuar como beneficiaria de una protección externa o convertirse en un actor estratégico capaz de asumir mayores responsabilidades. La opción más viable parece ser el fortalecimiento gradual del pilar europeo dentro de la OTAN, acompañado de una mayor coordinación política, industrial y militar.

De no producirse ese cambio, las diferencias entre Estados Unidos y Europa podrían profundizarse hasta provocar un verdadero cisma en el mundo occidental.

Fuente: Héctor Sánchez Cuadros, ¿Vasallaje o amistad? El nuevo Cisma de Occidente, Documento de Opinión IEEE 73/2026, Instituto Español de Estudios Estratégicos, 29 de junio de 2026.