Estados Unidos y la Argentina alcanzaron un acuerdo de comercio e inversiones

USA Argentina

El comunicado de la Casa Blanca se publicó mientras estaban reunidos en Washington el canciller Pablo Quirno y el secretario de Estado, Marco Rubio; ambos países “abrirán sus mercados recíprocamente para productos claves”

Elaborado por: Guillermo Idiart | 13 de noviembre de 2025 18:44 | La Nación

WASHINGTON.- Luego de varios meses de negociaciones por las que el Gobierno hizo una gran apuesta en su alianza con Estados Unidos, la Casa Blanca anunció esta tarde un acuerdo comercial y de inversiones con la Argentina para promover un “crecimiento de largo plazo que expanda las oportunidades para ambas naciones” y en el cual ambos países “abrirán sus mercados recíprocamente para productos claves”.

“El presidente Donald Trump y el presidente Javier Milei reafirman la alianza estratégica entre Estados Unidos y la Argentina, basada en valores democráticos compartidos y una visión común de libre empresa, iniciativa privada y mercados abiertos”, señaló el gobierno norteamericano en un comunicado, en el que dio detalles del extenso acuerdo marco.

El pacto abarca aspectos como aranceles, eliminación de barreras no arancelarias, propiedad intelectual, minerales críticos, acceso a los mercados agrícolas y regulaciones para bienes tecnológicos, entre varios puntos, aunque en muchos casos sin especificaciones.

El acuerdo forma parte de una gran apuesta de Trump por Milei, a quien considera un aliado estratégico trascendental de Washington en América Latina, después de que Estados Unidos le brindara a la Argentina un auxilio financiero de 20.000 millones de dólares, entre otras medidas de apoyo para apuntalar al gobierno antes de las elecciones legislativas del 26 de octubre.

El anuncio, por el que había fuertes expectativas en el Gobierno luego de meses de negociaciones, también supone una victoria política para Milei, quien se posicionó como uno de los líderes más cercanos de Trump en el ámbito internacional.

El Presidente celebró el acuerdo con Estados Unidos. “Estamos fuertemente comprometidos en hacer grande a la Argentina nuevamente”, dijo.

La ayuda financiera de Estados Unidos a la Argentina generó un frente interno para Trump en los últimos meses, con fuertes críticas de los legisladores demócratas y distintos sectores productivos, como los ganaderos norteamericanos.

El extenso acuerdo marco señala que la Argentina otorgará acceso preferencial a los mercados para las exportaciones estadounidenses, incluyendo ciertos medicamentos, productos químicos, maquinaria, productos de tecnología de la información y dispositivos médicos.

“En busca de una asociación económica más sólida y equilibrada, Estados Unidos y la Argentina han acordado un acuerdo marco para profundizar la cooperación bilateral en materia de comercio e inversión. Este marco para un Acuerdo sobre Comercio e Inversión Recíprocos busca impulsar el crecimiento a largo plazo, ampliar las oportunidades y crear un entorno transparente y basado en normas para el comercio y la innovación“, agrega el comunicado, publicado en el mismo día en que la Casa Blanca anunció otros acuerdos comerciales, con Guatemala, Ecuador y El Salvador.

El anuncio se produjo una vez iniciada la reunión entre el canciller Pablo Quirno y el secretario de Estado, Marco Rubio, que en español le dio la bienvenida al flamante jefe de la diplomacia del Gobierno.

“Es un honor anunciar que la Argentina y Estados Unidos han logrado hoy un Acuerdo Marco de Comercio Recíproco e Inversión. El acuerdo crea las condiciones para aumentar las inversiones de Estados Unidos en la Argentina e incluye reducción de tarifas para industrias claves aumentando el comercio bilateral entre ambos países”, escribió Quirno en su cuenta de X, en un mensaje en el que agradeció a Milei, al trabajo de las distintas áreas del Gobierno y al representante comercial norteamericano, Jamieson Greer.

Aranceles mutuos

El acuerdo involucra, en su primer punto, los aranceles mutuos. “Los países abrirán sus mercados recíprocamente para productos claves”, señala, para indicar que la Argentina otorgará “acceso preferencial a los mercados de exportación de bienes de ciudadanos estadounidenses, incluidos ciertos medicamentos, productos químicos, maquinaria, productos de tecnologías de la información, dispositivos médicos, vehículos automotores y una amplia gama de productos agrícolas”.

Estados Unidos, por su parte, se compromete a eliminar los aranceles recíprocos sobre “ciertos recursos naturales no disponibles y artículos no patentados para uso en aplicaciones farmacéuticas”. Luego señala que “podrá considerar” otras mejoras en los términos de intercambio para la Argentina.

A partir de ese punto, la lista de aperturas y concesiones entre los socios sólo involucra a nuestro país. Por caso, se señala que la Argentina “ha desmantelado numerosas barreras no arancelarias que restringían el acceso a su mercado, incluyendo las licencias de importación”, o que “también eliminará gradualmente el impuesto estadístico para los ciudadanos estadounidenses”.

“La Argentina permitirá el ingreso de productos estadounidenses que cumplan con las normas estadounidenses o internacionales aplicables (…) sin requisitos adicionales de evaluación de la conformidad”, continúa el comunicado.

Además de vehículos, alimentos y medicamentos, el país abre su mercado al ganado bovino vivo estadounidense, productos avícolas y quesos. “La Argentina simplificará los procesos de registro de productos para los ciudadanos estadounidenses y no aplicará el registro de instalaciones a las importaciones de carne vacuna, productos cárnicos, despojos de res y productos porcinos estadounidenses, así como a los productos lácteos”, especifica el comunicado.

Estas medidas para facilitar el comercio de ganado se producen luego de que Trump señalara un plan para cuadriplicar la cuota de importación de carne argentina (a 80.000 toneladas), para bajar los precios en el mercado local y aliviar la situación de los consumidores estadounidenses.

La Argentina y Estados Unidos también se comprometieron a cooperar para facilitar la “inversión y el comercio de minerales críticos”, recursos que el gobierno de Trump ha buscado también en otros países, en el marco de su disputa geopolítica con China.

“Ambos países también acordaron trabajar para estabilizar el comercio mundial de soja”, añadió el comunicado.

En otro de los apartados, el acuerdo señala que “la Argentina aceptará la importación de vehículos fabricados en Estados Unidos que cumplan con las Normas Federales de Seguridad de Vehículos Motorizados y las normas de emisiones estadounidenses, así como los certificados de la Administración de Alimentos y Medicamentos (FDA) y las autorizaciones previas de comercialización de dispositivos médicos y productos farmacéuticos”, agrega.

El encuentro Quirno-Rubio

La reunión de cerca de una hora entre Quirno y Rubio, otra muestra del fortalecimiento de la relación bilateral, se produjo en la sede del Departamento de Estado, en Washington. El saludo protocolar entre ambos funcionarios, con sonrisas y apretón de manos, se produjo a las 15.41 (hora local, las 17.41 en la Argentina), 11 minutos después de lo pautado por las autoridades.

“Bienvenido”, le dijo Rubio, a lo que Quirno agradeció. Fue una breve aparición para los fotógrafos en el Colin Powell Treaty Room, un pequeño salón oval dedicado al ex jefe de la diplomacia norteamericana en el gobierno de George W. Bush, en el séptimo piso del edificio. Luego comenzó el encuentro entre ambos.

La reunión entre Rubio y Quirno es otra muestra de la fortaleza del vínculo del gobierno de Javier Milei con la Casa Blanca, su principal aliado internacional. Tras el encuentro con el secretario de Estado norteamericano, el canciller argentino emprenderá el regreso a Buenos Aires.

El Colin Powell Treaty Room, con columnas blancas con bases doradas, está decorado con platos, jarrones con el águila calva -símbolo nacional de Estados Unidos- y libros. Allí, junto a dos banderas de cada país, Rubio y Quirno posaron para las fotos.

Previo a la reunión con Rubio, el canciller llegó minutos antes del mediodía local a la sede de la Cámara de Comercio de Estados Unidos (USCC, por sus siglas en inglés), que representa a empresas y asociaciones profesionales norteamericanas.

Allí, durante una hora y media, mantuvo un encuentro “excelente” con inversores en la Argentina, según supo LA NACION. La USCC no dio detalles de la lista de empresas representadas.

Quirno arribó al edificio del USCC, ubicado frente a la plaza Lafayette, a metros de la Casa Blanca, acompañado por el embajador argentino en Estados Unidos, Alec Oxenford, y el jefe de misión adjunto de la embajada, Juan Cortelletti. Los tres participaron del encuentro. Dejaron la sede a las 13.45 (hora local).

El miércoles, Quirno, junto con el secretario de Coordinación de Producción, Pablo Lavigne; el secretario de Relaciones Económicas Internacionales, Luis Kreckler, y Oxenford, había participado de diversas reuniones en su primer día en Washington, en su estreno como canciller en esta capital.

Antes de su encuentro con el representante comercial de Estados Unidos, Jamieson Greer, en busca de sellar los últimos detalles del acuerdo comercial, Quirno y su comitiva participaron de una mesa redonda con líderes del sector privado norteamericano en el Meridian International Center, un centro no partidista para la diplomacia.

“Largo y fructífero primer día en Washington. Junto a Oxenford y equipo participamos de una excelente reunión junto a empresas del sector energético, informático, farmacéutico y minero con el objetivo de generar nuevas oportunidades de cooperación e inversión”, señaló Quirno en un posteo su cuenta de X, en el que le agradeció a los anfitriones del encuentro, Alex Mistri y Puru Trivedi.

Tanto el canciller y como el embajador fueron oradores en ese encuentro (caratulado como “La Argentina y Estados Unidos, una nueva era de colaboración económica”), que congregó a representantes de más de 20 empresas de varios sectores.

Según supo LA NACION, los asistentes les hicieron consultas sobre el proceso de apertura económica y estabilización de la Argentina, y del Régimen de Incentivos para Grandes Inversiones (RIGI). Las oportunidades de inversiones en minería, energía y tecnología fueron las que acapararon los principales focos.

En su exposición, Quirno destacó cómo la Argentina ha mejorado la credibilidad en este último lapso y destacó que el país quiere convertirse en un “jugador global”. También señaló que gracias al triunfo en los comicios legislativos el Gobierno tiene una ventana de 18 a 20 meses antes de que empiece el próximo ciclo electoral y que eso es una oportunidad para moverse rápidamente hacia la consolidación de las reformas.

Más tarde, el canciller y su equipo mantuvieron una cena en la sede de la embajada argentina con miembros del Council of the Americas -entre ellos su presidenta, Susan Segal, y su vicepresidente, Kevin Sullivan– y empresarios.

En el viaje a Washington también acompañaron al canciller la subsecretaria de Comercio Exterior de Economía, Carolina Cuenca, y el subsecretario de Mercados agroalimentarios e Inserción Internacional, Agustín Tejada Rodríguez.

El secretario de Desregulación del ministerio que lidera Federico Sturzenegger, Alejandro Cacace, también integró la comitiva, involucrado principalmente en el diseño de las respuestas a los planteos de Estados Unidos en materia de barreras no arancelarias, como los temas de propiedad intelectual y calidad regulatoria, señalaron desde la cartera.

Sintonía fina

El encuentro entre Quirno y Rubio en Washington reflejó la sintonía fina entre ambas administraciones. Estados Unidos, que le ha otorgado a la Casa Rosada un auxilio financiero en la previa de las elecciones legislativas del 26 de octubre clave para aplacar las turbulencias de los mercados, considera a la Argentina un aliado estratégico en América Latina.

El anuncio del acuerdo comercial entre ambos países se había demorado por un tema de timing político, luego de los ruidos internos en Estados Unidos que generó el auxilio financiero del Departamento del Tesoro a la Argentina y el plan de Trump para cuadriplicar la cuota de importación de carne argentina.

Idiart, Guillermo. Estados Unidos y la Argentina alcanzaron un acuerdo de comercio e inversiones. Artículo de La Nación. https://www.lanacion.com.ar/politica/tras-su-reunion-con-el-representante-comercial-de-trump-pablo-quirno-es-recibido-por-el-secretario-nid13112025/?utm_source=appln (consultado 13/11/2025)




Trump, Colombia y Venezuela: ¿el retorno de la Doctrina Monroe?

Doctrina Monroe

La reciente escalada militar en el norte de Sudamérica marca un punto de inflexión en la política exterior de Estados Unidos bajo el segundo mandato de Donald Trump. Las tensiones entre Washington, Caracas y Bogotá reflejan una estrategia más amplia de reconfiguración del poder en el hemisferio occidental, en la que resurgen ecos de la vieja Doctrina Monroe: América para los americanos… o, más bien, para los norteamericanos.

De la contención a la ofensiva

En 2025, Estados Unidos pasó de una política sancionatoria contra Venezuela a una fase activa de confrontación marítima. Bajo el discurso de la lucha contra el narcotráfico, Trump ha desplegado buques de guerra, autorizado operaciones encubiertas de la CIA y ejecutado ataques contra embarcaciones sospechosas en aguas del Caribe y el Pacífico. Estas acciones, que han dejado decenas de muertos, marcan la expansión del teatro de operaciones hacia la costa colombiana y difuminan los límites entre la interdicción y la intervención directa.

Washington ha declarado organizaciones terroristas a varios carteles latinoamericanos —incluido el venezolano “Cartel de los Soles”, supuestamente dirigido por Nicolás Maduro—, lo que le otorga base legal para actuar sin aprobación del Congreso. Al mismo tiempo, el Comando Sur y el Pentágono coordinan los despliegues con el argumento de proteger la seguridad hemisférica.

Venezuela: resistencia y alianzas

El gobierno de Maduro ha respondido denunciando las acciones ante la ONU, reforzando su presencia militar costera y cerrando acuerdos logísticos con aliados extrarregionales como Rusia, China e Irán. La narrativa chavista presenta el conflicto como un nuevo episodio de resistencia frente al imperialismo estadounidense. A ello se suman apoyos simbólicos —como la llegada de técnicos iraníes y asesores rusos— que elevan el perfil geopolítico del país en la región.

Colombia: el aliado en tensión

Colombia, tradicional socio estratégico de Washington, atraviesa una relación cada vez más tensa. La administración Trump ha acusado al presidente Gustavo Petro de “blandura” frente al narcotráfico y de permitir el fortalecimiento de grupos armados. En octubre, el Departamento de Estado incluso retiró la certificación de cooperación antinarcóticos y sancionó a funcionarios colombianos. Aunque Bogotá insiste en su soberanía, Estados Unidos ha insinuado que podría revisar los programas de asistencia militar.

Petro, por su parte, ha condenado los ataques estadounidenses en el Pacífico —algunos con víctimas colombianas— y ha reclamado respeto a la jurisdicción nacional. Así, Colombia queda atrapada entre su histórica cooperación con Estados Unidos y su intento de mantener autonomía frente a la presión militar y diplomática.

Un conflicto regionalizado

Los hechos recientes —ataques marítimos, despliegue de portaaviones, operaciones encubiertas, sanciones y retórica antinarcóticos— componen una campaña regional de presión, no solo contra Venezuela sino también como advertencia a Colombia. Para la autora, este escenario constituye una reedición moderna de la Doctrina Monroe, en la que Estados Unidos reafirma su dominio hemisférico frente a potencias competidoras y gobiernos disidentes.

El discurso de Trump combina guerra híbrida y disuasión simbólica: operaciones limitadas, sanciones económicas, guerra de información y aislamiento diplomático, todo sin llegar —al menos por ahora— a una invasión abierta. Sin embargo, la militarización progresiva del Caribe y del Pacífico genera una tensión estructural que puede escalar en cualquier momento.

El dilema de la soberanía y la legalidad

Las operaciones navales sin autorización de la ONU han sido criticadas por juristas y organismos multilaterales, al considerar que vulneran el principio de soberanía. Washington, en cambio, se ampara en la doctrina de la “autodefensa extendida” para justificar sus acciones. Este argumento amplía su margen de maniobra, pero también erosiona el derecho internacional y la credibilidad del sistema interamericano.

Repercusiones hemisféricas

La confrontación no se limita al terreno militar: tiene derivaciones diplomáticas y económicas. La suspensión venezolana de acuerdos energéticos con Trinidad y Tobago o la división entre gobiernos latinoamericanos ante la escalada militar evidencian la fragilidad del orden regional. Mientras Lula da Silva y otros líderes piden mediación y diálogo, la OEA y la CELAC muestran incapacidad para contener la crisis.

Una nueva geopolítica del hemisferio

El análisis concluye que esta crisis simboliza un retorno de la geopolítica clásica, adaptada al siglo XXI. La competencia entre potencias globales —EE. UU., Rusia, China e Irán— se libra ahora en los márgenes del continente. El Caribe y el Pacífico sur se convierten en escenarios de guerra híbrida, vigilancia y disuasión.

Aunque una guerra abierta parece improbable, el riesgo de una securitización permanente de América Latina —donde la militarización sustituye al diálogo— es real. Para el Instituto Español de Estudios Estratégicos, lo que está en juego no es solo la política de tres países, sino la vigencia del sistema interamericano y la soberanía regional.

Epílogo: la paradoja Monroe

Dos siglos después de su formulación, la Doctrina Monroe reaparece bajo nuevas formas. Estados Unidos invoca la seguridad hemisférica para justificar su intervención, mientras América Latina insiste en la autodeterminación. En este pulso entre fuerza y soberanía, el norte de Sudamérica se convierte nuevamente en el epicentro de la lucha por el poder en el continente.

REYES RAMÍREZ, Rocío de los. Trump, Colombia y Venezuela: ¿el retorno de la doctrina Monroe? Documento de Análisis IEEE 69/2025. https://www.defensa.gob.es/documents/2073105/2990223/trump_colombia_y_venezuela_2025_dieeea69.pdf (consultado 12/11/2025)




El ascenso de Zohran Mamdani y la transformación del voto neoyorquino

Zohran Mamdani

Zohran Mamdani fue elegido como el alcalde número 111 de la ciudad de Nueva York, convirtiéndose en el primer musulmán y el primer surasiático en ocupar este cargo, además del más joven en más de un siglo. A sus 34 años, el político demócrata socialista logró imponerse ante figuras de gran trayectoria como el exgobernador Andrew M. Cuomo, tras una campaña centrada en la asequibilidad y en la promesa de aliviar el costo de vida en la ciudad. Su elección representa un cambio en la dinámica política neoyorquina, donde un creciente bloque de votantes jóvenes, inmigrantes y de clase trabajadora ha comenzado a tener un papel más decisivo.

Mamdani nació en Kampala, Uganda, hijo del académico Mahmood Mamdani y de la cineasta Mira Nair. Ambos son figuras reconocidas en sus respectivos campos: su padre es profesor especializado en estudios africanos y poscoloniales, y su madre es directora de cine con una amplia trayectoria internacional. Cuando Zohran tenía alrededor de siete años, la familia se trasladó a Nueva York, donde creció y cursó estudios en la Bronx High School of Science. Posteriormente se graduó en Bowdoin College, en Maine, con una licenciatura en Estudios Africana. Antes de dedicarse a la política, trabajó como consejero de vivienda en Queens, una experiencia que lo acercó a los problemas de inquilinos y familias de bajos ingresos.

Su carrera política inició en 2020, al ser elegido para la Asamblea Estatal de Nueva York representando al distrito 36 de Queens. Desde entonces, se ha identificado con el ala más progresista del Partido Demócrata, impulsando políticas relacionadas con vivienda, transporte y servicios públicos. Durante su campaña para la alcaldía, Mamdani propuso medidas dirigidas a reducir la desigualdad económica en la ciudad, entre ellas hacer gratuito el servicio de autobuses, congelar los alquileres en los apartamentos bajo control de renta y establecer un sistema universal de cuidado infantil sin costo.

Para financiar estas iniciativas, Mamdani ha planteado una reforma fiscal que incluye aumentar los impuestos a las corporaciones y a las personas con ingresos altos. Según sus declaraciones, los recursos recaudados permitirían ampliar los programas sociales y construir más viviendas asequibles. Sin embargo, esta propuesta ha generado críticas por parte de sectores empresariales y de figuras políticas moderadas, que advierten sobre el posible impacto en la inversión privada y en la competitividad de la ciudad. La gobernadora Kathy Hochul ha mostrado disposición para colaborar con el nuevo alcalde en temas como la ampliación del cuidado infantil, pero ha expresado su desacuerdo con un aumento en los impuestos.

Además de los retos económicos, Mamdani enfrentará desafíos políticos significativos. Deberá gestionar un presupuesto anual de aproximadamente 115 mil millones de dólares y coordinar a más de 300 000 empleados municipales, incluidos 34 000 policías. Su relación con el gobierno federal también será determinante, ya que el presidente Donald Trump ha manifestado en varias ocasiones su oposición al nuevo alcalde, incluso amenazando con limitar los fondos federales destinados a la ciudad.

Tras su elección, simpatizantes y aliados políticos crearon el grupo Our Time for an Affordable NYC, una organización independiente que busca respaldar y promover la agenda económica de Mamdani. Este movimiento, compuesto en gran parte por antiguos voluntarios de su campaña y miembros de organizaciones progresistas, pretende mantener la presión pública para la aprobación de sus propuestas en el Concejo Municipal y en la legislatura estatal. Zohran Mamdani asumirá el cargo el 1 de enero con una ciudad expectante frente a sus políticas. Su victoria refleja un cambio en las prioridades del electorado neoyorquino, que busca soluciones al aumento del costo de vida, pero también abre el debate sobre los límites y consecuencias de una agenda económica basada en una mayor carga tributaria para los sectores de mayores ingresos. El éxito o fracaso de su administración dependerá de su capacidad para equilibrar las aspiraciones de sus votantes con la estabilidad fiscal y política de la ciudad que ahora dirige.




RBC reafirma su compromiso con la comunidad

El pasado miércoles 29 de octubre, la firma Rivera Bolívar y Catañedas y sus colaboradores realizaron una donación de víveres y enseres a Fundacáncer, reafirmando así nuestro compromiso con la responsabilidad social y el apoyo solidario a las causas que fortalecen nuestra comunidad.

Agradecemos a todo el equipo por su participación y espíritu altruista, que hacen posible contribuir con pequeñas acciones a grandes propósitos.




XV Convención Centroamericana y del Caribe de Centros de Arbitraje

Es un placer para nosotros compartir que la Licenciada Dayra Castañedas, socia de Rivera, Bolívar y Castañedas, participó como invitada del CeCAP en la XV Convención Centroamericana y del Caribe de Centros de Arbitraje, organizada por la Cámara de Comercio e Industrias de Tegucigalpa y el Centro de Conciliación y Arbitraje, celebrada del 28 al 29 de octubre de 2025.

El evento tuvo como tema central: “El Futuro del Arbitraje: Tendencias Globales y Oportunidades Regionales.”

La Licenciada Castañedas integró el panel de árbitros titulado “El Árbitro del Futuro: Ética, Tecnología y Nuevas Expectativas”, en el cual presentó la ponencia “Estándares Éticos y Buena Fe ante las Nuevas Realidades.”

Nuestro país estuvo representado por el Centro de Conciliación y Arbitraje de Panamá, junto al Centro de Solución de Conflictos y los principales Centros de Arbitraje de la región.




La industria siderúrgica de la UE en la encrucijada: la descarbonización y el sector de la defensa como solución

El acero ha sido, desde los cimientos de la Unión Europea, un símbolo de integración y desarrollo. Nacida de la Comunidad Europea del Carbón y del Acero, la UE se construyó literalmente sobre este material estratégico. Sin embargo, en pleno 2025, la industria siderúrgica europea atraviesa una de las etapas más críticas de su historia. En su análisis, Mar Hidalgo García señala que el sector enfrenta una tormenta perfecta: una caída sostenida en la producción, competencia desleal de las importaciones asiáticas, altos precios energéticos, el encarecimiento del carbono y una transformación climática que exige una descarbonización rápida y profunda.

La producción europea de acero crudo cayó a 126 millones de toneladas en 2023, su nivel más bajo en décadas, y un tercio de la demanda se cubre ya con importaciones más baratas, muchas provenientes de China, Vietnam y Taiwán. Detrás de estos flujos, se esconde una competencia asimétrica: mientras los productores europeos deben cumplir estrictas normas ambientales y pagar altos costos energéticos, las acerías asiáticas operan con subsidios y bajos estándares ambientales. Esto ha llevado a que Axel Eggert, director de la Asociación Europea del Acero (EUROFER), advierta que si no se toman medidas urgentes, “Europa se convertirá en un museo industrial impulsado por tecnologías limpias chinas y estadounidenses”.

Las guerras comerciales también agravan el panorama. En 2025, Estados Unidos aumentó los aranceles al acero y aluminio al 50 %, afectando directamente a la UE, su segundo mayor proveedor. Este tipo de medidas, explica Hidalgo, tienen un efecto doble: protegen temporalmente a los productores nacionales, pero distorsionan los mercados globales y generan costos generalizados para la economía. A la vez, empujan a la Unión Europea a replantear su modelo industrial y su dependencia externa en sectores estratégicos como el acero.

La respuesta europea ha sido compleja pero decidida. En 2025, la Comisión Europea lanzó una serie de iniciativas clave: la Brújula de la Competitividad, el Pacto Industrial Limpio y, más recientemente, el Plan de Acción para el Acero y los Metales. Este último representa un punto de inflexión, al combinar sostenibilidad con protección industrial. Su objetivo es mantener la producción dentro del continente, impulsar la descarbonización mediante un “Banco de Descarbonización Industrial” de 100.000 millones de euros y promover el uso de tecnologías limpias como los hornos eléctricos y el hidrógeno verde.

El llamado acero verde es el corazón de esta nueva estrategia. Se trata de transformar los procesos tradicionales —que usan coque y emiten grandes cantidades de CO₂— por tecnologías de reducción directa del hierro (DRI) alimentadas por hidrógeno y electricidad renovable. Si se implementa a gran escala, esta transición podría reducir las emisiones hasta en un 95 %. El problema es el costo: las inversiones son gigantescas, y la tecnología aún no está plenamente disponible. Además, el precio de la energía en Europa sigue siendo una barrera estructural. Tras la invasión rusa de Ucrania, los costos energéticos llegaron a representar el 80 % de los gastos de fabricación para algunas plantas siderúrgicas europeas.

En este contexto, la autora plantea una relación estratégica que podría marcar la diferencia: la alianza entre la industria del acero y el sector de la defensa europeo. La producción de armamento, vehículos militares y tecnología aeroespacial requiere grandes volúmenes de acero de alta calidad, y la nueva ola de rearme europeo ofrece un impulso inesperado. Según el plan ReArm Europe, la Comisión busca movilizar hasta 800.000 millones de euros en inversiones en defensa, lo que podría actuar como motor de reactivación industrial para sectores como el siderúrgico.

La defensa no solo aporta demanda, sino también legitimidad política. Como subraya Hidalgo, la descarbonización y la defensa se han entrelazado: “la descarbonización de la industria siderúrgica es ahora una parte clave de la estrategia de defensa de la UE”. En la práctica, esto significa que producir acero limpio no solo es una cuestión ambiental, sino también de seguridad y soberanía. El Libro Blanco de la Defensa Europea, publicado en 2025, propone reutilizar la capacidad industrial de sectores como el acero y la automoción para abastecer a una base de defensa moderna y sostenible.

No obstante, aún hay obstáculos. La producción de hidrógeno verde requiere cantidades colosales de electricidad renovable que la UE todavía no genera. Además, los yacimientos de mineral de hierro de alta pureza necesarios para la producción de acero limpio son escasos, y China ya está asegurando su control sobre varios de ellos en África y Oceanía. A esto se suma la exportación masiva de chatarra metálica fuera del continente, un recurso vital para el reciclaje que la UE está perdiendo y que debería considerarse estratégico.

El futuro del acero europeo dependerá, por tanto, de tres factores: inversión, cooperación y visión geopolítica. Inversión para financiar la transición hacia el acero verde; cooperación entre gobiernos, industria y defensa para garantizar la demanda y sostenibilidad; y visión geopolítica para proteger la autonomía industrial frente a potencias como China o Estados Unidos. Hidalgo concluye que el acero no es solo una cuestión económica, sino una cuestión de poder. La capacidad de Europa para producir su propio acero —limpio, competitivo y estratégico— determinará en buena medida su autonomía energética, su seguridad y su lugar en el nuevo orden global.

En definitiva, Europa se encuentra ante una encrucijada: o transforma su acero en un emblema de soberanía verde, o corre el riesgo de depender de otros para construir su futuro. La transición hacia una industria siderúrgica descarbonizada no es solo un desafío ambiental, sino una batalla por la supervivencia económica y política del continente.

Fuente: https://www.defensa.gob.es/documents/2073105/2766091/la_industria_siderurgica_en_la_ue_en_la_encrucijada_2025_dieeea59.pdf




El futuro de la disuasión nuclear: análisis de las estrategias de las grandes potencias nucleares

disuasión nuclear

Desde el final de la Guerra Fría, el mundo pareció caminar hacia una era de estabilidad donde las armas nucleares ocuparían un papel cada vez menor. Sin embargo, los acontecimientos recientes demuestran que la disuasión nuclear vuelve a situarse en el centro de la política internacional. El estudio del Dr. Carlos J. Frías Sánchez, publicado en 2025, expone con claridad cómo la transición hacia una sociedad internacional multipolar ha erosionado los cimientos del antiguo régimen de no proliferación y ha devuelto a las armas atómicas un protagonismo que muchos creían superado.

El punto de partida del análisis es la invasión rusa de Ucrania en 2022, un suceso que marcó un retorno abrupto a los conflictos interestatales tradicionales. Para el autor, la cautela de Occidente frente a Rusia —evidente en la lenta entrega de armamento y las limitaciones impuestas al uso de ciertas armas— solo se explica por el hecho de que Moscú es una potencia nuclear. De la misma forma, las tensiones entre Irán e Israel o las posiciones ambiguas de países del Medio Oriente reflejan el peso de la disuasión atómica en las decisiones diplomáticas. En palabras de Frías, ya vivimos en un “mundo nuclear”, donde cada conflicto está condicionado por la existencia o el potencial uso de estas armas.

Durante décadas, el Tratado de No Proliferación Nuclear (TNP) fue la piedra angular del control global del armamento atómico. Su eficacia se basó en un equilibrio de intereses entre las dos superpotencias de la Guerra Fría, Estados Unidos y la Unión Soviética, que coincidían en evitar que nuevos países accedieran al poder nuclear. La llamada “destrucción mutua asegurada” (MAD, por sus siglas en inglés) mantenía el equilibrio del terror: cualquier conflicto que involucrara el uso de armas nucleares derivaría en una catástrofe global. Este frágil equilibrio generó estabilidad durante décadas, aunque a costa de un miedo constante.

Pero ese equilibrio se ha roto. Hoy no existe un interés común entre las grandes potencias para frenar la proliferación. China ha emergido como un tercer actor nuclear de peso, mientras países como Corea del Norte e Irán desafían abiertamente las normas internacionales. Las potencias nucleares modernizan sus arsenales en lugar de desmantelarlos, y los organismos de control, como el OIEA, enfrentan dificultades crecientes para vigilar el cumplimiento de los acuerdos. La multipolaridad, señala Frías, ha sustituido la estabilidad bipolar de la Guerra Fría por un mundo más impredecible y peligroso.

En este nuevo escenario, la disuasión ya no es un juego de dos. La rivalidad entre Estados Unidos, Rusia y China configura una disuasión tripolar, mucho más compleja y volátil. Cada potencia debe mantener un arsenal suficiente para garantizar un “segundo golpe” —la capacidad de responder incluso después de un ataque inicial— frente a los otros dos rivales. Esto genera un dilema estratégico: para sentirse segura, cada potencia necesita un número de armas que iguale o supere la suma de las de sus adversarios. El resultado es una carrera armamentista con ecos de los años más tensos de la Guerra Fría, pero sin los mecanismos de control que entonces existían.

China es un caso paradigmático. Durante años mantuvo una política de “disuasión mínima”, con un arsenal pequeño y una doctrina de no primer uso (NFU). Sin embargo, el crecimiento económico y las ambiciones globales de Pekín han impulsado un cambio profundo. Hoy el gigante asiático moderniza y amplía su arsenal, desarrolla misiles de combustible sólido de rápida activación y despliega submarinos lanzamisiles. Aunque oficialmente mantiene su compromiso con la doctrina NFU, ha introducido excepciones que, en la práctica, reducen el umbral de uso nuclear. Para Frías, esto representa una proliferación “vertical”: más cabezas, mejor tecnología y mayor disposición al empleo estratégico del arma nuclear.

Por su parte, Estados Unidos ha transitado de una política de desarme y predominio convencional a una revalorización de la disuasión nuclear. Tras el fin de la Guerra Fría, Washington consideró innecesario su arsenal atómico frente a rivales debilitados. Sin embargo, el ascenso de China y la agresividad de Rusia revirtieron esa tendencia. La Nuclear Posture Review de 2018 marcó un giro decisivo: el país rechazó la política de “no primer uso”, impulsó la modernización de sus armas y buscó desarrollar opciones nucleares “de baja potencia”, destinadas incluso a posibles escenarios de combate limitado. Bajo la administración Biden, esta política se ha consolidado, reafirmando la “triada nuclear” tradicional (misiles terrestres, bombarderos y submarinos) como pilar de la seguridad estadounidense.

Rusia, por otro lado, se enfrenta a las limitaciones de una economía sancionada y una industria militar envejecida. Aunque conserva uno de los mayores arsenales del mundo, su capacidad tecnológica es inferior a la de Estados Unidos, especialmente en vectores de lanzamiento y sistemas submarinos. Para compensarlo, Moscú ha apostado por el desarrollo de armas de nueva generación, como misiles hipersónicos, torpedos nucleares y misiles de crucero de alcance intercontinental, tecnologías aún en fase de maduración pero diseñadas para superar las defensas antimisiles occidentales.

En conjunto, la situación actual sugiere un retorno al temor nuclear, pero en un entorno más fragmentado y difícil de controlar. La disuasión ya no depende de un equilibrio bilateral, sino de múltiples actores con intereses distintos y tecnologías avanzadas. Frías advierte que el régimen de no proliferación, pilar de la seguridad global durante medio siglo, se encuentra en crisis: los incentivos para mantenerlo se han desvanecido y las nuevas rivalidades geopolíticas favorecen la expansión del armamento atómico. En un mundo donde la diplomacia se debilita y la competencia estratégica se intensifica, el autor concluye que la humanidad está entrando en una nueva era nuclear. Ya no se trata solo de evitar una guerra mundial, sino de impedir que una cadena de errores o malentendidos convierta una crisis regional en una catástrofe global. En última instancia, la pregunta que plantea Frías Sánchez es inquietante: ¿ha aprendido realmente la humanidad a convivir con el arma más destructiva que ha creado?

Fuente: https://www.defensa.gob.es/documents/2073105/2907072/el_futuro_de_la_disuasion_nuclear_2025_dieeea61.pdf




¿Está el dragón estrangulando al tigre de Bengala? Examinando la contraestrategia india al Collar de Perlas chino

india China

El Océano Índico se ha convertido en uno de los escenarios más estratégicos del siglo XXI. A través de sus rutas transitan alrededor del 80 % del comercio marítimo mundial de petróleo y buena parte del comercio entre Asia, Europa y África. No es de extrañar que tanto China como India, dos potencias emergentes, vean en esta región un espacio vital para su seguridad y proyección de poder. En este contexto, el investigador Miguel Gómez Catalán analiza la rivalidad creciente entre ambos países y cómo la India ha diseñado una sofisticada contraestrategia frente al avance marítimo chino.

China lleva años desarrollando su estrategia del “Collar de Perlas”, una red de puertos y bases bajo su influencia que se extiende desde su costa oriental hasta el Cuerno de África. A través de esta red —que incluye puntos clave como Gwadar (Pakistán), Hambantota (Sri Lanka), Chittagong (Bangladesh) y Kyaukpyu (Myanmar)— Pekín busca asegurar sus rutas comerciales, reducir su dependencia del estrecho de Malaca y garantizar el abastecimiento energético para su enorme economía

Sin embargo, detrás de estas inversiones se ocultan claras motivaciones geopolíticas. La cesión del puerto de Hambantota a una empresa china por 99 años o los proyectos en Pakistán han despertado temores sobre una posible “trampa de deuda” y sobre la utilización de estas infraestructuras con fines militares. Para la India, este despliegue no es solo una expansión económica, sino un intento de rodearla y limitar su influencia natural en el Índico.

En respuesta, Nueva Delhi ha articulado una estrategia de largo alcance que combina diplomacia, desarrollo e infraestructura militar. Su Política de Actuar al Este (Act East Policy), lanzada en 2014, amplió la visión económica tradicional para incluir objetivos de seguridad y cooperación tecnológica. India ha fortalecido vínculos con países del Sudeste Asiático —como Vietnam, Tailandia, Singapur e Indonesia— y ha impulsado acuerdos de libre comercio con la ASEAN. A través de proyectos como el Corredor de Transporte Internacional Norte-Sur y la Carretera Trilateral India-Myanmar-Tailandia, busca consolidar su posición como eje comercial entre Asia y el mundo

Pero la respuesta india no se queda en la diplomacia. El país ha diseñado dos estrategias militares complementarias: el “Doble Anzuelo” y el “Collar de Diamantes”. La primera tiene un enfoque defensivo, mientras que la segunda adopta una lógica de contención y cooperación multilateral.

El “Doble Anzuelo” busca asegurar el control de los mares que rodean al subcontinente mediante alianzas estratégicas con Estados Unidos, Francia, Australia y Japón. El “anzuelo oriental” se extiende desde las islas Andamán y Nicobar —clave para vigilar el estrecho de Malaca— hasta Indonesia y Australia, pasando por bases compartidas como la de Changi, en Singapur. El “anzuelo occidental”, por su parte, incluye puertos como Chabahar en Irán y Duqm en Omán, además de las islas Mauricio, Reunión y Seychelles, conformando un anillo defensivo que blinda el acceso al Océano Índico

En paralelo, la estrategia del “Collar de Diamantes” actúa como contrapeso directo al Collar de Perlas chino. Conceptualizada en 2011 por el diplomático Lalit Mansingh, consiste en una red de alianzas y bases que rodea a China mediante la cooperación con países clave como Japón, Vietnam, Singapur e Irán. A diferencia del enfoque expansivo chino, el collar indio apuesta por el multilateralismo y la cooperación tecnológica y militar, reforzada por foros como el QUAD (Diálogo de Seguridad Cuadrilateral), que reúne a India, Estados Unidos, Japón y Australia

El papel de Japón es esencial: Tokio y Nueva Delhi han profundizado su colaboración en defensa y tecnología, y comparten la visión de un Indo-Pacífico libre y abierto. Vietnam, por su parte, representa un aliado estratégico en el Mar de China Meridional, donde India financia proyectos energéticos y de seguridad marítima. Incluso Mongolia forma parte del “diamante” indio, recibiendo financiación para proyectos mineros y de refinación de petróleo.

A pesar de su creciente asertividad, la India enfrenta un dilema estructural: su dependencia económica de China. En 2023, importó más de 100.000 millones de dólares en bienes chinos, principalmente en maquinaria y tecnología, mientras sus exportaciones a ese país apenas alcanzaron una cuarta parte de ese valor. Esto obliga a Nueva Delhi a mantener un equilibrio entre la cooperación y la competencia, cuidando que su economía no se vea perjudicada por tensiones políticas

En el análisis de Gómez Catalán, la pugna sino-india se enmarca en una lucha más amplia por el liderazgo del Indo-Pacífico, una región donde confluyen intereses de potencias globales como Estados Unidos, Francia y Japón. Mientras China busca expandir su influencia mediante la Iniciativa de la Franja y la Ruta, India promueve un modelo alternativo basado en la cooperación democrática, la diversificación económica y la defensa compartida.

Ambas naciones saben que el control del Océano Índico significa poder político y económico a escala global. China ha apostado por la infraestructura y la inversión; India, por la diplomacia y la disuasión. El dragón avanza con su Collar de Perlas, pero el tigre responde con su Collar de Diamantes.

La cuestión que plantea el autor —si el dragón está estrangulando al tigre de Bengala— sigue abierta. Lo cierto es que, por ahora, el Índico se ha convertido en el epicentro de una nueva Guerra Fría asiática, donde el comercio, la tecnología y las alianzas militares redefinirán el equilibrio del poder mundial.

Fuente: https://www.defensa.gob.es/documents/2073105/2320887/esta_el_dragon_estrangulando_al_tigre_de_bengala_2025_dieeeo72.pdf




Japón: Un nuevo marco para la seguridad económica

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Durante las últimas décadas, Japón ha pasado de ser una potencia económica enfocada en la exportación y la estabilidad interna, a convertirse en un actor cada vez más consciente de los riesgos que implica la dependencia económica de otros países. Este cambio ha dado origen a un nuevo marco de seguridad económica, con el que busca proteger sus intereses estratégicos y reducir su vulnerabilidad ante un mundo caracterizado por la competencia tecnológica, el nacionalismo económico y la creciente incertidumbre geopolítica.

El origen de este giro se remonta a 2010, cuando un conflicto con China por la detención de un barco pesquero japonés derivó en un embargo de tierras raras por parte de Pekín. Este hecho fue un golpe de realidad para Tokio: gran parte de su industria tecnológica y manufacturera dependía de minerales controlados por China, indispensables para la fabricación de productos como semiconductores, baterías y equipos de defensa. La crisis dejó claro que la economía podía ser usada como un arma, y que la seguridad nacional y la seguridad económica estaban profundamente conectadas.

A partir de entonces, Japón ha avanzado en la construcción de una política económica que refuerza su autonomía. Si bien ya existía una larga tradición de planificación estatal desde la era Meiji, y una política industrial exitosa durante la posguerra —liderada por el Ministerio de Comercio Internacional e Industria (MITI)—, el nuevo contexto global exige actualizar esas estrategias. La Segunda Estrategia de Seguridad Nacional, aprobada más de una década después, amplía el concepto de defensa más allá de lo militar, incluyendo la protección de sectores industriales, tecnológicos y energéticos

El marco legal de la nueva Ley de Promoción de la Seguridad Económica descansa sobre cuatro pilares fundamentales. El primero busca garantizar el suministro estable de productos críticos como semiconductores, minerales raros, gas natural o baterías. El gobierno trabaja con empresas y ministerios para diversificar las fuentes de abastecimiento y crear reservas estratégicas. Organismos como la Japan Organization for Metals and Energy Security (JOGMEC) desempeñan un papel esencial en este proceso, ayudando a reducir la dependencia de China, que sigue siendo el mayor productor mundial de tierras raras

El segundo pilar se centra en proteger las infraestructuras críticas —electricidad, gas, telecomunicaciones, transporte, agua o servicios financieros— frente a posibles interferencias extranjeras. Las empresas que administren estas infraestructuras deben someterse a revisiones gubernamentales antes de firmar contratos con socios internacionales. Esto responde a incidentes como el ataque cibernético al puerto de Nagoya en 2023, que puso de manifiesto los riesgos de depender de actores externos para servicios esenciales

El tercer pilar apunta al fomento de tecnologías críticas. Japón ha identificado veinte áreas tecnológicas esenciales —entre ellas la inteligencia artificial, la biotecnología, la computación cuántica, la robótica y los semiconductores— para las que busca asegurar su liderazgo. El Estado promueve la investigación mediante financiamiento, cooperación público-privada y protección de la información sensible. Esta estrategia se complementa con alianzas internacionales con Estados Unidos, la Unión Europea y países como India o Reino Unido para compartir conocimiento y fortalecer su posición tecnológica

El cuarto pilar introduce un sistema de patentes secretas, inspirado en modelos de Estados Unidos y Europa. Su objetivo es impedir que innovaciones con posibles aplicaciones militares caigan en manos extranjeras. Bajo este régimen, las solicitudes de patentes relacionadas con tecnologías sensibles —como armas láser, vehículos no tripulados o sistemas de posicionamiento submarino— pueden ser clasificadas y reservadas únicamente para uso nacional. Aunque esta medida limita la libre difusión del conocimiento, también protege la soberanía tecnológica y previene filtraciones que podrían comprometer la defensa del país

Estas políticas reflejan una transformación profunda en la mentalidad japonesa. Tras décadas de pacifismo y apertura comercial, Japón asume que la seguridad económica es inseparable de la seguridad nacional. El nuevo marco busca no solo proteger a la industria nacional, sino también devolverle al país su capacidad de influir en la configuración de estándares tecnológicos globales. Sin embargo, este proceso no está exento de desafíos. La interdependencia con China, su principal socio comercial, dificulta un desacoplamiento completo. Además, la reticencia de parte del sector privado a invertir en proyectos con aplicaciones militares y el envejecimiento de la población limitan el ritmo del cambio.

A pesar de estas dificultades, la historia muestra que Japón ha sabido reinventarse en momentos críticos. Desde la industrialización Meiji hasta el auge económico de la posguerra, el país ha demostrado una notable capacidad de adaptación. Hoy, ante un entorno global volátil, su apuesta por la seguridad económica representa un esfuerzo por recuperar el control de su destino tecnológico y estratégico.

El desafío es grande: mantenerse competitivo en un mundo dominado por gigantes como Estados Unidos y China, sin renunciar a los valores democráticos y al equilibrio diplomático que han caracterizado su política exterior. Pero si algo ha demostrado Japón a lo largo de su historia es que sabe transformar las crisis en oportunidades. Esta vez, la meta no es solo reconstruir su economía, sino asegurar su independencia en la era de la competencia tecnológica global.

Fuentes: https://www.defensa.gob.es/documents/2073105/2320887/Japon_2025_dieeeo63.pdf




Los aranceles universales. Una nueva fase en la confrontación geopolítica entre China y Estados Unidos

aranceles universales

Durante más de cuatro décadas, China y Estados Unidos han mantenido una relación compleja, marcada por la cooperación económica y la competencia política. Sin embargo, en los últimos años, esa interacción ha evolucionado hacia una confrontación abierta. El documento elaborado por Federico Aznar Fernández-Montesinos describe este cambio como el paso de una coevolución estratégica a una competencia intersistémica, en la que ambos países buscan imponer su modelo político, económico y tecnológico en el escenario global.

El punto de inflexión ha sido la imposición de aranceles universales por parte del gobierno estadounidense, bajo el liderazgo de Donald Trump. Esta medida simboliza un viraje desde una rivalidad principalmente tecnológica hacia una guerra económica de gran escala. Aunque ambas potencias han obtenido beneficios mutuos a lo largo del tiempo, la relación se ha deteriorado por los intereses contrapuestos: Estados Unidos busca mantener su liderazgo global, mientras que China pretende consolidar su ascenso como potencia mundial sin confrontar directamente a Washington.

Aznar plantea que este nuevo “neomercantilismo” —una suerte de retorno al proteccionismo tras décadas de globalización impulsada por Reagan y Thatcher— refleja el agotamiento del modelo liberal que promovía la libre circulación de bienes, capitales y tecnología. Ahora, las potencias recurren a medidas proteccionistas para proteger su soberanía económica y limitar la influencia del otro. De hecho, la paradoja es que los mismos países que impulsaron la globalización son hoy quienes la frenan.

El caso de China es especialmente relevante. En las últimas décadas, pasó de ser una economía marginal a convertirse en la fábrica del mundo, multiplicando su PIB y su participación en el comercio global. Este crecimiento fue posible gracias a políticas orientadas a la exportación y a su ingreso en la Organización Mundial del Comercio en 2001. Sin embargo, el éxito también generó desequilibrios internos: un crecimiento desigual entre las regiones costeras y el interior del país, una creciente deuda pública y una dependencia de los mercados extranjeros que hoy busca reducir.

En respuesta, Pekín ha apostado por una estrategia ambiciosa: la Iniciativa de la Franja y la Ruta, también conocida como la Nueva Ruta de la Seda. Este proyecto, que conecta Asia, Europa y África mediante infraestructuras, tecnología y comercio, busca asegurar materias primas, abrir nuevos mercados y posicionar a China como centro de la economía mundial. No obstante, esta expansión ha despertado suspicacias en Occidente, que la percibe como una herramienta geopolítica para ampliar la influencia china y crear dependencia económica en los países participantes.

Estados Unidos, por su parte, enfrenta un dilema: su economía sigue siendo una de las más grandes del mundo, pero su poder relativo disminuye. De representar el 38 % del PIB mundial en 1970, ha caído a cerca del 26 % en 2025. Esta pérdida de influencia ha llevado a Washington a replantear las reglas del comercio global, acusando a China de beneficiarse del libre mercado sin respetar sus normas, de manipular su moneda y de obligar a las empresas extranjeras a compartir tecnología a través de acuerdos forzados.

La reacción estadounidense se traduce en los llamados “aranceles universales”, que buscan frenar las importaciones chinas, proteger la industria nacional y presionar a los aliados para que reduzcan su dependencia del gigante asiático. Sin embargo, esta estrategia tiene un costo elevado: el agotamiento financiero y el riesgo de aislamiento internacional. La guerra arancelaria ha tensado las relaciones con Europa y ha generado efectos colaterales en países como México, que pasó de ser desplazado por la producción china a convertirse en un exportador clave hacia el mercado estadounidense.

Aznar advierte que la confrontación ya no se limita al comercio, sino que abarca la tecnología, la seguridad y la influencia cultural. La competencia por el dominio de sectores como la inteligencia artificial, los semiconductores y el ciberespacio define el nuevo campo de batalla. China, consciente de que la innovación es la clave del poder futuro, ha invertido fuertemente en desarrollar su propio ecosistema tecnológico, mientras promueve una narrativa global basada en la cooperación y la “civilización compartida”.

Ambas potencias enfrentan además un problema común: la deuda. En 2024, la deuda pública china alcanzó el 88 % de su PIB, mientras que la estadounidense superó el 120 %. Esta fragilidad financiera obliga a ambos a buscar consolidación fiscal, pero también limita su capacidad para sostener conflictos prolongados.

En última instancia, el análisis de Aznar concluye que los aranceles universales representan una nueva fase en la pugna geopolítica. La globalización, aunque golpeada, no se detendrá fácilmente. China y Estados Unidos están atrapados en una interdependencia que hace imposible una ruptura total, pero cada paso hacia el desacople acelera el cambio de equilibrio mundial. Si Estados Unidos no logra adaptarse a esta nueva realidad multipolar, corre el riesgo de perder su estatus como potencia hegemónica y convertirse en una más entre varias.

El conflicto entre ambas naciones no es solo económico; es una lucha por definir las reglas del siglo XXI, donde la tecnología, la deuda y el control de los flujos globales de información y comercio determinarán quién escribe el futuro.

Fuente: https://www.defensa.gob.es/documents/2073105/2766091/los_aranceles_universales_2025_dieeea55.pdf