Los parques fotovoltaicos flotantes: energía solar sobre el agua

fotovoltaicos flotantes

La transición energética global avanza a gran velocidad y, dentro de este escenario, la energía solar se ha convertido en uno de los pilares fundamentales. Sin embargo, la expansión de la fotovoltaica terrestre enfrenta un límite: el espacio disponible. Para resolverlo, surge una alternativa que está revolucionando el sector: los parques fotovoltaicos flotantes, instalaciones que aprovechan superficies de agua para generar electricidad limpia y sostenible.

¿Qué son y cómo funcionan?

Se trata de plantas solares instaladas sobre embalses, lagos, estanques o incluso sobre el mar, sostenidas por plataformas flotantes de alta resistencia. Estas estructuras están ancladas al fondo mediante cables que garantizan su estabilidad frente a corrientes o viento. Aunque parezca una innovación reciente, los primeros proyectos datan de 2007 en Japón, país que buscaba alternativas ante la escasez de suelo disponible. Hoy, la tecnología se expande por Asia, Europa y América Latina.

El funcionamiento es similar al de cualquier planta fotovoltaica: los paneles transforman la radiación solar en electricidad, que luego pasa por inversores y transformadores antes de llegar a la red. La diferencia es que, al estar sobre agua, los paneles se mantienen más fríos, aumentando su eficiencia entre un 5% y un 15% frente a los instalados en tierra.

Ventajas clave

Los beneficios de esta tecnología son múltiples:

  • Uso eficiente del espacio: evita ocupar tierras agrícolas o naturales.
  • Mayor rendimiento: el agua actúa como refrigerante natural de los paneles.
  • Reducción de evaporación: vital en regiones con sequía, al cubrir parte de los embalses.
  • Compatibilidad con hidroeléctricas: permite compartir infraestructuras y abaratar costes.
  • Beneficios ambientales: al proyectar sombra, puede reducir la proliferación de algas y mejorar la calidad del agua.

Aunque la inversión inicial es un poco más alta (10–20% sobre la solar terrestre), los beneficios acumulados compensan esa diferencia.

España: un terreno fértil para la innovación

Con más de 1.200 embalses y una de las radiaciones solares más altas de Europa, España está muy bien posicionada para aprovechar esta tecnología. El Real Decreto 662/2024 estableció un marco legal que regula la instalación de plantas flotantes en aguas públicas, permitiendo ocupar entre el 5% y el 15% de la superficie de cada embalse.

Algunos proyectos pioneros ya marcan la pauta:

  • Embalse de Sierra Brava (Cáceres): primera planta solar flotante conectada a la red en España, con 3.000 paneles.
  • Presa de Pedro Arco (Huelva): orientada al autoconsumo agrícola, reduciendo costes de riego.
  • Canal Segarra-Garrigues (Lleida): ejemplo de uso innovador de canales de riego para generación eléctrica.

El Plan Nacional Integrado de Energía y Clima (PNIEC) establece como meta alcanzar 120 GW de capacidad renovable en 2030, y la fotovoltaica flotante podría ser una pieza clave en este objetivo.

El panorama internacional

El crecimiento de los parques flotantes no se limita a España. A nivel global, la capacidad instalada ya supera los 3 GW y se duplica prácticamente cada dos años.

  • China lidera con megaproyectos como el de Huainan, construido sobre una antigua mina de carbón inundada (40 MW).
  • India apuesta fuerte con plantas de hasta 100 MW, integradas en su meta de 500 GW renovables para 2030.
  • Europa avanza con proyectos emblemáticos como la central de Alqueva en Portugal (12.000 paneles) o el parque de Bomhofsplas en Países Bajos (27 MW).
  • América Latina inicia su camino: Colombia inauguró en 2023 la planta flotante Aquasol en el embalse de Urrá, mientras Brasil y Chile experimentan con proyectos piloto en embalses hidroeléctricos.

Este despliegue responde no solo a la necesidad de más energía limpia, sino también al aprovechamiento inteligente de superficies de agua ya intervenidas.

Impacto social y futuro

Más allá de la producción de electricidad, los parques solares flotantes generan un impacto positivo en las comunidades donde se instalan. Crean empleo local, reducen costes energéticos para agricultores y fomentan el desarrollo rural. Además, suelen convertirse en polos de interés educativo y turístico, contribuyendo a la concienciación ambiental.

El futuro apunta a una expansión acelerada: informes de mercado proyectan un crecimiento anual superior al 20%, alcanzando más de 6 GW de capacidad hacia 2030. Los avances tecnológicos también auguran mejoras: paneles bifaciales que capturan luz por ambas caras, sistemas de seguimiento solar adaptados al agua y combinaciones con otras energías renovables como la eólica marina o el hidrógeno verde.

En conclusión, la energía solar flotante no es solo una innovación técnica: es una nueva frontera energética que conjuga sostenibilidad, eficiencia y resiliencia frente al cambio climático. España, con sus embalses y su marco legal favorable, puede convertirse en referente europeo en esta materia.

En definitiva, los parques fotovoltaicos flotantes representan una apuesta estratégica para un futuro más limpio, seguro y sostenible, donde el agua y el sol se unen para impulsar la transición energética global.

Fuente:https://www.defensa.gob.es/documents/2073105/2320887/los_parques_fotovoltaicos_flotantes_2025_dieeeo53.pdf




Adhesión de Panamá a la OCDE: un largo, costoso, denodado, riguroso y exigente esfuerzo

Panamá a la OCDE

Es alentador el esfuerzo del Gobierno Nacional para que Panamá se adhiera a la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económico (OCDE), que cuenta en la actualidad con 38 países miembros.

Esta adhesión, en resumen, nos trae como ventajas la mejora de la imagen y reputación del país, el acceso a información y conocimiento útil, la participación en la elaboración de políticas de conveniencia nacional e internacional, la posibilidad de recibir asesoramiento y asistencia técnica, así como el incremento de oportunidades de comercio e inversión, tanto a nivel nacional como internacional.

La adhesión de Panamá a la OCDE implica un esfuerzo largo, denodado, costoso, riguroso y exigente del sector público, el sector privado y la sociedad civil de nuestro país. Largo, porque toma en promedio entre cinco y ocho años. Denodado, porque el examen de admisión incluye al menos 185 aspectos en 25 temas distintos de carácter económico, político, social y administrativo, cada uno de los cuales debe abordarse desde cinco ángulos diferentes; es decir, tenemos la tarea de responder a 925 requerimientos. Costoso, porque los gastos del proceso de adhesión, tanto de Panamá como de la OCDE, corren por cuenta del país. Riguroso, porque está dirigido por los altos estándares técnicos de los comités especializados de la organización. Exigente, porque impone numerosos requisitos legislativos y regulatorios internos que debemos adoptar y someter a debate ciudadano.

Más que una carrera corta y veloz, la adhesión a la OCDE es una maratón de campo traviesa. En sentido figurado, el camino está lleno de obstáculos: tramos lodosos, pedregales, ciénagas, curvas resbaladizas, lomas empinadas, animales agresivos a los lados de la ruta, lluvias intermitentes y arenas movedizas. ¿Al final, cuánto tiempo y a qué costo?

El ingreso a la OCDE supone dos compromisos convergentes y complementarios del Gobierno, el sector privado y la sociedad civil: uno con la OCDE, y otro con el propio país, que implica un inventario quirúrgico de leyes que sobran y leyes que faltan.

A manera de ejercicio comparativo, pensemos en multiplicar por varias veces la tensión social, económica y política que aún nos genera la reforma a la Ley de la Caja de Seguro Social. Y luego, sumemos el efecto de que desde el propio Estado se mantengan engavetadas normas como la ley de extinción de dominio y otras que permitirían mejorar la recaudación tributaria y el uso eficiente de los recursos públicos. Muchos callos serán pisados. Se escucharán chillidos. No será fácil.

Confío en que estas cortas y apretadas líneas nos traigan a la memoria el sabio refrán: en guerra avisada no muere soldado.

El autor es consultor en asuntos económicos y bancarios.


Ricardo Alba




El CoNEP y APEDE rechazan fondo de retiro especial para jueces y magistrados

juez

CoNEP RECHAZA FONDO DE RETIRO ESPECIAL PARA JUECES Y MAGISTRADOS

Ciudad de Panamá, 11 de agosto de 2025. El Consejo Nacional de la Empresa Privada (CoNEP) expresa su firme rechazo ante la publicación del Acuerdo N.º 407, aprobado el 18 de julio de 2024 y publicado en la Gaceta Oficial el 8 de agosto de 2025, mediante el cual la Corte Suprema de Justicia (CSJ) habilita un fondo especial de compensación por retiro, que permite a los magistrados recibir el 100 % de su último salario, e incluye a otras posiciones judiciales que también se verían beneficiadas con privilegios similares.

En Panamá no deben existir fueros ni privilegios que favorezcan a unos panameños, o grupo de servidores públicos. La igualdad ante la ley es un principio esencial en una democracia representativa y debe garantizarse para todos los panameños, sin distinción del cargo que ocupen.

Por otra parte, esta decisión se toma en un momento económico complejo, en el cual el país enfrenta altos niveles de desempleo e informalidad, cuando recién hemos superado un extenso periodo de paros que afectaron la paz social y la economía nacional. En circunstancias en las que el gasto público debe ser optimizado y orientado a las prioridades más urgentes, destinar recursos a cubrir beneficios especiales para un grupo específico de funcionarios resulta incongruente con los esfuerzos que Panamá requiere para su recuperación y estabilidad, y proyecta una desconexión con la realidad nacional enviando un mensaje equivocado en momentos que demandan unidad, prudencia y visión de Estado. Las decisiones de las instituciones deben responder siempre al interés nacional y contribuir a fortalecer la confianza ciudadana.

Panamá necesita que todos actuemos con responsabilidad y compromiso con los objetivos país. Hacemos el llamado a la Corte Suprema de Justicia para que, como pilar de la institucionalidad democrática, aproveche la oportunidad de dar un ejemplo que inspire confianza y refleje justicia y rectifique. Los intereses individuales jamás pueden estar por encima del bien colectivo y siempre las decisiones deben ser tomadas pensando en la bien de Panamá y orientadas al futuro de todos los panameños por igual.

APEDE rechaza acuerdo de jubilación para magistrados y jueces

Panamá, 11 de agosto de 2025. – La Asociación Panameña de Ejecutivos de Empresa (APEDE) expresa su enérgico rechazo al Acuerdo N.° 407 del 18 de julio de 2024, que ya está en vigor y establece que los magistrados de la Corte Suprema de Justicia que alcancen la edad de jubilación podrán retirarse con el 100% de su salario. Esta decisión es imprudente, inoportuna y éticamente cuestionable.

No es momento para este tipo de privilegios. El país atraviesa un periodo marcado por un elevado desempleo, tensiones fiscales y un déficit que no logra reducirse. Mientras tanto, miles de panameños enfrentan dificultades para cubrir sus necesidades básicas y comunidades enteras, como las de Bocas del Toro, han sufrido pérdidas de empleo masivas, aprobar un beneficio de tal magnitud envía el preocupante mensaje de que el sufrimiento ciudadano parece no ser una prioridad para la justicia.

Por otro lado, es inaceptable que estos fondos provengan del presupuesto del Estado, drenando recursos que deberían destinarse a fortalecer la administración de justicia, agilizar los procesos y garantizar un acceso más equitativo al sistema judicial. Ningún panameño recibe una jubilación de esta naturaleza. Resulta aún más indignante cuando recordamos que, en este mismo periodo, los magistrados se aprobaron un aumento de salario.

En lugar de cargar este gasto al erario público, lo responsable sería establecer un fondo especial de ahorro para su jubilación, financiado directamente de sus remuneraciones, sin impactar las arcas estatales. Este mecanismo, además de justo, enviaría una señal de responsabilidad y coherencia a la ciudadanía.

Desde APEDE reiteramos nuestro llamado a la sensatez y a la ética en la función pública. El país necesita que sus líderes, y en particular sus más altas autoridades judiciales, sean ejemplo de austeridad, responsabilidad y compromiso con el bien común. Mantener un Estado sostenible, justo y confiable requiere coherencia entre el discurso y la acción. Este acuerdo va en sentido contrario. Toro, han sufrido pérdidas de empleo masivas, aprobar un beneficio de tal magnitud envía el preocupante mensaje de que el sufrimiento ciudadano parece no ser una prioridad para la justicia.

Publicación de Fe de Erratas en la Gaceta Oficial

Hoy en Gaceta Oficial se publicó una Fe de Errata para corregir un “error involuntario” de la Gaceta Oficial en la publicación del Acuerdo N°407 de 18 de julio de 2024 publicada en la Gaceta Oficial Digital N°30340-C de 08 de agosto de 2025.

“No. 30341-A. Gaceta Oficial Digital, lunes 11 de agosto de 2025.

FE DE ERRATA

REPÚBLICA DE PANAMÁ

ÓRGANO JUDICIAL

CORTE SUPREMA DE JUSTICIA

-PLENO-

PARA CORREGIR ERROR INVOLUNTARIO DE LA GACETA OFICIAL EN LA PUBLICACIÓN DEL ACUERDO N°407 DE 18 DE JULIO DE 2024 PUBLICADA EN LA GACETA OFICIAL DIGITAL N°. 30340-C DE 08 DE AGOSTO DE 2025.

DONDE DICE:

ACUERDO N°407 De 18 de julio de 2025.

…

DEBE DECIR: ACUERDO N°407 De 18 de julio de 2024.

…”




Elogio del maestro

maestro

Por: Rafael Domingo Oslé | Editorial ABC | 18/07/25

«La existencia de maestros nos recuerda que la educación no debe ser reducida a un simple ejercicio de medición, por más que la evaluación sea conveniente e incluso necesaria para un desarrollo sostenido. Pero es la singularidad de cada maestro y cada estudiante lo que enriquece el proceso educativo. Por eso, defender y valorar la figura del maestro es esencial, ya que su contribución es incomparable»

En la actual era de sobreabundancia informativa, donde la inmediatez y la eficiencia son altamente valoradas, el maestro universitario, casi en peligro de extinción, se erige como una figura capital. Este artista de la educación superior no se limita a transmitir conocimientos; sino que inspira, aconseja, orienta, facilita, lidera, forma, educa, comprende, y despierta la curiosidad y el deseo de aprender. Con su labor, transforma el campus en un espacio dinámico de diálogo y pensamiento crítico, apto para el cultivo de las virtudes intelectuales. Por eso, cuando faltan maestros, la universidad se tambalea y la sociedad se empobrece.

Todo universitario sabe distinguir entre la competencia de un académico altamente cualificado y la ‘auctoritas’ que caracteriza al auténtico maestro. Más allá de sus sólidos conocimientos técnicos, el maestro es referente, ejemplo, modelo, pilar, y tiene la capacidad de fomentar en los estudiantes la libertad de pensar, elegir y aceptar, guiándolos en la búsqueda de su propia voz interior dentro del proceso educativo. El maestro propone, no impone; sugiere, no dogmatiza; abre horizontes, no colapsa expectativas. Apunta al ser, no al tener.

Eugenio d’Ors, en su obra ‘Flos sophorum. Ejemplario de la vida de los grandes sabios’, de 1914, dejó un legado que resuena con fuerza en la actualidad. «¡Bienaventurado, no me cansaré de repetirlo, quien ha conocido maestro! Porque ése sabrá pensar según cultura e inteligencia. Habrá gozado, entre otras cosas, del espectáculo, tan ejemplar y fecundador, que es el de la ciencia que se hace, en lugar de la ciencia hecha, que los libros nos suelen dar. Quien aprende ciencia en el libro, corre peligro de volverse escientista, es decir, dogmático de lo sabido; quien, al contrario, recibe lección de maestro sabrá más fácilmente conservarse humanista, porque no se olvidará de la relación entre el producto científico y el hombre que arbitra y crea: y así él tendrá el culto del espíritu creador; no la esterilizante superstición del resultado».

Quien tiene acceso a un maestro tiene mayores posibilidades de mantener su espíritu crítico, humanista e innovador, así como de comprender la conexión intrínseca entre conocimiento y humanidad, en comparación con quien simplemente escucha a un profesor competente. El alumno ve en el maestro un verdadero motor de sabiduría, en lugar de un mero mediador, por más calificado que este sea. Junto al maestro, el alumno vive un aprendizaje más humano y transformador, que impacta su personalidad, y se siente respaldado y seguro, como un atleta bajo la dirección de un entrenador que maximiza sus capacidades. La influencia del maestro es profunda y duradera, y su papel como guía en la búsqueda de la verdad resulta invaluable. Por ello, los grandes maestros dejan una huella imborrable en las personas, mientras que la influencia de los profesores competentes se esfuma ante el primer cambio brusco de contexto.

La idea de una universidad dedicada a la formación de maestros fue brillantemente expuesta por un auténtico coloso del saber: el cardenal John Henry Newman. En su obra ‘La idea de universidad’, publicada en 1852, Newman articuló una profunda visión sobre el papel de la educación superior en el desarrollo integral de la persona humana. Argumenta que la universidad debe ser un espacio propicio para el fomento del pensamiento crítico y la búsqueda del conocimiento de la verdad, trascendiendo así la mera adquisición de habilidades prácticas.

Newman defiende con acierto la importancia de una educación liberal interdisciplinar que promueva una comprensión holística de la realidad. Según Newman, la universidad no solo debe preparar a los estudiantes para una futura profesión, sino también para la vida en su totalidad, estimulando el cultivo y la práctica de virtudes morales. Asimismo, subraya la necesidad de un ambiente académico donde prevalezca la libertad de pensamiento y se genere un diálogo enriquecedor. Por ello, la calidad de la universidad está intrínsecamente ligada a la calidad de sus maestros.

La existencia de maestros nos recuerda que la educación no debe ser reducida a un simple ejercicio de medición, por más que la evaluación sea conveniente e incluso necesaria para un desarrollo sostenido. Pero es la singularidad de cada maestro y cada estudiante lo que enriquece el proceso educativo. Por eso, defender y valorar la figura del maestro es esencial, ya que su contribución es incomparable. La mejora de las universidades depende, en gran medida, del fomento de la figura del maestro. Su capacidad para inspirar, su enfoque colaborativo y su criterio independiente son fundamentales para la formación de ciudadanos críticos, comprometidos y creativos.

Para un maestro de nuestros días, la inteligencia artificial (IA) se convierte en una herramienta complementaria en lugar de un temido competidor tecnológico. El verdadero maestro la ve como un recurso que enriquece el proceso educativo y potencia su función magisterial en un entorno donde la tecnología ayuda a personalizar el aprendizaje. Y es que el maestro, en su esencia más profunda, entiende que toda educación, incluida la universitaria, es fundamentalmente un acto de amor. Se basa en una relación de servicio hacia los demás, que facilita su crecimiento y florecimiento personal en servicio de la sociedad. Este proceso requiere un intercambio de confianza y respeto mutuo, así como cuidado, atención y asombro. Es este vínculo humano el que la inteligencia artificial no puede replicar, ya que carece de la capacidad de amar, de ser libre y de contemplar.

Por eso, el maestro es consciente de que, en la era de la inteligencia artificial, su labor sigue siendo insustituible. No solo por la semilla humana (y no meramente tecnológica) que deposita en el corazón de las personas, sino porque, con su servicio amoroso, contribuye a la formación de ciudadanos íntegros, comprometidos y capaces de enfrentarse a los desafíos de un mundo global en constante cambio.

Fuentes:

https://www.abc.es/opinion/rafael-domingo-osle-elogio-maestro-20250719165432-nt.html

Rafael Domingo Oslé es catedrático de Derecho Romano de la Universidad de Navarra.




Aumento de penas de prisión por delitos sexuales

delitos sexuales

Por: Lidia Domínguez y Giovana Miranda

En Panamá, recientemente se aprobó la Ley 474 (Proyecto de Ley 49), que aprueba reformas significativas a la Ley de Delitos Sexuales, con el fin de endurecer las penas en este tipo de delitos y fortalecer la protección a las víctimas, especialmente menores de edad. La Ley 474, modifica y adiciona artículos al Código Penal y Procesal Penal, introduciendo nuevas medidas y sanciones, en el caso de delitos sexuales, que tiene que ver con el aumento de penas, condiciones para acuerdos de pena y la figura de anticipo de pruebas.

El Proyecto de Ley fue presentado, en la sesión ordinaria del día 25 de julio de 2024, por los honorables Diputados: OIga Paulette Thomas, Marcos Castillero, Jorge González y otros, en cumplimiento con lo establecido en el artículo 109 del Reglamento Orgánico del Régimen Interno de la Asamblea Nacional. Thomas su principal vocera en el debate y promoción de estas reformas; considera la necesidad de sanciones más enérgicas para proteger a las víctimas, sobre todo los menores de edad ante el auge de casos de abuso.

CONTENIDO Y OBJETIVOS DEL PROYECTO

Esta iniciativa legislativa consta de siete (7) artículos y pretende endurecer las penas por delitos de violencia sexual contra menores de edad, mujeres y personas con discapacidad y en contra de las personas que tengan grado de parentesco o que por alguna circunstancia mantengan algún grado de autoridad sobre las víctimas. Igualmente, se pretende impedir que puedan establecerse acuerdos de penas en beneficio de los autores de estos delitos. Surge como una respuesta a la creciente preocupación por el aumento de los casos de abuso sexual en el país, especialmente contra menores. Los proponentes buscaron una legislación más robusta que disuadiera a los agresores y garantizara una justicia mas efectiva para las víctimas. El mensaje enviado a la sociedad panameña y al mundo, con este proyecto, es que no se va a tolerar ninguna forma de abuso o explotación contra mujeres y niños, personas de la tercera edad ni personas discapacitadas y quienes incurran en estas conductas serán duramente reprimidos.

PROCESO LEGISLATIVO

El Proyecto de Ley 49 paso por varias etapas de discusión en la Asamblea Nacional, lo que incluyó debates en comisiones como la de Gobierno y Justicia y Asuntos Constitucionales, donde se analizaron propuestas y se escucharon opiniones de expertos, organizaciones de la sociedad civil, juristas y entidades gubernamentales. Fue agendado, para llevar a cabo el primer debate, en reunión ordinaria de la Comisión de Gobierno, Justicia y Asuntos Constitucionales, el día 14 de enero de 2025. En esta reunión se determinó la creación de una subcomisión, presidida por el H. D. José Pérez Barboni y los diputados Manuel Cheng Peñalba y Didiano Pinilla y se dispuso otorgar un plazo de 45 días, para analizar las propuestas recibidas. La mañana del 27 de enero, en el Salón B-l, del Palacio Legislativo, se reunió la subcomisión designada para analizar el proyecto de Ley N° 49, donde estuvieron presente por parte de la sub comisión los Honorables Diputados: José Pérez Barboni, Ana María Poveda. Presente, también estaban por parte de las instituciones invitadas: la Lic. Janeth Rovetto y Tania Saavedra del Ministerio Público: la Lic. Onice Murillo y Edilda Rodríguez de la Defensoría del Pueblo y el Lic. Ricky Martez del Ministerio de la Mujer.

LAS MODIFICACIONES SE CENTRAN SOBRE LOS ARTÍCULOS

CÓDIGO PENAL

  1. En el artículo 174 del Código Penal, se establece que quien, mediante violencia o intimidación, tenga acceso carnal con persona de uno u otro sexo utilizando sus órganos genitales, será sancionado con prisión de 7 a 12 años. Esta conducta delictiva, antes de la reforma era sancionado con 5 a 10 años de prisión.

Se impondrá la misma pena a quien, sin el consentimiento de la persona afectada, le practique actos sexuales orales o le introduzca, con fines sexuales, cualquier objeto o parte de su cuerpo no genital en el ano o la vagina.

La pena de 8 a 12 años pasa a 25 años de prisión cuando la violación ocasione a la víctima menoscabo de la capacidad psicológica; cuando el hecho ocasione a la víctima un daño físico que produzca incapacidad superior a treinta días; si la víctima resultara embarazada; si el hecho fuera perpetrado por parientes hasta el tercer grado de consanguinidad y segundo de afinidad; cuando el autor sea ministro de culto, educador o estuviera a cargo, por cualquier título, de su guarda, crianza o cuidado temporal; si el hecho se cometiera con abuso de autoridad o de confianza; cuando el hecho se cometa con el concurso de dos o más personas o ante observadores; cuando el acceso sexual se haga empleando medios denigrantes o vejatorios.

En casi que el infractor cometa la violación a sabiendas de su situación de enfermedad o portador de enfermedad de transmisión sexual incurable o del virus de inmunodeficiencia adquirida (VIH), la pena se aumenta de 15 a 25 años. Antes, de la reforma la pena era de 10 a 15 años de cárcel.

  • En lo que respecta a las conductas, señaladas en el artículo 174, el artículo 175 del Código Penal, dispone que, aun cuando no medie violencia o intimidación, serán sancionadas con prisión de 12 a 18 años de cárcel si el hecho se ejecuta:
  • Con persona que tenga menos de catorce años,
  • Con persona privada de razón o de sentido, o que padezca enfermedad o tenga incapacidad física o intelectual que le impida consentir o que, por cualquier otra causa, no pueda resistir el acto,
  • Abusando de su autoridad o de su posición con persona que se encuentre detenida o confiada al autor para que la custodie o conduzca de un lugar a otro
  • En una persona que, por su edad, no pueda consentir o resistir el acto. La pena antes era de 10 a 15 años de prisión.
  • Para el artículo 176, se aumenta la pena para quienes, valiéndose de una condición de ventaja, logren acceso sexual con jóvenes entre 14 y 18 años de edad, aunque medie consentimiento, serán sancionados con prisión de 8 a 12 años. Antes era de dos a cuatro años.

  • En el artículo 177, quien, sin la finalidad de lograr acceso sexual, ejecute actos libidinosos no consentidos en perjuicio de otra persona, será sancionado con prisión de dos a cuatro años, o su equivalente en días-multa o arresto de fines de semana. La pena fue aumentada, ya que antes era de uno a tres años. En caso, en que medie violencia o intimidación; si el hecho fuera cometido por un pariente cercano, ministro de culto, educador, tutor o persona que estuviera a cargo de la víctima, por cualquier título, de su guarda, crianza o cuidado temporal; y cuando, aun mediando consentimiento, la víctima no hubiera cumplido catorce años o sea incapaz de resistir el acto, la sanción se aumentó de 6 a 8 años de cárcel,antes era de 4 a 6 años de prisión.

CÓDIGO PROCESAL PENAL

  1. El artículo 220, contempla lo relativo al Acuerdo de Pena y a partir de la entrada en vigencia de la reforma, se ha dispuesto que, realizado el acuerdo, el fiscal deberá presentarlo ante el juez de garantías, quien únicamente podrá negarlo por desconocimiento de los derechos o garantías fundamentales del imputado o de la víctima o cuando existan indicios de corrupción o banalidad. Cuando se trate de delitos contra la libertad sexual de menores de edad o personas con discapacidad, se deberá validar la opinión de la víctima en relación con el acuerdo de pena.
  2. Se adiciona el artículo 279-A al Código Procesal Penal para introducir el anticipo jurisdiccional de prueba referente a los delitos contra la libertad e integridad sexual. Se ha dispuesto que en los delitos contra la libertad e integridad sexual las partes podrán solicitar al juez de garantías la producción anticipada de prueba, para recibir el testimonio de la víctima de estos delitos, lo que se hará a través de la utilización de medios tecnológicos con el auxilio de profesionales especializados.

OPINIONES SOBRE LA RECIÉN SANCIONADA LEY

A FAVOR DE LA REFORMAS: Se encuentran quienes representan a víctimas y abogados penalistas que trabajan con víctimas de abusos: Sostienen que las reformas son un paso necesario para ofrecer una mayor protección, disuadir a los agresores y garantizar que las victimas tengan acceso a la justicia de manera más efectiva. Toda vez, que las penas ya existentes son muy laxas y no reflejan la gravedad de estos delitos. Aplauden la restricción de los acuerdos de pena, pues eran demasiado leves para los agresores y ven el anticipo jurisdiccional como una herramienta valiosa para evitar la revictimización de los niños, niñas y adolescentes el momento de rendir testimonios.

PENALISTA O DEFENSORES DE DERECHOS HUMANOS: Se sienten preocupados por el endurecimiento indiscriminado de las penas que puedan llevar a un sistema mas punitivo sin evaluar las causas raíz de los delitos sexuales. Indican que el aumento de pena por sí sólo no es siempre la solución mas efectiva para prevenir delitos. Las penas podrían resultar desproporcionadas en comparación con otros delitos, generando desafíos en la coherencia del sistema penal. Por otra parte, este aumento puede generar una mayor presión sobre un sistema penitenciario que ya enfrenta desafíos de hacinamiento y condiciones. Por último, afecta las garantías procesales de los acusados, asegurando que se respete el debido proceso.

CIFRAS INQUIETANTES

Se ha podido establecer en estudios realizados por la Comisión Nacional para la Prevención de los Delitos de Explotación Sexual (Conapredes), que entre 2019 y 2022 se registraron 26,227 víctimas por delitos contra la libertad e integridad sexual. El 61 % de las víctimas eran menores de 17 años.  Para el 2024 y especialmente el 2025, las estadísticas de delitos sexuales en Panamá, se han incrementado y el Ministerio Público ha reportado aumento en las denuncias contra la libertad e integridad sexual. Donde un 90% de las víctimas de delitos sexuales en Panamá, son mujeres y menores de edad. Con rango en edades que van desde 0-9; 10 y 17 años de edad, donde los delitos más frecuentes son violación, acceso sexual con personas mayores de 14 y menores de 18 años y actos libidinosos. Para el año 2024, las estadísticas mostraban una cifra en caso de violación que sobrepasan las 2 mil denuncias, siendo los casos de violación Agravada, acoso sexual con personas mayores de 14 y menores de 18 años. En lo que va del año 2025, se han registrado acerca de 1,323 denuncias de por delitos sexuales en Panamá; 242 casos más en comparación con el mismo periodo del año anterior (incremento de 6.6%). Se estima que se reciben más de 20 denuncias al día, un aproximado de 1 denuncia cada 98 minutos. Las provincias con mayores incidencias de delitos sexuales son las provincias de: Panamá, Panamá Oeste, Chiriquí, Bocas del Toro y la Comarca Ngäbe Buglè.




Nombrarán maestros por vía especial para salvar clases de 2025 en Panamá

salon de clase

El Decreto Ejecutivo N° 17 de 24 de junio de 2025, publicado en la Gaceta Oficial 30307-A del martes 24 de junio del año en curso y emitido por el Ministerio de Educación, establece un procedimiento especial y transitorio para la selección y nombramiento de maestros y profesores, con el objetivo de restablecer de manera inmediata el proceso de enseñanza y aprendizaje en los centros educativos oficiales afectados por una prolongada paralización de labores docentes.

¿Por qué se dicta este Decreto?

La normativa surge como respuesta a la interrupción unilateral del servicio educativo por parte de un grupo de educadores en el país, quienes paralizaron sus actividades desde el inicio del primer trimestre del año escolar 2025. Esto dejó sin clases a miles de estudiantes, afectando su progreso académico y causándoles serios daños emocionales, en contravención al derecho fundamental que tienen niños, niñas y adolescentes a recibir educación, consagrado en la Constitución y en leyes como la Ley N° 285 de 2022.

¿Qué establece el Decreto?

El Decreto Ejecutivo N° 17 regula, con carácter transitorio durante el año escolar 2025, lo siguiente:

  • Un procedimiento ágil para seleccionar y nombrar a los maestros y profesores que se requieren en las escuelas oficiales impactadas por la ausencia prolongada de docentes en paro.
  • La prioridad es garantizar el derecho superior de la niñez y adolescencia, asegurando que los estudiantes reciban la educación que les corresponde, evitando más pérdida de tiempo y oportunidades académicas.

Principales puntos del procedimiento

  1. Las direcciones de los centros educativos afectados informarán a las Direcciones Regionales de Educación sobre las necesidades de personal docente.
  2. Las Direcciones Regionales revisarán, verificarán y aprobarán (o rechazarán) las solicitudes, e incluso podrán determinar directamente necesidades no reportadas por los centros.
  3. Se elaborarán informes que serán revisados por la Dirección Nacional de Educación correspondiente, la cual aprobará y creará las vacantes necesarias.
  4. Las vacantes serán cubiertas utilizando listas de elegibles formadas por docentes del Registro Permanente de Elegibles del Ministerio de Educación, priorizando aquellos que participaron en concursos previos.
  5. El ministro de Educación realizará la selección en estricto orden de prelación, publicando los resultados en el sitio web institucional y notificando a los seleccionados.
  6. Los docentes elegidos deberán presentar certificados de salud física, mental y antecedentes personales para formalizar su nombramiento.

Además, el Decreto reconoce diez (10) puntos adicionales como mérito por el tiempo laborado a los docentes nombrados bajo este procedimiento, valorando su aporte al restablecimiento del servicio educativo.

Vigencia

Este procedimiento especial estará vigente hasta el 31 de diciembre de 2025, tiempo en el cual se busca garantizar que el año escolar pueda completarse de forma adecuada, pese a las circunstancias extraordinarias.

Referencias:

Gaceta Oficial Digital No. 30307-A de martes 24 de junio de 2025 https://www.gacetaoficial.gob.pa/pdfTemp/30307_A/GacetaNo_30307a_20250624.pdf




El próximo desafío del Canal de Panamá

desafío del Canal de Panamá

Por: Erika Mouynes, excanciller de la República de Panamá. ANO 2025 / 
Nº 14 / ABR-JUN 2025. Este artículo fue publicado en CEBRI REVISTA.

Antes del amanecer de cada día, una procesión de colosales buques avanza a la deriva en la bruma tropical, formando fila para entrar en las cámaras de las esclusas del Canal de Panamá. Remolcadores empujan un buque portacontenedores Neo-Panamax hacia su posición mientras reflectores fluorescentes iluminan su casco. En el puente, el capitán del barco cede el paso a un práctico panameño del canal; por ley, todo buque debe ceder el control a estos prácticos expertos al transitar por la vía fluvial. Momentos después, las compuertas de acero se sellan tras el barco y el nivel del agua sube lentamente, elevándolo 26 metros sobre el nivel del mar. Esta rutina, aunque notable, coreografía, repetida unas 13.000 veces al año, subraya una verdad centenaria: la gestión de un istmo estrecho por parte de una pequeña nación mantiene el flujo fluido de las arterias del comercio mundial. Y durante décadas, la gestión firme y neutral del canal por parte de Panamá ha beneficiado enormemente a Estados Unidos y al mundo, garantizando un acceso directo fiable para el comercio estadounidense de costa a costa. La gestión neutral del Canal por parte de Panamá ha servido durante mucho tiempo a los intereses estratégicos y económicos estadounidenses. Pero ahora, la reciente presión política de Washington —alimentada por temores exagerados a la influencia china y que se vio recompensada con costosas concesiones panameñas— está poniendo a prueba la durabilidad de ese modelo. El resultado no solo transformará las relaciones entre Estados Unidos y Panamá, sino que podría tener repercusiones en todo el hemisferio, redefiniendo la forma en que las pequeñas democracias responden a la presión de las grandes potencias. A medida que aumentan las tensiones, el mundo observa hasta dónde están dispuestos a llegar tanto Panamá como Estados Unidos.

UNA ENTREGA ESTRATÉGICA, NO UNA RENDICIÓN

En medio de la renovada retórica de Washington sobre el Canal de Panamá, es fácil olvidar la lógica estratégica que llevó a Estados Unidos a ceder el control en primer lugar. La decisión de 1977 de transferir la autoridad a Panamá no fue una concesión surgida de la buena voluntad, sino una medida calculada y bipartidista para salvaguardar los intereses estadounidenses en Latinoamérica. Durante las siete décadas anteriores, Estados Unidos había sido propietario y operador del canal desde su apertura en 1914, una maravilla de la ingeniería y un trofeo geopolítico forjado en el territorio panameño. Sin embargo, para la década de 1970, los tiempos habían cambiado. Políticos republicanos como Henry Kissinger advirtieron que aferrarse a la Zona del Canal, controlada por Estados Unidos, avivaría el sentimiento antiamericano y amenazaría la estabilidad regional. «Si estas negociaciones [del Canal] fracasan, seremos derrotados en todos los foros internacionales y habrá disturbios en toda Latinoamérica», advirtió Kissinger a mediados de la década de 1970. Su preocupación no era hipotética. En 1964, las tensiones latentes por la presencia estadounidense en la Zona del Canal estallaron en disturbios mortales —ahora conmemorados en Panamá como el Día de los Mártires— que costaron la vida tanto a estudiantes panameños como a soldados estadounidenses. La violencia impulsó a Washington a reconocer la profundidad del nacionalismo panameño que bullía bajo la superficie. 

A finales de esa década, los líderes estadounidenses de todos los partidos políticos habían llegado a considerar el control continuo del Canal por parte de Estados Unidos como un lastre geopolítico. El presidente republicano Richard Nixon inició las negociaciones para una cesión, y el presidente demócrata Jimmy Carter finalizó la transferencia mediante los Tratados Torrijos-Carter de 1977. Incluso Ronald Reagan, quien había hecho una feroz campaña contra la transferencia con lemas populistas, finalmente cumplió el acuerdo durante su presidencia. La ratificación de los tratados por parte del Senado requirió apoyo bipartidista y reflejó un consenso poco común: el pragmatismo estratégico prevalecería sobre los llamamientos emocionales. Críticos como el senador S. I. Hayakawa, quien declaró infamemente: «Deberíamos conservar el Canal de Panamá. Después de todo, lo robamos de forma justa», fueron desautorizados por un cálculo más frío. 

El objetivo era claro: desactivar una importante fuente de resentimiento regional, salvaguardar el prestigio estadounidense y prevenir una mayor inestabilidad en el hemisferio. Dichos tratados garantizaron la neutralidad permanente del Canal y su operación continua bajo control panameño. Lejos de ceder los intereses estadounidenses, Washington reimaginó la mejor manera de protegerlos. La lógica detrás de esa decisión sigue siendo tan válida hoy como lo fue en 1977. Al eliminar voluntariamente un símbolo de dominio colonial, Estados Unidos mejoró su posición en el hemisferio y obtuvo un socio confiable en Panamá. Un Canal neutral, administrado por Panamá, no solo ha evitado conflictos, sino que también ha reforzado la estabilidad regional y asegurado el acceso ininterrumpido a una arteria vital del comercio mundial. Cabe destacar que el Acuerdo de Neutralidad que acompañó la entrega garantizó a los buques de guerra estadounidenses el derecho a un paso expedito en situaciones de emergencia, lo que significa que Estados Unidos aún podría mover su Armada por el canal con rapidez si realmente fuera necesario, sin tener que ser el propietario absoluto.

EL CANAL DESPOLITIZADO: UN ACTIVO ESTRATÉGICO QUE SE MANIPULA DERECHA

Más de dos décadas después, Panamá ha demostrado ser un administrador ejemplar del Canal. Desde la entrega de la administración en 1999, ha mantenido la eficiencia, la neutralidad y la accesibilidad de la vía interoceánica a todas las naciones, sin caer en la manipulación política ni la mala gestión. Previendo la transferencia, Panamá incluso reformó su constitución en la década de 1990 para crear una Autoridad del Canal de Panamá (ACP) autónoma, estructuralmente aislada de la interferencia partidista. Este modelo tecnocrático ha dado resultados impresionantes. La ACP está gobernada por una junta independiente de 11 miembros (todos panameños) y opera independientemente del gobierno central, con su propia administración, presupuesto y reglamentos. 

Esta estructura de gobernanza garantiza que las operaciones diarias del canal se mantengan profesionales y apolíticas, centradas en la eficiencia a largo plazo en lugar de la política a corto plazo. Bajo la gestión panameña, los tiempos de tránsito han mejorado, las tasas de accidentes han disminuido y el Canal se ha mantenido como un modelo de transparencia y neutralidad. Todos los buques, estadounidenses, chinos o de cualquier otro país, reciben el mismo trato y se les cobran peajes estándar y transparentes (estos peajes varían considerablemente según el tamaño del buque y la carga, y pagarlos siempre es mucho más económico que la alternativa: las semanas adicionales de viaje y el costo del combustible para navegar por toda Sudamérica). Cuando el Canal de Panamá ha tenido que aumentar las tarifas o imponer restricciones de calado, lo ha hecho únicamente en respuesta a factores operativos y ambientales, como la escasez de agua provocada por la sequía, no para obtener influencia política. 

Las medidas de eficiencia del canal siguen mejorando: en 2023, se introdujo un nuevo sistema de reservas para agilizar la programación. Mientras que antes los barcos podían esperar una semana o más para entrar durante las horas punta, hoy la mayoría de los buques esperan solo de dos a tres días para el tránsito, una mejora significativa que permite que las mercancías fluyan según lo previsto. Para apreciar la magnitud e importancia de la gestión panameña, considere los ritmos diarios del Canal. Cada año, aproximadamente 13,000 barcos (un promedio de 35 por día) transitan la vía fluvial de 80 kilómetros, transportando mercancías y productos que llegan a casi todos los rincones de la economía global. La clientela del Canal es verdaderamente internacional. El mayor usuario individual por número de buques es la danesa Maersk Line, y otras importantes navieras que transitan por Panamá provienen de países como Suiza, Francia, Grecia y Alemania. 

Esta mezcla cosmopolita subraya la importancia del enfoque despolitizado de Panamá: el Canal es un bien común global neutral, abierto a todos. Y sigue siendo vital: al acortar aproximadamente 12.896 kilómetros de la travesía entre el Atlántico y el Pacífico, la vía fluvial ahorra a los transportistas una enorme cantidad de tiempo y dinero. Un buque portacontenedores que navega desde el este de Asia hasta la costa este de Estados Unidos vía Panamá, por ejemplo, paga un peaje, pero evita la peligrosa travesía alrededor del Cabo de Hornos, un desvío tan largo que solo el gasto en combustible superaría con creces las tarifas del Canal. En resumen, el mundo paga con gusto a Panamá por un paso seguro y confiable porque es una ganga en comparación con la alternativa. 

El testimonio más contundente de la gestión de Panamá se produjo con la exitosa ejecución de la enorme ampliación del Canal entre 2007 y 2016. Este proyecto de 5.400 millones de dólares (más unos 1.600 millones de dólares en inversiones relacionadas) añadió un nuevo juego de esclusas colosales y profundizó los canales existentes para dar cabida a megabuques modernos. La ambiciosa expansión permite al canal recibir buques Neo-Panamax que transportan casi tres veces el volumen de carga anteriormente posible. Muchos dudaban de que un pequeño país en desarrollo pudiera completar un megaproyecto de tal magnitud a tiempo y dentro del presupuesto, especialmente en comparación con sobrecostos notorios como el túnel carretero «Big Dig» de Boston, cuyo costo se disparó de 2.800 millones de dólares a casi 15.000 millones de dólares. Sin embargo, la Autoridad del Canal de Panamá gestionó una logística compleja e inauguró el Canal ampliado en junio de 2016, aproximadamente dentro de las expectativas originales. El resultado: el doble de capacidad y la posibilidad de acoger a la mayoría de los buques tanque de gas natural licuado (GNL) y grandes portacontenedores del mundo, transformando los patrones mundiales de transporte marítimo. 

Cabe destacar que la expansión se financió con los ingresos propios del canal por peajes, complementados con préstamos de bancos multilaterales de desarrollo; no se necesitó ni un solo dólar del dinero de los contribuyentes estadounidenses. De hecho, Panamá ya ha reembolsado, con intereses, cada centavo que Estados Unidos invirtió en la construcción del Canal original hace más de un siglo. Estados Unidos ha sido el principal beneficiario de estas mejoras. Como el mayor usuario del Canal de Panamá, Estados Unidos ahora depende de la vía fluvial ampliada para el transporte eficiente de las exportaciones de energía, los graneles secos del Medio Oeste y el flujo incesante de bienes manufacturados y de consumo que abastecen los anaqueles estadounidenses. De hecho, aproximadamente el 70% de la carga que transita por el canal tiene como destino o procede de puertos estadounidenses, incluyendo volúmenes masivos de productos electrónicos y ropa de fabricación asiática con destino a las costas este y del Golfo de Estados Unidos, así como gas licuado, granos y otros productos básicos estadounidenses enviados hacia el oeste, a Asia. En contraste, solo alrededor del 20% del tráfico del canal tiene algún vínculo con China, lo que desmiente la idea de que Pekín domina este paso. De manera crucial, Panamá ha financiado por sí sola las operaciones y mejoras de su canal. Hoy, Estados Unidos disfruta de pleno acceso a una ruta comercial estratégicamente esencial y de clase mundial sin tener que asumir la carga de operarla. Panamá, por su parte, ha ganado orgullo nacional y beneficios económicos, ofreciendo un ejemplo excepcional de una transición poscolonial fluida que beneficia a todos.

EL ESPEJISMO DE CHINA: TEMORES EXAGERADOS A LA INFLUENCIA

Gran parte de la reciente inquietud estadounidense sobre el Canal se centra en China y su aparente creciente presencia en la región. Sin embargo, la realidad es mucho más matizada y significativamente menos amenazante. Empresas chinas efectivamente operan terminales portuarias comerciales en las entradas atlántica y pacífica del Canal, mediante concesiones otorgadas en 1997 a la empresa Hutchison Ports, con sede en Hong Kong (parte de Hutchison Whampoa). En otras palabras, las instalaciones portuarias de Panamá han tenido presencia china durante más de dos décadas. Cabe destacar que, desde entonces, no se han otorgado nuevas concesiones portuarias chinas en la vía fluvial del Canal de Panamá, ni siquiera durante períodos de intensa inversión china en el exterior a nivel mundial. Las terminales administradas por Hutchison en Panamá funcionan como innumerables otras operaciones portuarias internacionales. Hutchison Ports, por ejemplo, también opera importantes terminales en ambas entradas del Canal de Suez y en Felixstowe, el puerto de contenedores de mayor actividad del Reino Unido —que se extiende esencialmente a ambos lados del Canal de la Mancha—, así como en otros centros comerciales globales clave. Incluso administran la terminal de contenedores de Freeport en las Bahamas, a menos de 50 millas de la costa de Florida. 

Sin embargo, en cada caso, Hutchison es simplemente un cliente o inquilino de la autoridad marítima del país anfitrión, no el controlador de la infraestructura soberana. Panamá no es la excepción. La Autoridad del Canal de Panamá (y, por extensión, el Estado panameño) mantiene el control soberano total del canal y sus aguas. Todos los concesionarios portuarios, chinos o no, operan bajo las leyes y la supervisión panameñas. Y, a diferencia de los puertos administrados por Hutchison en otros lugares, cualquier buque que navegue hacia una terminal portuaria a lo largo del Canal de Panamá debe ceder el mando a un práctico panameño al ingresar a las aguas del canal; una afirmación inequívoca de la autoridad panameña que garantiza que ninguna entidad extranjera pueda dictar su movimiento a través del canal. Además, la presencia de Hutchison dista mucho de ser dominante en el panorama naviero general de Panamá: de las cinco principales terminales portuarias comerciales adyacentes al Canal, Hutchison administra dos, mientras que las otras tres son operadas por empresas multinacionales aliadas de Estados Unidos u otras empresas. 

Los acontecimientos recientes subrayan la determinación de Panamá de salvaguardar su autonomía. Tras descubrirse irregularidades en la extensión de la concesión portuaria de Hutchison, la Contraloría de Panamá inició una auditoría exhaustiva y una revisión legal en 2024. Estos hallazgos han dado lugar a una serie de recursos legales que podrían anular la extensión del contrato de Hutchison y reabrir la concesión portuaria a nuevos licitadores, lo que podría generar una oportunidad para que empresas estadounidenses o aliadas intervengan. Más recientemente, en 2025, Hutchison anunció que estaba en negociaciones para vender una participación mayoritaria en una de sus terminales panameñas a un consorcio liderado por Estados Unidos, supuestamente respaldado por la firma de inversión BlackRock. Lejos de caer en la órbita de China, Panamá está buscando activamente más inversión estadounidense en su infraestructura crítica. 

El contexto más amplio es importante. En 2017, al igual que muchos países latinoamericanos en aquel entonces, Panamá transfirió su reconocimiento diplomático de Taiwán a Pekín, lo que abrió la puerta a vínculos oficiales con la República Popular China. En el auge de esta nueva relación, el gobierno panameño adjudicó inicialmente varios proyectos de infraestructura de alto perfil a empresas chinas, incluyendo un puerto para cruceros y un gran puente vial sobre el Canal, e incluso se unió a la Iniciativa de la Franja y la Ruta de China. Sin embargo, ese impulso inicial se desaceleró significativamente con las administraciones panameñas posteriores, llegando prácticamente a estancarse. No se ha adjudicado ni un solo nuevo contrato importante de infraestructura con China en los últimos cinco años. 

Más recientemente, la administración del presidente José Raúl Mulino (2024-presente) ha indicado explícitamente que Panamá no renovará ni ampliará su participación en la Franja y la Ruta. En cambio, el gobierno del presidente Mulino ha reafirmado proactivamente la alineación estratégica de Panamá con Washington, enfatizando que los intereses a largo plazo del país dependen de la profundización de sus vínculos con Estados Unidos. En resumen, la incursión de Pekín parece haber sido limitada, mientras que Panamá mantiene su activo más vital, el Canal, firmemente neutral y abierto a todos.

LA GAMBITA DEL CANAL DE TRUMP: PRESIÓN, CONCESIONES Y SUS LÍMITES

Hoy, el Canal de Panamá se ha convertido inesperadamente en un punto de conflicto político en Washington. Desde su regreso a la Casa Blanca, el presidente Donald Trump ha aprovechado el Canal en su retórica, incluso convirtiendo la vía fluvial en un elemento central de su agenda de «América primero». Sorprendentemente, durante su reciente discurso inaugural en enero, «Panamá» fue, según se informa, la segunda palabra más utilizada, con más frecuencia que cualquier otro término excepto «Estados Unidos». Trump ha caracterizado repetidamente la entrega del Canal en 1999 como un error histórico, insinuando que podría intentar recuperar la influencia estadounidense allí. Incluso ha reflexionado ocasionalmente sobre la posibilidad de una intervención militar para «asegurar» el canal. De manera alarmante, una encuesta reciente en Estados Unidos indicó un apoyo significativo entre su base política a recuperar el control del Canal por cualquier medio necesario. 

Para Panamá —una pequeña nación de 4 millones de habitantes, pero estratégicamente crucial—, estas declaraciones no son meras bravuconadas políticas. Se perciben como amenazas directas a su soberanía y un repudio a décadas de colaboración. En respuesta a la creciente presión de Washington, el gobierno panameño, bajo la presidencia de José Raúl Mulino, adoptó inicialmente una postura conciliadora. Deseoso de apaciguar las preocupaciones estadounidenses, Panamá se esforzó por demostrar que no era cliente de Pekín. Además de retirarse de la Iniciativa de la Franja y la Ruta de China, la administración Mulino aceleró los esfuerzos para reducir la participación de empresas chinas en las operaciones portuarias locales, medidas que coincidieron con una visita de alto perfil de funcionarios estadounidenses (incluida la del secretario de Estado, Marco Rubio). 

Panamá también ofreció concesiones no relacionadas para apaciguar la agenda de la administración Trump: llegó a acuerdos para endurecer los controles migratorios, incluyendo la mejora de un centro de detención de migrantes y la expansión de una pista de aterrizaje remota en la región del Darién para facilitar los vuelos de deportación estadounidenses a Latinoamérica. A petición de Washington, Panamá incluso aceptó el traslado de 299 deportados de Estados Unidos —personas que no eran de nacionalidad panameña, sino que provenían de países tan distantes como Irán, China y Afganistán, enviadas a Panamá como destino de un tercer país—. Estos gestos extraordinarios —destinados a distender las tensiones— han tenido un coste interno sustancial en Panamá. En lugar de calmar la situación, los actos de abierta conciliación desencadenaron una reacción nacionalista y un intenso debate dentro de los propios círculos políticos panameños. Las concesiones, que pretendían comprar buena voluntad, parecieron, en cambio, alentar nuevas exigencias de la administración Trump. 

Durante una visita posterior del Secretario de Defensa de EE. UU., Peter Hegseth, Panamá fue presionada para que otorgara concesiones adicionales que afectaban directamente al Canal. Se anunció un nuevo y controvertido acuerdo marco de seguridad, que autorizaba actividades de seguridad conjuntas entre EE. UU. y Panamá y permitía una presencia militar rotatoria estadounidense en algunas antiguas bases estadounidenses en territorio panameño. Además, el Canal firmó una declaración para «buscar mecanismos» que otorgaran prioridad y paso gratuito a los buques de guerra estadounidenses. Para los panameños, esto representó una extralimitación inaceptable. La idea de un trato especial y gratuito para los buques militares estadounidenses tocó una fibra sensible, socavando el principio fundamental de igualdad de acceso que había definido la neutralidad del canal. Además, fue en gran medida gratuita: según el Tratado de Neutralidad vigente de 1977 (Artículo VI), los buques de guerra estadounidenses ya gozan de derechos de paso expedito; en la práctica, con solo 48 horas de aviso, un buque de guerra estadounidense puede pasar al frente de la fila, y de hecho, ningún buque militar estadounidense ha esperado jamás más de 24 horas para transitar, ni siquiera en situaciones de crisis. Es más, el ejército estadounidense actualmente paga sólo una fracción simbólica de los peajes habituales para el tránsito de buques de guerra (tan sólo entre el 6% y el 30% de las tarifas cobradas a los buques comerciales). 

Exigir un paso completamente libre trascendió estos privilegios de larga data y a muchos panameños les pareció una humillante afirmación del dominio de una nación sobre una vía fluvial que se supone pertenece a todos. Como era de esperar, estas últimas concesiones provocaron una indignación generalizada en Panamá. El Canal está profundamente arraigado en la identidad nacional panameña, y cualquier amenaza percibida a su autonomía ha generado históricamente una intensa resistencia pública. La noticia de la secreta promesa de «paso libre de peajes» encendió las alarmas. La indignación se avivó aún más por las inconsistencias y la falta de transparencia, en particular, las flagrantes discrepancias entre los anuncios del gobierno estadounidense y las declaraciones públicas del gobierno panameño sobre lo acordado.

Las consecuencias políticas en Panamá han sido graves. En cuestión de semanas, la crisis provocó la renuncia del viceministro de Relaciones Exteriores y de su secretario de prensa. La Asamblea Nacional incluso tomó la inusual medida de citar al ministro de Relaciones Exteriores para interrogarlo y planteó la idea de una moción de censura. En la Ciudad de Panamá estallaron manifestaciones callejeras, con ciudadanos ondeando la bandera nacional y coreando promesas de proteger la soberanía del Canal. Hasta la fecha, las dolorosas concesiones de Panamá no han producido ningún beneficio tangible, ni siquiera una moderación de la retórica agresiva del presidente Trump. El riesgo es evidente: los intentos de Panamá por ser pragmáticos están sentando un precedente preocupante, lo que sugiere que ceder a la presión solo invita a más. Durante los primeros 100 días del nuevo mandato de Trump, Panamá se encontró acercándose rápidamente al límite de lo que podía conceder sin comprometer fundamentalmente su soberanía. Ahora, cinco meses después del inicio de la administración, es evidente que esos esfuerzos han llegado a su límite. El patrón de apaciguamiento ha demostrado ser insostenible, con rendimientos decrecientes y costos internos crecientes.

EFECTOS DOMINÓ: COSTOS ESTRATÉGICOS MÁS ALLÁ DEL ISTMO

La mano dura de Washington hacia Panamá conlleva costos estratégicos que van mucho más allá del propio Canal. Durante los intensos debates en Estados Unidos sobre los tratados del Canal de Panamá en la década de 1970, varios funcionarios y estrategas militares estadounidenses señalaron que la importancia militar directa del canal había disminuido con el tiempo. Los avances en la tecnología naval y las cambiantes prioridades de defensa significaron que el Canal ya no era esencial para la proyección de fuerzas estadounidenses; de hecho, sus estrechas esclusas no podían albergar muchos buques de guerra estadounidenses modernos. El senador Barry Goldwater argumentó notablemente que el Canal era inherentemente vulnerable —un solo explosivo bien colocado o un buque hundido podrían inutilizarlo— y señaló que pocos en el Congreso o en la opinión pública estaban dispuestos a enviar tropas estadounidenses a morir defendiéndolo.

En la práctica, la geografía del canal (un cuello de botella largo y estrecho) lo hace prácticamente indefendible contra sabotajes o ataques. Estos argumentos reforzaron la idea de que Estados Unidos podía ceder el control con seguridad en 1999 sin perjudicar sus intereses de seguridad fundamentales. Sin embargo, económica y estratégicamente, la administración neutral de Panamá ha garantizado operaciones ininterrumpidas durante décadas, protegiendo directamente los intereses comerciales estadounidenses e internacionales. Hoy en día, Estados Unidos depende en gran medida del Canal para facilitar flujos comerciales cruciales, desde las exportaciones de soja y maíz hasta los productos en contenedores procedentes de Asia que abastecen los estantes de las tiendas de todo el país. Cualquier interrupción importante en el funcionamiento del canal provocaría miles de millones de dólares en pérdidas, retrasos en los envíos y aumentos de precios, lo que causaría un perjuicio inmediato a empresas y consumidores mucho más allá de Panamá. 

Si el Canal de Panamá se cerrara, aunque fuera por un día, o se politizara, las compañías navieras tendrían que desviar sus buques en un desvío de 13.000 kilómetros alrededor del tormentoso Cabo de Hornos, en el extremo sur de Sudamérica, lo que añadiría semanas de tránsito y costos de combustible exorbitantes. La última vez que ocurrió algo similar —el bloqueo de Suez, que duró una semana—, se estimó que se detuvo un comercio mundial de 10.000 millones de dólares diarios. El notable historial de fiabilidad del Canal de Panamá ha permitido que las cadenas de suministro globales no hayan tenido que preocuparse por un escenario similar en el hemisferio occidental. Sorprendentemente, el compromiso de Panamá con la neutralidad y la igualdad de acceso para todas las naciones ha mantenido al Canal fuera de la lista de objetivos de posibles adversarios. A diferencia de las bases militares u otros activos estratégicos, el Canal de Panamá ha resistido la inestabilidad global sin convertirse en un objetivo directo ni en moneda de cambio en los conflictos. No ha sido bloqueado, atacado ni siquiera ocupado temporalmente por ninguna potencia hostil desde que Panamá asumió el control, lo que demuestra que su neutralidad no es solo simbólica, sino un verdadero baluarte de la seguridad. 

Sin embargo, las consecuencias geopolíticas de las tensiones actuales trascienden la seguridad física del canal. Al amenazar a un aliado pacífico y democrático basándose en supuestas vulnerabilidades estratégicas, Estados Unidos corre el riesgo de socavar su propia credibilidad y crear una ruptura en su diplomacia regional. Estas amenazas transmiten un mensaje inquietante a toda Latinoamérica: que alinearse estrechamente con Washington no garantiza respeto ni estabilidad, y que incluso tratados de larga data podrían reabrirse por capricho. 

En una región donde el recuerdo del intervencionismo estadounidense sigue vivo, la retórica agresiva de Trump hacia el Canal de Panamá está reavivando sospechas históricas. Los aliados que valoran su soberanía y estabilidad podrían empezar a reconsiderar su postura, cubriendo sus riesgos diversificando sus alianzas o incluso distanciándose de la influencia estadounidense. Es probable que las potencias adversarias estén observando de cerca y aprovechando la oportunidad para presentarse como socios más respetuosos que no presionarán a las naciones más pequeñas sobre infraestructuras críticas. Dentro de Panamá, la reacción a la presión de Washington ya está cambiando el panorama político. Este país ha sido históricamente uno de los más proestadounidenses de Latinoamérica; tan solo en 2023, las encuestas mostraban que más del 80% de los panameños veían a Estados Unidos con buenos ojos, un legado de cooperación e intereses compartidos. Sin embargo, el sentimiento nacionalista está en auge. Orgullosos del Canal y lo que representa, panameños de todos los partidos políticos se unen en defensa de su neutralidad. 

Grandes protestas han llenado las calles de la Ciudad de Panamá con cánticos de «El Canal es Panameño», rechazando cualquier atisbo de control externo. Políticos de todo el espectro político —desde tecnócratas moderados del partido gobernante hasta líderes de la oposición— han encontrado una causa común para contrarrestar la percepción de intromisión estadounidense. Además, varios líderes latinoamericanos prominentes en otros países han expresado públicamente su apoyo a la postura de Panamá, reforzando un consenso regional contra las tácticas de mano dura. La implicación es clara: la postura de Estados Unidos hacia Panamá está siendo vigilada de cerca por sus vecinos, y podría influir en la forma en que esos países interactúen con Washington en el futuro.

LECCIONES APRENDIDAS: RENUNCIAR, LEVANTARSE Y SEGUIR ADELANTE

¿Cuáles son, entonces, las enseñanzas de este nuevo y complejo capítulo en la larga y simbólica historia del Canal? Para Panamá, la lección reside en la firmeza calibrada. Las concesiones pueden tener su lugar cuando se alinean con los propios intereses panameños y defienden la transparencia o la buena gobernanza, como se vio en la iniciativa del propio presidente Mulino para revisar y corregir problemas en los contratos portuarios chinos. Pero ceder ante la presión externa solo para apaciguar a una potencia extranjera, en particular cuando dicha presión se basa en una narrativa política divorciada de los hechos, sienta un precedente peligroso. La historia sugiere que la fortaleza de Panamá —de hecho, su legitimidad misma en la gestión del Canal— reside en afirmar su soberanía mediante la seguridad jurídica, el aplomo diplomático y la integridad institucional. En la práctica, Panamá podría necesitar trazar límites más claros en torno a la neutralidad del Canal y comunicarlos tanto internamente como en el exterior. 

La reciente agitación también expuso las deficiencias de la estrategia panameña para lidiar con Washington. El gobierno invirtió fuertemente en firmas de cabildeo tradicionales de Washington D. C., una estrategia que podría no haber estado alineada con el momento político actual. En un entorno donde la administración Trump favorece la interacción abierta y transaccional desde la cúpula, la defensa tras bambalinas dirigida a funcionarios del Congreso y de nivel medio tuvo un impacto limitado en los tomadores de decisiones. Más críticamente, este enfoque interno se produjo a expensas de una campaña de diplomacia pública más amplia. Al no comunicar de forma más asertiva los hechos sobre la administración del Canal de Panamá al público estadounidense —por ejemplo, que Panamá mantiene el canal funcionando de manera eficiente, neutral y de maneras que benefician enormemente a los consumidores estadounidenses— Panamá permitió que una narrativa falsa se arraigara entre el público estadounidense. Fue una oportunidad perdida, especialmente al tratar con un presidente estadounidense muy sensible a las percepciones y la cobertura mediática de sus bases.

Por otro lado, a pesar de la agitación interna, la estrategia de apaciguamiento de Panamá ha evitado hasta el momento una ruptura más profunda con Estados Unidos. No se han impuesto sanciones punitivas a Panamá ni se han materializado cambios formales en la política estadounidense, al menos no todavía. En ese sentido, el gobierno panameño logró desactivar lo que podría haber sido una crisis aún más drástica, ganando tiempo para reagruparse. De cara al futuro, Panamá podría recalibrar su enfoque para enfatizar la unidad interna (para que cualquier concesión futura no sea políticamente tóxica) y la claridad externa (para que los hechos prevalezcan sobre los temores en la narrativa sobre el Canal). 

Para Estados Unidos, la lección debería ser aún más estratégica. La gestión neutral y profesional del Canal por parte de Panamá se erige como una de las alianzas más exitosas del hemisferio occidental tras la Guerra Fría. Ha generado estabilidad, eficiencia y beneficio mutuo, ofreciendo un modelo excepcional de responsabilidad compartida y cooperación pacífica entre una superpotencia y un pequeño Estado. Socavar ese modelo no beneficia a nadie: ni a los importadores y consumidores estadounidenses, ni a los exportadores estadounidenses, y, desde luego, no beneficia la influencia ni el prestigio de Estados Unidos en la región. En todo caso, el actual impasse ha ilustrado la vital importancia de la buena voluntad y la colaboración de Panamá para los intereses estadounidenses. 

El presidente Trump, tras haber exigido y recibido varias concesiones, puede, y posiblemente debería, proclamar cierta victoria en este punto. Su administración ha obtenido promesas costosas: Panamá se retiró de las iniciativas chinas, reforzó los controles migratorios a instancias de Estados Unidos y profundizó la cooperación en seguridad. El punto está claro. Ahora es el momento de pasar de la presión a la colaboración. Washington tiene la oportunidad de convertir este episodio en un nuevo capítulo de compromiso constructivo. En lugar de ver a Panamá como un activo díscolo que hay que controlar, Estados Unidos debería reconocerlo como un socio leal, digno de inversión y respeto. 

Panamá está abierto a los negocios y a los aliados. Ambos países podrían ampliar su cooperación de maneras mutuamente beneficiosas que no comprometan su soberanía. Por ejemplo, Panamá está embarcado en un proyecto multimillonario de conservación de cuencas hidrográficas e infraestructura para garantizar el suministro de agua del Canal (crucial para sus operaciones frente al cambio climático). Se podría alentar a empresas y expertos estadounidenses a participar en estos esfuerzos, no solo como contratistas con ánimo de lucro, sino como socios a largo plazo que contribuyen al éxito de Panamá. Asimismo, cuando Panamá solicita ofertas para mejoras portuarias o nuevos parques logísticos, las empresas estadounidenses deberían participar, no porque Panamá se vea obligada a aceptarlas, sino porque aportan valor y se ganan la confianza. 

En esencia, Estados Unidos puede competir donde importa —económica y diplomáticamente— en lugar de replantear posturas militares o demandas de suma cero. En definitiva, lo que está en juego en la fricción actual es mucho más que una simple ruta marítima o un motivo de orgullo nacional. Se trata de la credibilidad de un sistema global en el que las pequeñas naciones, mediante la competencia y la neutralidad, pueden ganarse la confianza de las grandes potencias y gestionar con éxito los activos estratégicos compartidos. El Canal de Panamá ha demostrado durante mucho tiempo que una transferencia pacífica de poder —de una superpotencia a un Estado mucho más pequeño— puede conducir no a la disfunción, sino a la excelencia. Ese modelo está ahora bajo escrutinio. Las tensiones entre Washington y Panamá son más que un simple estallido de política exterior bilateral; envían un mensaje a la región y al mundo sobre cómo Estados Unidos trata a sus aliados. Lo que suceda a continuación definirá más que una simple ruta comercial. Es una oportunidad para demostrar que, en una era de cambio de poder, el verdadero liderazgo significa respaldar a los socios que hacen el trabajo y saber cuándo respaldarlos, no obstaculizarlos.

Referencias: https://cebri.org/revista/br/artigo/205/o-proximo-desafio-do-canal-do-panama Copyright © 2025 CEBRI-Journal. 




Lotería Fiscal: Incentivo Inteligente para la Cultura Tributaria y la Recaudación Sostenible

Lotería Fiscal

El pasado 2 de junio de 2025, el Órgano Ejecutivo relanzó formalmente la Lotería Fiscal mediante el Decreto Ejecutivo No. 26 de 2 de junio de 2025, estableciendo un mecanismo que premia a los ciudadanos por solicitar facturas fiscales. A través de sorteos públicos organizados por la Junta de Control de Juegos, se entregarán premios en efectivo por un total de B/.110,000 mensuales, exentos de impuesto sobre la renta, a quienes participen depositando sobres con al menos cinco facturas válidas. Esta medida, aunque parece novedosa, tiene antecedentes importantes que conviene recordar, y cuyo contexto permite entender mejor su utilidad actual.

La obligación de emitir facturas en Panamá se remonta a la Ley 76 de 1976, que reglamentó el uso obligatorio de documentos fiscales como mecanismo de control de ingresos para efectos tributarios. Sin embargo, no fue hasta 1992 que se introdujo por primera vez un programa dirigido a incentivar directamente a los consumidores para que exigieran estos documentos: la llamada “Tómbola Fiscal”, creada mediante el Decreto Ejecutivo No. 169 de 23 de septiembre de 1992. En esa ocasión, el decreto justificaba su adopción señalando la necesidad de reforzar la conciencia ciudadana en torno a la importancia de cumplir con el deber de solicitar facturas. Dos años más tarde, en 1994, se flexibilizó su mecánica para estimular una mayor participación ciudadana.

Contrario a lo que algunos podrían interpretar, esta iniciativa sí logró resultados positivos en su momento. El problema no fue su ineficiencia, sino la falta de continuidad. En Panamá, los cambios de administración suelen venir acompañados de borrón y cuenta nueva en las políticas públicas, dejando de lado programas funcionales por no formar parte de la agenda del gobierno entrante. Esta falta de visión de largo plazo ha limitado el desarrollo sostenido de herramientas como la tómbola fiscal.

Hoy, con el relanzamiento de la Lotería Fiscal, el país tiene la oportunidad de retomar una estrategia que, bien ejecutada, puede tener un impacto importante en la reducción de la evasión fiscal. El mecanismo ofrece una combinación interesante de beneficios: por un lado, convierte al consumidor en un agente de fiscalización indirecta, al incentivar la solicitud de facturas; por otro, introduce un incentivo tangible —el premio económico— para fomentar el cumplimiento tributario voluntario. Se trata de una solución que sustituye, en parte, el despliegue masivo de funcionarios fiscalizadores mediante un modelo de control social asistido.

Además de los beneficios inmediatos en términos de recaudación, esta medida también puede ayudar a formar una mentalidad más consciente en los contribuyentes. Al vincular el acto de exigir una factura con la posibilidad de obtener una recompensa, se crea un puente entre el deber fiscal y el interés personal, un vínculo que puede ser aprovechado para construir una cultura tributaria más sólida. Este enfoque ha demostrado ser eficaz en otros países. El caso de Brasil, por ejemplo, con su programa “Nota Fiscal Paulista”, ha mostrado resultados sostenidos en términos de aumento de recaudación, formalización de negocios y participación ciudadana.

En el contexto actual, además, la implementación de la factura electrónica ofrece una oportunidad adicional que no puede desaprovecharse: incorporar un mecanismo de participación digital. Si bien el modelo tradicional contempla el depósito físico de facturas en sobres, esta modalidad limita el alcance de la estrategia. En cambio, si se habilitara un sistema que permita participar en los sorteos desde un celular o computadora —vinculando el registro de facturas electrónicas al número de cédula, por ejemplo— se multiplicaría significativamente el número de participantes. La digitalización, por tanto, no solo es una cuestión de eficiencia operativa, sino también de inclusión y escalabilidad.

Aun así, para garantizar el éxito del programa, es necesario implementar ciertas mejoras y condiciones. La experiencia comparada demuestra que el número de sorteos debe ser frecuente para mantener el interés del público; se recomienda realizar al menos 20 sorteos al año. Además, puede incorporarse una dimensión adicional al premiar también a las empresas cuyos sistemas contables y fiscales resulten en orden durante las auditorías, otorgándoles el título de “Empresa Modelo”. Esto contribuiría no solo a fortalecer la transparencia empresarial, sino también a fomentar una sana competencia basada en el cumplimiento.

El programa también debe apoyarse en una estrategia robusta de comunicación pública. Las redes sociales, por su alcance masivo, pueden ser aliadas claves para dar visibilidad al programa, mostrar a los ganadores, explicar el proceso de participación y reforzar el mensaje educativo detrás de la iniciativa. Igualmente, debe explorarse la posibilidad de ofrecer premios en especie, como electrodomésticos o certificados de compra, para diversificar los incentivos y captar distintos perfiles de participantes.

Otro elemento relevante es que este tipo de mecanismos no requiere una estructura institucional nueva ni gastos operativos adicionales si se articula con las entidades existentes, como la DGI, la Junta de Control de Juegos y la Autoridad de Innovación Gubernamental. Se trata, en esencia, de una herramienta de bajo costo y alto potencial, siempre que se integre dentro de una política fiscal coherente.

La evasión fiscal ha sido objeto de atención en los últimos años. Según datos compartidos recientemente en La Estrella de Panamá, sigue existiendo un alto grado de incumplimiento en sectores clave de la economía, lo cual limita los recursos disponibles para políticas públicas esenciales. En este contexto, relanzar la Lotería Fiscal no debe verse como una medida aislada o cosmética, sino como una pieza dentro de un engranaje más amplio para fortalecer la recaudación sin recurrir al aumento de impuestos ni expandir desproporcionadamente la administración tributaria. En conclusión, la Lotería Fiscal puede y debe ser parte de una estrategia integral, donde el cumplimiento tributario se convierta en un hábito socialmente valorado. Su éxito dependerá menos del azar y más de la capacidad institucional para sostener el programa en el tiempo, ajustarlo según resultados y vincularlo con una visión de Estado que trascenda los ciclos políticos. Las condiciones están dadas para que esta vez funcione. Lo que se necesita es voluntad para sostenerlo.




La Gran Estrategia de Estados Unidos en 2025: ¿Repliegue o Reinvención del Liderazgo Global?

Gran Estrategia de Estados Unidos

Fuente: Documento de Opinión IEEE N.º 38/2025 – “La Gran Estrategia estadounidense y el realismo en el siglo XXI ¿declive o hegemonía?”

Disponible en: https://www.defensa.gob.es/documents/2073105/2320887/la_gran_estrategia_estadounidense_2025_dieeeo38.pdf

En un escenario internacional caracterizado por la rivalidad entre grandes potencias, la erosión del orden liberal y la aceleración de la transformación digital, Estados Unidos se encuentra ante una encrucijada histórica: redefinir su gran estrategia para mantener su influencia global o aceptar un papel más contenido en un mundo multipolar.

El documento de opinión publicado por el Instituto Español de Estudios Estratégicos (IEEE), titulado “La gran estrategia estadounidense en 2025”, examina este dilema con agudeza, proponiendo tres posibles caminos que la política exterior de Estados Unidos podría tomar en los próximos años.

Tres caminos estratégicos

El análisis parte del concepto de gran estrategia, entendido como la articulación coordinada de todos los recursos del Estado para alcanzar fines nacionales a largo plazo. Bajo este marco, el autor identifica tres modelos estratégicos en disputa:

  1. La estrategia de primacía (hegemonía tradicional): busca conservar el liderazgo global mediante la superioridad militar, tecnológica y diplomática, replicando el patrón establecido tras la Segunda Guerra Mundial.
  2. El repliegue selectivo: propone una retirada parcial de ciertos compromisos internacionales, priorizando regiones clave como el Indo-Pacífico, y limitando intervenciones costosas que no respondan al interés vital de EE. UU.
  3. La estrategia cooperativa o multilateralista: apuesta por revitalizar alianzas tradicionales, fortalecer las instituciones internacionales y ejercer un liderazgo compartido con otras democracias.

Estos modelos no son excluyentes, pero representan distintos grados de ambición y adaptación frente a los cambios del orden global. La clave está en decidir hasta qué punto Estados Unidos puede —o debe— sostener su rol de potencia predominante.

El ascenso de China y el nuevo eje del poder

Un punto central del análisis es el desafío que representa China. Más que una competencia bilateral, se trata de una disputa sistémica: dos modelos políticos, económicos y tecnológicos en tensión. La respuesta estratégica de Washington ha sido reforzar alianzas en el Indo-Pacífico, como el QUAD y el AUKUS, y aumentar la disuasión frente a las ambiciones de Pekín.

Sin embargo, esta competencia no se libra solo en términos militares. El control de las cadenas de suministro tecnológicas, el liderazgo en inteligencia artificial y el dominio de la información son ahora elementos cruciales de la gran estrategia.

¿Hacia una hegemonía renovada o compartida?

El documento también invita a reflexionar sobre el papel de los valores democráticos, el poder blando y la legitimidad del liderazgo estadounidense. En un mundo donde la desinformación, la fragmentación social y la polarización interna también afectan a las democracias consolidadas, Estados Unidos enfrenta el reto de liderar con el ejemplo, no solo con poder duro.

La gran estrategia del futuro no puede limitarse al uso de la fuerza ni al cálculo económico. Requiere una narrativa coherente, alianzas sólidas, inversiones estratégicas en tecnología y, sobre todo, una visión de largo plazo.

Conclusión

En definitiva, “La gran estrategia estadounidense en 2025” plantea un debate vigente y urgente: ¿puede Estados Unidos reinventar su liderazgo en un mundo que ya no acepta hegemonías indiscutibles? ¿O estamos ante el inicio de una era de poder compartido, donde la competencia no es solo geopolítica, sino también ideológica, tecnológica y cultural?

Lo que está en juego no es solo la posición de una superpotencia, sino la arquitectura misma del orden internacional del siglo XXI.




Panamá saldrá de la lista de jurisdicciones de alto riesgo

Comercio Panama

El 10 de junio de 2025, la Comisión Europea emitió un reglamento delegado que actualiza su lista de jurisdicciones de alto riesgo en materia de lucha contra el blanqueo de capitales y la financiación del terrorismo. Esta revisión marca un hito para Panamá, que ha sido oficialmente excluido de dicha lista tras varios años de estar bajo observación internacional. La decisión, que también favorece a territorios como Gibraltar, Emiratos Árabes Unidos, Filipinas, Jamaica, Barbados, Senegal y Uganda, tiene como base una evaluación técnica rigurosa llevada a cabo por la Comisión, con el apoyo de los análisis y el monitoreo del Grupo de Acción Financiera Internacional (GAFI).

La salida de Panamá de esta lista responde a un proceso sostenido de reformas legales e institucionales que comenzaron en 2019 y que permitieron al país salir de la lista gris del GAFI en octubre de 2023. Posteriormente, en marzo de 2024, la Comisión Europea reconoció esos avances al anunciar su intención de retirar a Panamá de su propia lista de alto riesgo, lo cual ahora se ha materializado oficialmente. Este cambio mejora de forma significativa la reputación internacional del país, facilita su acceso a relaciones financieras con entidades europeas y consolida la confianza de inversores que anteriormente enfrentaban restricciones de cumplimiento por la clasificación anterior.

Aunque el Parlamento Europeo se había mostrado reticente en años anteriores a aprobar propuestas similares, especialmente en lo referente a Gibraltar, esta vez no hubo objeciones suficientes que impidieran la entrada en vigor del nuevo reglamento. Cabe recordar que las instituciones financieras de la UE están obligadas a aplicar medidas de diligencia reforzada cuando realizan transacciones con países enlistados, por lo que la exclusión de Panamá reduce la carga operativa y reputacional para sus entidades financieras y comerciales.

En el caso de Gibraltar, la situación fue más compleja. A comienzos de año, la comisaria portuguesa María Luís Alburquerque enfrentó una fuerte oposición parlamentaria a la propuesta de retirar conjuntamente a Gibraltar, Panamá y Emiratos Árabes Unidos de la lista. Sin embargo, tras intensas gestiones técnicas y diplomáticas, la Comisión decidió avanzar finalmente con una nueva propuesta que abordó de forma más segmentada las preocupaciones políticas, permitiendo así la exclusión de estos tres territorios sin que se votaran de forma conjunta, como se había intentado anteriormente sin éxito.

El contexto político también fue determinante. Las tensiones derivadas del Brexit y las negociaciones entre España, Reino Unido y la Comisión Europea sobre el futuro de Gibraltar influyeron en los debates legislativos. No obstante, con el avance de las conversaciones trilaterales y el interés común en cerrar los últimos flecos pendientes del acuerdo, se desbloquearon algunas resistencias políticas clave, lo cual facilitó que la actualización reglamentaria de la lista se adoptara sin bloqueos significativos en el Parlamento.

El retiro de Panamá de esta lista refleja no solo una mejora sustancial en sus mecanismos de supervisión y control del sistema financiero, sino también un cambio de percepción dentro de la comunidad internacional. A pesar de que ciertos grupos parlamentarios todavía cuestionan la efectividad de la implementación de las leyes en algunos territorios, en el caso panameño ha prevalecido el criterio técnico por encima de las consideraciones políticas. La Comisión ha reiterado su compromiso con una supervisión continua y con el mantenimiento de estándares globales alineados con el GAFI. Se espera que el reglamento delegado entre en vigor de forma automática aproximadamente un mes después de su publicación, siempre que no medie objeción formal por parte del Parlamento Europeo o del Consejo. En este nuevo escenario, Panamá se reposiciona como una jurisdicción comprometida con la transparencia financiera, con consecuencias positivas para su economía, sus relaciones internacionales y su integración en el sistema financiero global.