DOS ESTADOS EN 2025: PERSPECTIVAS, TENSIONES Y DESAFÍOS PARA LA SEGURIDAD INTERNACIONAL

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(Artículo original basado en: Ministerio de Defensa de España, “Dos Estados, una misma cultura”)

El año 2025 se desarrolla en un entorno internacional marcado por la incertidumbre, la fragmentación política y la reconfiguración del poder global. El análisis presentado por el Ministerio de Defensa de España bajo el título Dos Estados, una misma cultura ofrece una visión estratégica sobre cómo ciertas dinámicas contemporáneas están produciendo escenarios en los que coexisten estructuras de poder rivales dentro de un mismo territorio. Esta situación, conocida como “dualidad estatal”, surge de tensiones profundas que afectan la gobernabilidad, la legitimidad institucional y la seguridad de las sociedades.

Este artículo desarrolla, de forma clara y accesible, los principales ejes conceptuales del documento, examinando los factores que impulsan estas divisiones, sus efectos en la seguridad internacional y los desafíos que enfrentan los gobiernos para evitar que estas situaciones se conviertan en conflictos prolongados.

La tensión entre el orden estatal y la transformación global

El sistema internacional atraviesa un momento en el que las potencias compiten no solo por recursos y territorios, sino también por influencia tecnológica, narrativa y estratégica. Esta competencia genera presiones adicionales sobre Estados vulnerables o con instituciones debilitadas, que pueden verse superados por este entorno volátil. El estudio resalta que la globalización ha adquirido un carácter más complejo: continúa interconectando a las sociedades, pero lo hace dentro de un marco donde las rivalidades geopolíticas se expresan con mayor intensidad.

En consecuencia, la cohesión interna de los países se vuelve un elemento clave para su supervivencia. Los Estados que no logran responder de manera eficaz a estos desafíos corren el riesgo de fragmentarse o de permitir la aparición de estructuras de poder paralelas que compiten por el control del territorio o de la población.

El fenómeno de los “dos Estados”

El documento examina cómo, bajo determinadas circunstancias, puede surgir un escenario de “dos Estados”: una situación en la que dos autoridades distintas —ya sean gobiernos locales, movimientos armados, facciones políticas o incluso estructuras ideológicas— disputan la legitimidad y el mando dentro de un mismo país.

Estas dualidades no siempre se manifiestan en enfrentamientos bélicos directos. En ocasiones, se expresan a través de disputas administrativas, conflictos institucionales, erosión de la separación de poderes o fragmentación territorial silenciosa. La falta de cohesión social, la desigualdad económica y la desconfianza ciudadana en las instituciones son factores que pueden acelerar estas divisiones.

El fenómeno también puede ser instigado por actores externos que, mediante estrategias híbridas, fomentan la polarización para debilitar a un Estado rival. En este sentido, los escenarios de “dos Estados” no solo representan una amenaza interna, sino también un instrumento geopolítico.

Impacto en la seguridad y estabilidad global

Las consecuencias de la fragmentación estatal son profundas. Cuando dos estructuras de poder compiten, la provisión de servicios públicos se ve afectada, las instituciones pierden funcionalidad y la sociedad experimenta un deterioro de la confianza y la seguridad. El documento enfatiza que estos escenarios pueden desencadenar:

  • crisis humanitarias por desplazamientos internos o externos,
  • debilitamiento del Estado de derecho,
  • proliferación de actores armados,
  • aumento del crimen organizado,
  • interrupción del comercio y la economía local,
  • pérdida de capacidad para actuar en foros internacionales.

A nivel global, estas fracturas generan inestabilidad regional, especialmente en áreas donde existen disputas fronterizas, tensiones ideológicas o intereses estratégicos de grandes potencias. Por ello, el análisis plantea que las instituciones internacionales deben fortalecer sus mecanismos de alerta temprana y diplomacia preventiva.

Desafíos internos: gobernabilidad, identidad y tecnología

El estudio subraya que, en 2025, los Estados enfrentan simultáneamente presiones económicas, tecnológicas, sociales y políticas. La rápida digitalización, la concentración de poder en grandes corporaciones tecnológicas, la difusión de información falsa y la polarización mediática están alterando la manera en que los ciudadanos se relacionan con sus instituciones.

En sociedades donde la desigualdad o la discriminación persisten, estos elementos pueden amplificar el descontento y propiciar que grupos con agendas diferentes reclamen autoridad. Las redes sociales, por ejemplo, permiten que visiones radicales o separatistas se propaguen más rápido, generando un caldo de cultivo para la aparición de liderazgos paralelos que desafían al poder central.

La gobernabilidad, por tanto, se convierte en un aspecto esencial para evitar la fragmentación. Los Estados deben invertir en fortalecer sus instituciones, promover el diálogo social, garantizar la transparencia y desarrollar sistemas de respuesta ante crisis políticas y tecnológicas.

La guerra híbrida: un factor catalizador

Un elemento que el documento considera fundamental es el uso de tácticas de guerra híbrida. Estas incluyen la desinformación, los ciberataques, el financiamiento encubierto de facciones políticas y la interferencia digital en procesos electorales. Cada una de estas herramientas permite debilitar la cohesión social y fomentar tensiones internas que pueden desembocar en escenarios de “dos Estados”.

Los actores que emplean estas estrategias suelen buscar desestabilizar a un país sin recurrir al conflicto abierto, maximizando el impacto político con un costo limitado. Para contrarrestar esta amenaza, los gobiernos deben fortalecer su ciberseguridad, educar a la población en pensamiento crítico digital y desarrollar capacidades de resiliencia institucional.

Cooperación internacional y prevención estratégica

Frente a estas dinámicas, la cooperación internacional emerge como una herramienta indispensable. La seguridad en 2025 requiere una visión integradora, donde los países colaboren en inteligencia, diplomacia, desarrollo sostenible y misiones de estabilización. El documento destaca que ninguna nación puede enfrentar sola los riesgos derivados de los escenarios de doble autoridad estatal.

La participación en organismos multilaterales, el intercambio de información y la implementación de políticas conjuntas son elementos clave para prevenir crisis mayores. Asimismo, es esencial que las potencias regionales promuevan soluciones basadas en el diálogo y en el fortalecimiento de instituciones legítimas que garanticen la estabilidad y la cohesión social.

Finalmente, concluimos en que el análisis del artículo “Dos Estados, una misma cultura” ofrece una reflexión profunda sobre los riesgos que amenazan a los Estados contemporáneos. La existencia de estructuras políticas paralelas, la polarización social, la intervención externa y la guerra híbrida son factores que pueden desestabilizar un país desde dentro. Para hacer frente a estas amenazas, se requiere una combinación de gobernabilidad sólida, cooperación internacional y políticas públicas orientadas a reforzar la unidad nacional.

Comprender estas dinámicas no solo es fundamental para evaluar la seguridad internacional actual, sino también para anticipar los desafíos que marcarán el futuro del orden global.

Fuente consultada:

Ministerio de Defensa de España. “Dos Estados, una misma cultura”.
Si desean ver el documento completo, pueden acceder a la fuente:
Disponible en:
https://www.defensa.gob.es/documents/2073105/2320887/dos_estados_2025_dieeeo87.pdf




La reestructuración de OpenAI eleva la valoración de Microsoft por encima de los 4 billones de dólares

El creador de ChatGPT se fundó como una organización sin fines de lucro, pero ha estado compitiendo para desbloquear nuevas inversiones.

Microsoft, que invirtió 1.000 millones de dólares en OpenAI en 2019, dijo que su participación vale unos 135.000 millones de dólares bajo la nueva estructura © Andrey Rudakov/Bloomberg

OpenAI ha completado una reestructuración largamente esperada, entregando a su mayor accionista, Microsoft, una participación de 135 mil millones de dólares e impulsando al gigante del software a una capitalización de mercado de 4 billones de dólares.

Microsoft adquirirá una participación del 27 por ciento en el creador de ChatGPT, que fue fundado como una organización sin fines de lucro pero que ha estado compitiendo para desbloquear nuevas inversiones al permitir que los accionistas posean acciones tradicionales.

El acuerdo crea una entidad con fines de lucro, llamada OpenAI Group, que la startup de 500 mil millones de dólares sostiene que es esencial para recaudar las enormes sumas necesarias para construir grandes modelos de lenguaje y buscar una eventual cotización pública.

Sam Altman, cofundador y director ejecutivo de OpenAI , dijo el martes que una IPO era «el camino más probable» dados los enormes requisitos de capital del grupo, pero dijo que aún no tenía planes específicos.

El anuncio hizo subir las acciones de Microsoft un 2 por ciento, superando una valoración de 4 billones de dólares , un hito también alcanzado por Nvidia y Apple.

Si bien el acuerdo otorga a Microsoft la participación individual más grande en OpenAI Group, el brazo sin fines de lucro del pionero de la IA pretende conservar el control a través de sus derechos exclusivos para contratar y despedir a los miembros de la junta.

«Esto desbloquea cualquier duda persistente sobre si podemos recaudar dinero y confirma que podemos asociarnos con quien queramos en el lado de la nube», dijo una persona cercana a OpenAI sobre la reestructuración. OpenAI se fundó en 2015 con la misión de garantizar que la inteligencia artificial general [IAG], que superaría la inteligencia humana, beneficiara a la humanidad una vez alcanzada. Microsoft había sido el principal obstáculo para su transición a una estructura con fines de lucro más convencional.

Como parte del acuerdo, OpenAI acordó permitir a Microsoft acceder a su tecnología de IA hasta 2032 y prometió gastar 250 mil millones de dólares con el brazo de nube del gigante tecnológico a lo largo del tiempo.

La participación del 27 por ciento de Microsoft valdrá alrededor de 135.000 millones de dólares, casi 10 veces más que los 13.750 millones de dólares que el gigante tecnológico ha invertido en OpenAI desde 2019.

El acuerdo implica que inversores como SoftBank de Masayoshi Son y las firmas de capital riesgo Thrive Capital, Andreessen Horowitz y Sequoia Capital también podrán participar en el negocio de OpenAI. Anteriormente, solo tenían derecho a una parte de las ganancias. 

Altman no tomaría acciones como parte de la reestructuración y no tenía planes de hacerlo, según la persona cercana a OpenAI. 

Los inversores podrían obtener una ganancia inesperada si OpenAI sale a bolsa. Jensen Huang, director ejecutivo de Nvidia —que tiene un acuerdo para invertir hasta 100 000 millones de dólares en OpenAI en los próximos años—, anunció el martes que una oferta pública inicial podría tener lugar el próximo año.

«Creo que esta será una de las ofertas públicas más exitosas de la historia», dijo.

El grupo dijo el martes que la organización sin fines de lucro, rebautizada como OpenAI Foundation, tendrá el 26 por ciento del capital del nuevo negocio, actualmente valorado en alrededor de 130 mil millones de dólares.

Los empleados y otros inversores tendrán el 47 por ciento restante.

La junta directiva de la organización sin fines de lucro será la única responsable de responsabilizar a la organización con fines de lucro de su misión de garantizar que la IAG beneficie a toda la humanidad. Su principal forma de ejercer este control será mediante la contratación y el despido de los miembros de la junta. Altman permanece en ambas juntas.

OpenAI dijo que la fundación se centraría inicialmente en financiar la investigación sobre atención médica y cura de enfermedades, y soluciones técnicas para la “resiliencia de la IA” para hacer que los modelos de IA sean más robustos.

El acuerdo había sido firmado por los fiscales generales de Delaware, donde está constituida OpenAI, y de California, donde tiene su sede.

La cuestión del control había sido uno de los principales focos de las negociaciones entre OpenAI, que contaba con el asesoramiento de Goldman Sachs y Michael Klein, y Microsoft, que trabajaba con Morgan Stanley.

Las inversiones anteriores de Microsoft le dieron al director ejecutivo Satya Nadella acceso a la tecnología de OpenAI, que su compañía incorporó a su software empresarial y productos de consumo, así como derechos exclusivos como proveedor de computación en la nube del grupo de IA.

Pero la relación entre los dos grupos se deterioró con el tiempo a medida que crecieron las ambiciones de OpenAI y los ejecutivos se enfrentaron por la cantidad de potencia informática asignada a la empresa emergente mientras se apresuraba a construir modelos cada vez más potentes para competir con rivales como Google y Anthropic.

Como parte del acuerdo del martes, Microsoft renunció a sus derechos exclusivos sobre el suministro de nube. También ha renunciado a su derecho a bloquear adquisiciones y la emisión de valores, según una persona con conocimiento del acuerdo. Dichos derechos se volvieron difíciles de manejar a medida que OpenAI aumentaba de tamaño y fueron eliminados como parte de la reestructuración, añadieron.

Pero Microsoft conservará el acceso a los modelos de OpenAI hasta 2032. Anteriormente, esto estaba previsto que se rescindiera una vez que la junta directiva de OpenAI determinara que se había alcanzado la AGI, lo que se convirtió en un importante punto de discordia en las conversaciones.

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 «Hemos negociado un gran acuerdo para nuestros accionistas, con un valor masivo creado en nuestra inversión y garantías clave sobre la asociación en el futuro», dijo una persona familiarizada con la posición de Microsoft.

Ahora también le corresponderá a un panel independiente verificar si se ha alcanzado la AGI, aunque la persona familiarizada con el asunto dijo que aún no se había decidido su tamaño y composición, al igual que la definición exacta de AGI.

Microsoft conservará por separado el acceso a la investigación, como los métodos y técnicas utilizados para desarrollar los modelos de OpenAI, hasta 2030 o hasta que el panel de expertos verifique la IAG, lo que ocurra primero.

Información adicional de Oliver Barnes en Nueva York y Alex Rogers en Washington.

Fuente: https://www.ft.com/content/74d537c6-bd80-4797-9897-3d5455dfc414?accessToken=zwAGQk6CqMHgkc901TfGvYBHl9OYlz1UVd_EFA.MEQCIF-5xtKZU58wFByYHbMhFs8491Jb-tPCQWUERzsic0npAiAFRbow6uiHK7PO6uXGR3FOmSoINSu5BA2gQYc4qzo-jw&sharetype=gift&token=0380ebb9-f532-4960-968b-7680cb43dcb8




El primer ministro japonés, Takaichi, y el presidente estadounidense, Trump, promocionan una «nueva era dorada» para la alianza

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Líderes firman acuerdos sobre implementación comercial y tierras raras en la primera cumbre en Tokio

El presidente de Estados Unidos, Donald Trump, a la izquierda, y el primer ministro japonés, Sanae Takaichi, llegan al Palacio de Akasaka en Tokio el 28 de octubre. APSHOTARO TANI y MITSURU OBE

TOKIO — La primera ministra Sanae Takaichi y el presidente Donald Trump en su primera cumbre se comprometieron a profundizar la cooperación económica y de seguridad, al tiempo que promocionaron una «nueva era dorada» para la alianza Japón-Estados Unidos, mientras que el líder japonés prometió una mayor contribución de Tokio a la seguridad internacional.

Takaichi le dijo a Trump al comienzo de su reunión el martes que la alianza entre los países se ha convertido en «la más grande del mundo» y que Japón, junto con Estados Unidos, «contribuirá a la paz y la prosperidad mundial».

«Restauraré una diplomacia japonesa sólida para proteger nuestros intereses nacionales. También quiero impulsar la cooperación entre Japón y Estados Unidos para el desarrollo de un Indopacífico libre y abierto», declaró Takaichi, enfatizando que desea «crear una nueva era dorada para la alianza entre Japón y Estados Unidos» junto con Trump.

En un discurso pronunciado junto a Trump más tarde ese mismo día en la base naval estadounidense en Yokosuka, Takaichi dijo que Japón estaba dispuesto a asumir un papel más proactivo en el mantenimiento de la estabilidad de la región.

Nos enfrentamos a un entorno de seguridad sin precedentes. La paz no se puede preservar solo con palabras. Solo se puede proteger con determinación y acción inquebrantables —afirmó—. Japón se compromete a reforzar radicalmente sus capacidades de defensa y está dispuesto a contribuir de forma aún más proactiva a la paz y la estabilidad de la región.

Trump afirmó que la relación entre Estados Unidos y Japón «será más sólida que nunca» y que esperaba con interés colaborar con Takaichi. El presidente también reconoció que Japón busca aumentar su gasto militar y que su país ha recibido pedidos de Tokio de una «gran cantidad» de nuevo equipo militar.

Su reunión se produce una semana después de que Takaichi fuera elegida primera ministra por los legisladores, convirtiéndose en la primera mujer del país en asumir ese cargo. Busca estrechar lazos con el presidente estadounidense en un momento en que Japón lidia con los aranceles que este le ha impuesto, así como con la creciente presión de Washington para que tome más medidas en su propia defensa.

altLa primera ministra japonesa, Sanae Takaichi (derecha), habla con el presidente estadounidense, Donald Trump, al comienzo de su cumbre en el Palacio de Akasaka el 28 de octubre en Tokio. © Getty Images

Takaichi, el segundo nuevo líder de Japón en aproximadamente un año, tiene la misión de ganarse la confianza de Trump logrando estabilidad política en el país y cumpliendo los compromisos que el país ha asumido con Trump, incluyendo un fuerte aumento del gasto de defensa e invertir 550 mil millones de dólares (o 84 billones de yenes) en Estados Unidos para enero de 2029.

Tras su reunión, ambos líderes firmaron un acuerdo que exige la implementación de acuerdos comerciales previos, incluida la inversión. El acuerdo resaltó el firme compromiso de los líderes con la implementación y afirmó que este ayudará a ambos países a fortalecer la seguridad económica, promover el crecimiento económico y, por lo tanto, a impulsar la prosperidad global.

Agregó que los dos líderes «instruyeron a los ministros y secretarios relevantes a tomar medidas adicionales para una NUEVA ERA DORADA de la creciente alianza entre Estados Unidos y Japón», siendo las mayúsculas un aparente guiño al uso frecuente de ellas por parte de Trump en sus publicaciones en las redes sociales.

Takaichi y Trump también firmaron un acuerdo que establece un marco para asegurar el suministro de minerales críticos y tierras raras. Ambos países acordaron movilizar el apoyo de los sectores público y privado en sus esfuerzos por acelerar el suministro seguro de minerales críticos y tierras raras.

Según el acuerdo, ambas partes identificarán conjuntamente proyectos de interés para abordar las deficiencias en las cadenas de suministro y, en un plazo de seis meses, adoptarán medidas para brindarles apoyo financiero. También adoptarán medidas para acelerar, agilizar o desregular los plazos y procesos de obtención de permisos, incluidos los de minería de minerales críticos y tierras raras.

En su intento de ganarse la confianza de Trump, Takaichi lo elogió por sus esfuerzos por la paz global.

Takaichi afirmó que Trump «contribuyó a la paz en Asia» al mediar en un acuerdo entre Tailandia y Camboya, que sus primeros ministros firmaron el domingo en Kuala Lumpur en su presencia. También se refirió al alto el fuego entre Israel y Hamás en Oriente Medio, en el que Trump también jugó un papel decisivo, calificándolo de «logro histórico sin precedentes».

Trump había hecho que el mundo «fuera mucho más pacífico en un corto período de tiempo», dijo Takaichi, y agregó que el difunto primer ministro japonés Shinzo Abe -su mentor político- había hablado sobre la «diplomacia dinámica» del presidente estadounidense.

También le dijo a Trump que lo nominaría para el Premio Nobel de la Paz, dijo la Casa Blanca.

Takaichi y Trump son compañeros conservadores, y el presidente en su primer mandato tuvo una estrecha química personal con Abe, quien fue asesinado en julio de 2022. Japón espera que la asociación común de los líderes con Abe consolide las relaciones personales y los ayude a convertirse en socios cercanos.

altEl presidente de Estados Unidos, Donald Trump, a la izquierda, y el primer ministro japonés, Sanae Takaichi, muestran los documentos que firmaron en Tokio el 28 de octubre. © Reuters

El difunto primer ministro «habló muy bien de usted mucho antes de conocernos», dijo Trump. «Por lo que sé de Shinzo y otros, será uno de los grandes primeros ministros», añadió.

A pesar de los desafíos económicos planteados por Trump, Japón sigue dependiendo de Estados Unidos para su seguridad. Tokio, frente a una China cada vez más poderosa y a las amenazas de embargos económicos de Pekín, se esfuerza por reforzar su defensa y sus cadenas de suministro en colaboración con Washington.

Trump se encuentra en Tokio en la segunda etapa de su gira por Asia, cuyo objetivo es fortalecer los lazos con los aliados y socios estadounidenses en la región, mientras Washington se prepara para una prolongada competencia con Pekín. La gira lo llevó a Malasia el domingo para reunirse con países del Sudeste Asiático , y el presidente visitará Corea del Sur el miércoles y el jueves.

La visita a Japón es la primera de Trump en seis años y la primera desde que comenzó su segundo mandato presidencial en enero.

Trump tiene previsto reunirse el martes por la noche con líderes de empresas japonesas, entre ellas Toyota Motor. Se espera que el fabricante de automóviles anuncie un plan para importar a Japón automóviles fabricados en Estados Unidos como forma de reducir el déficit comercial bilateral.

Fuente: https://asia.nikkei.com/politics/international-relations/japan-pm-takaichi-and-us-president-trump-tout-new-golden-age-for-alliance




Panamá y la espera de especialistas médicos: La anestesiología y cardiología, las urgencias más críticas

especialistas médicos

En el hospital Gustavo Nelson Collado, en Chitré, provincia de Herrera, apenas cinco anestesiólogos cubren toda la atención quirúrgica. Todos se acercan a la edad de jubilación. Cada cirugía es un acto de equilibrio entre la vida de los pacientes, la presión del personal limitado y la infraestructura que, por sí sola, no puede garantizar atención.

Paulino Vigil De Gracia, jefe del Departamento Nacional de Docencia e Investigación de la CSS, explica que este escenario no es exclusivo de Chitré. “En áreas apartadas, la carencia de especialistas refleja un problema estructural que también afecta a otras regiones del país”, afirma. La falta de personal no es solo una cifra; es un riesgo directo para los pacientes que esperan atención quirúrgica y especializada.

Para entender la magnitud del déficit, la CSS evalúa varios factores: población, ubicación geográfica, especialistas en servicio, quienes están en formación y los próximos a jubilarse. Esta planificación revela vacíos críticos no solo en zonas apartadas, sino también en provincias centrales y en la ciudad capital, donde la expansión de hospitales ha elevado la demanda de anestesiólogos y cardiólogos.

En 2025, la CSS abrió 187 plazas de especialidades y subespecialidades, un 20% más que en años anteriores, pero solo 137 fueron ocupadas, quedando 50 vacantes. La razón no siempre es la falta de recursos; muchos médicos jóvenes rechazan trasladarse a áreas donde más se les necesita, prefiriendo permanecer en ciudades con mejores condiciones laborales o combinando su salario básico con turnos adicionales.

La anestesiología representa la necesidad más apremiante. Este año, 19 médicos iniciaron su residencia en anestesiología, sumando junto con cohortes anteriores más de 60 especialistas en formación. Sin embargo, quienes ingresaron en 2025 solo estarán disponibles en 2029, tras completar los cuatro años de preparación que exige la especialidad.

En cardiología la situación también es crítica. Durante el primer concurso del año, se ofertaron 3 plazas y ninguna fue ocupada. En la segunda etapa, de agosto a septiembre, se abrieron ocho plazas entre el MINSA y la CSS, pero solo cinco médicos se postularon. Los primeros cardiólogos de esta nueva generación estarán disponibles en octubre de 2028.

Formar un especialista es una inversión de tiempo significativa. Para ser oncólogo, un médico necesita cinco años de cirugía más la especialidad; para cardiología, tres años de medicina interna y tres más de cardiología. Muchos jóvenes médicos consideran que este compromiso de tiempo y esfuerzo representa un obstáculo frente a alternativas más rápidas y económicamente atractivas.

“La formación de especialistas no solo depende de abrir plazas; necesitamos atraer y motivar a los médicos jóvenes”, asegura Vigil De Gracia. Muchos prefieren quedarse como generales, combinando su salario básico con turnos adicionales en lugar de invertir seis o siete años más en especialización.

Para garantizar que los médicos formados con recursos de la CSS trabajen en zonas de difícil acceso, la institución establece contratos que incluyen sanciones económicas que van de $60,000 a $120,000, según la especialidad y los años de formación.

Por ejemplo, un internista que completa tres años de residencia debe trabajar seis años en la región asignada. Un ginecólogo, tras cuatro años de formación, tiene un compromiso de ocho años. Aunque la mayoría continúa trabajando en la institución más allá de este período, ya no existe obligación contractual. El objetivo de estas medidas no es recuperar dinero, sino garantizar que la población tenga acceso a especialistas.

Panamá cuenta con 7,314 médicos, lo que equivale a 1.7 profesionales por cada mil habitantes, ligeramente por encima del estándar recomendado por la OMS (1.6). Sin embargo, esta cifra oculta desigualdad regional: la mayoría de especialistas se concentra en áreas urbanas, dejando zonas apartadas sin la cobertura necesaria.

Además, el envejecimiento del personal agrava el déficit. Si se aplicaran las edades de jubilación, 57 años para mujeres y 62 para hombres, el 60% de los especialistas actuales deberían retirarse, lo que generaría un caos en la atención médica si no se han formado reemplazos a tiempo.

La propuesta de abrir centros de salud y policlínicas 24 horas ha generado debate. Vigil De Gracia advierte: “No es que sea malo; es excelente para la población, pero con la cantidad de médicos disponibles hoy sería crear más deficiencia”.

Actualmente, la atención continua es viable solo en hospitales de tercer y cuarto nivel. Extender este modelo a todos los centros de salud requeriría médicos, enfermeras y técnicos suficientes, un desafío que la CSS encara junto con la necesidad de mantener la calidad de atención.

A pesar de los desafíos, Panamá sigue formando especialistas y subespecialistas, consolidando un proceso que depende de planificación, motivación, distribución territorial e infraestructura. Abrir plazas sin aspirantes no resolverá el déficit; la solución requiere un enfoque integral: motivar a los jóvenes, asegurar su formación y garantizar que trabajen donde más se necesitan.

Cada cirugía realizada, cada paciente atendido es un recordatorio de que detrás de los números hay historias de sacrificio, compromiso y la urgencia de planificar. En un país donde un latido puede depender de la disponibilidad de un cardiólogo o un anestesiólogo, la formación de especialistas no es solo un reto institucional: es un asunto de vida o muerte para miles de panameños.

Fuente: https://www.prensa.com/sociedad/falta-de-medicos-especialistas-cardiologos-y-anestesiologos-los-mas-necesitados/




La batalla silenciosa en los pasillos de la CSS

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En la Caja de Seguro Social se libra una guerra que no aparece en los partes oficiales ni se escucha en los discursos políticos. Es una batalla silenciosa, marcada por la escasez, la desconfianza y la confrontación entre quienes curan y quienes administran.

Todo comenzó con cartas y comunicados que rompieron la rutina hospitalaria. Los neurocirujanos, quince en total, alzaron la voz para denunciar un “embudo” insoportable: camas de cuidados intensivos insuficientes, quirófanos cerrados, escasez de suministros y listas de espera que crecen como un monstruo imposible de detener. En otro frente, los gastroenterólogos hicieron lo propio. Señalaron que médicos generales tomaban decisiones clínicas para las que no tenían competencias, poniendo en riesgo la seguridad de los pacientes. Lo describieron como una extralimitación que vulnera no solo su trabajo, sino también la confianza de quienes llegan en busca de atención.

En medio del ruido de las quejas, apareció la respuesta del director médico, Ricardo Sandoval, con una frase que encendió aún más el debate: “Muchos harán resistencia, otros se irán ante los cambios”. Su declaración no hablaba únicamente de quirófanos ni de horarios, sino de disciplina, productividad y la capacidad de los especialistas de adaptarse a un sistema que intenta reorganizarse a contrarreloj.

Sandoval asegura que no se trata de falta de insumos, sino de compromiso. Que hay quirófanos listos y plazas disponibles, pero que no se aprovechan. Que durante su gestión ha logrado aumentar de ocho a quince las salas operativas y extender los horarios quirúrgicos hasta duplicar la oferta de horas de cirugía. Para él, el problema radica en que algunos médicos no cumplen con los horarios ni con el número de procedimientos establecidos. “Si llevas dos, tres o cuatro años sin trabajar al 100 %, lo que debes hacer es aumentar tu compromiso”, sentenció.

El relato, sin embargo, no es tan simple. Porque tanto los neurocirujanos como los gastroenterólogos ven otra cara de la moneda: la carencia de recursos, las decisiones centralizadas sin consulta técnica, las condiciones laborales hostiles. En su visión, exigir más productividad sin garantizar lo básico es como pedirle a un cirujano que opere sin bisturí.

Los quirófanos se han convertido en el símbolo de esta disputa. En el Complejo Hospitalario Dr. Arnulfo Arias Madrid, apenas ocho de veinte funcionaban. En la imponente Ciudad de la Salud, de veinticinco, solo siete estaban en uso, algunos cerrando incluso antes del mediodía. La administración habla de reorganización, de optimización, de ampliar la capacidad instalada. Los médicos responden que sin equipos, insumos ni personal técnico, la productividad es una ilusión.

El desenlace de esta historia aún está abierto. Lo que sí está claro es que la transición no será fácil. Sandoval lo reconoce: “habrá resistencia, otros se acomodarán y otros se irán”. Sus palabras dibujan un panorama de ruptura, donde el sistema busca depurarse en plena tormenta.

Pero, más allá de los comunicados y los llamados de atención, hay un protagonista silencioso que no puede esperar: el paciente. El asegurado que pasa horas en una sala de urgencias, el que aguarda meses por una cirugía de neurocirugía, el que necesita con urgencia un procedimiento de gastroenterología, el que se aferra a la promesa de un sistema de salud que debería ser su refugio.

La batalla de la CSS no se libra en un solo frente. Es la lucha entre la productividad exigida y las condiciones necesarias para alcanzarla. Entre la disciplina y la precariedad. Entre la administración que reorganiza y los médicos que resisten. Y mientras tanto, la herida más profunda sigue abierta: la de un país donde la salud pública camina siempre en el filo entre la esperanza y la frustración.

Quizás esta crisis nos obliga a mirarnos en un espejo incómodo. Nos revela que detrás de cada disputa gremial, de cada cifra de productividad y de cada quirófano cerrado, hay rostros que esperan. No podemos permitir que el debate se reduzca a quién tiene la razón. La verdadera urgencia está en devolverle la dignidad al acto de atender y al derecho de ser atendido.

La esperanza no está perdida. Si médicos y directivos logran tender puentes, si la disciplina se acompaña de recursos y la exigencia se sostiene en la empatía, la Caja de Seguro Social podría convertirse en la institución que el país merece: una que no se debata entre la resistencia y el abandono, sino que sea capaz de reconciliar productividad con humanidad. Al final, no se trata de quién gana esta batalla, sino de que los pacientes, los que esperan por neurocirugía, por gastroenterología y por tantas otras especialidades, no sigan siendo las víctimas invisibles de un conflicto que, si no se resuelve, amenaza con convertirse en la herida más dolorosa de la Nación.

Fuente: https://www.prensa.com/sociedad/muchos-haran-resistencia-otros-se-iran-ante-los-cambios-director-medico-de-la-css/




El Tribunal Administrativo Tributario refuerza mediante fallo la exigencia de requisitos formales para el reconocimiento fiscal de las Organizaciones Sin Fines de Lucro

Organizaciones Sin Fines de Lucro

En julio de 2025, el Tribunal Administrativo Tributario (TAT) emitió la Resolución de Fondo n.° TAT-RF-039, resolviendo un caso de gran interés para el sector sin fines de lucro y los profesionales en derecho tributario. La controversia giró en torno a la negativa de la Dirección General de Ingresos (DGI) de inscribir a una organización sin fines de lucro (OSFL) en el registro que autoriza a recibir donaciones deducibles del impuesto sobre la renta. Este fallo delimita las competencias entre el Ministerio de Gobierno y la DGI y al mismo tiempo resalta un aspecto esencial para el sector de la exigencia estricta de la certificación sectorial como requisito indispensable para acceder al reconocimiento fiscal y, en consecuencia, al beneficio de las donaciones deducibles.

La organización solicitante, constituida en 2019 y reconocida con personería jurídica mediante Resuelto n.° 47-PJ-47 de 23 de abril de 2021, había impulsado actividades deportivas, culturales y comunitarias, alegando que cumplía con los fines de una entidad de beneficencia. Sin embargo, la DGI, a través de la Resolución n.° 201-7455 de 1 de agosto de 2023, negó la inscripción, argumentando que los estatutos mostraban una estructura más cercana a una asociación de interés público que a una OSFL. Además, observó actividades comerciales, como cobro de tarifas y arrendamiento de locales, que a su juicio desnaturalizaban el carácter no lucrativo. A este razonamiento sumó un elemento crucial: la falta de la certificación emitida por la entidad gubernamental competente (cultural, educativa o de beneficencia) que acreditara la naturaleza de sus actividades, requisito establecido en la Resolución n.° 201-16900 de 2015.

Ante la negativa, la entidad interpuso recurso de reconsideración, rechazado en agosto de 2024, y posteriormente recurso de apelación ante el TAT. Sus abogados sostuvieron que la DGI carecía de competencia para “reclasificar” el tipo de persona jurídica ya reconocida por el Ministerio de Gobierno, insistiendo además en que el hecho de realizar actos de comercio no invalida la condición de OSFL, siempre que no se repartan utilidades entre miembros o directivos. También defendieron que las actividades y espacios de la organización estaban abiertos al público en general y no restringidos exclusivamente a residentes de un proyecto inmobiliario, como insinuaba la autoridad tributaria.

El Tribunal Administrativo Tributario, al analizar los argumentos de ambas partes, optó por centrar su decisión en el aspecto documental. Si bien reconoció las discusiones sobre la naturaleza jurídica y las actividades económicas, concluyó que el elemento determinante era la ausencia de la certificación sectorial. Recordó que la Resolución n.° 201-16900 de 2015 establece que toda OSFL que pretenda ser reconocida como receptora de donaciones deducibles debe presentar una copia autenticada de la resolución o certificación de la entidad gubernamental competente, la cual avale expresamente que su actividad es educativa o de beneficencia del país, sin fines de lucro. En el expediente no constaba tal certificación, a pesar de que la organización había manifestado haber iniciado el trámite ante el Ministerio de Cultura desde 2022. Lo que sí aportó, de manera extemporánea, fue la resolución de personería jurídica emitida por el Ministerio de Gobierno, documento que ya obraba en el expediente y que no sustituía el requisito exigido.

Con base en ello, el Tribunal decidió mantener la negativa de la DGI. No obstante, dejó claro que la resolución no constituye cosa juzgada definitiva, una vez la entidad solicitante obtenga la certificación correspondiente, podrá presentar nuevamente su petición ante la DGI para ser reconocida como receptora de donaciones deducibles.

El fallo aporta varias reflexiones relevantes para el ecosistema de las organizaciones sin fines de lucro, a saber:

Primero, marca con claridad la distinción entre el reconocimiento legal de la personería jurídica y el reconocimiento fiscal para efectos de donaciones deducibles: uno no sustituye al otro.

Segundo, reafirma que las OSFL pueden realizar actos de comercio, pero siempre bajo la condición de que sus excedentes no se distribuyan entre asociados.

Tercero, confirma la tendencia hacia un cumplimiento formal estricto en materia tributaria, la falta de un documento esencial, como la certificación sectorial, basta para desestimar la solicitud, independientemente de los fines declarados o de la trayectoria comunitaria de la entidad.

En conclusión, desde la perspectiva de nuestra Firma, este caso envía un mensaje contundente al sector de las OSFL. La obtención del beneficio tributario de recibir donaciones deducibles no depende únicamente de la voluntad altruista o del reconocimiento de la personería jurídica, el mismo require tambien el cumplimiento riguroso de los requisitos formales previstos en la normativa tributaria. Este precedente pone de relieve que, en materia fiscal, la buena intención y la labor social de una organización deben estar respaldadas por un manejo documental y procedimental impecable.

El aprendizaje es claro para todas las organizaciones sin fines de lucro, antes de solicitar su inscripción ante la Dirección General de Ingresos, deben asegurarse de contar con la certificación sectorial correspondiente, emitida por la entidad gubernamental competente que avale de manera expresa la naturaleza educativa, cultural o de beneficencia de sus actividades. Este requisito, que podría parecer un trámite más, se convierte en el pilar que sostiene la validez de la solicitud.

Desde una visión institucional, consideramos que el fallo no representa un obstáculo insalvable, más bien constituye una oportunidad para que las organizaciones fortalezcan sus procesos internos y eleven sus estándares de cumplimiento. Al mismo tiempo, este fallo resalta la importancia de que el sector comprenda que el reconocimiento fiscal no se limita a habilitar la recepción de donaciones deducibles, ya que también otorga un sello de legitimidad y confianza frente a donantes, autoridades y la sociedad en general.

La posición del Tribunal Administrativo Tributario debe leerse, entonces, como un llamado a la profesionalización del sector sin fines de lucro. El cumplimiento estricto de la normativa tributaria es condición indispensable para acceder a beneficios fiscales que, lejos de ser un privilegio, constituyen una herramienta legítima de sostenibilidad institucional.

En definitiva, el verdadero impacto social requiere tanto del compromiso con la comunidad como del cumplimiento con el marco legal. Solo así las organizaciones estarán en condiciones de proyectar credibilidad, consolidar su financiamiento y cumplir su rol como actores fundamentales en la construcción de un país más equitativo y solidario.




Se endurecen los requisitos para ejercer medicina en Panamá

estudiante medicina

El ajuste al puntaje mínimo de aprobación en el examen de certificación médica no es un hecho aislado. Responde a una tendencia que ha venido desarrollándose por años y que ahora se vuelve imposible de ignorar. Las estadísticas acumuladas entre 2014 y 2024 revelan una realidad profundamente desigual en la preparación de los futuros médicos según su universidad de origen.

Durante ese período, 10,381 aspirantes presentaron el examen de certificación básica en medicina aplicado tres veces al año: en enero, mayo y agosto, pero 4,670 de ellos no lograron aprobar, lo que representa una tasa de reprobación cercana al 45%. Sin embargo, al desglosar los resultados por institución, la diferencia entre universidades públicas y privadas es aún más marcada.

La Facultad de Medicina de la Universidad de Panamá (UP), con un enfoque pedagógico estrictamente presencial, registra apenas un 5% de fracaso: solo 106 de 2,079 graduados no superaron el examen. En la Universidad Autónoma de Chiriquí (UNACHI), el índice de reprobación sube al 29%, con 178 estudiantes reprobados de un total de 615. En cambio, las universidades privadas presentan un panorama crítico, con un alarmante 57% de fracaso: 4,386 de los 7,687 egresados de estas instituciones no alcanzaron el puntaje requerido.

Estos datos confirman Io que distintos gremios de salud y docentes venían advirtiendo: la calidad de la formación médica no es uniforme, y los estudiantes provenientes de universidades con menor carga práctica, uso excesivo de plataformas virtuales o limitada supervisión clínica son los más afectados. El nuevo aumento del puntaje mínimo ahora fijado en 45%, no hará más que acentuar estas diferencias si las universidades no realizan ajustes estructurales inmediatos.

Cabe destacar que este examen de certificación no es un mecanismo informal. Su obligatoriedad está contemplada en la Ley 43 del 21 de julio de 2004, que regula el ejercicio de la medicina en Panamá y establece que ningún profesional puede ejercer sin demostrar las competencias básicas necesarias. La ley no solo establece los criterios, sino que protege al paciente panameño exigiendo mínimos de idoneidad en quienes tendrán a su cargo decisiones médicas vitales.

En este contexto, el país no puede limitarse a subir el puntaje. Es imperativo fortalecer la supervisión de los planes de estudio, aumentar la rigurosidad académica, exigir prácticas clínicas reales y promover un modelo educativo que responda a las necesidades del sistema de salud, no solo al negocio universitario. El futuro de la medicina panameña y la seguridad de miles de pacientes depende de ello.

Finalmente, en nuestra última publicación, del pasado 20 de junio, advertimos con cifras concretas el preocupante índice de reprobación entre los egresados de universidades privadas en el examen de certificación médica y adicionalmente presentamos una propuesta concreta que puede servir como punto de partida para revertir esta tendencia y cerrar la brecha formativa. La clave está en entender que la solución no depende exclusivamente de una universidad o de una política estatal aislada. Se necesita responsabilidad institucional compartida, liderazgo del Estado, apertura del sector privado y voluntad académica real.

Señalamos también que una de las causas principales de este fenómeno es la escasa o en muchos casos inexistente formación clínica práctica durante los primeros años de carrera. A partir de ello, propusimos la necesidad urgente de que las universidades privadas puedan integrarse a un inventario nacional de instalaciones hospitalarias disponibles para prácticas médicas supervisadas, para la reducción de este déficit.

Inventario de oportunidades: instalaciones que pueden hacer la diferencia

En ese sentido, tanto el Ministerio de Salud (MINSA) como la Caja de Seguro Social (CSS) están llamados a desempeñar un papel más activo en la formación médica del país. Estas instituciones deben fortalecer sus alianzas con universidades públicas y privadas y organismos internacionales, promoviendo estándares académicos unificados, facilitando el acceso a rotaciones clínicas y estableciendo convenios sostenibles con hospitales docentes.

Panamá ya cuenta con una red hospitalaria nacional con capacidad de formación clínica, que debe ser formalmente reconocida y puesta al servicio de la educación médica.

En el caso del MINSA, destacan el Hospital Santo Tomás, el Hospital del Niño Dr. José Renán Esquivel, el Hospital Regional Luis “Chicho” Fábrega en Veraguas y el Hospital Materno Infantil José Domingo de Obaldía en Chiriquí. Por parte de la CSS, se suman el Complejo Hospitalario Dr. Arnulfo Arias Madrid, el Hospital de Especialidades Pediátricas, el Hospital Irma De Lourdes Tzanetatos, el Complejo Hospitalario Dr. Manuel Amador Guerrero en Colón, el Hospital Regional Dr. Rafael Estévez en Coclé, el Hospital Regional Dr. Gustavo Nelson Collado en Herrera y el Hospital Regional Dr. Rafael Hernández en Chiriquí.

Estos centros además de atender a miles de panameños cuentan con la infraestructura, el talento humano y la casuística clínica necesarios para convertirse en plataformas activas de formación para estudiantes, internos y residentes, independientemente de su universidad de origen.

A través de estas instituciones, los futuros médicos pueden capacitarse en más de 30 especialidades clínicas y líneas de investigación médica, incluyendo: alergología, inmunología, anestesiología, cardiología (pediátrica y de adultos), cirugía general y especializada (cardiovascular, torácica, vascular periférica), endocrinología, gastroenterología, ginecología y obstetricia, medicina familiar, medicina del trabajo, nefrología, neumología, neurología, neonatología, oftalmología, oncología, ortopedia, otorrinolaringología, psiquiatría, radiología, salud pública, terapia física y urología, entre otras.

Esta diversidad de especialidades permite que el aprendizaje clínico sea integral, contextualizado y acorde con las realidades epidemiológicas y sociales del país. Si se logran establecer convenios equitativos y bien estructurados, estas instituciones podrían ofrecer las condiciones necesarias para que miles de estudiantes de medicina especialmente de universidades privadas completen su formación de manera ética, técnica y profesionalmente competente.

Fuente: La Prensa. «Aumenta el puntaje mínimo en el examen de certificación médica: Ahora es del 45%»




Crisis en la formación médica: Los exámenes revelan una realidad incómoda, pero hay oportunidad de mejora sustancial

estudiantes medicina

Luego de nuestro último análisis referente a la medicina en nuestro país, donde abordamos las profundas diferencias entre la educación médica virtual impulsada por universidades privadas y el modelo presencial de la Universidad de Panamá, los recientes resultados del examen nacional de certificación médica han revelado una verdad ineludible que confirma muchas de las preocupaciones planteadas. Más de la mitad de los aspirantes a ejercer medicina en el país no aprobaron la prueba, dejando al descubierto serias deficiencias en la calidad de la formación que están recibiendo muchos de nuestros futuros médicos. Según datos oficiales, de los 1,380 egresados que se presentaron al examen en 2023, solo 661 lograron aprobarlo, lo que equivale a un 48% de éxito, mientras que el 52% restante no cumplió con los estándares mínimos para ser acreditado como médico certificado.

Pero lo más alarmante no es solo la cifra, sino su distribución. La mayoría de los reprobados proviene de universidades privadas, mientras que la Universidad de Panamá, con su formación basada en la práctica hospitalaria y el contacto directo con pacientes, fue la institución con el mayor número de aprobados. Esto refuerza la idea de que el enfoque presencial, aunque tradicional, sigue siendo más efectivo a la hora de preparar profesionales capaces de asumir los retos reales de la medicina. En contraste, lo que ocurre en muchas universidades privadas, especialmente aquellas con programas virtuales o semipresenciales, es que los estudiantes avanzan sin haber adquirido los conocimientos o habilidades clínicas suficientes.

Esto se debe en parte al exceso de teoría impartida en línea y, en parte, a la escasa o nula experiencia práctica durante los primeros años de carrera. Se traduce en profesionales que egresan con un diploma, pero que enfrentan enormes dificultades al momento de tratar con pacientes reales. No saben cómo interpretar signos clínicos complejos, no dominan procedimientos básicos y no están preparados para la toma de decisiones en entornos de alta presión. Esa distancia entre la teoría y la práctica genera médicos con vacíos graves en competencias esenciales para la atención segura y eficaz.

Lo más preocupante es que este problema no es nuevo. Desde hace años, gremios médicos como la Comisión Médica Negociadora Nacional y el Consejo Médico han advertido sobre la proliferación de facultades de medicina privadas que priorizan la cantidad de estudiantes sobre la calidad educativa. Muchas veces operan sin cumplir con los estándares mínimos que exige una carrera tan delicada como esta. El examen de certificación, lejos de ser un simple requisito, se ha convertido en el espejo que refleja las carencias de un sistema educativo médico que necesita reformas urgentes.

Por esta razón, las autoridades de salud han planteado una serie de medidas, como la revisión inmediata de los planes de estudio en las universidades con alto índice de reprobación, una mayor supervisión estatal sobre las carreras de medicina y la obligatoriedad del examen de certificación para ejercer, sin excepciones. El problema no es solo académico, sino también una cuestión de salud pública. Detrás de cada médico mal formado hay una vida en riesgo, una atención mal dada, una oportunidad perdida de salvar a alguien. En ese sentido, el contraste entre la Universidad de Panamá y muchas universidades privadas es revelador. Mientras en la UP los estudiantes están desde temprano en hospitales públicos como el Santo Tomás y el del Niño, enfrentando casos reales bajo supervisión profesional, en muchas privadas la formación sigue siendo distante, impersonal y, en ocasiones, deficiente, sin una política clara que garantice prácticas clínicas obligatorias y estructuradas.

El debate ya no es solo entre educación virtual o presencial, sino entre una formación con ética y responsabilidad y otra que responde a lógicas comerciales antes que académicas. Por eso, la recomendación más coherente sería avanzar hacia un modelo híbrido real, donde la tecnología complemente, pero no sustituya la experiencia médica, en el que los estudiantes aprendan con simuladores y plataformas digitales en los primeros años, pero también pasen por rotaciones clínicas supervisadas en hospitales. Sin esta combinación, seguiremos viendo generaciones de médicos que llegan al campo de batalla sin haber entrenado realmente. El examen de certificación ha servido, en este contexto, no solo como un filtro, sino como una radiografía del sistema. Lo que está en juego no es solo la reputación de las universidades, sino la vida de los pacientes y la confianza en el sistema de salud panameño. La solución debe ser clara, firme y urgente: exigir calidad, garantizar supervisión y establecer estándares nacionales obligatorios para todos los programas de medicina, sin excepciones. Hoy más que nunca entendemos que titular no es igual a preparar, que el conocimiento debe ir acompañado de la práctica, que la ética debe pesar más que la matrícula y que la medicina es, ante todo, una responsabilidad con la vida. Con este panorama, queda claro que la discusión no termina aquí y que el verdadero cambio en la educación médica panameña apenas comienza.

Responsabilidad institucional: el rol del MINSA y la CSS

Sin embargo, no todo el panorama es negativo. Tanto el Ministerio de Salud (MINSA) como la Caja de Seguro Social (CSS) deberían intensificar y consolidar acciones concretas para apoyar y fortalecer la formación y el ejercicio profesional de los médicos panameños, especialmente en un contexto donde las demandas del sistema de salud son cada vez mayores. Estas instituciones tienen la responsabilidad de liderar estrategias que garanticen una educación médica de calidad, en alianza con universidades y organismos internacionales, facilitando el acceso a rotaciones clínicas, promoviendo estándares académicos unificados y estableciendo convenios sostenibles con hospitales docentes.

En ese sentido, Panamá ya cuenta con el Centro de Investigaciones Clínicas en la Facultad de Medicina de la Universidad de Panamá el cual es una red nacional de hospitales formadores que puede y debe potenciarse. En el caso del MINSA, destacan el Hospital Santo Tomás, el Hospital del Niño Dr. José Renán Esquivel, el Hospital Regional Luis “Chicho” Fábrega en Veraguas y el Hospital Materno Infantil José Domingo de Obaldía en Chiriquí. Por parte de la CSS, se suman el Complejo Hospitalario Dr. Arnulfo Arias Madrid, el Hospital de Especialidades Pediátricas, el Hospital Irma De Lourdes Tzanetatos, el Complejo Hospitalario Dr. Manuel Amador Guerrero en Colón, el Hospital Regional Dr. Rafael Estévez en Coclé, el Hospital Regional Dr. Gustavo Nelson Collado en Herrera y el Hospital Regional Dr. Rafael Hernández en Chiriquí. Estos centros, distribuidos estratégicamente a lo largo del país, no solo brindan atención a miles de pacientes, sino que también funcionan como plataformas activas de formación clínica para estudiantes, internos y residentes.

A través de estos hospitales, los futuros médicos pueden capacitarse en una amplia gama de especialidades y líneas de investigación clínica, incluyendo alergología, inmunología, anestesia, cardiología (pediátrica y de adultos), cirugía general y especializada (cardiovascular, torácica, vascular periférica), endocrinología, ginecología, medicina interna, medicina familiar, medicina preventiva, nefrología, neumología, neurología, neonatología, oftalmología, oncología, ortopedia, otorrinolaringología, psiquiatría, radiología, salud pública, terapia física, urología y urgencias médico-quirúrgicas, entre muchas otras. Esta diversidad de áreas permite que el aprendizaje clínico sea integral, especializado y adaptado a las realidades del país.

En algunos de estos hospitales ya existen iniciativas valiosas, como espacios de entrenamiento clínico supervisado y programas de actualización médica continua, particularmente en zonas con alta demanda y limitada cobertura. A esto se suma la reactivación de alianzas con facultades de medicina para reforzar la presencia docente en áreas rurales y comarcales, lo que representa un paso clave para mejorar la equidad, fortalecer la experiencia práctica y ampliar la cobertura de los servicios de salud a nivel nacional.

El sector privado también debe asumir su rol

No obstante, es importante reconocer que el entrenamiento médico de calidad tiene un alto costo operativo, el cual, históricamente, ha sido absorbido casi exclusivamente por el sistema público. Esta realidad plantea una necesidad urgente de corresponsabilidad por parte del sector privado. Los hospitales privados en Panamá, muchos de ellos con instalaciones modernas y talento humano altamente calificado, también deberían sumarse activamente a los procesos de formación médica, ofreciendo espacios clínicos para prácticas supervisadas y rotaciones especializadas. Esta colaboración sería clave no solo para aliviar la carga que hoy asume el Estado, sino también para asegurar que los futuros médicos del país puedan recibir una educación más integral, diversificada y conectada con las realidades del sistema mixto de salud.

Infraestructura de clase mundial: una ventaja por aprovechar

Lo anterior cobra aún más relevancia si consideramos que Panamá cuenta con grandes megaobras sanitarias como la Ciudad de la Salud, ubicada en la vía Centenario, que está destinada a convertirse en un complejo médico de referencia regional. Este proyecto concentra especialidades de alta complejidad y atención multidisciplinaria, abarcando áreas como oncología, neurología, cardiología, nefrología, pediatría especializada y más, lo que representa una oportunidad única para el entrenamiento avanzado de médicos en formación. Asimismo, destaca el nuevo Hospital Dr. Manuel Amador Guerrero, en la provincia de Colón, una obra moderna que ya alcanza un 90% de avance y cuya entrega final se proyecta para abril de 2025. Con una inversión de 270 millones de dólares, este hospital ubicado en Coco Solo contará con nueve quirófanos, cuatro salas de expulsión, 474 camas, 492 estacionamientos y equipos médicos de alta tecnología, lo que beneficiará a miles de ciudadanos y ampliará significativamente la capacidad del sistema público de salud. Además de su impacto asistencial, este hospital debería convertirse también en un centro de formación clínica para estudiantes y residentes de medicina, aprovechando su infraestructura de primer nivel y su ubicación estratégica en la región atlántica.

Panamá como hub de formación médica regional

Integrar a los hospitales privados al proceso formativo no es una concesión, sino una inversión en el capital humano que sostendrá la medicina del mañana. De igual manera, permitir que estudiantes y residentes participen en estos espacios les permite conocer diferentes modelos de atención, comprender la gestión hospitalaria desde diversas perspectivas y ampliar su experiencia profesional en beneficio directo de la calidad del sistema de salud en su conjunto. En momentos donde la formación médica está siendo cuestionada, el fortalecimiento de alianzas público-privadas representa no solo una oportunidad, sino una responsabilidad compartida.

Oportunidades académicas: becas y apoyo institucional

Finalmente, sumamos el hecho de que Panamá posee condiciones geográficas, logísticas y de conectividad ideales para posicionarse como un centro interinstitucional de especialidades médicas en la región. La ciudad capital cuenta con una infraestructura aeroportuaria de primer nivel, hoteles, residencias estudiantiles y apartamentos de corta estadía que permiten converger a estudiantes y médicos de distintos países en un entorno seguro y bien comunicado. Esta ventaja, sumada a la presencia de hospitales públicos de alta complejidad y clínicas privadas de alto nivel, abre la posibilidad real de que el país se convierta en una plataforma de formación médica internacional, promoviendo intercambios, pasantías y programas de especialización en alianza con universidades extranjeras. Si se articula correctamente una política de formación médica regional con visión estratégica, Panamá no solo podrá formar a sus propios profesionales con excelencia, sino también consolidarse como un referente académico en salud para América Latina y el Caribe.

En apoyo a este enfoque, Panamá también cuenta con mecanismos institucionales para fomentar el acceso a oportunidades académicas de alto nivel. La Secretaría Nacional de Ciencia, Tecnología e Innovación (SENACYT) ofrece becas internacionales para maestrías, subespecialidades y programas de investigación en áreas prioritarias de la salud, dirigidas a profesionales comprometidos con el desarrollo científico y sanitario del país. De igual forma, el IFARHU, en coordinación con el MINSA y el Colegio Médico de Panamá, promueve becas y apoyos económicos para médicos que ejercen en zonas de difícil acceso o en condiciones de vulnerabilidad. Además, existen programas de becas de grado para estudios en universidades oficiales del país, así como asistencia económica para estudiantes con recursos limitados, lo que garantiza que el talento y la vocación no se vean truncados por barreras financieras. Estas iniciativas, si bien aún pueden fortalecerse, representan un paso sólido hacia una formación médica inclusiva, competitiva y con proyección internacional.

La Ciudad del Saber: un ecosistema de innovación científica con ventajas estratégicas para la inversión en salud

Otro pilar clave en la consolidación de Panamá como centro regional de formación médica e investigación es la Ciudad del Saber, ubicada estratégicamente frente al Canal de Panamá. Este complejo urbano, científico y académico alberga una comunidad diversa de universidades, centros de investigación, ONGs, organismos internacionales y empresas del conocimiento, funcionando como un entorno interdisciplinario donde confluyen ciencia, educación e innovación.

Además de su perfil académico y científico, la Ciudad del Saber ofrece un régimen fiscal especial con incentivos tributarios, lo que la convierte en un punto estratégico para que tanto el sector médico nacional como internacional invierta en el desarrollo de programas de enseñanza, investigación aplicada y prácticas clínicas innovadoras. Este marco de beneficios fiscales ha incentivado la instalación de instituciones educativas, laboratorios, startups médicas y centros de formación continua que buscan operar en un entorno competitivo y con impacto regional.

En ese sentido, la Ciudad del Saber representa una plataforma excepcional para promover residencias médicas, simposios internacionales, pasantías, estancias clínicas, programas de telemedicina y desarrollo de tecnología sanitaria, atrayendo alianzas con hospitales, universidades y organizaciones de salud pública. La posibilidad de articular esfuerzos entre el sector privado, el Estado, y la comunidad internacional, en un espacio con respaldo jurídico e infraestructura moderna, hace de este lugar una pieza clave para proyectar a Panamá como hub de formación médica, investigación clínica y cooperación en salud para América Latina y el Caribe.

Referencias: https://www.prensa.com/sociedad/examen-de-certificacion-medica-bajo-la-lupa-universidades-en-la-mira-por-baja-calidad/




¿Estamos ante un punto de inflexión en la guerra de Ucrania? Un análisis personal a partir del informe del IEEE

Guerra Ucrania

He tenido la oportunidad de leer detenidamente el informe titulado “Las negociaciones ruso-estadounidenses en la guerra en Ucrania: ¿punto de inflexión en 2025?”, elaborado por el Instituto Español de Estudios Estratégicos (IEEE), y publicado por el Ministerio de Defensa de España. El documento, de 20 páginas, me pareció no solo riguroso, sino especialmente oportuno para entender en qué momento se encuentra uno de los conflictos más importantes del siglo XXI.

El texto parte de una idea clave: el conflicto entre Rusia y Ucrania ha entrado en una fase de desgaste, donde la posibilidad de una victoria clara por parte de alguno de los bandos es cada vez más remota. La guerra, iniciada en febrero de 2022 con la invasión rusa, se ha prolongado por más de dos años, dejando a su paso una devastación humanitaria, un colapso diplomático y un reordenamiento geopolítico que aún está en curso.

Lo que más me llamó la atención del análisis es que se enfoca en una posible negociación indirecta entre Estados Unidos y Rusia, como vía para reactivar el diálogo. Y es que, aunque Ucrania y Rusia son los actores directos, la solución real al conflicto podría depender más de lo que decidan Moscú y Washington entre bastidores, que de lo que se logre en el frente de batalla.

¿Por qué 2025 puede ser clave?

Según el IEEE, el año 2025 podría marcar un punto de inflexión por varios motivos: el desgaste militar evidente, el cansancio político en las capitales implicadas, la presión de países no alineados que piden una solución negociada, y sobre todo, los posibles cambios estratégicos tras las elecciones presidenciales en Estados Unidos.

En este contexto, se abren tres posibles escenarios:

  1. Una negociación realista entre grandes potencias, con acuerdos parciales que sirvan de base para reducir tensiones.
  2. La congelación del conflicto, con líneas estables pero sin resolución política.
  3. Una escalada peligrosa, si alguno de los actores decide romper el equilibrio con medidas drásticas.

Lo interesante es que el informe no cae en el optimismo ingenuo. Reconoce que ninguna de las partes parece dispuesta, hoy por hoy, a ceder en sus líneas rojas: Ucrania exige la retirada total de las tropas rusas y la recuperación de sus territorios, mientras que Rusia insiste en el reconocimiento de sus anexiones y en garantías de seguridad frente a la OTAN.

¿Hay espacio para el diálogo?

A pesar de este panorama rígido, el informe sugiere que una negociación parcial, pragmática, entre potencias, podría al menos reducir el riesgo de una escalada mayor y abrir el camino hacia una paz más estructural. No se trataría de un acuerdo de paz definitivo, sino de una fórmula que reduzca los costes humanos y estratégicos del conflicto.

En lo personal, coincido con la visión del IEEE: estamos probablemente ante un momento en el que no se puede ganar militarmente, pero sí se puede perder mucho si no se actúa con inteligencia diplomática. La comunidad internacional debe entender que a veces, evitar una guerra más grande es ya una forma de victoria.

Fuente: https://www.defensa.gob.es/documents/2073105/2564257/negociaciones_ruso-estadounidenses_en_la_guerra_en_ucrania_2025_dieeea35.pdf




El futuro de la educación médica en panamá: ¿pantallas o pacientes?

educación médica

La medicina ha sido, desde sus orígenes, una profesión basada en la práctica y el contacto humano. La formación de un médico no solo requiere adquirir conocimientos teóricos, sino también desarrollar habilidades clínicas a través de la experiencia con pacientes reales. Sin embargo, en los últimos años, la educación médica en Panamá ha experimentado una transformación radical.

Mientras que la Universidad de Panamá (UP), la principal institución pública del país, se mantiene fiel al modelo presencial, las universidades privadas han apostado por la virtualidad como una alternativa innovadora para la enseñanza. Esta diferencia ha generado un intenso debate: ¿puede un estudiante de medicina formarse adecuadamente sin tocar a un paciente durante sus primeros años? ¿Está la educación médica perdiendo su esencia con el uso de la tecnología?

Es importante destacar que el auge de la educación virtual en las universidades privadas ha encontrado en la educación digital una solución moderna para la formación médica. Con el uso de simuladores 3D, plataformas interactivas y clases en línea con profesores internacionales, los estudiantes pueden adquirir conocimientos de anatomía, realizar diagnósticos y practicar procedimientos médicos sin estar básicamente en un hospital.

Este modelo ha traído beneficios significativos. Los alumnos pueden acceder a clases sin importar su ubicación, lo que les permite conectarse con expertos de todo el mundo. Además, la tecnología ofrece herramientas avanzadas que facilitan la comprensión de estructuras anatómicas y el entrenamiento en habilidades técnicas sin poner en riesgo a un paciente real.

No obstante, esta modalidad también ha despertado preocupaciones. La medicina no es solo teoría; la capacidad de evaluar un paciente, interpretar síntomas y tomar decisiones rápidas en un ambiente hospitalario no se puede aprender completamente en un entorno digital. La falta de contacto con pacientes en los primeros años podría traducirse en una deficiencia en habilidades clínicas fundamentales cuando estos estudiantes finalmente ingresen a la práctica hospitalaria.

A diferencia de las universidades privadas, la Universidad de Panamá ha mantenido su enseñanza basada en la práctica presencial. Desde los primeros años de la carrera, los estudiantes tienen la oportunidad de asistir a hospitales como el Hospital Santo Tomás y el Hospital del Niño, donde aprenderán directamente de médicos experimentados y se enfrentarán a casos reales.

Este modelo tiene la ventaja de preparar a los estudiantes para el mundo real desde el inicio de su formación. La interacción con pacientes permite desarrollar habilidades como la empatía, la observación clínica y la toma de decisiones bajo presión, elementos esenciales en la profesión médica. Sin embargo, la UP también enfrenta desafíos. La alta demanda de estudiantes y la falta de acceso a tecnologías avanzadas pueden limitar su capacidad para integrar herramientas digitales en el aprendizaje.

En un mundo donde la telemedicina y la inteligencia artificial están revolucionando la práctica médica, los estudiantes de la UP podrían necesitar más exposición a estos avances tecnológicos para mantenerse competitivo en el futuro.

Privadas vs. Universidad de Panamá: ¿Quién se está preparando mejor?

Ambos modelos educativos tienen sus fortalezas y debilidades. Mientras que las universidades privadas destacan en innovación tecnológica y accesibilidad, la Universidad de Panamá sobresale en experiencia práctica y contacto humano.

Las universidades privadas ofrecen un enfoque moderno con herramientas digitales avanzadas, pero su modelo carece de la práctica hospitalaria temprana. Por otro lado, la UP forma médicos con sólidas habilidades clínicas, aunque su acceso a simulaciones y plataformas tecnológicas sigue siendo limitado.

Aspecto Universidades Privadas (Virtual) Universidad de Panamá (Presencial)
Acceso a tecnología avanzada  Sí (simulaciones, realidad Limitado
Flexibilidad y acceso a profesores internacionales.  Sí No
Contacto con pacientes reales No en los primeros años Sí desde el principio
Habilidades clínicas prácticas Límite Altas desde temprano
Desarrollo en diagnóstico digital y telemedicina. Alto Bajo
Costo de la educación Costosos Más accesible

La pregunta clave es: ¿Qué tipo de médicos formará cada sistema?

Los estudiantes de universidades privadas pueden desarrollar una mayor capacidad en el uso de tecnología aplicada a la medicina, como la inteligencia artificial y la telemedicina. Sin embargo, podrían tener menos experiencia en el trato con pacientes cuando lleguen a los hospitales. Por otro lado, los estudiantes de la Universidad de Panamá tienen una formación clínica sólida desde el inicio, pero podrían estar en desventaja en el manejo de herramientas digitales.

¿Cómo garantizar una mejor educación médica?

En lugar de ver la educación virtual y la presencial como sistemas opuestos, lo ideal sería integrar ambos en un modelo híbrido que combine lo mejor de cada uno.

Un enfoque mixto podría estructurarse de la siguiente manera:

  • Primeros años con herramientas digitales avanzadas para reforzar la teoría y mejorar el aprendizaje anatómico.
  • Últimos años con prácticas clínicas en hospitales para desarrollar habilidades en la atención real de pacientes.

Este modelo permitiría que los futuros médicos se beneficien de la tecnología sin sacrificar la experiencia clínica, asegurando que estén preparados tanto para el mundo digital como para el entorno hospitalario.

¿Pantallas o pacientes?

El futuro de la educación médica en Panamá no debería depender de elegir entre virtualidad o presencialidad, sino en encontrar el equilibrio entre ambas.

  • Las universidades privadas están innovando con tecnología, pero deben garantizar más contacto clínico temprano.
  • La Universidad de Panamá forma médicos con experiencia real, pero necesita incorporar más herramientas digitales.
  • El mejor médico del futuro será aquel que logre combinar el uso de tecnología con la práctica y el trato humano.

La medicina siempre ha sido una profesión de ciencia y humanidad. La clave está en asegurarse de que la educación médica en Panamá siga evolucionando sin perder su esencia.

El impacto de la modalidad educativa en los resultados de la certificación médica

Uno de los indicadores más objetivos sobre la calidad de la formación en medicina es el desempeño de los egresados en la Prueba de Certificación Básica en Medicina, un examen obligatorio que mide las competencias esenciales de los futuros médicos en Panamá. Los resultados recientes han generado un intenso debate sobre la efectividad de los distintos modelos educativos adoptados por las universidades públicas y privadas.

Resultados preocupantes en universidades privadas

Datos presentados recientemente al Ministerio de Salud (Minsa) revelan que, en la última década, universidades privadas como la Universidad Latina, la Universidad Americana y la Universidad Columbus han mostrado un alto índice de reprobación en este examen. Este patrón sugiere deficiencias en la formación que reciben los estudiantes, lo que podría estar relacionado con la creciente virtualización de la educación médica en estas instituciones.

Entre los hallazgos más alarmantes se encuentra que más del 57% de los egresados de universidades privadas no logran aprobar la certificación, lo que plantea preguntas sobre la suficiencia de los métodos de enseñanza empleados, especialmente en aquellas universidades donde los primeros años de formación son predominantemente virtuales.

Este resultado es preocupante si se considera que un médico en formación debe no solo adquirir conocimientos teóricos, sino también desarrollar habilidades clínicas y capacidades de diagnóstico que difícilmente pueden cultivarse sin contacto directo con pacientes. La falta de interacción temprana con pacientes reales y la dependencia excesiva de herramientas digitales podrían estar afectando negativamente la preparación de los estudiantes de estas instituciones.

La Universidad de Panamá y su desempeño destacado

En contraste, los egresados de la Universidad de Panamá (UP) han mostrado un rendimiento notablemente superior en la prueba de certificación. En destacadas promociones, un total de 134 médicos recién graduados aprobaron el examen de certificación internacional, con 43 de ellos obteniendo calificaciones superiores al puntaje de referencia internacional de 73.

Estos resultados reflejan que la formación basada en la práctica clínica desde los primeros años de carrera puede proporcionar a los estudiantes una preparación más sólida y alineada con las exigencias del ejercicio profesional. La UP, al priorizar la educación presencial y el contacto temprano con pacientes en hospitales como el Santo Tomás y el Hospital del Niño, permite que los futuros médicos desarrollen habilidades clínicas fundamentales que resultan cruciales en su evaluación posterior.

Sin embargo, aunque la educación en la Universidad de Panamá ha demostrado ser efectiva en términos de certificación, también enfrenta desafíos, como la falta de acceso a tecnología avanzada y metodologías innovadoras que podrían complementar la formación tradicional.

El desafío de equilibrar tecnología y práctica clínica

Los resultados de la certificación evidencian la necesidad de una revisión profunda de los modelos educativos en medicina. No se trata solo de elegir entre educación virtual o presencial, sino de encontrar un equilibrio que garantice una formación integral.

Para mejorar los resultados y asegurar que los futuros médicos estén mejor preparados, las universidades privadas deben considerar fortalecer su enseñanza práctica y garantizar que sus estudiantes tengan experiencias hospitalarias más tempranas. Por otro lado, la Universidad de Panamá podría beneficiarse de incorporar más herramientas digitales, simulaciones y modelos de telemedicina en su currículo, para que sus egresados no solo sean fuertes en habilidades clínicas, sino también en el manejo de nuevas tecnologías aplicadas a la salud.

En última instancia, el reto de la educación médica en Panamá no está en decidir entre pantallas o pacientes, sino en diseñar un modelo educativo que incorpore lo mejor de ambos mundos: tecnología avanzada para reforzar el aprendizaje y práctica clínica real para consolidar el conocimiento.

El futuro de la educación médica dependerá de qué tan bien las universidades logren integrar estas herramientas sin comprometer la calidad y el rigor de la formación profesional.

Estas reflexiones nos llevan a plantearnos interrogantes clave para el futuro de la formación médica en Panamá:

¿Son los pacientes capaces de percibir diferencias en la atención brindada por médicos formados en modelos presenciales frente a aquellos formados mayoritariamente en entornos virtuales?

Y más allá, ¿podría la Caja de Seguro Social (CSS) asumir un rol más activo como aliado estratégico de las universidades —tanto públicas como privadas— en la formación clínica de los estudiantes, abriendo espacios para prácticas hospitalarias que garanticen una experiencia integral y equitativa?

Fuentes:

https://www.prensa.com/sociedad/el-toque-virtual-en-la-educacion-medica-clases-y-profesores-a-distancia-en-universidad-particular

https://www.midiario.com/nacionales/el-57-de-egresados-de-universidades-privadas-reprueba-examen-obligatorio/?utm_source=chatgpt.com

https://www.prensa.com/sociedad/estos-son-los-resultados-de-la-prueba-de-certificacion-en-medicina-informe-completo-presentado-al-minsa/?utm_source=prensacom&utm_medium=Articulo&utm_campaign=%2B+Info