Autonomía estratégica o dependencia aliada. El debate que Europa no puede aplazar

Autores: Manuel de la Cámara y Fernando del Pozo
Documento de Opinión IEEE 81/2026 – 13 de julio de 2026
El artículo analiza los cambios políticos y militares que han transformado el entorno de seguridad euroatlántico y plantea la necesidad de que Europa avance hacia una mayor autonomía estratégica. Examina la defensa europea, la Política Común de Seguridad y Defensa de la Unión Europea, su relación con la OTAN, las estructuras de mando, la dimensión nuclear y las alternativas institucionales disponibles para fortalecer la capacidad europea de defensa.
La defensa de Europa
Durante más de 75 años, la OTAN ha constituido la piedra angular de la defensa colectiva de Europa. Su fundamento se encuentra en el artículo 5 del Tratado del Atlántico Norte, según el cual un ataque armado contra un aliado se considera un ataque contra todos. La Alianza dispone de estructuras permanentes de mando, planificación militar integrada, fuerzas nacionales y multinacionales y del respaldo de la disuasión nuclear estadounidense.
Sin embargo, los autores consideran que el entorno de seguridad euroatlántico ha cambiado profundamente. Identifican como factores principales la amenaza de Rusia, reflejada en la guerra contra Ucrania, los ataques híbridos, la guerra cibernética, el sabotaje de infraestructuras y las amenazas nucleares; la pérdida de fiabilidad de Estados Unidos como principal aliado europeo, especialmente a raíz de las políticas de la Administración Trump; y la creciente inestabilidad en el sur, derivada de los conflictos en Oriente Medio, Irán, el Golfo Pérsico y el Sahel, que pueden afectar a Europa mediante nuevas presiones migratorias y problemas en el suministro energético, incluido el eventual cierre del estrecho de Ormuz.
Este escenario coloca en primer plano una pregunta fundamental: qué papel debe desempeñar la Unión Europea en su propia defensa y cómo debe relacionarse con la OTAN.
La Política Común de Seguridad y Defensa (PCSD)
El Tratado de la Unión Europea creó la Política Común de Seguridad y Defensa para proporcionar a la UE capacidad operativa mediante los recursos civiles y militares aportados por sus Estados miembros.
A diferencia de la OTAN, la PCSD se ha orientado principalmente hacia operaciones de gestión de crisis fuera del territorio de la Unión, como misiones de mantenimiento de la paz, asistencia humanitaria, prevención de conflictos y estabilización.
El principal límite es que la seguridad nacional continúa siendo responsabilidad exclusiva de cada Estado miembro. La defensa territorial corresponde fundamentalmente a los Estados y, para 23 de los 27 miembros de la Unión Europea, también a la OTAN.
La cláusula de asistencia mutua
El artículo 42.7 del Tratado de la Unión Europea establece que, cuando un Estado miembro sea víctima de una agresión armada en su territorio, los demás tienen la obligación de prestarle ayuda y asistencia por todos los medios a su alcance.
Los autores destacan que algunos especialistas consideran esta obligación jurídicamente más fuerte que el artículo 5 de la OTAN, porque este último permite a cada Estado adoptar las medidas que considere necesarias, mientras que el Tratado de la UE habla de utilizar todos los medios disponibles.
La cláusula también debe respetar las políticas particulares de Estados neutrales como Austria, Irlanda y Malta, aunque estos continúan obligados a prestar asistencia.
No obstante, la principal diferencia entre la UE y la OTAN no estaría tanto en el contenido jurídico de sus respectivas cláusulas como en la capacidad militar efectiva para aplicarlas. La OTAN dispone actualmente de una estructura militar integrada que la Unión Europea todavía no posee.
Hacia una defensa común europea
El artículo 42.2 del Tratado de la Unión Europea contempla la posibilidad de avanzar progresivamente hacia una defensa común, siempre que exista una decisión unánime del Consejo Europeo y la aprobación de los Estados conforme a sus respectivos procedimientos constitucionales.
El problema es que Europa todavía carece de las estructuras operativas necesarias para desarrollar de manera independiente una defensa colectiva a gran escala.
Para alcanzar una verdadera autonomía estratégica, los autores consideran necesario reorganizar las estructuras militares de la UE, establecer una estructura europea integrada de mando, disponer de cuarteles generales capaces de planificar y dirigir operaciones, integrar mejor las fuerzas multinacionales existentes y aumentar su nivel de preparación.
También resulta indispensable disponer de capacidades estratégicas propias, incluida defensa antimisiles y otros elementos que actualmente dependen en buena medida de Estados Unidos o de la OTAN.
La conclusión es especialmente clara: Europa no puede reclamar autonomía estratégica mientras continúe dependiendo de capacidades críticas que no controla. Junto con ello, deberá invertir más, invertir mejor y hacerlo de manera conjunta, fortaleciendo simultáneamente su propia industria de defensa.
Vías de acción institucionales
Una modificación de los tratados europeos para crear una defensa común resulta políticamente muy difícil en las actuales circunstancias. Por ello, los autores analizan mecanismos que ya existen y que podrían utilizarse para avanzar sin necesidad de una gran reforma institucional.
Una posibilidad es la cooperación reforzada, que permitiría que un grupo de al menos nueve Estados avanzara en materia de defensa. Otra es potenciar la Cooperación Estructurada Permanente (PESCO), aunque los autores consideran que podría ser necesaria una especie de PESCO 2.0, menos inclusiva pero más ambiciosa y orientada hacia capacidades y necesidades operativas reales.
También plantean la eventual constitución de una Unión Europea de Defensa mediante un acuerdo intergubernamental, siguiendo un modelo similar al utilizado inicialmente con Schengen. Esta alternativa permitiría incluso integrar a países europeos que no pertenecen a la UE, como Reino Unido, Noruega o Turquía y, eventualmente, Ucrania.
Otra posibilidad es utilizar fórmulas informales como las reuniones del E5, integrado por Francia, Alemania, Italia, Polonia y Reino Unido.
Cooperación UE-OTAN: el pilar europeo
Para los autores, desarrollar una defensa común de la Unión Europea y construir un pilar europeo dentro de la OTAN son dos aspectos de un mismo proceso: lograr que Europa asuma una responsabilidad mucho mayor sobre su propia seguridad.
El objetivo del pilar europeo sería que los aliados europeos dejaran de actuar únicamente como Estados individuales y funcionaran como una unidad estratégica dentro de la OTAN, aportando la mayor parte de las fuerzas convencionales necesarias para defender el continente y desarrollando capacidades militares suficientes para reducir la dependencia estadounidense.
Esto exige avanzar en los compromisos de gasto asumidos en la Cumbre de La Haya de 2025, que contemplan alcanzar para 2035 un gasto equivalente al 5 % del PIB, dividido entre capacidades de defensa e inversiones relacionadas con la seguridad.
Sin embargo, el actual pilar europeo continúa siendo insuficiente. Persisten deficiencias en gasto, preparación de fuerzas, transporte estratégico, inteligencia, vigilancia y reconocimiento, defensa aérea y antimisiles, municiones y cohesión política.
La preocupación central es que Europa continúa dependiendo de capacidades estadounidenses sin tener la certeza absoluta de que estarán disponibles en una futura crisis.
Fuentes de fricción entre la UE y la OTAN
Aunque existen mecanismos de cooperación entre ambas organizaciones, persisten importantes obstáculos.
Uno de ellos es el conflicto entre Chipre y Turquía, que dificulta el intercambio de información y la cooperación institucional. También existe una escasa coordinación entre programas europeos como CARD, PESCO y el Fondo Europeo de Defensa y el sistema de planificación militar de la OTAN, lo que puede provocar duplicidades e ineficiencias.
Otro punto de debate es precisamente la autonomía estratégica europea. Algunos aliados consideran que crear estructuras de mando o estándares europeos paralelos podría perjudicar la interoperabilidad y generar dos cadenas de mando diferentes en situaciones de crisis.
También existen diferencias importantes respecto de la industria europea de defensa. Las políticas de la UE pretenden favorecer la producción europea, mientras algunos aliados externos consideran estas medidas proteccionistas. Los autores recuerdan, no obstante, que aproximadamente el 64 % de las adquisiciones europeas de armamento proceden actualmente de Estados Unidos y que Washington aplica desde hace décadas políticas de preferencia nacional mediante el principio de “Buy American”.
Estructuras de mando en la OTAN
La estructura militar integrada de la OTAN ha distribuido históricamente sus principales responsabilidades entre europeos y estadounidenses. Tradicionalmente, el secretario general es europeo, mientras que el comandante supremo aliado en Europa (SACEUR) ha sido siempre estadounidense.
El artículo plantea la posibilidad de que esta situación cambie progresivamente y que, en el futuro, el puesto de SACEUR pueda ser ocupado por un europeo.
Algunos reajustes ya reflejan una redistribución de responsabilidades dentro de la estructura de mando. Al mismo tiempo, frente a las propuestas de reducir la presencia estadounidense en Europa, el Congreso de Estados Unidos estableció límites mediante la Ley de Autorización de Defensa Nacional de 2026, dificultando una reducción significativa de tropas estadounidenses o el abandono del puesto de SACEUR sin determinadas condiciones.
La dimensión nuclear de la autonomía estratégica
La cuestión nuclear constituye uno de los mayores obstáculos para una autonomía estratégica europea completa.
Rusia dispone de un amplio arsenal nuclear estratégico y táctico. La OTAN se define como una alianza nuclear, pero no posee armas nucleares propias: su principal garantía continúa siendo el arsenal estratégico de Estados Unidos.
Además, aproximadamente un centenar de ojivas nucleares estadounidenses permanecen desplegadas en Europa, aunque los mecanismos para activarlas continúan bajo control estadounidense.
Europa cuenta también con las fuerzas nucleares independientes de Francia y Reino Unido, que poseen aproximadamente 290 y 225 ojivas, respectivamente. Ambas constituyen un importante elemento de disuasión, pero no alcanzan por sí solas la cobertura proporcionada por Estados Unidos.
Francia ha comenzado a mostrar una mayor disposición a integrar su capacidad nuclear dentro de una reflexión sobre la seguridad europea. La cooperación nuclear franco-británica también se ha intensificado. Sin embargo, París continúa reservándose exclusivamente las decisiones sobre el eventual empleo de su arsenal nuclear.
La incertidumbre sobre el compromiso estadounidense plantea así una cuestión fundamental: ¿podrían Francia y Reino Unido garantizar por sí solos una disuasión nuclear europea creíble?
El artículo considera que ambos países poseen una enorme capacidad de destrucción y, por tanto, una capacidad disuasoria considerable. Sin embargo, existe un importante desequilibrio respecto de Rusia, especialmente en armas nucleares tácticas, donde Europa depende prácticamente de las ojivas estadounidenses actualmente desplegadas en el continente.
Conclusiones
La creciente inestabilidad internacional, las guerras en los espacios oriental y meridional de Europa y la incertidumbre sobre la continuidad del compromiso estadounidense hacen que, para los autores, Europa deba desarrollar las fuerzas, capacidades militares y estructuras operativas necesarias para actuar con mayor autonomía estratégica.
Para lograrlo será imprescindible contar con una base industrial y tecnológica europea sólida, acompañada de voluntad política, liderazgo y capacidad financiera. Europa sigue siendo una gran potencia económica y regulatoria, pero continúa dependiendo militarmente de Estados Unidos.
Ese cambio tendrá importantes consecuencias económicas. El incremento del gasto militar, unido a mayores costes energéticos vinculados a los conflictos en Oriente Medio y a la guerra contra Irán, podría aumentar los déficits públicos, la deuda, la inflación y los tipos de interés en las economías europeas. Por ello, los autores insisten en que el desarrollo de nuevas capacidades deberá realizarse con la máxima eficiencia posible.
Los tratados europeos ya contienen mecanismos que podrían conducir hacia una defensa común, pero la dificultad de alcanzar consensos puede impedir avanzar con la rapidez requerida. De ahí que algunos Estados puedan recurrir a fórmulas flexibles o acuerdos intergubernamentales.
Paralelamente, un pilar europeo fortalecido dentro de la OTAN permitiría reequilibrar las responsabilidades dentro de la Alianza, haciendo que Europa asuma la carga principal de su defensa convencional.
El artículo considera indispensable mantener una coordinación estrecha entre la Unión Europea y la OTAN para evitar duplicidades y aprovechar mejor los recursos disponibles, así como mejorar la relación con los aliados europeos que no pertenecen a la UE y, particularmente, reforzar el diálogo y la cooperación con Turquía.
La reflexión final es que Europa ya no puede basar su seguridad en la certeza de que las garantías estadounidenses serán permanentes. Debe estar preparada para proteger sus propios intereses, actuar de forma unida y disponer de los instrumentos políticos, industriales y militares necesarios para hacerlo.
Fuente: Manuel de la Cámara y Fernando del Pozo, Autonomía estratégica o dependencia aliada. El debate que Europa no puede aplazar, Documento de Opinión IEEE 81/2026, Instituto Español de Estudios Estratégicos (IEEE), 13 de julio de 2026.https://www.defensa.gob.es/documents/2073105/3095923/ieee-2026-autonomia-estrategica-dependencia-aliada-documento-opinion-81.pdf