Detalles del controversial Tratado Hay – Bunau Varilla

Tratado Hay - Bunau Varilla

Cuando Panamá se independizó del Imperio Español, el 28 de noviembre de 1821, por voluntad propia los panameños decidimos unirnos al estado republicano de Colombia, que para tal período estaba conformado por la Nueva Granada, Venezuela y Ecuador, lo que algunos denominaron la “Gran Colombia” para distinguirlo de lo que después sería la República de Colombia de nuestros tiempos.  Al integrarse a la Nueva Granada, Panamá quedó como un Departamento dividido en las provincias de Panamá y Veraguas.  Formamos parte de Colombia por 82 años, entre 1821 y 1903, en un ambiente de descontento con el centralismo colombiano, la crisis económica tras el fracaso del proyecto francés del canal y el deseo de autonomía política y económica.  Durante esos 82 años los panameños fuimos protagonistas de distintas actividades secesionistas como las del 25 de septiembre de 1830, 21 de marzo de 1831, 18 de marzo de 1840, 7 de junio de 1841, el “Estado Federal de Panamá”, en 1861 el Convenio de Colón.  Es decir, el deseo de los istmeños de separarse estuvo siempre presente en la mente de los panameños y esa aspiración no era ni fue inadvertida para los colombianos.  Pero, “la gota que derramó el vaso” fue el rechazo del Congreso colombiano del Tratado Herrán-Hay el 12 de agosto de 1903, que había sido suscrito el 22 de enero de 1903 por el Secretario de Estado de Estados Unidos, John Hay, y el Ministro colombiano Tomás Herrán en Washington, D.C.  Esto allanó el camino para la independencia de Panamá de Colombia y la ulterior firma de lo que se conoce como el Tratado Hay – Bunau Varilla.

El Convenio Herrán-Hay sobre la construcción de un canal atravesando el istmo de Panamá fue rotunda y apasionadamente rechazado con una votación de 24 senadores en contra y dos que no asistieron y el Senador por el Istmo de Panamá, José Domingo de Obaldía abandonó el Senado poco antes de la votación por estar opuesto a la resolución de rechazo.  Obviamente el enojo de los panameños por tal determinación, aunado a un malestar profundo por las maltrechas relaciones con el gobierno central colombiano, despertó nuevamente en los panameños su deseo secesionista y la tradicional idea de la separación del Departamento de Colombia contó con el respaldo de los Estados Unidos de América, motivados e incentivados prioritariamente por su interés de edificar un nuevo canal de Panamá y evidentemente defender sus intereses económicos y militares, respaldaron y reconocieron cuanto antes la independencia del istmo de Panamá de Colombia entre el 6 y 7 de noviembre de 1903 y formalmente el 13 de noviembre del mismo año, siendo el primer país en reconocer la independencia de Panamá.  Obviamente los Estados Unidos desempeñó un papel trascendental en la independencia de Panamá de Colombia en 1903, para asegurar inequívocamente la construcción del Canal de Panamá.  Su presencia naval imposibilitó el arribo de tropas colombianas, favoreciendo la escisión de Panamá.  Hubo una concurrencia de intereses y objetivos entre ambos países, uno la edificación del Canal y el otro su deseo de cumplir su anhelo de independencia acumulado por décadas.

No fue la primera ni la última vez en la que un país recibió la ayuda de otro para independizarse.  Justo es recordar que los Estados Unidos tuvo el apoyo de Francia y de España, inclusive con tropas, en su guerra de independencia con Inglaterra, por ende son muchos los países cuya historia registra innumerables ejemplos de países apoyados por otras naciones en sus gestas de emancipación.  Una vez se produjo la negativa del Congreso colombiano a aprobar el Tratado Herrán-Hay que colmó la copa del descontento en Panamá, se reunieron un grupo de ciudadanos seleccionados con el fin de llevar a la práctica una revolución que tuviera como objetivo la escisión del Istmo de Panamá.  Con tal fin, el Dr. Manuel Amador Guerrero viajó a los Estados Unidos y trajo la seguridad del gobierno estadounidense de apoyar la revolución y mantener la paz en virtud del derecho que le daba el Tratado firmado el 12 de diciembre de 1846, conocido como Mallarino-Bidlack celebrado con la Nueva Granada.  De manera tal que el 3 de noviembre de 1903 la Junta Revolucionaria procedió a proclamar la Independencia del Istmo, como en efecto así se hizo.  A la vez, el gobierno de la incipiente República de Panamá inició la negociación de un tratado con los Estados Unidos con el objetivo de llevar a cabo la construcción del canal con los Estados Unidos y para tal fin se designó al Señor Felipe Bunau Varilla, ingeniero de nacionalidad francesa quien anteriormente había prestado colaboración importante al Dr. Amador Guerrero en sus gestiones revolucionarias cuando había visitado los Estados Unidos.  El Señor Bunau Varilla fue el pago que exigió por sus servicios a la causa de la independencia.

El Señor Bunau Varilla comenzó a negociar el arreglo de un tratado sobre el canal con los Estados Unidos eludiendo las directrices del gobierno panameño, de que tres caballeros panameños, el Dr. Manuel Amador Guerrero, Don Federico Boyd y el Dr. Pablo Arosemena intervinieran en las negociaciones.  Sin duda alguna Bunau Varilla se apresuró a suscribir el lesivo convenio sobre el canal en horas de la noche del día 18 de noviembre, precisamente pocas horas antes del arribo a Washington de la delegación enviada por el gobierno panameño.  El tratado firmado por Bunau Varilla no fue del agrado ni del gobierno ni del pueblo panameño, ya que éste no tomó en cuenta los intereses del gobierno panameño, pero la situación del momento, es más la existencia misma de la nueva república, forzaron al gobierno panameño a su aprobación incondicional.  Llama la atención que el Tratado Hay – Bunau Varilla era desfavorable con respecto al Convenio Herrán-Hay que Panamá habría deseado que Colombia aceptara. 

El Tratado Hay-Bunau Varilla fue decisivo para la construcción del Canal de Panamá pero también ocasionó presiones y polémica debido a los requisitos implantados a Panamá.  Igual contenía cláusulas que al implementarse colocaron a Panamá bajo la protección estadounidense para avalar su independencia e impedir acciones militares futuras de Colombia como respuesta a su independencia, algunas de ellas se organizaron pero al final los colombianos desistieron de las mismas.  Basta recordar que el Vicepresidente colombiano Marroquín, el 11 de noviembre de 1903, a sólo siete día de nuestra independencia, había ordenado un reclutamiento de cien mil soldados de los que luego 500 hombres del Batallón Tiradores se desplazaron en las orillas del río Titumate en la Provincia del Darién, intentando aumentar más el número el 1 de enero de 1904, pero estos por último se retiraron por la severidad del ambiente de selva del Darién y el temor de confrontar a tropas estadounidenses que podrían divisarlos y enfrentarlos.  Por otro lado, el General Rafael Reyes, quien se encontraba en Washington, D.C., recomendó juiciosamente la terminación de todo tipo de actividad militar contra Panamá, debido a que de conformidad con el Artículo 1 del Tratado Hay – Bunau Varilla, “los Estados Unidos de América se obligan a garantizar la independencia de Panamá” y obviamente los Estados Unidos estarían obligados a acatarlo.

También es importante recordar que no fue hasta la firma del Tratado Urrutia-Thompson de 1914, firmado solamente entre Colombia y los Estados Unidos y ratificado por el Congreso de los Estados Unidos el 20 de abril de 1921 y puesto en vigencia el 2 de marzo de 1922, cuando en el mismo se reconoció por parte de Colombia la independencia de Panamá a cambio del pago a Colombia de la suma de 25 millones de dólares en indemnización por la independencia de Panamá.  Aún así, no es hasta el 9 de junio de 1924, o 21 años después de nuestra independencia del 3 de noviembre de 1903, cuando se instauró formalmente las relaciones diplomáticas con Colombia.  De allí que no nos sorprende que todavía, de manera imprudente, en el escudo nacional de Colombia se muestra en su tercio inferior sobre agua marina, dos buques con vela desplegada a cada lado del territorio de la República de Panamá.

Entre las cláusulas principales más inconvenientes para Panamá del Tratado Hay-Bunau Varilla están las que concedió a los estadounidenses amplios derechos sobre el territorio de la Zona del Canal y el territorio circundante, que originó numerosos perjuicios para Panamá.  Entre estas disposiciones nefastas se encuentra la entrega de derechos sobre el canal y la ausencia de participación de los panameños en las decisiones sobre el canal.  A través de este convenio que fue negociado y suscrito por Bunau Varilla, un ingeniero francés que no repesentaba a Panamá ni tuvo en su momento la presencia física de ningún ciudadano panameño y John Milton Hay representante de los Estados Unidos.  La nueva república cedió a Estados Unidos el derecho a construir, administrar, mantener y proteger el canal, así como también a usar las aguas de la cuenca del canal, inclusive el derecho de expropiar tierras y a producir electricidad.  También, a nuestro juicio y de muchos otros, Panamá recibió una compensación insuficiente al principio, de 10 millones de dólares y una anualidad de 250,000 dólares, en comparación con las utilidades, beneficios  que obtenía los Estados Unidos.  Con todo que el tratado garantizaba la protección de Panamá por parte de Estados Unidos, éste limitaba la soberanía panameña y prácticamente convertía a Panamá en un protectorado norteamericano, desventajoso y entregando gran parte de su territorio a los Estados Unidos que con el tiempo generó mucha presión y conflictos a lo largo de los años.  

También estableció el tratado la jurisdicción policial y judicial ejercida únicamente por los Estados Unidos.  Se ceden, formando parte de la zona y a perpetuidad, las islas de Naos, Perico, Flamenco y Culebra.  Permite la expropiación de tierras y de propiedad para el canal, avaluadas con base de sus valores en 1903.  Se cede una zona de 10 millas de ancho (16 kilómetros) y la funesta concesión a perpetuidad.  Este convenio de 1903 también confería el derecho exclusivo a Estados Unidos de intervenir en las ciudades de Panamá y Colón, fundamentando la plena defensa y protección del canal y de sus connacionales en el istmo de Panamá.

Después de la firma de dicho tratado y las circunstancias que lo envuelven, se destaca un norte en el corazón y mente de todos los panameños, quienes por muchas generaciones mantuvieron vivo el inclaudicable deseo de revisar y derogar dicho tratado por considerarlo gravoso a los intereses del país y ante todo para suprimir la ominosa cláusula de vigencia a perpetuidad.  Asimismo Panamá intentó revisar el Tratado Hay – Bunau Varilla con Estados Unidos en diversas oportunidades.  Este empeño se incrementó con el paso del tiempo, particularmente partiendo desde la década de 1960, buscando una mayor soberanía sobre la Zona del Canal y mejores condiciones económicas.  

Finalmente se puntualizaron en los Tratados del Canal de Panamá firmados el 7 de septiembre de 1977, mejor conocido como el Tratado Torrijos-Carter de 1977, fruto de una lucha generacional que estableció las condiciones para la administración y defensa del Canal de Panamá después de 1999, momento inolvidable para los panameños y en la que Panamá de hizo cargo del control total de la vía interoceánica.  El tratado puso fin a la presencia colonial norteamericana en la Zona del Canal, cumpliendo así el anhelo de soberanía nacional de Panamá arrancándonos la estaca de la perpetuidad y logrando conseguir ser una nación libre y soberana.