El Analfabetismo Funcional y su Repercusión en la Economía Panameña

Analfabetismo Funcional

Introducción

¿Goza Panamá de un elevado nivel de alfabetización en su población?

¿Qué implica que una persona sea considerada alfabetizada?

¿Es suficiente saber leer y escribir para que una sociedad crezca integralmente y contribuya con ello al desarrollo del país?

Estas preguntas deben ser de estricto cumplimiento hacérselas, no solo por las autoridades nacionales, sino también por el cuerpo docente y el resto de la sociedad.

Los resultados escolares año a año demuestran que el resultado educativo, a pesar del enorme presupuesto asignado al área educativa, no es nada agradable.

Algunos aducen que, al no haberse dado la reforma educativa impulsada por el gobierno militar en 1979, los resultados de hoy son obvios.

Afirmar eso, sin una base real para comparar el desempeño educativo a la fecha con algo que nunca llegó a ver la luz, es vivir un sueño de opio.

Analfabetismo Funcional

En 1991, mientras laboré en el Instituto Centroamericano de Administración y Supervisión de la Educación (ICASE) escuché a uno de los profesores e investigadores del instituto hacer referencia al término Analfabeto Funcional (AF) y me sorprendió mucho no solo el término, sino lo que el mismo implicaba.

Este término describe “la incapacidad de una persona para comprender y utilizar la información escrita de manera efectiva, a pesar de saber leer y escribir. Es decir, aunque una persona pueda descifrar palabras y frases, tiene dificultades para interpretar textos, entender instrucciones complejas o aplicar la información para resolver problemas cotidianos”.

“Este fenómeno afecta tanto a personas con educación básica como aquellas con estudios avanzados, incluyendo estudios universitarios que han perdido el hábito de la lectura”.

Si utilizamos la matriz de este fenómeno (AF) y montamos en ella, a manera de un experimento, las protestas que meses atrás impulsaron determinadas organizaciones, llámense SUNTRACS, gremios magisteriales, asociaciones médicas y enfermeras, personas en las redes e incluyendo sus exigencias en la misma matriz, y confrontamos todo ello con lo que ellos desaprobaban, sea la Ley 462 o con las de un par de años en contra de la Minería, pareciera que estamos en presencia de este fenómeno.

Veamos algunos de los argumentos específicos que se aducen en las protestas en contra de la Ley 462 y de la Minería e intentemos corroborar si el AF se hace presente o no en quienes protestan.

En el caso de la CSS, los opositores a la nueva legislación mostraban su oposición a tres cosas básicas: Aumento de la Edad de Jubilación; Aumento del porcentaje de la cotización del trabajador a la Seguridad; y, Aumento de las cuotas mínimas para acceder a la jubilación.

 Estos aspectos fueron presentados por los mismos grupos en las mesas técnicas y en las consultas en la Asamblea de diputados y al final del camino, la aprobación de la nueva ley de la CSS no incluyó nada de eso.

 Nos preguntamos entonces, si la aprobación acogía sus propuestas, por qué las protestas. ¿Será que NO se leyeron la Ley? Y, si se leyeron la ley y aun así afirman cosas que la misma NO TIENE, entonces esas personas no saben leer; y si saben leer, no entienden lo que leyeron, y si todo ello es así parece que estamos en presencia del Analfabetismo Funcional el cual, por lo visto, se extiende a gran parte de nuestra sociedad.

En el caso de la Mina, la situación fue parecida. Quienes se oponían a la Mina argüían que la Mina contaminaba los ríos, al igual que a las personas; que el proceso productivo utilizaba Cianuro; que el proyecto obstaculizaba el corredor trànsistimico Mesoamericano, entre otros argumentos, a pesar de las explicaciones de los responsables del proyecto, incluyendo estudios de la Autoridad del Canal, que se hacían para explicar con detalle que los argumentos de los quejosos, técnicamente, no eran viables.

Podemos afirmar que los tintes políticos tuvieron más cabida en ambos eventos, pero cuando los dirigentes vertían sus argumentos en los diversos medios de comunicación, sean visuales, impresos y digitales, los mismos se masificaban a tal magnitud, que los comentarios de la sociedad eran similares, sin que la misma sociedad se detuviera a tratar de entender los problemas con objetividad, prestándose así al juego político que detrás de todo esto perseguían los principales protagonistas en las protestas.

Estos eventos me retrotraen a mi época escolar, en la cual el aprenderse un vocabulario, con sus respectivas definiciones; el uso continuo del diccionario o ir a las bibliotecas, leer los periódicos, el hacer planas, ya sea para afirmar conocimientos o por castigo; usar el libro de caligrafía para mejorar la letra; leer novelas y hacer resumen de las mismas, me hacen preguntarme, cuanto de estas cosas se siguen haciendo o simplemente la falta de vocación de muchos docentes y la irresponsabilidad paternal han echado al olvido estas buenas prácticas que ayudaron a mi generación a lograr masa crítica e internalizar conocimientos.

No he encontrado datos o estudios en Panamá que analicen este fenómeno, pero en aras de ilustrar algunos rasgos del mismo utilizaré los resultados de las pruebas PISA de 2018 e intentaré corroborar si estamos en presencia de este fenómeno o hay otras explicaciones para evaluar el desempeño de la masa trabajadora y su contribución en el crecimiento económico.

Pruebas PISA

En 2018, el gobierno nacional aplica dichas pruebas a una muestra representativa del 53.5% de la población de 15 años de edad, tanto en áreas urbanas como rurales, incluyendo las 16 regiones educativas del país.

Institucionalmente fueron incluidas 253 escuelas con una población de 58,835 estudiantes, de los cuales 6270 realizaron las pruebas en dominios como Lectura, Matemáticas y Ciencias.

Las Pruebas fueron aplicadas a 79 países y los resultados no fueron nada halagüeños para nuestro país.

Panamá ocupó el lugar 71 en Lectura; 76 en Matemáticas, y; 75 en Ciencias, casi “detrás de la ambulancia” parafraseando el término hípico para cuando un caballo pierde por mucho una carrera.

Para aterrizar un poco más estos datos, los resultados de dichas pruebas nos indican que, solo el 36% de los estudiantes, alcanzó el nivel mínimo en Lectura; el 19% de los estudiantes alcanzó el nivel mínimo en Matemáticas y que el 29% lograron niveles mínimos en Ciencias.

En otras palabras, el 64% de los estudiantes en Lectura, el 81% en Matemáticas y el 71% en Ciencias NO lograron ni siquiera el mínimo.

Sí, estadísticamente la muestra es representativa del universo estudiantil de 15 años y extrapolamos los resultados, siendo los estudiantes la base o fundación para ir generando mejores derroteros a la sociedad, el mercado laboral para el panameño muestra un horizonte oscuro.

Si estos resultados son insertados en la matriz de análisis del Analfabetismo Funcional, y lo trasladamos a los eventos explicados antes, las protestas contra la Mina o en contra de la Ley 462, creo que el fenómeno evaluado se hace presente en la sociedad panameña con números muy preocupantes.

Estos datos pueden parecen muy generales para quienes desconocen a profundidad lo que los mismos representan.

Hace un tiempo atrás en otro análisis, revelábamos parte de los resultados educativos en el país y las consecuencias que esto conlleva para lograr un desarrollo integral de nuestra sociedad.

Veamos algunos registros más concretos de nuestros resultados educativos y podremos comprobar que las Pruebas PISA se materializan en la realidad educativa panameña.

En 2023 un funcionario de la UNICEF destacaba algunas cifras nacionales y destacaba que de los 800 mil y tantos estudiantes que tiene el sector oficial, alrededor de 200 mil están sobre la edad y de éstos últimos, unos 73 mil tienen entre 2 ò 3 años sobre la edad.

Explicaba el experto que la capacidad de Comprensión –Lectora de estos estudiantes les impide mantenerse en un grado educativo acorde a su edad. Es decir que, si un estudiante tiene 11-12 años edad, lo más seguro es que curse 6to grado o primer año de secundaria.

Pero si hay una sobre edad de 2 o 3 años implicaría que un joven de 18 años, pudiera estar cursando 3ro o 4to año y esta situación tiende, no solo a empeorar si es de mayor edad llevando incluso a la deserción del sistema.

Este déficit en la Comprensión-Lectora dificulta a las personas cumplir con las competencias respectivas y por ende ingresar al mercado laboral con mejores puestos y mejores salarios por lo cual la productividad laboral de estas personas tiende a ser baja.

De ingresar a la universidad tendrían el mismo resultado si es que llegan a ingresar ya que su nivel de entendimiento de materias o temas de mayor complejidad requieren conocimientos más avanzados a los que ha adquirido.

El Censo de 2023 revela que el nivel de Escolaridad de la Población Panameña es de 10.9 años.

Al confrontar esta cifra con las de los Censos del año 2000 y del 2010 los resultados son sorprendentes, no por los avances sino por el gran deterioro de la educación panameña y paso a explicarlo a partir del siguiente cuadro.

El Censo del año 2000, considerando los diversos grupos de edad entre 4 y 59 años revelan que, de una población educativa que ronda un poco más de 2.3 millones de personas, ésta tiene un Nivel de Escolaridad de 10.2 años

De ese universo educativo, solo el 3.5% ha cursado algún año universitario, sin terminar la carrera. Solo el 1.4% de dicho universo tiene un título universitario y, el 0.2% logra título sea post grado, maestría o doctorado.

En el caso del Censo del 2010 los resultados muestran que la población educativa es de un poco más de 2.7 millones de personas cuyas edades oscilan entre los 4 y 59 años, y su nivel de Escolaridad es de 10.8 años.

De esta población, solo el 3% ha cursado estudios universitarios, más no ha terminado alguna carrera. Solo el 1.3% tiene título universitario y, únicamente el 0.3% ostenta títulos, ya sea un post grado, maestría o doctorado.

Las cifras del cuadro anterior muestran el Nivel de Escolaridad de la población panameña en los últimos 30 años, ya que los censos en cuestión recogen el desempeño década a década destacan que la Población Panameña, en promedio no llega a los 11 grados educativos, o sea, no llega al 5to año.

Conclusiones

Los datos previamente presentados, revelan con claridad los problemas educativos que tiene nuestro sistema educativo.

Durante la pandemia se perdieron unos 400 mil puestos de trabajos permanentes y a la fecha todos ellos no se han recuperado, muchos menos los salarios que eran pagados a esas fechas.

La inserción en el mercado laboral hoy día requiere de personal que cumpla con las exigencias educativas que por lo visto nuestros educandos no cumplen y las cifras así lo demuestran.

El panameño clama por buenos trabajos y, por ende, mejores salarios, pero bajo estas realidades esto no les será fácil.

El mercado laboral, por su parte, encontrará un acomodo natural y se suplirá por personal extranjero con mejores niveles educativos y con mejores actitudes hacia la responsabilidad de un empleo.Esto refuerza la tesis que esbocé hace un tiempo atrás, en la cual afirmo que nuestra economía no tiene el capital humano local que la sustente.