El futuro de la disuasión nuclear: análisis de las estrategias de las grandes potencias nucleares

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Desde el final de la Guerra Fría, el mundo pareció caminar hacia una era de estabilidad donde las armas nucleares ocuparían un papel cada vez menor. Sin embargo, los acontecimientos recientes demuestran que la disuasión nuclear vuelve a situarse en el centro de la política internacional. El estudio del Dr. Carlos J. Frías Sánchez, publicado en 2025, expone con claridad cómo la transición hacia una sociedad internacional multipolar ha erosionado los cimientos del antiguo régimen de no proliferación y ha devuelto a las armas atómicas un protagonismo que muchos creían superado.

El punto de partida del análisis es la invasión rusa de Ucrania en 2022, un suceso que marcó un retorno abrupto a los conflictos interestatales tradicionales. Para el autor, la cautela de Occidente frente a Rusia —evidente en la lenta entrega de armamento y las limitaciones impuestas al uso de ciertas armas— solo se explica por el hecho de que Moscú es una potencia nuclear. De la misma forma, las tensiones entre Irán e Israel o las posiciones ambiguas de países del Medio Oriente reflejan el peso de la disuasión atómica en las decisiones diplomáticas. En palabras de Frías, ya vivimos en un “mundo nuclear”, donde cada conflicto está condicionado por la existencia o el potencial uso de estas armas.

Durante décadas, el Tratado de No Proliferación Nuclear (TNP) fue la piedra angular del control global del armamento atómico. Su eficacia se basó en un equilibrio de intereses entre las dos superpotencias de la Guerra Fría, Estados Unidos y la Unión Soviética, que coincidían en evitar que nuevos países accedieran al poder nuclear. La llamada “destrucción mutua asegurada” (MAD, por sus siglas en inglés) mantenía el equilibrio del terror: cualquier conflicto que involucrara el uso de armas nucleares derivaría en una catástrofe global. Este frágil equilibrio generó estabilidad durante décadas, aunque a costa de un miedo constante.

Pero ese equilibrio se ha roto. Hoy no existe un interés común entre las grandes potencias para frenar la proliferación. China ha emergido como un tercer actor nuclear de peso, mientras países como Corea del Norte e Irán desafían abiertamente las normas internacionales. Las potencias nucleares modernizan sus arsenales en lugar de desmantelarlos, y los organismos de control, como el OIEA, enfrentan dificultades crecientes para vigilar el cumplimiento de los acuerdos. La multipolaridad, señala Frías, ha sustituido la estabilidad bipolar de la Guerra Fría por un mundo más impredecible y peligroso.

En este nuevo escenario, la disuasión ya no es un juego de dos. La rivalidad entre Estados Unidos, Rusia y China configura una disuasión tripolar, mucho más compleja y volátil. Cada potencia debe mantener un arsenal suficiente para garantizar un “segundo golpe” —la capacidad de responder incluso después de un ataque inicial— frente a los otros dos rivales. Esto genera un dilema estratégico: para sentirse segura, cada potencia necesita un número de armas que iguale o supere la suma de las de sus adversarios. El resultado es una carrera armamentista con ecos de los años más tensos de la Guerra Fría, pero sin los mecanismos de control que entonces existían.

China es un caso paradigmático. Durante años mantuvo una política de “disuasión mínima”, con un arsenal pequeño y una doctrina de no primer uso (NFU). Sin embargo, el crecimiento económico y las ambiciones globales de Pekín han impulsado un cambio profundo. Hoy el gigante asiático moderniza y amplía su arsenal, desarrolla misiles de combustible sólido de rápida activación y despliega submarinos lanzamisiles. Aunque oficialmente mantiene su compromiso con la doctrina NFU, ha introducido excepciones que, en la práctica, reducen el umbral de uso nuclear. Para Frías, esto representa una proliferación “vertical”: más cabezas, mejor tecnología y mayor disposición al empleo estratégico del arma nuclear.

Por su parte, Estados Unidos ha transitado de una política de desarme y predominio convencional a una revalorización de la disuasión nuclear. Tras el fin de la Guerra Fría, Washington consideró innecesario su arsenal atómico frente a rivales debilitados. Sin embargo, el ascenso de China y la agresividad de Rusia revirtieron esa tendencia. La Nuclear Posture Review de 2018 marcó un giro decisivo: el país rechazó la política de “no primer uso”, impulsó la modernización de sus armas y buscó desarrollar opciones nucleares “de baja potencia”, destinadas incluso a posibles escenarios de combate limitado. Bajo la administración Biden, esta política se ha consolidado, reafirmando la “triada nuclear” tradicional (misiles terrestres, bombarderos y submarinos) como pilar de la seguridad estadounidense.

Rusia, por otro lado, se enfrenta a las limitaciones de una economía sancionada y una industria militar envejecida. Aunque conserva uno de los mayores arsenales del mundo, su capacidad tecnológica es inferior a la de Estados Unidos, especialmente en vectores de lanzamiento y sistemas submarinos. Para compensarlo, Moscú ha apostado por el desarrollo de armas de nueva generación, como misiles hipersónicos, torpedos nucleares y misiles de crucero de alcance intercontinental, tecnologías aún en fase de maduración pero diseñadas para superar las defensas antimisiles occidentales.

En conjunto, la situación actual sugiere un retorno al temor nuclear, pero en un entorno más fragmentado y difícil de controlar. La disuasión ya no depende de un equilibrio bilateral, sino de múltiples actores con intereses distintos y tecnologías avanzadas. Frías advierte que el régimen de no proliferación, pilar de la seguridad global durante medio siglo, se encuentra en crisis: los incentivos para mantenerlo se han desvanecido y las nuevas rivalidades geopolíticas favorecen la expansión del armamento atómico. En un mundo donde la diplomacia se debilita y la competencia estratégica se intensifica, el autor concluye que la humanidad está entrando en una nueva era nuclear. Ya no se trata solo de evitar una guerra mundial, sino de impedir que una cadena de errores o malentendidos convierta una crisis regional en una catástrofe global. En última instancia, la pregunta que plantea Frías Sánchez es inquietante: ¿ha aprendido realmente la humanidad a convivir con el arma más destructiva que ha creado?

Fuente: https://www.defensa.gob.es/documents/2073105/2907072/el_futuro_de_la_disuasion_nuclear_2025_dieeea61.pdf