El Niño: cuando cambia el Pacífico y el agua falta en nuestras comunidades

el niño

Por: Gustavo Cárdenas Castillero.

Hidrogeólogo, Doctor en Recursos Hídricos y Cambio Climático.

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Durante generaciones, las comunidades han organizado sus siembras, sus actividades y su vida cotidiana siguiendo el ritmo de las lluvias y las estaciones. Hoy, el calentamiento global está modificando las condiciones en que se desarrolla ese ciclo, mientras fenómenos naturales como El Niño siguen alterando la distribución de las lluvias. Cuando sus efectos se hacen sentir, dejan de ser una cuestión lejana de océanos y temperaturas, impactando en el agua disponible, en las cosechas y en la vida de las personas.

Una sequía puede empezar mucho antes de que se agriete la tierra. Puede comenzar a miles de kilómetros, en el océano Pacífico ecuatorial, cuando los vientos que normalmente empujan las aguas cálidas hacia el oeste se debilitan. Parte de ese calor se desplaza hacia el centro y el este del océano. Cambian entonces la ubicación de las nubes, las lluvias y la circulación atmosférica. A esta interacción entre el océano y la atmósfera la conocemos como El Niño, la fase cálida de El Niño–Oscilación del Sur (ENOS). La Figura 1 ilustra conceptualmente el calentamiento de las aguas del Pacífico ecuatorial asociado al Niño.

Figura 1. Representación conceptual del calentamiento de las aguas superficiales del Pacífico ecuatorial y de los cambios en la nubosidad asociados con El Niño. Los tonos cálidos ilustran el calentamiento oceánico; no corresponden a mediciones de temperatura.
Fuente: OpenAI, 2026, a solicitud del autor.

¿Cómo sabemos que podría formarse un episodio de El Niño? Una de las primeras señales aparece en la temperatura del mar. Para observarla, los científicos prestan especial atención a Niño 3.4, una franja del Pacífico ecuatorial situada entre los 5° de latitud norte y los 5° de latitud sur, y entre los 170° y los 120° de longitud oeste. Comparan la temperatura de sus aguas superficiales con los valores habituales de esa región. También observan los vientos y las lluvias sobre el Pacífico: El Niño es un fenómeno en el que el océano y la atmósfera cambian conjuntamente, no una subida aislada de la temperatura del agua (NOAA, 2026a; NOAA, 2026b). La Figura 2 ilustra las regiones de predicción del Niño.

Figura 2. Adaptación visual del mapa de regiones Niño del Climate Prediction Center (NOAA). Los colores distinguen regiones de monitoreo; no representan temperaturas.

Tampoco basta con que el mar se caliente durante unos días. La NOAA calcula un promedio móvil de tres meses y utiliza como referencia un calentamiento relativo de al menos 0,5 °C. Para clasificar un episodio en sus registros históricos, ese umbral debe mantenerse durante cinco períodos trimestrales consecutivos que se superponen: por ejemplo, de enero a marzo, de febrero a abril, de marzo a mayo, de abril a junio y de mayo a julio. Desde febrero de 2026, el organismo emplea oficialmente el Índice Oceánico Relativo de El Niño, conocido como RONI, que compara el calentamiento de Niño 3.4 con el del conjunto de los océanos tropicales. Así puede apreciar mejor si esa región se está calentando de manera particular. Un pronóstico, en cambio, se emite antes de reunir toda esa secuencia de observaciones: indica la probabilidad de que El Niño se desarrolle o continúe, no una fecha garantizada (NOAA, 2026a; NOAA, 2026b).

Aunque El Niño se identifica mediante mediciones en el Pacífico, sus posibles efectos empiezan a reconocerse en nuestra región al comparar las lluvias con las de años anteriores. En algunas zonas puede retrasarse el inicio de la temporada lluviosa, aumentar el número de días seguidos sin lluvia o disminuir el acumulado de precipitación, aun cuando ocurran aguaceros intensos de corta duración. En Panamá, estas señales pueden acompañarse de temperaturas del aire más altas y una evaporación mayor del agua en suelos y embalses. Son indicios que requieren seguimiento: no aparecen al mismo tiempo ni con la misma intensidad en todas las cuencas.

Para Centroamérica, esta vigilancia tiene consecuencias prácticas. En el Corredor Seco, El Niño se asocia con condiciones más secas entre junio y diciembre, capaces de afectar las cosechas de primera y postrera. La Organización Meteorológica Mundial señaló que el episodio de 2023 contribuyó a las sequías prolongadas de esa región. La palabra “contribuyó” es esencial ya que el Niño influye en el riesgo, pero cada sequía también depende de las condiciones locales y de otros factores climáticos.

Detrás de una anomalía de lluvia hay decisiones que afectan a cientos de familias. Si la siembra falla, una familia agricultora pierde alimentos e ingresos al mismo tiempo. Si disminuye el agua disponible, una comunidad debe ajustar su consumo y sus actividades. La FAO estima que el episodio de 2015–2016 dejó a 3,5 millones de personas en situación de inseguridad alimentaria en el Corredor Seco centroamericano. Es una cifra regional de aquel episodio, no una estimación para Panamá ni una predicción de lo que sucederá en el próximo evento.

Panamá ofrece un ejemplo cercano de cómo un fenómeno del Pacífico puede convertirse en un problema de gestión del agua. Según el Instituto de Meteorología e Hidrología de Panamá, la temporada lluviosa de 2023 comenzó tarde y presentó un déficit de precipitación que El Niño acentuó. El Instituto indicó además que, en algunos puntos de Bocas del Toro, Coclé, Colón, Darién, Los Santos, Panamá, Panamá Oeste y Veraguas, 2023 se perfilaba entre los años más secos desde 1981. La distribución de la lluvia no fue idéntica en todo el país; por eso, un promedio nacional nunca sustituye la observación de cada cuenca.

En la cuenca del Canal, el dato es contundente: durante el año fiscal 2023, que terminó el 30 de septiembre, cayeron 1.998 milímetros de lluvia, frente a un promedio histórico de 2.659 milímetros. La diferencia fue del 25 % y ese año fiscal fue el más seco de la serie 1951–2023 presentada en el informe anual del Canal. En octubre de 2023, ya dentro del siguiente año fiscal, la precipitación estuvo 41 % por debajo de lo habitual para ese mes. Es importante conservar las fechas de cada cifra: un dato fiscal, uno mensual y uno de año calendario describen períodos distintos.

Menos lluvia en esta cuenca significa menos agua para usos que están estrechamente relacionados. Los lagos Gatún y Alhajuela abastecen a más de la mitad de la población panameña y sostienen la operación del Canal. Ante la sequía, la Autoridad del Canal redujo la capacidad de tránsitos diarios y ajustó sus operaciones para conservar agua. En el año fiscal 2024 registró 9.944 tránsitos de alto calado, un 21 % menos que en el año fiscal anterior. Estas cifras muestran la dimensión económica del episodio; la necesidad de proteger el abastecimiento de agua muestra su dimensión social.

En septiembre de 2026 ya no hablamos solo de la posibilidad de que se forme El Niño: la NOAA mantiene una alerta de El Niño y confirma que el fenómeno está en desarrollo. Su diagnóstico del 10 de septiembre registró un calentamiento de 1,8 °C en la región Niño 3.4, acompañado de cambios en los vientos y en las lluvias sobre el Pacífico ecuatorial; en conjunto, estas señales muestran que el océano y la atmósfera están respondiendo como ocurre durante un episodio de El Niño (NOAA, 2026). Lo que todavía pertenece al terreno del pronóstico es cuánto se intensificará y cuáles serán sus efectos en cada lugar de Panamá.

Actualmente, el Instituto de Meteorología e Hidrología de Panamá (IMHPA) mantiene el seguimiento de El Niño y publica pronósticos climáticos. El Gobierno creó una Comisión Interinstitucional de Alto Nivel para coordinar la respuesta de las entidades vinculadas con el agua, la agricultura, la salud y la gestión del riesgo. Por su parte, el Ministerio de Desarrollo Agropecuario (MIDA) utiliza mesas técnicas agroclimáticas para orientar a los productores y ha anunciado un plan de reserva hídrica que incluye inventariar pozos, rehabilitar abrevaderos y fortalecer los reservorios. El Canal mantiene medidas de ahorro de agua y trabaja en soluciones de mayor plazo para sus lagos y el abastecimiento humano. Son acciones en distintas etapas de ejecución; anunciarlas no significa que todos los territorios ya cuenten con protección suficiente.

Entre los retos que debemos enfrentar como sociedad podemos mencionar:

  • Asegurar agua para la población y las actividades económicas es uno de los mayores retos de Panamá frente a El Niño. Los lagos vinculados al Canal abastecen a más de la mitad de los habitantes del país y, al mismo tiempo, permiten el tránsito de buques. Cuando las lluvias disminuyen durante un período prolongado, administrar esa fuente compartida exige decisiones que protejan el consumo humano y consideren las necesidades de la economía nacional.
  • También es necesario proteger las cosechas y la ganadería antes de que aparezcan las pérdidas. Varias semanas secas durante la temporada lluviosa pueden afectar las fechas de siembra, reducir el agua disponible para riego y abrevaderos, y limitar el alimento para los animales. Las mesas agroclimáticas y el acompañamiento técnico ofrecen a los productores información para ajustar sus decisiones con anticipación.
  • Otro reto consiste en responder según la realidad de cada cuenca. El Niño no reduce las lluvias de manera uniforme en todo Panamá, en 2023, el IMHPA registró déficits en gran parte del país, pero también encontró diferencias entre regiones. Para que un pronóstico nacional sea útil, debe traducirse en información sobre las fuentes de agua y las condiciones que afectan a cada comunidad, acueducto y zonas agrícolas, etc.
  • Por último, prepararse para El Niño también implica atender las lluvias intensas. Una zona puede pasar varios días seguidos sin lluvia y después recibir un aguacero fuerte en poco tiempo. Esa combinación exige vigilar tanto la escasez de agua como las inundaciones locales, la erosión y los riesgos para los panameños.

Para concluir debemos tener presente lo siguiente: como sociedad pensante debemos tener en cuenta que es un error atribuirle a El Niño, por sí solo, toda dificultad hídrica, cuando este evento golpea a Panamá. La lluvia importa, pero también importan la demanda, la capacidad de almacenamiento, el estado de las cuencas y las decisiones tomadas antes de una emergencia. La disponibilidad del recurso hídrico en los reservorios puede verse afectada por factores distintos de la precipitación. Esa distinción ayuda a plantear una respuesta más útil: seguir los pronósticos, medir lo que ocurre en cada cuenca, cuidar las fuentes de agua y preparar con anticipación a los sectores y comunidades más expuestos es esencial para poder enfrentar las sequías.

Referencias Bibliográficas:

  • Autoridad del Canal de Panamá. (2023). Annual Report 2023. Informe anual.
  • Autoridad del Canal de Panamá. (s. f.). Agua y el Canal. Página institucional.
  • Autoridad del Canal de Panamá. (2024). Canal de Panamá presenta resultados financieros del año fiscal 2024. Comunicado.
  • Climate Prediction Center. (2005, 19 de diciembre). Four El Niño regions. National Oceanic and Atmospheric Administration. https://cpc.ncep.noaa.gov/products/analysis_monitoring/ensostuff/nino_regions.shtml
  • Instituto de Meteorología e Hidrología de Panamá. (2023). Estado de las cuencas hidrográficas en Panamá, desde enero de 2022 hasta agosto de 2023. Informe institucional.
  • National Oceanic and Atmospheric Administration, Climate Prediction Center. (2026). Relative Oceanic Niño Index (RONI). Documentación del índice.
  • Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura. (s. f.). El Niño. Página temática.
  • Organización Meteorológica Mundial. (2024). El Niño y los efectos del cambio climático azotaron América Latina y el Caribe en 2023. Comunicado