El día 24 de agosto de 2023 comenzó el vertido de aguas radiactivas depuradas por el accidente nuclear de Fukushima, Japón hacia el Océano Pacifico.
Recordemos el fatídico terremoto de magnitud de 9.0 en marzo de 2011 en Japón, el cual provocó un tsunami de 14 metros de altura en la costa noreste de Japón.
Al detectar el terremoto, los reactores activos de la planta nuclear apagaron automáticamente sus reacciones de fisión. Debido a las descargas del reactor y otros problemas de la red, el suministro de electricidad falló y los generadores diésel de emergencia de los reactores comenzaron automáticamente a funcionar. Las mismas, estaban alimentando las bombas que hacían circular refrigerante a través de los núcleos de los reactores para eliminar el calor residual, que continúa a manar incluso después de que la fisión ha cesado.
El tsunami inundo los terrenos inferiores de la planta alrededor de los edificios del reactor de las Unidades 1 a 4 con agua de mar, que llenó los sótanos y destruyó los generadores de emergencia. La pérdida accidental de refrigerante resultante condujo a tres fusiones de núcleo, tres explosiones de hidrógeno y la liberación de contaminación radiactiva en las Unidades 1, 2 y 3 entre el 12 y el 15 de marzo de 2011.
Ninguna de esas explosiones se produjo en los reactores por lo que no hubo ninguna explosión nuclear, cosa que además no puede suceder debido al bajo nivel de enriquecimiento del combustible. El grupo de combustible gastado del Reactor 4 previamente apagado aumentó la temperatura el 15 de marzo debido al calor de descomposición de las barras de combustible gastado, recientemente agregadas; pero no se redujo lo suficiente como para exponer el combustible.
En los días posteriores al accidente, la radiación emitida a la atmósfera obligó al gobierno a declarar una zona de evacuación cada vez más grande alrededor de la planta, que culminó en una zona de evacuación con un radio de 20 kilómetros.
El vertido se extendería durante décadas, un millón de toneladas de agua radiactiva depurada, se prevé que el proceso completo se lleve unos 30 años, comenzará en pequeñas cantidades.
La primera descarga, de 7.800 metros cúbicos (7,8 millones de litros), el equivalente a tres piscinas olímpicas, se llevará a cabo en un periodo de 17 días.
El vertido tiene el aval de Organismo Internacional de Energía Atómica (OIEA), quienes son parte de la Organización de las Naciones Unidas (ONU), desde el mes pasado.
El Gobierno japonés aprobó hace dos años para desmantelar la central nuclear.
La decisión ha provocado protestas en el país y ha despertado las críticas tanto a nivel nacional como en el plano internacional, que lo considera “irresponsable y egoísta”, pese a contar con el respaldo de la OIEA.
Internamente la oposición de la industria pesquera japonesa, quienes temen una caída de ventas o vetos a la exportación de sus productos. Por ejemplo, Hong Kong y Macao ya han advertido de que dejarán de comprar pescado procedente de varias regiones japonesas, incluyendo Fukushima y Tokio.
Internacionalmente, en un comunicado del Ministerio de Exteriores de China ha afirmado que se opone y condena firmemente la decisión de Tokio, considerando que el vertido de agua contaminada es un asunto importante de seguridad nuclear con implicaciones más allá de las fronteras japonesas y de ninguna manera un asunto interno de Japón.
Un portavoz de la administración de seguridad nuclear ha calificado el movimiento del Gobierno de Japón como “extremadamente egoísta e irresponsable”, que pone “sus propios intereses por encima del bienestar de la humanidad”. Pekín anuncia que tomará las medidas necesarias para proteger el medioambiente marino, la seguridad alimentaria y la salud pública y que monitorizará de cerca el nivel de radiación en las aguas tras el vertido.
Tokio, por su parte, ha criticado a China por difundir “protestas sin base científica”, asegura que el vertido es seguro y destaca que el OIEA ya ha garantizado que el impacto sobre el medioambiente o las personas es “insignificante”.
Por otra parte, en Corea del Sur ha habido protestas al respecto, sin embargo, El primer ministro de Corea del Sur, Han Duck-soo, pidió a los ciudadanos que confíen en el gobierno y la ciencia, y no en noticias falsas relacionadas con la liberación de aguas residuales de Fukushima.
La verdadera pregunta, ¿es peligroso el vertido?
Según los resultados de las pruebas de Tokyo Electric Power Company (TEPCO), esa agua contenía alrededor de 63 becquereles de tritio (unidad que mide la actividad radiactiva) por litro, por debajo del límite de agua potable de la Organización Mundial de la Salud de 10.000 becquereles por litro. El tritio es un isótopo radiactivo del hidrógeno que se considera inofensivo porque, según la compañía, emite niveles muy débiles de radiación y no se acumula o concentra dentro del cuerpo humano.
Por otro lado, la OIEA también ha emitido un comunicado diciendo que su análisis independiente in situ había confirmado que la concentración de tritio estaba muy por debajo del límite.
“No habrá ningún efecto sobre la salud. No hay ninguna base científica. No hay ningún motivo para prohibir las importaciones de comida japonesa.”
- Geraldine Thomas, ex profesora de patología molecular en el Imperial College de Londres.
Además, algunos expertos han señalado al periódico The Guardian que las centrales nucleares de otros países, incluido China, han liberado tritio diluido al mar durante décadas sin incidentes.
“Las plantas de energía nuclear en todo el mundo han vertido rutinariamente agua que contiene tritio durante más de 60 años sin dañar a las personas ni al medio ambiente, la mayoría en niveles más altos que los previstos para Fukushima”
– Tony Irvwin – Profesor asociado honorario de la Universidad Nacional de Australia.
Con certeza no tenemos la información de lo que representa el tritio a largo plazo en la salud humana o el medio ambiente marino; esto lo veremos a futuro.
Por el momento, el vertido se desarrolla según lo previsto, sin que se hayan identificado irregularidades ni con la bomba de agua de mar ni en las instalaciones aledañas.