En el sentido estricto, se define la democracia como “un tipo de organización del Estado en el cual las decisiones colectivas son adoptadas por el pueblo mediante herramientas de participación directa o indirecta que confiere legitimidad a sus representantes”.
Entre sus principales características están la participación política, el pluralismo político, separación orgánica de funciones, derechos fundamentales, la representación política, el principio mayoritario, características a las que yo añadiría el deber y respeto por parte de los ciudadanos y candidatos de reconocer la voluntad mayoritaria del pueblo que elegimos en los procesos electorales. La democracia, como forma de gobierno, es una alternativa al autoritarismo y busca la participación de los ciudadanos, mientras que los grupos que apoyan las dictaduras tienen la intención de mantener el poder sin importar que se viole la ley o se afecten los derechos de las personas con tal de lograr sus objetivos.
Así como la democracia es una forma de gobierno justa y conveniente para vivir en armonía, ésta tiene sus enemigos. Estos adversarios simpatizan con o pertenecen al populismo, la corrupción, la prevalencia del interés particular sobre el interés general, la ignorancia, la desigualdad en las oportunidades, situaciones todas de miseria que amenaza las democracias y que también se suman a aquellos grupos representados por su candidato que participan en procesos eleccionarios democráticos y que no acatan la decisión mayoritaria de sus pueblos, perjudicando y afectando así la democracia y el imperio de la ley.
Uno de esos desafortunados ejemplos lo protagonizó el expresidente estadounidense Donald John Trump después de perder abrumadoramente las elecciones generales de ese país el 3 de noviembre de 2020, por más de siete millones de votos populares, ventaja que es la segunda mayor desde el año 2000. Esta superioridad asimismo fue dos veces y medio mayor que aquella del voto popular de la demócrata Hillary Clinton que fue de 2,868,685 sufragios sobre Trump en el año 2016.
Fiel a sus antecedentes de mal perdedor, en las elecciones del año 2020 contra el demócrata Joe Biden, Donald Trump no quiso aceptar su elevada derrota electoral tanto en el voto popular como en los votos electorales. En vez promovió un operativo, apoyándose en la falacia y falsedad de que había sido sacrificado en un fraude electoral, induciendo a su salvaje e ignorante base de extremistas con el propósito de perturbar la democracia por medio de una estafa, fingiendo fraude electoral. Difícil de digerir, pero la naturaleza depredadora de Trump estaba a la vista de todos cuando previo a las elecciones del 2016 contra Hillary Clinton, contemplando una posible derrota electoral, se pronunció en contra del sistema de los Colegios Electorales, calificándolo de amañado. Cuando se le preguntaba si concedería su derrota si era derrotado, se negó a comprometerse a una concesión y frente a la prensa declaró que dependería de quien ganaba. Como era de esperarse, no se quejó cuando, a través de los Colegios Electorales, pudo lograr la Presidencia de su país.
No pocos senadores tildaron a Trump de “mentiroso patológico” y el serio y conocido periódico The Washington Post rastreó información suministrada por el Presidente Trump en los tres primeros años de su presidencia y reportó que en ese período Trump había “pronunciado 16,200 declaraciones falsas y engañosas” y lamentablemente, no pocos de sus seguidores son similares. En su incapacidad de aceptar su amplia derrota en el año 2020 desarrolla una estrategia basada en el engaño de que había sido víctima de un fraude electoral. El mundo entero simplemente no puede olvidar, y el pueblo estadounidense mucho menos, aquella aciaga fecha del 6 de enero de 2021, bochornoso día que quedará marcado en la historia de ese gran país, cuando una turba de fanáticos del expresidente Trump se volcara e invadiera de manera agresiva y violenta el Capitolio en Washington, D.C., uno de los símbolos sagrados de la democracia, en lo que fue el primer asalto al Capitolio desde aquel de los británicos en 1814 durante la guerra de independencia iniciada en 1812. El propósito del asalto de 2021 fue evitar que los congresistas estadounidenses cumplieran con el deber constitucional de certificar en el Colegio Electoral la victoria apabullante que logró el demócrata Joe Biden sobre Donald Trump. Este vergonzoso ataque fue un intento evidente de golpe de estado, una insurrección, para muchos premeditado por el candidato derrotado y sus íntimos allegados que no quisieron aceptar su realidad. Repudiable espectáculo, llegó al punto en que algunos sostienen que en una conversación entre Trump y su vicepresidente y también republicano Mike Pence, Trump le solicitó sumarse a su plan de frenar la ratificación de Joe Biden como ganador de las elecciones, cosa que le fue negada ya que el Vicepresidente Pence eligió no violar flagrantemente la Constitución de los Estados Unidos. Como resultado de este golpe infructuoso, más de 700 manifestantes han sido acusados de cargos que van desde planear un ataque para impedir la confirmación oficial del triunfo de Joe Biden el martes, 3 de noviembre de 2020. Todos estos acontecimientos representan delitos graves que fomentaron y promovieron con premeditación y alevosía, incluyendo el no acatamiento de la voluntad mayoritaria de un pueblo, lo que indudablemente merece que su máximo conspirador, el ex mandatario Trump, sea señalado como un ENEMIGO DE LA DEMOCRACIA,
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Otro ejemplo ignominioso del tema que nos ocupa aconteció en el Brasil, en las elecciones celebradas en segunda vuelta electoral el 28 de octubre de 2018, de acuerdo con el ordenamiento electoral de Brasil, entre el Presidente de la República en funciones Jair Messias Bolsonaro y Luis Ina´cio Lula Da Silva, quien previamente fue Presidente de Brasil en dos períodos consecutivos, 2002 y reelegido en 2006. Lula Da Silva fue eterno candidato presidencial en las elecciones de 1989, 1994 y 1998, perdiendo en todas. Ahora, en su sexto intento, obtuvo la victoria sobre Bolsonaro, el Presidente de Brasil en junciones, un militar retirado, político ultraconservador y de extrema derecha. Bolsonaro, del Partido Social Liberal, fue elegido el 28 de octubre de 2018 en segunda vuelta electoral con el 55.13% de los sufragios contra su más cercano adversario, Fernando Haddad, del Partido de los Trabajadores, quien obtuvo el 44.87% de los votos.
Durante el gobierno de Donald Trump, Jair Bolsonaro fue considerado uno de sus grandes aliados. Muchos consideraron que Trump y Bolsonaro estaban “cortados con la misma tijera” y aparentemente a Trump le gustaba que consideraran a Bolsonaro el Trump de Suramérica. Tanto Trump como Bolsonaro clamaron fraudes electorales en las elecciones que perdieron ante Biden y Lula Da Silva respectivamente. Los dos pretendieron anular los resultados. Bolsonaro, como gran perdedor, dijo que el sistema electrónico de votación de Brasil no estaba a prueba de fraude. Al ser declarado ganador Lula Da Silva, partidarios de Bolsonaro bloquearon las carreteras y tuvieron serios enfrentamientos con la policía. También, seguidores de Bolsonaro se manifestaron frente a los cuarteles militares, exhortando al ejército a intervenir para impedir la toma de poder del Presidente Electo, Lula Da Silva.
Por otro lado, aparentemente se vincula a Jair Bolsonaro de tramar un golpe de estado ante su derrota de 2022 y los serios altercados del 8 de enero, que destrozaron la capital, cuando miles de sus fanáticos atacaron los principales edificios del gobierno para socavar la victoria de Lula Da Silva. Hay evidencia de que el propio Bolsonaro, allegados de su gobierno y algunos militares de alto rango, participaron en los esfuerzos por invalidar el resultado de los comicios, no reconociendo así el resultado mayoritario de la votación electoral. Los actos de insurrección realizados por los extremistas partidarios de Bolsonaro trajeron a la mente escenarios similares a las vistas del asalto al Capitolio de Estados Unidos el 6 de enero de 2021, cuando rompieron ventanas, tumbaron muebles, destruyeron obras de arte. Los policías lanzaron gases lacrimógenos contra los iracundos manifestantes que se negaban a dejar las instalaciones, invadieron edificios gubernamentales en Brasilia y crearon vínculos entre el populismo de ultra y extrema derecha de Brasil y Estados Unidos.
Afortunadamente para ambos países, el ambiente de violentos movimientos fomentado por los personajes mencionados quedaron lejos de lograr sus objectivos, como el de un supuesto fraude electoral nunca demostrado, ratificado por expertos como también los observadores internacionales que siempre negaron que hubiera certeza alguna de fraude electoral.
La actitud asumida por Jair Bolsonaro en pretender no reconocer el triunfo indiscutible de Lula Da Silva, por ende negar la voluntad mayoritoria del pueblo brasileño, no sólo erosiona la democracia, con su ímpetu golpista debilitando las instituciones, con su estrategia de mantenerse en el poder se hace evidente que es otro enemigo de la democracia.
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Las elecciones presidenciales de Guatemala se celebraron el domingo 16 de junio de 2019. En la primera vuelta electoral se había impuesto con mayor cantidad de votos Sandra Torres Casanova del partido Unidad Nacional de la Esperanza, con el 25.53% y de segundo Alejandro Giammettei del Partido Vamos, con un 13.96% de los votos y el resto de los candidatos presidenciales se repartieron los demás votos populares. Luego de que ningún candidato presidencial obtuviera más del 50% de los sufragios, la segunda vuelta electoral se celebró el 11 de agosto. Sólo los dos candidatos presidenciales más votados en la primera vuelta participaron, siendo ellos Sandra Torres Casanova y Alejandro Giammattei. En la segunda vuelta el candidato Alejandro Giammattei obtuvo el triunfo con el 57.95% sobre Sandra Torres que obtuvo el 42.05%. Giammattei tomó posesión como Presidente de Guatemala ante el Presidente del Congreso el 14 de enero de 2020 por un período de cuatro años. La primera vuelta de la siguiente elección presidencial, la décima elección general en Guatemala desde el retorno a la democracia en 1985, se realizó en Guatemala el domingo, 25 de junio de 2023. Debido a que ningún candidato obtuvo la mayoría absoluta (50% + 1 votos) se realizó la segunda vuelta el domingo, 11 de agosto de 2023, en un ambiente de acusaciones mutuas de irregularidades y fraude electoral. Cuando se presentaron los primeros resultados de las elecciones generales, el 1 de julio de 2023, la Corte Constitucional ordenó al Tribunal Supremo no oficializar dichos resultados, aunque de forma provisional. La decisión tomada por la alta corporación de justicia, fue a consecuencia del recurso legal impuesto por los partidos UNE, Vamos y Valor, ante la sospecha de supuestas anomalías. Luego de investigar profundamente los resultados, se autorizó la celebración de la segunda vuelta en la que el candidato de Movimiento Semilla, Bernardo Arévalo, obtuvo la victoria con aproximadamente el 60% de los votos populares. Sin embargo, el reconocimiento de la victoria de Bernardo Arévalo de León no fue sencillo. Hubo protestas en el país centroamericano desde el momento en que el Ministerio Público inició una persecución penal en contra del Partido Movimiento Semilla, que obtuvo la victoria. Estas y otras acciones tenían como propósito poner en duda el triunfo de Bernardo Arévalo sobre Sandra Torres y así evitar, según muchos, que tomara posesión como Presidente Constitucional de Guatemala. Esta situación anómala llegó al punto que Fiscales de Guatemala pidieron la nulidad de las elecciones presidenciales de agosto y el retiro de la inmunidad del presidente electo, Bernardo Arévalo, alegano que existieron anomalías en los resultados electorales por parte del Tribunal Supremo Electoral, así como irregularidades cuando se constituyó el Partido Movimiento Semilla de Bernardo Arévalo. Ante tal situación además de otros asuntos, la OEA denunció “un intento de golpe de estado” e igualmente se pronunció a favor de Bernardo Arévalo y sus correligionarios, haciendo énfasis en que lo actuado era un “golpe de estado” para evitar que asumiera el poder al haber obtenido el voto mayoritario de los guatemaltecos. Arévalo asimismo señaló que “existe un grupo de políticos y funcionarios corruptos que se niegan a aceptar este resultado y han puesto en marcha un plan para romper el orden constitucional y violentar la democracia.”
Por su parte, los Estados Unidos, la Unión Europea, además de la OEA, cuestionaron la orden de la Corte de Constitucionalidad de Guatemala de no oficializar los resultados de las elecciones. También, Bernardo Arévalo acusó a la Fiscal General Consuelo Porras, quien dirige el Ministerio Público, de estar involucrada en el golpe de estado y no pocos analistas estiman que el Presidente Giammattei busca no comprometerse ante la situación, por lo que su silencio lo hace ver como posible cómplice con otros grupos de políticos y funcionarios corruptos que se niegan aceptar el desenlace de las elecciones que eligió a Bernardo Arévalo De León como Presidente Constitucional de Guatemala.
Finalmente, después de todo tipo de conspiraciones planeadas y frustradas, e intenciones de golpe de estado, Bernardo Arévalo del Partido Movimiento Semilla, tomó posesión como el 52avo Presidente Constitucional de la República de Guatemala el 15 de enero de 2024, obteniendo un triunfo claro y contundente con aproximadamente el 60% de los votos, e igual su Vicepresidente, Karin Herrera. Los intentos de impedir su toma de posesión generaron una amplia condena tanto a nivel nacional como internacional por no querer acatar la voluntad mayoritaria y soberana del pueblo guatemalteco.
Hay que reconocer la postura de la OEA, de la Administración Biden de los Estados Unidos y de la Comunidad Europea, quienes en todo momento apoyaron los principios democráticos de Guatemala, ya que sin ese respaldo y solidaridad, posiblemente una vez más la democracia hubiera sido vulnerada.
Siempre y con mucha tenacidad y firmeza, todos aquellos que defienden la democracia deberán estar pendientes y solidarios contra aquel populismo tanto de extrema derecha y de izquierda, que surgen para no acatar la voluntad popular mayoritaria expresada en las urnas, siendo éste uno de los principios esenciales de la democracia y del estado de derecho. Como diría el actual Presidente de los Estados Unidos, Joe Biden, “Respetar la voluntad del pueblo es parte esencial de nuestra democracia.”