¿Está el dragón estrangulando al tigre de Bengala? Examinando la contraestrategia india al Collar de Perlas chino

india China

El Océano Índico se ha convertido en uno de los escenarios más estratégicos del siglo XXI. A través de sus rutas transitan alrededor del 80 % del comercio marítimo mundial de petróleo y buena parte del comercio entre Asia, Europa y África. No es de extrañar que tanto China como India, dos potencias emergentes, vean en esta región un espacio vital para su seguridad y proyección de poder. En este contexto, el investigador Miguel Gómez Catalán analiza la rivalidad creciente entre ambos países y cómo la India ha diseñado una sofisticada contraestrategia frente al avance marítimo chino.

China lleva años desarrollando su estrategia del “Collar de Perlas”, una red de puertos y bases bajo su influencia que se extiende desde su costa oriental hasta el Cuerno de África. A través de esta red —que incluye puntos clave como Gwadar (Pakistán), Hambantota (Sri Lanka), Chittagong (Bangladesh) y Kyaukpyu (Myanmar)— Pekín busca asegurar sus rutas comerciales, reducir su dependencia del estrecho de Malaca y garantizar el abastecimiento energético para su enorme economía

Sin embargo, detrás de estas inversiones se ocultan claras motivaciones geopolíticas. La cesión del puerto de Hambantota a una empresa china por 99 años o los proyectos en Pakistán han despertado temores sobre una posible “trampa de deuda” y sobre la utilización de estas infraestructuras con fines militares. Para la India, este despliegue no es solo una expansión económica, sino un intento de rodearla y limitar su influencia natural en el Índico.

En respuesta, Nueva Delhi ha articulado una estrategia de largo alcance que combina diplomacia, desarrollo e infraestructura militar. Su Política de Actuar al Este (Act East Policy), lanzada en 2014, amplió la visión económica tradicional para incluir objetivos de seguridad y cooperación tecnológica. India ha fortalecido vínculos con países del Sudeste Asiático —como Vietnam, Tailandia, Singapur e Indonesia— y ha impulsado acuerdos de libre comercio con la ASEAN. A través de proyectos como el Corredor de Transporte Internacional Norte-Sur y la Carretera Trilateral India-Myanmar-Tailandia, busca consolidar su posición como eje comercial entre Asia y el mundo

Pero la respuesta india no se queda en la diplomacia. El país ha diseñado dos estrategias militares complementarias: el “Doble Anzuelo” y el “Collar de Diamantes”. La primera tiene un enfoque defensivo, mientras que la segunda adopta una lógica de contención y cooperación multilateral.

El “Doble Anzuelo” busca asegurar el control de los mares que rodean al subcontinente mediante alianzas estratégicas con Estados Unidos, Francia, Australia y Japón. El “anzuelo oriental” se extiende desde las islas Andamán y Nicobar —clave para vigilar el estrecho de Malaca— hasta Indonesia y Australia, pasando por bases compartidas como la de Changi, en Singapur. El “anzuelo occidental”, por su parte, incluye puertos como Chabahar en Irán y Duqm en Omán, además de las islas Mauricio, Reunión y Seychelles, conformando un anillo defensivo que blinda el acceso al Océano Índico

En paralelo, la estrategia del “Collar de Diamantes” actúa como contrapeso directo al Collar de Perlas chino. Conceptualizada en 2011 por el diplomático Lalit Mansingh, consiste en una red de alianzas y bases que rodea a China mediante la cooperación con países clave como Japón, Vietnam, Singapur e Irán. A diferencia del enfoque expansivo chino, el collar indio apuesta por el multilateralismo y la cooperación tecnológica y militar, reforzada por foros como el QUAD (Diálogo de Seguridad Cuadrilateral), que reúne a India, Estados Unidos, Japón y Australia

El papel de Japón es esencial: Tokio y Nueva Delhi han profundizado su colaboración en defensa y tecnología, y comparten la visión de un Indo-Pacífico libre y abierto. Vietnam, por su parte, representa un aliado estratégico en el Mar de China Meridional, donde India financia proyectos energéticos y de seguridad marítima. Incluso Mongolia forma parte del “diamante” indio, recibiendo financiación para proyectos mineros y de refinación de petróleo.

A pesar de su creciente asertividad, la India enfrenta un dilema estructural: su dependencia económica de China. En 2023, importó más de 100.000 millones de dólares en bienes chinos, principalmente en maquinaria y tecnología, mientras sus exportaciones a ese país apenas alcanzaron una cuarta parte de ese valor. Esto obliga a Nueva Delhi a mantener un equilibrio entre la cooperación y la competencia, cuidando que su economía no se vea perjudicada por tensiones políticas

En el análisis de Gómez Catalán, la pugna sino-india se enmarca en una lucha más amplia por el liderazgo del Indo-Pacífico, una región donde confluyen intereses de potencias globales como Estados Unidos, Francia y Japón. Mientras China busca expandir su influencia mediante la Iniciativa de la Franja y la Ruta, India promueve un modelo alternativo basado en la cooperación democrática, la diversificación económica y la defensa compartida.

Ambas naciones saben que el control del Océano Índico significa poder político y económico a escala global. China ha apostado por la infraestructura y la inversión; India, por la diplomacia y la disuasión. El dragón avanza con su Collar de Perlas, pero el tigre responde con su Collar de Diamantes.

La cuestión que plantea el autor —si el dragón está estrangulando al tigre de Bengala— sigue abierta. Lo cierto es que, por ahora, el Índico se ha convertido en el epicentro de una nueva Guerra Fría asiática, donde el comercio, la tecnología y las alianzas militares redefinirán el equilibrio del poder mundial.

Fuente: https://www.defensa.gob.es/documents/2073105/2320887/esta_el_dragon_estrangulando_al_tigre_de_bengala_2025_dieeeo72.pdf