La batalla silenciosa en los pasillos de la CSS

En la Caja de Seguro Social se libra una guerra que no aparece en los partes oficiales ni se escucha en los discursos políticos. Es una batalla silenciosa, marcada por la escasez, la desconfianza y la confrontación entre quienes curan y quienes administran.
Todo comenzó con cartas y comunicados que rompieron la rutina hospitalaria. Los neurocirujanos, quince en total, alzaron la voz para denunciar un “embudo” insoportable: camas de cuidados intensivos insuficientes, quirófanos cerrados, escasez de suministros y listas de espera que crecen como un monstruo imposible de detener. En otro frente, los gastroenterólogos hicieron lo propio. Señalaron que médicos generales tomaban decisiones clínicas para las que no tenían competencias, poniendo en riesgo la seguridad de los pacientes. Lo describieron como una extralimitación que vulnera no solo su trabajo, sino también la confianza de quienes llegan en busca de atención.
En medio del ruido de las quejas, apareció la respuesta del director médico, Ricardo Sandoval, con una frase que encendió aún más el debate: “Muchos harán resistencia, otros se irán ante los cambios”. Su declaración no hablaba únicamente de quirófanos ni de horarios, sino de disciplina, productividad y la capacidad de los especialistas de adaptarse a un sistema que intenta reorganizarse a contrarreloj.
Sandoval asegura que no se trata de falta de insumos, sino de compromiso. Que hay quirófanos listos y plazas disponibles, pero que no se aprovechan. Que durante su gestión ha logrado aumentar de ocho a quince las salas operativas y extender los horarios quirúrgicos hasta duplicar la oferta de horas de cirugía. Para él, el problema radica en que algunos médicos no cumplen con los horarios ni con el número de procedimientos establecidos. “Si llevas dos, tres o cuatro años sin trabajar al 100 %, lo que debes hacer es aumentar tu compromiso”, sentenció.
El relato, sin embargo, no es tan simple. Porque tanto los neurocirujanos como los gastroenterólogos ven otra cara de la moneda: la carencia de recursos, las decisiones centralizadas sin consulta técnica, las condiciones laborales hostiles. En su visión, exigir más productividad sin garantizar lo básico es como pedirle a un cirujano que opere sin bisturí.
Los quirófanos se han convertido en el símbolo de esta disputa. En el Complejo Hospitalario Dr. Arnulfo Arias Madrid, apenas ocho de veinte funcionaban. En la imponente Ciudad de la Salud, de veinticinco, solo siete estaban en uso, algunos cerrando incluso antes del mediodía. La administración habla de reorganización, de optimización, de ampliar la capacidad instalada. Los médicos responden que sin equipos, insumos ni personal técnico, la productividad es una ilusión.
El desenlace de esta historia aún está abierto. Lo que sí está claro es que la transición no será fácil. Sandoval lo reconoce: “habrá resistencia, otros se acomodarán y otros se irán”. Sus palabras dibujan un panorama de ruptura, donde el sistema busca depurarse en plena tormenta.
Pero, más allá de los comunicados y los llamados de atención, hay un protagonista silencioso que no puede esperar: el paciente. El asegurado que pasa horas en una sala de urgencias, el que aguarda meses por una cirugía de neurocirugía, el que necesita con urgencia un procedimiento de gastroenterología, el que se aferra a la promesa de un sistema de salud que debería ser su refugio.
La batalla de la CSS no se libra en un solo frente. Es la lucha entre la productividad exigida y las condiciones necesarias para alcanzarla. Entre la disciplina y la precariedad. Entre la administración que reorganiza y los médicos que resisten. Y mientras tanto, la herida más profunda sigue abierta: la de un país donde la salud pública camina siempre en el filo entre la esperanza y la frustración.
Quizás esta crisis nos obliga a mirarnos en un espejo incómodo. Nos revela que detrás de cada disputa gremial, de cada cifra de productividad y de cada quirófano cerrado, hay rostros que esperan. No podemos permitir que el debate se reduzca a quién tiene la razón. La verdadera urgencia está en devolverle la dignidad al acto de atender y al derecho de ser atendido.
La esperanza no está perdida. Si médicos y directivos logran tender puentes, si la disciplina se acompaña de recursos y la exigencia se sostiene en la empatía, la Caja de Seguro Social podría convertirse en la institución que el país merece: una que no se debata entre la resistencia y el abandono, sino que sea capaz de reconciliar productividad con humanidad. Al final, no se trata de quién gana esta batalla, sino de que los pacientes, los que esperan por neurocirugía, por gastroenterología y por tantas otras especialidades, no sigan siendo las víctimas invisibles de un conflicto que, si no se resuelve, amenaza con convertirse en la herida más dolorosa de la Nación.
Fuente: https://www.prensa.com/sociedad/muchos-haran-resistencia-otros-se-iran-ante-los-cambios-director-medico-de-la-css/