Desde siempre hemos escuchado que “el tiempo es oro”, si esto es cierto todos somos ricos porque estamos vivos. En realidad, somos “potencialmente ricos”, porque todo dependerá de lo que tengamos en mente hacer con el tiempo que Dios nos permita vivir, el tiempo que nos regale a partir de este momento.
Siempre tendremos dos opciones: 1. Invertir el tiempo en estudiar una carrera o estudiar un negocio o una inversión. Este será un camino que implica utilizar parte de ese “tiempo-oro” para estudiar la carrera o los proyectos, dicho en otras palabras, utilizar tiempo para trabajar para el futuro. Esto para muchos no es nada divertido. Es “sacrificar” tiempo presente a la espera de lograr un beneficio futuro. En términos financieros es el mismo principio del ahorro, sacrificas consumo actual para guardar para el futuro.
Cambiar tiempo de diversión para educarte y/o trabajar es dejar de disfrutar las múltiples diversiones que el mundo te ofrece hoy. Por supuesto que llevar una vida balanceada es lo ideal, pero hay muchos que deciden no tomar ese camino. Cuando hablo de una vida balanceada es poder utilizar las 24 horas del día de forma disciplinada: 8 horas para trabajar o estudiar, 8 horas para dedicártelas a ti: disfrutando momentos de soledad, o participando en actividades con la familia o con los amigos.

El otro camino que tienes para utilizar tu Tiempo (oro) es muy bueno, te brinda muchas satisfacciones. Pasear, visitar bares, no perderse una sola fiesta y muy buenas parrandas, ver televisión todo el día, o no despegarte de la red o simplemente dormir.
Seguir este segundo camino significa Gastar tu tiempo “oro”, contrario a la primera opción que significa Invertir tu Tiempo “oro”.
Al seguir el segundo camino, al pasar los años verás a tus amigos tener una profesión y lograr un nivel de vida mejor que el tuyo. Es un asunto de probabilidades, unos pocos se hacen ricos o viven bien sin necesidad de estudiar, pero esos son muy pocos.
En mi camino como Consultor Gerencial he conversado con algunos empresarios exitosos que me han compartido que les hubiese gustado estudiar, les ha quedado ese deseo intenso de haberlo logrado esta meta, aunque saben bien que no lo necesitaron para hacer dinero, sin embargo, siente que les falta algo en su vida. Les duele que teniendo todo el talento no invirtieron parte de “tiempo oro” en tener una formación profesional.
¿Quién dice que tener dinero es sinónimo de éxito?
Por otra parte, también hay otros que estudian y que no les va bien en su vida profesional, sin embargo, es seguro que están en una situación económica mejor que si no hubiesen estudiado.
El tiempo pasa muy rápido y hay un refrán que dice que “el tiempo que se va, no vuelve”, por otra parte, el tango que inmortalizó Gardel dice que, 20 años no son nada; en un pestañeo se te va la juventud y se te va la vida. Siempre tengo muy presente una conversación con mi Madre, ya anciana, en la que le pregunté ¿Cómo sentiste la vida? Y se respuesta fue: “un día me miré al espejo y me dí cuenta que había envejecido”.
Yo soy uno de muchos que para poder estudiar en la Universidad hemos tenido que trabajar y les comparto lo que yo definí para lograr la meta de graduarme: “soy un estudiante que trabaja para poder estudiar, no soy un trabajador que estudia en su tiempo libre”. Esto me ayudo a tener muy claro lo que yo quería en mi vida profesional. Lo resumo diciendo que es necesarios que nos Fijemos Metas.
La ausencia de metas diluye nuestros esfuerzos, de allí su importancia, tengamos presente que nuestra Visión de la vida que deseamos tener en cinco o diez años se concreta con el establecimiento de metas concretas que debemos lograr en un tiempo definido.
La vida es una tómbola cantaba una famosa artista de mi niñez. Algunos años subes, subes y vas logrando metas, pero en el camino puedes encontrarte con tropiezos que frenan o eliminan tu crecimiento, pero jamás esto debe detenerte, siempre tienes que tener presente en estos momentos que estos tropiezos son una ocasión de aprender y que Dios está contigo siempre que actúes de manera correcta, y así con Dios de tu lado haces un esfuerzo, fijas nuevas metas y sigues adelante.