Este artículo es un resumen del documento de análisis titulado «La inteligencia artificial y la guerra de Ucrania», escrito por José Pardo de Santayana y publicado el 17 de diciembre de 2024 en el Boletín Electrónico de la IEEE. Para ver este documento completo da click en el siguiente enlace: https://www.defensa.gob.es/documents/2073105/2278118/la_inteligencia_artificial_y_la_guerra_de_ucrania_2024_dieeea81.pdf
El documento explora cómo la inteligencia artificial (IA) está transformando la naturaleza de los conflictos bélicos, con énfasis en su aplicación en la guerra de Ucrania. Según el autor, este conflicto se asemeja a un laboratorio donde las grandes potencias y las empresas tecnológicas experimentan con el potencial de la IA para obtener ventajas estratégicas en el campo de batalla. A medida que la rivalidad tecnológica entre Estados Unidos y China se intensifica, la IA emerge como un elemento clave para definir la supremacía militar global. Aunque la guerra en Ucrania no está completamente determinada por la IA, su papel es cada vez más significativo, con aplicaciones que abarcan desde la logística y el reconocimiento de objetivos hasta la guerra cibernética y la defensa antiaérea.
Innovaciones tecnológicas en el conflicto
El análisis destaca que, antes del estallido de la guerra, la IA ya había provocado una revolución en la seguridad global, optimizando procesos logísticos y decisiones tácticas en las fuerzas armadas de países como Estados Unidos. Durante la guerra de Ucrania, la IA ha permitido a las fuerzas ucranianas contrarrestar el poderío militar ruso a través de herramientas avanzadas como drones autónomos, sistemas de inteligencia geoespacial y algoritmos de aprendizaje automático. Estas tecnologías han sido utilizadas para geolocalizar tropas enemigas, analizar patrones en movimientos militares y proteger infraestructuras críticas contra ataques con misiles y drones. Empresas como Palantir y Microsoft han jugado un papel fundamental en estos esfuerzos, proporcionando sistemas que integran datos satelitales y redes sociales para mejorar la capacidad de respuesta en tiempo real.
Por otro lado, Rusia ha implementado sistemas de IA en drones kamikaze y vehículos no tripulados, aunque con menor éxito operativo. El dron Lancet-3, por ejemplo, utiliza redes neuronales para identificar y atacar objetivos, pero su efectividad ha sido cuestionada debido a la falta de evidencia sólida que respalde su desempeño. Además, la colaboración tecnológica entre Rusia y China, especialmente en el desarrollo de inteligencia artificial militar, representa un factor estratégico importante en esta dinámica global. China, por su parte, aprovecha el conflicto para recopilar datos operativos y perfeccionar sus capacidades tecnológicas, consolidando su posición como uno de los principales actores en la carrera armamentista digital.
El papel de la desinformación y la guerra cognitiva
Uno de los aspectos más preocupantes del uso de la IA en este conflicto es su contribución a la guerra de desinformación. Tanto Rusia como Ucrania han utilizado la IA para crear y amplificar narrativas en redes sociales, difundiendo imágenes, videos y audios falsos con el objetivo de influir en la percepción pública. Por ejemplo, se cita el uso de un video falso al inicio de la guerra en el que el presidente Zelenski supuestamente pedía la rendición de Ucrania. Aunque estos intentos iniciales fueron fácilmente identificables, los avances en IA están haciendo que las falsificaciones sean cada vez más convincentes, representando un desafío significativo para la verificación de la información en tiempo real.
Al mismo tiempo, las herramientas de IA están siendo empleadas para contrarrestar la desinformación, identificando y eliminando contenido falso con mayor rapidez y precisión. Sin embargo, estas medidas plantean interrogantes éticos y prácticos sobre quién decide qué información es veraz y cómo evitar el abuso de estas tecnologías para restringir la libertad de expresión.
Implicaciones geopolíticas y éticas
El documento subraya que la creciente militarización de la IA está transformando las relaciones internacionales y planteando dilemas éticos fundamentales. A diferencia de la era nuclear, donde los gobiernos lideraron el desarrollo tecnológico, la revolución de la IA está impulsada principalmente por actores privados que priorizan intereses comerciales sobre consideraciones de seguridad nacional. Esto genera preocupaciones sobre la falta de regulación y el riesgo de que la tecnología se utilice de manera irresponsable o desproporcionada.
Además, el autor menciona el peligro de una «carrera armamentista digital» entre Estados Unidos y China, donde cada superpotencia busca superar a la otra en aplicaciones militares avanzadas. Mientras que Estados Unidos mantiene una ventaja tecnológica gracias a la innovación de empresas como OpenAI y Google, China aprovecha su política de fusión civil-militar y su acceso a grandes volúmenes de datos para acelerar su desarrollo. Esta rivalidad, acentuada por la desconfianza mutua, dificulta la cooperación necesaria para establecer normativas internacionales que regulen el uso de la IA en contextos bélicos.
El laboratorio de la guerra del futuro
La guerra en Ucrania no solo está definiendo el presente, sino que también establece precedentes para los conflictos futuros, donde la IA desempeñará un papel central. La capacidad de recopilar y analizar datos en tiempo real está transformando las estrategias militares, permitiendo una toma de decisiones más rápida y precisa. Sin embargo, esta dependencia de la tecnología plantea riesgos significativos, como la posibilidad de errores en sistemas autónomos y la pérdida de control humano en momentos críticos.
El autor concluye que, aunque la IA no es el factor determinante en el conflicto actual, su impacto está sentando las bases para una nueva forma de guerra. Cada día que la guerra continúa, las tecnologías basadas en IA se perfeccionan con datos reales, no para detener el sufrimiento, sino para ser más eficaces en futuras confrontaciones. Este desarrollo plantea la necesidad urgente de un diálogo global sobre los límites éticos y estratégicos del uso de la IA en conflictos armados.