Luis Aguilar Olaciregui: Maestro del color, la docencia y la espiritualidad

En la historia del arte panameño, pocos nombres resuenan con tanta fuerza como el de Luis Alberto Aguilar Olaciregui (Panamá, octubre de 1950 – julio de 2025). Artista, educador y guía espiritual del color, dejó un legado que se extiende mucho más allá de sus vibrantes lienzos: formó generaciones, impulsó instituciones y transmitió la convicción de que el arte es una herramienta para la integridad del ser humano.
Infancia en La Macarronera y primeros pasos
Luis Aguilar Olaciregui creció en La Macarronera, Calidonia. Un sector popular de la ciudad de Panamá que marcó sus primeras vivencias y su sensibilidad artística. Allí aprendió a observar los colores y las formas de la vida cotidiana, experiencias que años después impregnarían su obra con un fuerte sentido de humanidad y pertenencia.
Su inclinación por la pintura comenzó en su juventud. Mientras estudiaba en el Instituto Fermín Naudeau, la profesora Estela Perigault de Malgrat fue una de las primeras en reconocer su talento, alentándolo a seguir la carrera de Bellas Artes. Otro pilar en sus inicios fue el maestro Adriano Herrerabarría, con quien trabajó como asistente durante aproximadamente tres años, absorbiendo conocimientos técnicos y disciplina.
La galerista Mery Palma también jugó un papel importante, abriéndole las puertas de su espacio expositivo y brindándole una plataforma para sus primeros pasos profesionales.

De Panamá a Florencia: un viaje de 18 días
Tras graduarse con honores de la Escuela Nacional de Artes Plásticas en Panamá, Olaciregui tenía un objetivo claro: estudiar en la Academia de San Marcos en Florencia, Italia. Sus profesores Emilio Torres y Raúl Ceville, quienes también se habían formado allí, fueron un gran impulso para dar el salto.
En 1973 emprendió el viaje en barco, una travesía que duró 18 días. En Italia perfeccionó su técnica y amplió su visión artística. Finalmente, en 1980 regresó a Panamá con su título, listo para poner su conocimiento al servicio de su país.
El maestro y su misión
Para Olaciregui, la Escuela Nacional de Artes Plásticas fue más que un lugar de trabajo: fue su casa y su forma de vida. Desde allí, dedicó décadas a la docencia, enseñando que la academia brinda herramientas, pero el verdadero artista debe formarse trabajando, investigando y creando.
Su compromiso lo llevó a ayudar en la creación de la Escuela de Chitré y la Escuela de David. También motivaba a sus estudiantes a cuidar sus espacios, especialmente en la Ciudad de las Artes, y defendía que el Ministerio de Educación debía reforzar la espiritualidad y la integridad del individuo como parte de la formación artística.
Creía firmemente que incluso si un estudiante no se dedicaba profesionalmente al arte, este camino le permitiría desarrollarse de manera más integral y tener mayor capacidad de elección en la vida.
Junto a Emilio Torres y Aguilar Ponce, fundó la Casa del Arte, ubicada en lo que antes fue la Escuela de Danza y que pertenecía al Instituto Nacional de Cultura. Este espacio se convirtió en un punto de encuentro para coleccionistas, críticos, artistas, periodistas, escritores y músicos.

Obra y estilo: color, paz y espiritualidad
Su pintura se centró en el expresionismo abstracto, con una paleta vibrante de acrílicos que él mismo preparaba. En todas sus obras decía que “el Señor está presente”, pues creía que Dios era quien le había permitido llegar tan lejos y hacer lo que amaba.
Buscaba transmitir paz y espiritualidad. Series como Camino de Cruces, La Ofrenda y Cartas a Holanda reflejan esta intención, combinando color y simbolismo para ir más allá de lo visual.
Sobre su atracción por el abstracto, expresó:
“Las razones son complejas, requiere adentrarse en un mundo de contrastes entre lo profundo del ser interior y el impulso de crear cosas innovadoras… siempre sentí una gran atracción por esa forma de pintura abstracta y, en la época de estudiante, uno trata de profundizar y encontrar tu identidad para que cale esto en el espectador”.
Su maestro Eudoro “Lolo” Silvera le enseñó historia del arte y la técnica de la acuarela, que Olaciregui describía como “una técnica que requiere paciencia”. Aunque fue el acrílico su medio predilecto, la base de su dominio técnico incluía una amplia experimentación con distintas disciplinas.

Exposiciones y reconocimiento
Su primera exposición individual fue en la Galería Dexa (Panamá, 1974). Luego siguieron numerosas muestras, incluyendo una en el Museo de Arte Contemporáneo de Panamá (1992) y múltiples colectivas tanto en el país como en el extranjero.
Fue subdirector de la Escuela Nacional de Artes Plásticas del Ministerio de Cultura, y ejerció la docencia por más de 30 años, viendo en ella “una herramienta para enseñar disciplina y recibir retroalimentación de niños y jóvenes”.
Despedida de un grande
El 19 de julio de 2025, Luis Aguilar Olaciregui falleció tras una prolongada enfermedad que nunca le impidió seguir pintando y enseñando. Su legado vive en sus alumnos, en las instituciones que ayudó a formar y en cada lienzo que dejó, como testimonio de que el arte puede ser un puente entre lo humano y lo espiritual.
“Más allá de la forma”: Homenaje al Maestro Olaciregui
Este miércoles 13 de agosto, a las 7:00 p.m., la Ciudad de las Artes abrirá sus puertas para rendir tributo a la vida y obra de Luis Aguilar Olaciregui, uno de los grandes pilares de la pintura panameña. En el marco de la celebración del 112° aniversario de la Escuela Nacional de Artes Plásticas, esta exhibición reunirá piezas emblemáticas y testimonios visuales que revelan la esencia de su legado. Será una oportunidad única para admirar el arte “más allá de la forma” y reencontrarse con la memoria cultural de Panamá.
