Mañana se celebran las elecciones presidenciales en Argentina, en segunda vuelta, y luego de un prolongado proceso electoral que, a diferencia con nuestro país, se inicia con unas elecciones primarias, obligatorias, para escoger los candidatos y luego una elección general en la que se requiere una mayoría de 50% de los votos para lograr la investidura en primera vuelta; y en caso contrario, como ocurrirá mañana, en segunda vuelta se escoge finalmente al Presidente de la Nación.
Antes de las primarias, solo se vislumbraban dos candidatos que a su vez representaban a las fuerzas políticas tradicionales:
Sergio Massa de Unión por la Patria, representante del gobierno actual integrado por partidos de tradición peronista y con influencias de la familia Kirchner de la vicepresidenta Cristina Fernández de Kirchner, y Juntos por el Cambio representando a los seguidores de Mauricio Macri, quien desistió a su candidatura y fue representado después de las primarias por Patricia Bullrich, pero como se dice en el argot hípico “se coló por los palos” un candidato disruptivo, líder de un partido de ultraderecha, denominado “ Los Libertarios”, el economista Javier Milei, conocido también como el «Peluca Milei” por su profusa cabellera.
Pues bien, en las primarias salió vencedor “El Gallo Tapao” Milei y quedó en segundo lugar Sergio Massa.
Luego en la primera vuelta, que ocurrió hace un mes, “se viró la tortilla” y ganó Sergio Massa, seguido por Javier Milei y en tercer lugar arribó Patricia Bullrich, que también representa a una derecha moderada, del ala de Macri.
En este interregno, las fuerzas políticas del Macrismo, han pactado con los libertarios y llegarán juntos a esta segunda vuelta.
Ahora bien, resulta que Massa obtuvo en la primera vuelta un porcentaje de votos que alcanza más del 5% por encima de Milei y por ende, la elección tiene matices muy especiales porque hay otra característica única de este sistema electoral que obliga a los candidatos a participar en debates; que tiene una regla muy importante, que consiste en debates públicos con reglas muy estrictas en cuanto a la intervención de cada candidato, la posibilidad de réplicas con un estilo directo como sí se tratara de un contrainterrogatorio, con un espectro que va desde la economía, la seguridad, el empleo, los derechos humanos, las relaciones internacionales y hasta aspectos personales, íntimos de cada candidato.
Precisamente en el caso del candidato derechista, libertario, disruptivo, economista, sus opositores lo han llamado “El loco Milei” porque en su campaña presidencial se armó de una motosierra y prometió que iba a acabar de una vez por todas, con el tamaño del Estado, la corrupción, el Banco Central, los subsidios, la impunidad, los negociados, los cuales denominó con el nombre de “La Casta”.
No ha escapado a su propuesta la oferta de eliminar el peso argentino y reemplazarlo por el dólar norteamericano, lo cual le ha atraído el entusiasmo de los jóvenes, las amas de casa, los empresarios y todos los que han vivido el derrumbe de la economía argentina, la inflación que pasa de 100% en un año, los distintos tipos de cambio, entre el peso y el dólar, las restricciones para adquirir bienes y servicios de origen extranjero, el infierno tributario y las carencias en cuanto a la salud, la seguridad y las pensiones de jubilación.
Ahora bien, el gobierno actual ha multiplicado los subsidios como para tratar de mitigar la percepción general de un país sobreendeudado, una deuda pública que constituye un lastre, una corrupción en ascenso y una educación que cada día aleja a los estudiantes argentinos que requieren de la educación pública de las herramientas básicas para insertarse en los mercados mundiales, y por ello se ha incrementado la salida de talento argentino hacia Estados Unidos, Europa y otras naciones.
Desde el punto de vista estrictamente político, Massa tiene una gran experiencia pues ha servido por más de 30 años en el gobierno, mientras que Milei es un analista frío que le dice a la ciudadanía cuáles serían las consecuencias de mantener un sistema político y económico que ha fracasado totalmente.
Por tanto, podríamos decir de una manera simplista que las fortalezas de Massa, están precisamente en ese árbol frondoso de los empleados públicos, de los sindicatos allegados al gobierno actual, de los desempleados que son beneficiarios de los múltiples subsidios y de quienes dependen los negocios con el Estado.
Los que votarían por Milei serían los estudiantes, los profesionales, los micro, medianos empresarios, los independientes, los innovadores, los que están perdiendo oportunidades de crecimiento, los que están hartos de un sistema tributario confiscatorio, los que no se han enriquecido con negocios del gobierno, los que no creen en el sobredimensionamiento del Estado, los que están perdiendo su capacidad de consumo de la canasta de alimentos, los que rechazan la presión del gobierno sobre el Órgano judicial, los que no se sienten seguros cuando salen de sus casas y son asaltados por los delincuentes, los que han perdido sus ahorros y los que piensan que la deuda pública los está asfixiando y no le permite trabajar en el campo y no les permite tener una rentabilidad por sus actividades agropecuarias e industriales, y aquellos que no pueden comprar y pagar en el exterior porque el Banco Central no cuenta con las divisas para hacerle frente al endeudamiento privado.
También se agregan a esta larga lista, los simpatizantes de la tendencia de Mauricio Macri, que como lo ha indicado su candidata, Patricia Bullrich, “Apoyo a Javier Milei por patriotismo”.
No es ocioso que nosotros le dediquemos están reflexiones a una elección de un país lejano que no tiene muchas coincidencias como el nuestro; pero, después de los acontecimientos que hemos vivido en los últimos 28 días que nos ha permitido ver y oír las manifestaciones cívicas de la ciudadanía vis a vis la destrucción y ataque a los ciudadanos a los bienes públicos y privados por parte de una izquierda resentida y que desea destruir el Estado de Derecho y la convivencia pacífica de la sociedad panameña.
En la democracia, se escucha la voz de los ciudadanos, los cuales toman decisiones de gran impacto para sus vidas y por ello, todos los mecanismos que permitan a esos ciudadanos conocer el pensamiento y la acción de los candidatos, constituye una posibilidad de tomar una decisión más informada. Creo que esa es la lección más importante que nos brinda el proceso electoral argentino que mañana se define.
Amanecerá y veremos…