Panamá 2026-2030: entre la resiliencia económica y el desafío de transformar el crecimiento

resiliencia económica

Panamá llega a la segunda mitad de 2026 con una economía que continúa creciendo, pero también con señales que invitan a mirar más allá de las cifras generales. El país mantiene una expansión cercana al 4.8 %, impulsada por el Canal, la logística, el comercio, el turismo y la construcción. Sin embargo, detrás de ese desempeño conviven realidades menos favorables: una inversión privada debilitada, una tasa de desempleo de 10.4 %, altos niveles de informalidad y unas finanzas públicas obligadas a reducir el déficit sin comprometer los proyectos que podrían sostener el crecimiento futuro.

El informe Indicadores y Escenarios Económicos 2026-2030, elaborado por el Centro de Estudios Económicos de la Cámara de Comercio, Industrias y Agricultura de Panamá, presenta precisamente esa imagen: la de una economía resiliente, pero todavía expuesta a riesgos externos y a importantes desequilibrios internos.

Un conflicto lejano que llegó al bolsillo panameño

Para comprender la situación económica de Panamá en 2026, es necesario comenzar fuera de sus fronteras.

El estrecho de Ormuz, una de las rutas energéticas más importantes del mundo, se convirtió en el centro de las tensiones entre Estados Unidos e Irán. Por este paso marítimo circula aproximadamente una quinta parte del petróleo y de los combustibles comercializados internacionalmente, de modo que cualquier amenaza sobre la navegación repercute inmediatamente en los mercados.

El entendimiento impulsado por el presidente Donald Trump permitió reducir temporalmente las hostilidades, pero no resolvió todas las incertidumbres. El acuerdo fue presentado como preliminar y ambiguo, especialmente porque no establecía con claridad si el paso seguro se garantizaba a todas las embarcaciones o solamente a aquellas que Irán considerara amistosas. Tampoco definía de forma definitiva las tarifas, impuestos o peajes que podrían cobrarse después del período inicial de sesenta días.

La tensión afectó directamente al mercado petrolero. El precio del crudo WTI pasó de aproximadamente US$58 por barril en diciembre de 2025 a US$102 en mayo de 2026. Después del acuerdo preliminar, descendió a cerca de US$86 en junio, ante la expectativa de que Irán reanudara parcialmente sus exportaciones, se flexibilizaran ciertas sanciones y se recuperara el tránsito por Ormuz.

El alivio, sin embargo, no podía considerarse definitivo. Una interrupción de las negociaciones podía elevar nuevamente el precio del petróleo y devolver la volatilidad a los mercados.

Para Panamá, este riesgo no es abstracto. El país no produce petróleo y depende de combustibles importados. Por ello, los aumentos internacionales terminan trasladándose a los precios internos, generalmente con un rezago aproximado de un mes.

Entre mayo de 2025 y mayo de 2026, la gasolina de 91 octanos pasó de B/.0.85 a B/.1.23 por litro, un aumento de 44.7 %. La gasolina de 95 octanos se incrementó 46.7 %, mientras que el diésel aumentó 69.7 %, al pasar de B/.0.76 a B/.1.29 por litro.

El mayor impacto se produjo en el diésel, combustible utilizado por el transporte colectivo, la distribución de mercancías, la maquinaria, la logística y múltiples actividades productivas. Su encarecimiento no afecta únicamente al conductor: también se incorpora a los costos de movilización, producción y comercialización de los bienes que consumimos diariamente.

Para contener este efecto, el Estado estableció precios máximos subsidiados. La medida representó un ahorro aproximado de B/.0.35 por litro en la gasolina de 91 octanos, B/.0.32 en la de 95 y B/.0.39 en el diésel. La intervención alivió parcialmente la presión sobre los consumidores, pero añadió una nueva carga para las finanzas públicas.

Una inflación moderada, pero muy concentrada

La inflación acumulada hasta mayo de 2026 fue de 0.8 %. A primera vista, la cifra podría parecer baja. Sin embargo, el dato general oculta una fuerte concentración en categorías esenciales.

El transporte aumentó 4.1 % y se convirtió en el principal responsable de la inflación. Junto con los alimentos, explicó aproximadamente 96.4 % de la presión inflacionaria positiva.

La conclusión es importante: Panamá no enfrenta una inflación generalizada provocada por un exceso de consumo. La presión proviene principalmente de un choque externo relacionado con el petróleo y con su transmisión hacia el transporte y la distribución de productos.

La economía crece, pero de forma desigual

Durante el primer trimestre de 2026, la economía panameña creció aproximadamente 4.8 %. El Índice Mensual de Actividad Económica registró una variación similar en abril, confirmando que la expansión se mantenía.

Los sectores con mejor desempeño fueron los impuestos netos, con un crecimiento de 12.2 %; transporte y logística, con 8.2 %; construcción, con 6.5 %; comercio, con 6.4 %; minas y canteras, con 5.7 %; y hoteles y restaurantes, con 4.9 %.

También mostraron resultados positivos la enseñanza, las actividades inmobiliarias, los servicios profesionales y la manufactura.

El panorama, sin embargo, no fue uniforme. La intermediación financiera apenas creció 0.6 %, mientras el sector agropecuario se contrajo aproximadamente 4.3 %.

Dentro del agro se observaron comportamientos distintos. Aumentaron la producción de sandía, piña, arroz y el sacrificio de cerdos y aves. También mejoró la elaboración de algunas bebidas alcohólicas. En contraste, las exportaciones de banano, la producción de lácteos, el pescado fresco y los camarones registraron retrocesos importantes.

La gran paradoja: el consumo avanza y la inversión retrocede

Uno de los mensajes centrales del informe es la diferencia entre el comportamiento del consumo y el de la inversión.

Los indicadores de consumo mostraron resultados positivos. La recaudación del ITBMS aumentó 14.5 %, los préstamos de consumo crecieron 17.9 % y la venta de automóviles nuevos avanzó 14 %.

Al mismo tiempo, los indicadores relacionados con la inversión registraron fuertes caídas. Los préstamos para construcción disminuyeron 25.3 %, los créditos hipotecarios retrocedieron 23.5 % y la producción de cemento cayó 25.9 %.

Esto significa que la economía está siendo sostenida por el consumo, el turismo, la logística y determinadas obras públicas, mientras la inversión privada no avanza al mismo ritmo.

El consumo mantiene la actividad en el presente, pero la inversión es la que construye la capacidad productiva del futuro. Sin nuevos proyectos, infraestructura, empresas y empleos, el crecimiento corre el riesgo de perder fuerza.

El esfuerzo fiscal y sus costos

El déficit del Sector Público No Financiero se redujo de aproximadamente 2.46 % del PIB en mayo de 2025 a 1.82 % en mayo de 2026. La mejora fue cercana a B/.498.9 millones.

El resultado se explica por una mayor recaudación tributaria, el crecimiento de los ingresos de la Caja de Seguro Social, ingresos extraordinarios de capital y la reducción de determinados gastos.

No obstante, una parte importante del ajuste se produjo mediante la disminución del gasto de capital. La inversión pública pasó de aproximadamente B/.1,578.6 millones a B/.1,404.3 millones.

La reducción del déficit fortalece la posición fiscal del Estado, pero puede debilitar la economía cuando se logra sacrificando proyectos de infraestructura, obras públicas y programas que generan empleo.

La deuda pública se situó alrededor de B/.61,872 millones. Sus principales fuentes de financiamiento son los bonos internacionales, los organismos multilaterales, los préstamos bancarios directos y otros instrumentos financieros.

El informe identifica tres riesgos: la concentración de vencimientos y el elevado endeudamiento; el aumento de los gastos de funcionamiento y los servicios personales; y la debilidad de la inversión pública y privada.

El empleo sigue siendo la principal deuda

El crecimiento económico todavía no se traduce plenamente en oportunidades laborales.

Panamá registra aproximadamente 1,968,748 personas ocupadas, una participación económica de 64 % y una tasa de desempleo de 10.4 %, equivalente a cerca de 227,302 personas.

A ello se suma una población informal próxima a 784,990 trabajadores. En la práctica, una parte considerable de las personas ocupadas permanece fuera de estructuras laborales estables y con acceso limitado a seguridad social y prestaciones.

La población económicamente activa aumentó en cerca de 45,469 personas. De ellas, aproximadamente 27,547 encontraron empleo y 17,922 quedaron desempleadas.

La economía crea puestos, pero no en cantidad suficiente para absorber a todas las personas que se incorporan al mercado laboral.

La situación es especialmente difícil para los jóvenes entre 20 y 24 años, cuya tasa de desempleo alcanza aproximadamente 28.4 %. La falta de experiencia, las exigencias de especialización y la desconexión entre la formación académica y las necesidades empresariales levantan un verdadero muro de entrada.

La empresa privada generó aproximadamente 23,725 empleos adicionales, pero el aumento de la contratación se concentró principalmente en contratos por obra determinada y contratos definidos. Los contratos indefinidos crecieron en una proporción menor.

Las empresas buscan flexibilidad frente a la incertidumbre; los trabajadores buscan estabilidad. Esa diferencia representa uno de los principales desajustes estructurales del mercado laboral panameño.

Los motores que sostienen la economía

A pesar de estas dificultades, varios sectores continúan mostrando resultados favorables.

El Canal de Panamá registró un aumento aproximado de 8.9 % en sus ingresos acumulados por peajes. En mayo, los peajes crecieron 18.6 %, las toneladas netas aumentaron 16.2 % y el volumen de carga se incrementó 25.4 %.

La Zona Libre de Colón también mostró dinamismo. Su actividad comercial creció 11.5 % y las reexportaciones aumentaron 22.6 %, impulsadas por productos químicos, maquinaria, electrónica y textiles.

Las exportaciones panameñas alcanzaron aproximadamente B/.581.9 millones, con un crecimiento cercano a 31 %. Entre los principales productos se encontraban camarones, banano, harina y aceite de pescado, azúcar, medicamentos, café, madera y productos agroindustriales.

El Aeropuerto Internacional de Tocumen registró 7.6 millones de pasajeros, un aumento de 15 %. El movimiento de aeronaves creció 12 % y la carga aérea aumentó 10 %. Del total de pasajeros, 71 % se encontraba en transferencia, confirmando el papel de Tocumen como centro regional de conexiones.

Un sistema bancario sólido, pero poco orientado a la inversión productiva local

El sistema bancario mantiene una posición estable. La cartera crediticia neta creció 3.74 %, los activos líquidos netos aumentaron 12.41 %, las inversiones en valores avanzaron 14.14 % y los depósitos crecieron 7.43 %.

La liquidez del sistema se situó alrededor de 56.58 %, frente a un mínimo legal de 30 %. La adecuación de capital alcanzó 16.04 %, la morosidad se mantuvo cerca de 1.47 % y la cobertura de cartera llegó aproximadamente a 134.47 %.

Sin embargo, existe una diferencia importante entre el crédito externo y el interno. La cartera externa aumentó 9.71 %, mientras la interna creció apenas 0.34 %.

En el mercado local, los bancos incrementaron los créditos para consumo personal, hipotecas y comercio, pero redujeron el financiamiento destinado a industria, construcción y actividades financieras.

La banca posee liquidez y solvencia, pero una proporción limitada de sus recursos se canaliza hacia la inversión productiva nacional.

Un consumidor más cuidadoso

Las ventas generales disminuyeron aproximadamente 1.8 % y el volumen vendido cayó 2.1 %. Al mismo tiempo, el número de compradores aumentó cerca de 0.7 %.

La combinación revela un cambio en el comportamiento: más personas realizan compras, pero adquieren cantidades menores.

El consumidor compara precios, sustituye marcas, favorece los productos básicos, reduce las compras discrecionales y presta mayor atención a las promociones. También ha aumentado la preferencia por minisúperes y tiendas de conveniencia, donde puede realizar compras pequeñas y cercanas.

El consumo no se ha detenido, pero se ha vuelto más selectivo y condicionado por el presupuesto disponible.

Vivienda: menos unidades, pero operaciones de mayor valor

Durante el primer semestre de 2026 se comercializaron aproximadamente 3,648 viviendas, por cerca de US$487 millones.

Las unidades vendidas disminuyeron alrededor de 13 %, pero el capital movilizado aumentó aproximadamente 20 %. En otras palabras, se vendieron menos propiedades, aunque las operaciones fueron de mayor valor.

La vivienda subsidiada registró una caída de 21 % tanto en unidades vendidas como en el valor de las operaciones. Su inventario disponible disminuyó 19 %.

En la vivienda no subsidiada, las unidades vendidas disminuyeron aproximadamente 6 %, pero el valor de las operaciones aumentó 20 %. El inventario disponible se redujo alrededor de 7 %.

La vivienda subsidiada se vende más rápido, con una rotación aproximada de 20.7 meses, frente a 27.6 meses en la vivienda no subsidiada. No obstante, enfrenta una oferta cada vez más limitada.

La apuesta hacia 2030

La estrategia de crecimiento para los próximos años descansa sobre dos pilares: los megaproyectos de la Autoridad del Canal de Panamá y la expansión de la infraestructura pública mediante inversión estatal y asociaciones público-privadas.

Entre los proyectos señalados se encuentran un gasoducto transoceánico, con una inversión aproximada de US$8,000 millones; los puertos de Corozal y Telfers, por alrededor de US$2,000 millones; el reservorio de Río Indio, con una inversión estimada entre US$1,500 y US$1,600 millones; y un corredor logístico de aproximadamente B/.1,782 millones.

También se contempla la continuidad de la Línea 3 del Metro, el cuarto puente sobre el Canal, la ampliación de la Línea 1, el teleférico de San Miguelito, la Línea 2A y el tren Panamá-David.

A ello se añaden hospitales, policlínicas, centros oncológicos regionales, telemedicina, recetas electrónicas, nuevas plantas potabilizadoras, ampliación de redes de distribución de agua y reparación de fugas.

La meta es generar aproximadamente 80,000 empleos privados, especialmente en tecnología, agroindustria, turismo, construcción, logística y pequeñas y medianas empresas.

La proyección se divide en tres etapas: una transición entre 2025 y 2026, con crecimiento entre 4.1 % y 4.4 %; el inicio de la ejecución de megaproyectos en 2027; y una fase de consolidación entre 2028 y 2030, con una expansión estimada entre 4.1 % y 4.7 %.

Crecer no será suficiente

Panamá conserva ventajas importantes: el Canal, una plataforma logística internacional, conectividad aérea, un sistema bancario estable y capacidad para atraer inversión.

Pero mantener una tasa de crecimiento positiva no será suficiente. El verdadero desafío consiste en convertir esa expansión en empleos formales, productividad, inversión privada, infraestructura y mejores condiciones de vida.

La crisis petrolera demostró la necesidad de diversificar la matriz energética. El desempleo juvenil confirmó la urgencia de conectar la formación con las necesidades del mercado. La caída del crédito productivo reveló la importancia de recuperar la inversión. Y el ajuste fiscal puso en evidencia que controlar el déficit no puede significar detener los proyectos que sostienen el desarrollo.

Panamá ha demostrado capacidad para resistir choques y recuperar sus principales motores económicos. La tarea hacia 2030 será transformar esa resiliencia en oportunidades reales para sus ciudadanos.

Fuente: Centro de Estudios Económicos de la Cámara de Comercio, Industrias y Agricultura de Panamá, Indicadores y Escenarios Económicos 2026-2030.