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Panamá frente al riesgo sísmico: la seguridad que se construye antes del terremoto

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Autores: José Javier Rivera y Ana Linares.

Del conocimiento de las fallas y los suelos a la calidad de las viviendas, la evaluación de los hospitales y la formación profesional, la resiliencia depende de decisiones que deben tomarse mucho antes de una emergencia.

Una ciudad no se prepara para un terremoto únicamente levantando edificios nuevos o aprobando reglamentos. También se prepara cuando investiga el terreno sobre el que crece, verifica cómo se ejecutan las obras, conserva sus construcciones y examina si sus hospitales, escuelas, puentes y redes de servicios podrán cumplir su función después de un movimiento sísmico. Esa fue la perspectiva que articuló el foro «Ingeniería y Riesgo Sísmico: Construyendo un Panamá Resiliente», organizado por la Facultad de Ingeniería Civil de la Universidad Tecnológica de Panamá.

Afiche oficial del foro «Ingeniería y Riesgo Sísmico: Construyendo un Panamá Resiliente», celebrado el 8 de septiembre de 2026 y organizado por la Facultad de Ingeniería Civil de la Universidad Tecnológica de Panamá (UTP).
Fuente: Universidad Tecnológica de Panamá.

El presente artículo recoge y desarrolla los principales aspectos abordados durante dicho foro, celebrado el pasado 8 de septiembre de 2026 en el Teatro Auditorio del Campus Central Dr. Víctor Levi Sasso de la Universidad Tecnológica de Panamá (UTP), así como sus conclusiones y recomendaciones sobre la amenaza sísmica, las condiciones de las edificaciones y los desafíos que enfrenta el país para fortalecer su resiliencia.

El encuentro se desarrolló en un contexto de creciente atención pública a la actividad sísmica regional, motivada por los recientes terremotos registrados en Venezuela y Colombia. Particularmente significativo fue el movimiento sísmico de magnitud 7,4 ocurrido el 10 de agosto de 2026, con epicentro en San José del Palmar, departamento del Chocó, Colombia, que fue percibido en distintos puntos de Panamá, incluyendo la capital, Panamá Oeste, Coclé, Darién y otras regiones del país. Este acontecimiento, confirmado por el Instituto de Geociencias de la Universidad de Panamá, puso de manifiesto que los efectos de un terremoto pueden extenderse más allá de las fronteras nacionales y despertó inquietudes sobre el comportamiento de las edificaciones panameñas ante movimientos de considerable magnitud.

Las exposiciones de Francisco Grajales, Óscar Ramírez, Ramiro Vargas y Carlos González, complementadas por el conversatorio moderado por Óscar Patiño, recorrieron una misma pregunta desde distintas especialidades: ¿qué necesita conocer, corregir y fortalecer Panamá para reducir las consecuencias de sus futuros sismos? La respuesta no estuvo concentrada en una sola falla, un material de construcción o una tecnología. Se construyó alrededor de la relación entre amenaza, terreno, estructuras, población e instituciones.

Especialistas e investigadores durante el conversatorio sobre riesgo sísmico y resiliencia, moderado por el Ing. Oscar Patiño, director del Centro Experimental de Ingeniería de la UTP.

El foro contó con la participación de especialistas de reconocida trayectoria académica y profesional. El doctor Francisco Grajales, profesor titular de Geotecnia de la UTP y vicedecano académico encargado de la Facultad de Ingeniería Civil, desarrolló el tema de la amenaza sísmica en Panamá y la caracterización de los suelos. El doctor Óscar Ramírez, especialista en Ingeniería Estructural y Sísmica, profesor titular del Departamento de Mecánica Estructural y participante en comités nacionales e internacionales de normativa estructural, expuso sobre el diseño sísmico de edificios en Panamá.

Por su parte, el doctor Ramiro Vargas, profesor titular del Departamento de Mecánica Estructural de la Facultad de Ingeniería Civil y miembro del Comité Consultivo Permanente del Reglamento Estructural Panameño, abordó la vulnerabilidad sísmica de las viviendas unifamiliares. El doctor Carlos González, investigador y coordinador del Programa de Instrumentación Sísmica (PINS) de la UTP, presentó los avances de esta iniciativa y su contribución al conocimiento del comportamiento real de las edificaciones. El conversatorio fue moderado por el ingeniero Óscar Patiño, director del Centro Experimental de Ingeniería de la Universidad Tecnológica de Panamá.

En la apertura, Ángela Laguna Caicedo, rectora de la Universidad Tecnológica de Panamá e ingeniera civil, planteó una distinción importante: el encuentro no buscaba generar alarma ni presentar un diagnóstico definitivo sobre la preparación del país. Su propósito era impulsar una conversación técnica sobre los avances y las tareas pendientes. La resiliencia, sostuvo, se construye antes de la emergencia y exige una colaboración permanente entre universidades, instituciones públicas, gobiernos locales, profesionales, constructores y comunidades.

Rectora de la Universidad Tecnológica de Panamá, Dra. Ángela Laguna.

Comprender el riesgo: el terremoto es solo una parte del problema

Para entender lo discutido es necesario separar tres conceptos que suelen confundirse. La amenaza sísmica se relaciona con la actividad que puede producir movimientos del terreno. La exposición se refiere a las personas, viviendas e instalaciones situadas en las áreas que pueden resultar afectadas. La vulnerabilidad describe la propensión de esas construcciones a sufrir daños. Vargas explicó que, aunque la ingeniería no puede impedir la actividad tectónica, sí puede actuar sobre la vulnerabilidad mediante mejores diseños, construcciones, evaluaciones e intervenciones.

Esta separación permite comprender por qué conocer la magnitud de un terremoto no basta para anticipar sus consecuencias. El daño también depende de dónde ocurre, cómo llega el movimiento a una población, qué terreno encuentra y cuáles son las características de las estructuras expuestas. Una edificación puede haber sido correctamente concebida para determinadas condiciones y, posteriormente, hacerse más vulnerable por deterioro, falta de mantenimiento o modificaciones que alteren su comportamiento original.

Grajales describió esta relación como una cadena de estudio: propagación de las ondas, respuesta del sitio, interacción entre el suelo y la cimentación, comportamiento estructural, daños y consecuencias. Las geociencias ayudan a comprender la amenaza; la ingeniería estudia la respuesta del terreno y las construcciones; las ciencias sociales permiten examinar lo que esos daños significan para las comunidades. Reducir el problema a si un edificio se cae o permanece en pie deja fuera buena parte de sus efectos.

Por eso, la seguridad sísmica no termina en la estructura. También comprende la posibilidad de disponer de agua, atención hospitalaria, vías de acceso, energía y comunicaciones. El foro insistió en que estas instalaciones sostienen tanto la vida cotidiana como la capacidad de respuesta después de un desastre.

La historia sísmica panameña no permite hablar de un territorio ajeno a los terremotos

Los expositores rechazaron la idea de que Panamá pueda considerarse al margen de la actividad sísmica regional. Grajales explicó que el país ocupa un bloque o microplaca relacionado con las placas del Caribe, Cocos, Nazca y Sudamérica. Al presentar las conclusiones de los estudios canaleros, mencionó un desplazamiento aproximado de 25 milímetros por año hacia Sudamérica. Su argumento fue que se trata de un territorio sometido a procesos tectónicos activos, no de un espacio inmóvil entre países que sí experimentan terremotos.

Mapa de la placa de Panamá y las placas vecinas.
Fuente: Por Sting and Rémihde la traducción Lorito987 – Commons. File:North Andes Plate map-fr.png, CC BY-SA 4.0, https://commons.wikimedia.org/w/index.php?curid=95402893

Los antecedentes históricos confirman que la actividad sísmica del territorio panameño ha sido observada desde hace varios siglos. El Atlas Nacional de la República de Panamá, edición 2016, en su apartado «Sismicidad en la República de Panamá: 2000–2012», señala que uno de los primeros testimonios de terremotos en América corresponde al licenciado Gaspar de Espinosa, quien reportó un fuerte movimiento sísmico ocurrido en la península de Azuero a principios de mayo de 1516, hace 510 años, percibido por los integrantes de su expedición. El Atlas lo identifica como el primer registro de un sismo en América realizado por los conquistadores españoles.

La memoria histórica ofrece otra vía para comprender esa realidad. Durante el foro se recordó el sismo de 1621, relacionado en las intervenciones con el entorno de la falla de Pedro Miguel, y el de 1882, situado en el cinturón deformado del norte. Sobre este último, Grajales explicó que las estimaciones de magnitud proceden de evidencia histórica y documental, sin presentar registros instrumentales del movimiento en su exposición. Presentó un intervalo estimado de 7,9 a 8,3, como una reconstrucción histórica que debe complementarse con los antecedentes de instrumentación sísmica existentes en Panamá desde aquella época.

En efecto, el Atlas Nacional de la República de Panamá de 2016 documenta que en el país existen sismógrafos desde 1882, cuando la Compañía del Canal Francés instaló un instrumento en el Ateneo de la ciudad de Panamá, el cual registró el gran terremoto del 7 de septiembre de ese año. Este antecedente resulta especialmente significativo porque demuestra que el interés por registrar científicamente la actividad sísmica panameña surgió durante la etapa francesa del Canal, antes de que Estados Unidos asumiera la construcción de la vía interoceánica en 1904.

Debe distinguirse, sin embargo, entre la existencia de un instrumento que registró el terremoto y la disponibilidad actual de información instrumental suficiente para reconstruir todos los parámetros de aquel movimiento. Por ello, los estudios modernos recurren también a testimonios, daños documentados y evidencias geológicas para establecer las características de los terremotos históricos.

También se examinaron los sismos que afectaron a Changuinola y Puerto Armuelles. El caso de Limón–Changuinola de 1991 ocupó un lugar destacado porque mostró cómo pueden acumularse las consecuencias: daños en edificaciones, afectaciones a puentes e instalaciones aeroportuarias, dificultades para llevar ayuda y contaminación cruzada entre las redes de agua y saneamiento. En la lectura de los panelistas, el desastre no fue únicamente estructural; comprometió las condiciones necesarias para atender a la población.

Vargas presentó, además, los daños de Puerto Armuelles y señaló que más de 600 viviendas habían resultado afectadas en el evento que posteriormente identificó como el de la Navidad de 2003. Al comparar las secuelas de distintos terremotos, incluidos los de Managua y Haití, destacó que las consecuencias pueden prolongarse durante décadas. La duración del movimiento y el tiempo de recuperación de una comunidad pertenecen a escalas completamente distintas.

El Atlas Nacional de 2016 también identifica varios eventos destructivos registrados entre 2000 y 2012, entre ellos el terremoto del 26 de febrero de 2000, de magnitud Mw 6,2, frente a las costas de Guna Yala; el del 30 de julio de 2002, de magnitud Mw 6,4, en el sector de Punta Burica, Chiriquí; el del 25 de diciembre de 2003, de magnitud Mw 6,5, en Puerto Armuelles; el ocurrido el 4 de febrero de 2004 en Corredores, Chiriquí; y el del 4 de julio de 2009, de magnitud Mw 6,5, frente a El Porvenir, en Guna Yala. Estos antecedentes muestran que la actividad sísmica ha afectado diferentes regiones del territorio nacional, especialmente aquellas próximas a las zonas de interacción tectónica.

El mismo Atlas explica que una parte importante de la sismicidad se concentra en las regiones fronterizas con Costa Rica y Colombia, al noreste de la costa del Caribe y al sur de las penínsulas de Soná y Azuero. Entre las principales fuentes sísmicas identifica la Zona de Fractura de Panamá, las fallas del arco volcánico occidental, la zona de falla Soná-Azuero y las fallas de Sambú, en Darién. Asimismo, reconoce la existencia de fallas activas importantes en la región central, entre ellas Pedro Miguel, aun cuando algunas presentan una actividad sísmica instrumental relativamente baja.

Las referencias a Venezuela, Colombia, México y Turquía sirvieron también para discutir similitudes en los mecanismos de daño, pero Ramírez advirtió contra las comparaciones automáticas. Que dos eventos tengan magnitudes parecidas o que una ciudad esté a determinada distancia del epicentro no significa que sus edificios reciban las mismas exigencias. Intervienen la profundidad, la propagación de las ondas, los suelos y las características de cada estructura.

El aporte del Canal y la importancia de la falla de Pedro Miguel

La relación entre el conocimiento de la sismicidad y la construcción del Canal de Panamá tiene antecedentes anteriores a las investigaciones desarrolladas para su ampliación. Durante el siglo XIX, Estados Unidos examinó distintas rutas para establecer una comunicación interoceánica, especialmente las de Nicaragua y Panamá, y llevó a cabo investigaciones técnicas, topográficas y geográficas para determinar su viabilidad.

Entre 1870 y 1875, la Armada estadounidense realizó expediciones de reconocimiento en distintas regiones de Centroamérica, incluyendo Nicaragua y Panamá. Luego de evaluar sus resultados, la Comisión del Canal Interoceánico estadounidense se pronunció en 1876 a favor de la ruta nicaragüense. Posteriormente, la Comisión del Canal Ístmico, conocida como segunda Comisión Walker, volvió a estudiar las alternativas entre 1899 y 1901, inclinándose inicialmente por Nicaragua.

By Unknown author – Popular Science Monthly Volume 61. p. 257 (William H. Burr: The Panama Route for a Ship Canal, pp. 252-316), Public Domain, https://commons.wikimedia.org/w/index.php?curid=15980435

Aunque esa ruta contaba con amplio respaldo y la Cámara de Representantes aprobó una iniciativa favorable a ella, la decisión del Senado todavía estaba pendiente. En ese contexto intervino el ingeniero francés Philippe Bunau-Varilla, interesado en que Estados Unidos adquiriera los derechos y bienes de la compañía francesa para continuar la construcción del Canal por Panamá.

Uno de los episodios más conocidos de esta disputa ocurrió en 1902. Bunau-Varilla envió a los senadores estadounidenses una estampilla postal nicaragüense que mostraba al volcán Momotombo expulsando humo. La imagen fue utilizada para llamar la atención sobre los riesgos volcánicos de Nicaragua y presentar a Panamá como una alternativa comparativamente más favorable desde ese punto de vista. La Autoridad del Canal de Panamá documenta que el 19 de junio de 1902 el Senado estadounidense votó a favor de la ruta panameña, por una diferencia de ocho votos.

Estampilla de 1 Centavo de Nicaragua del Volcán Momotombo haciendo erupción

El episodio de la estampilla debe comprenderse dentro de un proceso de evaluación mucho más amplio. Antes de la votación, los especialistas estadounidenses ya habían estudiado las dos rutas. El informe de la Comisión del Canal Ístmico de 1901 examinó expresamente sus antecedentes sísmicos y recogió referencias de 14 terremotos en la línea propuesta para Nicaragua y 28 en Panamá, advirtiendo que los registros históricos eran demasiado incompletos para establecer una comparación concluyente sobre la frecuencia o severidad de los movimientos. Entre los eventos mencionados figuraban el terremoto de 1844, que ocasionó daños importantes en Rivas, Nicaragua, y el de 1882, que produjo afectaciones en Panamá y Colón.

Noticia publicada en la página 5 del Liverpool Mercury del 8 de septiembre de 1882. / Liverpool Mercury

Restos de la iglesia del poblado de Cruces (Panamá) tras el terremoto de 1882.

Los antecedentes documentales muestran que las investigaciones estadounidenses consideraron simultáneamente las condiciones de Nicaragua y Panamá, junto con factores de ingeniería, costos, infraestructura existente y dificultades de construcción.

La importancia histórica de este episodio es que demuestra que los riesgos geológicos y sísmicos ya formaban parte de las discusiones sobre la viabilidad de las rutas interoceánicas antes de que comenzara la construcción estadounidense del Canal.

Esta relación histórica también quedó representada en el ámbito cultural. En 1915, con motivo de la Exposición Internacional Panamá-Pacífico celebrada en San Francisco, California, se difundió el afiche titulado The Thirteenth Labor of Hercules («El decimotercer trabajo de Hércules»), diseñado por Perham Wilhelm Nahl. La ilustración representa a Hércules como un gigante que separa dos enormes masas de tierra, simbolizando la apertura del Corte Culebra y el esfuerzo de ingeniería requerido para construir el Canal de Panamá.

La exposición de San Francisco celebraba la apertura de la vía interoceánica en 1914 y, al mismo tiempo, proyectaba la recuperación de aquella ciudad después del devastador terremoto e incendio de 1906. Aunque el afiche no representa un fenómeno sísmico, constituye un testimonio visual de la importancia internacional atribuida a la construcción del Canal y de sus vínculos históricos con California.

Imagen histórica: The Thirteenth Labor of Hercules, afiche de la Exposición Internacional Panamá-Pacífico de 1915, que representa alegóricamente la apertura del Canal de Panamá. Autor: Perham Wilhelm Nahl.

En cuanto a la observación científica, la instrumentación instalada por la compañía francesa en 1882 representa un primer antecedente documentado. Durante la administración estadounidense se amplió esta actividad: existen registros históricos sobre estaciones sismológicas en Ancón desde 1908 y sobre su posterior traslado a Balboa Heights en 1914. Más adelante, la investigación sísmica del Canal se desarrollaría mediante redes instrumentales, estudios geológicos y asesorías especializadas.

Uno de los aspectos más relevantes del foro fue la explicación de cómo la investigación realizada para la ampliación del Canal trascendió las necesidades de esa obra. Grajales describió la participación de especialistas y comités consultivos internacionales, así como estudios sobre la amenaza en el Atlántico, la represa y el vertedero de Gatún, las áreas del Canal y los criterios de diseño de las nuevas esclusas. También recordó la información obtenida mediante redes de sismógrafos y acelerógrafos.

De acuerdo con el Atlas Nacional de 2016, desde 1995 Panamá dispone de una red sísmica de cobertura nacional y, en 2004, la Autoridad del Canal de Panamá instaló una red sísmica en Panamá Central. Esta última constituye un antecedente particularmente importante de las investigaciones que permitieron estudiar con mayor profundidad las fallas geológicas y las condiciones sísmicas del área canalera.

El Atlas también documenta que, para la información publicada en su edición de 2016, existían más de 40 edificios instrumentados con acelerógrafos en la ciudad de Panamá, mientras la Universidad de Panamá y la Universidad Tecnológica de Panamá operaban redes de acelerógrafos en campo libre. Estos datos reflejan la evolución de la capacidad de observación sísmica del país y complementan las cifras más recientes presentadas en el foro de 2026.

Estos trabajos contribuyeron al conocimiento de las fallas corticales del área canalera y a la elaboración de mapas de amenaza. Según lo expuesto, la transferencia de datos al Instituto de Geociencias y a la Junta Técnica de Ingeniería y Arquitectura, acompañada por la revisión de especialistas, permitió incorporar sus resultados al Reglamento Estructural Panameño de 2014. Una inversión vinculada a una infraestructura estratégica se convirtió así en un insumo para el diseño de otras edificaciones del país.

La falla de Pedro Miguel recibió atención especial. Ramírez sostuvo que su posible actividad es determinante en los criterios de diseño sísmico de la ciudad de Panamá. Al discutir la cercanía a la falla, se refirió a una franja de aproximadamente 10 a 15 kilómetros en la que deben considerarse efectos específicos, como la direccionalidad y los pulsos del movimiento. Su preocupación comprendió tanto los proyectos nuevos como las construcciones que ya existen en ese entorno.

Grajales añadió una precisión: una falla no debe imaginarse simplemente como una línea recta y continua dibujada en un mapa. La describió como una zona de cortante cuya geometría debe estudiarse. Por esa razón destacó la paleosismología, que permite investigar evidencia de terremotos más allá de los registros históricos escritos, y propuso fortalecer ese tipo de investigación.

La proximidad también apareció al hablar de las alertas. Vargas advirtió que un evento muy cercano, como el escenario que planteó para Pedro Miguel, podría no dejar un aviso útil para sectores de la capital. Su observación cuestionó la confianza excesiva en las aplicaciones de teléfono: una alerta no sustituye la capacidad de la construcción para resistir el movimiento. El foro no presentó una evaluación detallada de cada sistema de aviso, por lo que esa intervención debe entenderse como una advertencia sobre las limitaciones de tiempo ante una fuente próxima.

El terreno no es un dato accesorio del proyecto

En una construcción pueden especificarse las propiedades del acero y del concreto. El suelo, en cambio, es un material natural cuyas condiciones ya existen en el sitio. Grajales utilizó esta diferencia para explicar por qué la geotecnia tiene una responsabilidad particular: caracterizar un medio complejo y variable que recibirá las cargas de la obra, tanto en condiciones habituales como durante un sismo.

Para ilustrar la incertidumbre presentó un ejemplo de ocho plantas, una huella de 2.000 metros cuadrados y 15 metros de profundidad de terreno considerado. En su ejercicio, cinco perforaciones proporcionaban alrededor de 0,133 metros cúbicos de muestras frente a un volumen de terreno de 30.000 metros cúbicos. Comparó esa proporción con probar una olla de sopa utilizando un gotero. El propósito no era desacreditar las perforaciones, sino mostrar que interpretar adecuadamente una muestra limitada exige criterio profesional y una investigación bien planteada.

El primer fenómeno explicado fue la amplificación del sitio. En el ejemplo de una capa blanda sobre roca, Grajales comparó el material superficial con una gelatina: el movimiento que llega desde abajo puede modificarse y aumentar al atravesarlo. Ramírez desarrolló posteriormente esa idea al explicar que el suelo posee sus propias características dinámicas y que el movimiento en la superficie no tiene que ser igual al registrado en la roca.

El segundo fenómeno fue la licuación o licuefacción. Grajales lo explicó para determinados suelos granulares muy húmedos: durante el movimiento aumenta la presión del agua, disminuye el contacto entre las partículas y el material pierde resistencia. La consecuencia puede manifestarse como hundimiento de estructuras o desplazamiento ascendente de ciertos elementos enterrados. También mencionó asentamientos diferenciales, desplazamientos laterales e inestabilidades que deben formar parte de la investigación según las condiciones del sitio.

En el conversatorio advirtió sobre una práctica especialmente delicada: detener la exploración al encontrar resistencia a la penetración —el llamado rechazo— sin comprobar qué existe a mayor profundidad. Debajo de ese nivel pueden permanecer estratos débiles no identificados. Por ello defendió la combinación de perforaciones con estudios geofísicos y ensayos sísmicos cuando sean necesarios, así como la posibilidad de que el especialista requiera investigaciones superiores al mínimo inicial.

Su crítica económica fue directa. Considerar que el dinero destinado al terreno simplemente se “entierra” desconoce que de esa información dependen la seguridad y la optimización del diseño. Vargas defendió una idea similar para las viviendas: el costo de estudiar el suelo debe compararse con las consecuencias de reparar una construcción dañada o perder vidas, no únicamente con el presupuesto inmediato de la obra.

Por qué dos edificios sienten de manera distinta el mismo sismo

Ramírez explicó la respuesta estructural a partir de tres propiedades: masa, rigidez y amortiguamiento. El movimiento del terreno activa la estructura, pero esta responde según sus propias características. Por eso, dos edificios vecinos pueden experimentar movimientos diferentes, e incluso una persona situada en un piso puede percibir algo distinto de quien se encuentre en la azotea del mismo inmueble.

Para mostrar cómo se traduce ese fenómeno al cálculo, recurrió a un oscilador simple y a la relación entre fuerza, masa y aceleración. En los procedimientos que describió, la demanda horizontal puede expresarse mediante un coeficiente sísmico multiplicado por el peso de la estructura. De esa forma se obtiene el cortante basal, que representa una fuerza de referencia en la base del edificio. La sencillez de la expresión no elimina los factores físicos que están contenidos en el coeficiente.

Otro concepto fundamental fue el espectro de respuesta, una curva que reúne respuestas máximas de sistemas con diferentes períodos de vibración. Ramírez mostró que, en el espectro de su ejemplo, un edificio bajo podía estar sometido a una aceleración mayor que otro alto. La enseñanza no fue que las torres sean siempre más seguras, sino que la altura no permite, por sí sola, anticipar la demanda sísmica. La forma de la curva cambia con las características del movimiento y del sitio.

El período y la frecuencia de vibración permiten entender también la resonancia. Cuando las características de vibración de la estructura y de la excitación se aproximan, el desplazamiento puede aumentar de manera importante. Ramírez utilizó ejemplos de edificios flexibles, construcciones bajas, roca y suelos blandos para mostrar que lo decisivo es su combinación. Asimismo, explicó que incrementar el amortiguamiento reduce la respuesta en el modelo presentado.

De ahí la importancia de medir y caracterizar el suelo, incluso mediante registros de vibración ambiental. El objetivo es conocer sus propiedades dinámicas y evitar que el diseño ignore una combinación desfavorable entre terreno y estructura. Esa fue una de las conexiones más claras entre las exposiciones de geotecnia y de ingeniería estructural.

Resistir no significa permanecer sin daño: el papel de la ductilidad

Una de las explicaciones más importantes del foro fue que el diseño sismorresistente no necesariamente pretende conservar todos los componentes sin daño ante cualquier movimiento. Ramírez expuso que, frente a exigencias pequeñas, una estructura puede responder dentro del rango elástico. Cuando la demanda aumenta, puede necesitar deformarse más allá de ese rango para absorber y disipar energía.

Esa capacidad se relaciona con la ductilidad. No se trata simplemente de que el edificio sea flexible: debe poder desarrollar las deformaciones previstas, mantener su estabilidad y responder a los cambios de dirección del movimiento. En el modelo explicado, la demanda del sismo se compara con la capacidad de la estructura. Cuando aquella supera la capacidad disponible y se pierde la posibilidad de restituir el equilibrio, aparece la inestabilidad.

Al recordar los aportes de Newmark, Ramírez explicó que los procedimientos de diseño reconocen la posibilidad de disipar energía mediante el comportamiento inelástico y, sobre esa base, reducen determinadas fuerzas de cálculo. Pero esa reducción supone que la ductilidad prevista realmente existe. No es una autorización para debilitar indiscriminadamente una construcción: depende de que el sistema y sus detalles permitan desarrollar el mecanismo esperado.

En los pórticos que presentó, ese mecanismo incluía zonas de plastificación previamente consideradas, como los extremos de las vigas y determinadas bases de columnas. Las conexiones debían transmitir los esfuerzos sin desintegrarse. Ramírez insistió en que una estructura no se salva simplemente por acumular acero; importa dónde se coloca, cómo se ancla y cómo se mantiene unido el conjunto.

El confinamiento ocupó un lugar central. Mediante una prueba realizada en la UTP en 2004, comparó especímenes con distinto detallado: el elemento mal confinado falló prematuramente por cortante. También mostró el pandeo de barras y el deterioro que pueden producirse cuando no se proporciona el confinamiento necesario. Estas observaciones dieron contenido concreto a su defensa de los detalles estructurales.

La misma lógica se extendió a las uniones entre vigas y columnas, a las vigas de acople de los muros y a las losas apoyadas en columnas. En estas últimas explicó el punzonamiento, una falla localizada en la que la columna atraviesa la losa. Las imágenes de daños en otros países sirvieron para mostrar patrones repetidos: pérdida de conexiones, insuficiente confinamiento y fallas locales capaces de comprometer sistemas completos.

La evolución de las normas: del reconocimiento del peligro a procedimientos más completos

Los expositores reconstruyeron una trayectoria normativa que comenzó con iniciativas de 1976 y una versión de 1981, anteriores al reglamento obligatorio de 1984. Ramírez relacionó ese impulso regional con las lecciones del terremoto de Nicaragua de 1972. Su explicación también reconoció que la publicación de una norma no transforma inmediatamente toda la práctica: existe un período de incorporación del conocimiento y de los nuevos requisitos.

Como antecedente adicional, la historia normativa recogida en el Reglamento Estructural Panameño de 2004 señala que el primer proyecto de Código Antisísmico de Panamá, preparado en 1976 bajo el patrocinio de la Sociedad Panameña de Ingenieros y Arquitectos (SPIA), tomó como referencia el Código de California. Este dato permite identificar una vinculación concreta entre la evolución de las disposiciones sísmicas panameñas y los antecedentes técnicos estadounidenses, además de las referencias al diseño basado en desempeño y al código de Los Ángeles mencionadas durante el conversatorio.

La obligatoriedad del Reglamento Estructural Panameño se consolidó posteriormente con el REP-84, adoptado mediante la Resolución 196 de 5 de noviembre de 1984 de la Junta Técnica de Ingeniería y Arquitectura, publicada en enero de 1985.

Grajales describió cómo los primeros mapas se apoyaban en zonas sísmicas, antecedentes históricos, epicentros y criterio técnico. Las versiones de 1994 y 2004 avanzaron hacia representaciones cuantitativas de aceleración, mediante mapas y tablas. En 2014 se incorporó la información procedente de los estudios del Canal; en 2021 se realizaron ajustes en el área occidental, particularmente en Chiriquí. También mencionó como reto futuro evaluar mapas orientados al riesgo sísmico.

Mapa índice de aceleraciones espectrales del máximo sismo considerado, utilizado como parte de los instrumentos técnicos para el diseño sismorresistente en Panamá.
Fuente: Reglamento Estructural Panameño 2021 (REP-2021), Anexo 3, Gaceta Oficial Digital No. 29594-A de 5 de agosto de 2022. Consultar mapas oficiales en PDF

Ramírez precisó que el marco panameño incorpora disposiciones y referencias estadounidenses. Su planteamiento no fue que Panamá carezca de regulación, sino que buena parte de sus procedimientos procede de normas desarrolladas y actualizadas en otros contextos. Consideró que esa base permite contar con criterios avanzados, pero insistió en dos tareas: hacerlos cumplir y producir información local para ajustarlos mejor a las condiciones del país.

La importancia de una edificación también modifica las exigencias de diseño. Ramírez utilizó el caso de instalaciones hospitalarias para explicar factores que elevan las fuerzas consideradas respecto de otros usos. En su ejemplo mencionó un factor de 1,5. El propósito era mostrar que no todas las construcciones tienen la misma responsabilidad después de un sismo y que esa diferencia debe reflejarse en el diseño.

La exposición incluyó referencias a períodos de retorno de 2.475 y 475 años, y vinculó este último con una probabilidad de excedencia del 10 % en 50 años. Estos conceptos se presentaron dentro de la explicación de la amenaza empleada para diseñar, no como una capacidad de anunciar la fecha del próximo terremoto. La formulación exacta del pasaje sobre sus factores de conversión requiere cotejo con las láminas y las disposiciones técnicas antes de utilizarla como procedimiento de cálculo.

Del cálculo prescriptivo al diseño basado en desempeño

El foro distinguió dos formas de abordar el problema estructural. El diseño prescriptivo transforma la acción sísmica en fuerzas equivalentes y aplica procedimientos establecidos por la norma. Ramírez explicó la obtención del cortante basal y su distribución como fuerzas laterales, así como la incorporación de parámetros que permiten representar diferentes características de los edificios. Reconoció que este enfoque ha sido ampliamente utilizado, aunque tiene límites.

El diseño basado en desempeño, en cambio, busca simular con mayor detalle el movimiento y la respuesta estructural a lo largo del tiempo. Se aplican registros de aceleración al modelo y se analiza cómo responden sus componentes. Ramírez indicó que esta posibilidad fue incorporada en el REP de 2014 y reglamentada con mayor desarrollo en 2021. No la presentó como una simple utilización de programas informáticos, sino como una metodología que exige conocimiento y competencia especializada.

En este punto, Ramírez hizo referencia expresa al código de Los Ángeles, California, como uno de los antecedentes utilizados para regular el diseño basado en desempeño. Explicó que esta metodología exige conocimientos especializados y mecanismos de revisión independiente, lo cual plantea el desafío de desarrollar una mayor cantidad de profesionales panameños capacitados para asumir tanto el diseño como la evaluación de estructuras complejas.

La diferencia resulta especialmente relevante en edificios altos. Al discutir muros de corte, losas de placa plana y sistemas duales, Ramírez mencionó límites de altura y condiciones que, según explicó, restringen ciertas soluciones dentro del enfoque prescriptivo. Citó referencias de 50 metros y ampliaciones condicionadas hasta 75 metros. Su argumento fue que algunas configuraciones eficientes en edificios bajos o medianos pueden resultar poco convenientes en torres muy flexibles.

Entre las alternativas expuestas aparecieron los outriggers, elementos que vinculan el comportamiento del núcleo o muro con columnas del perímetro. También mostró que un edificio no tiene una sola forma de moverse: puede desplazarse lateralmente, girar y combinar numerosos modos de vibración. Como ejemplo presentó Bioma, al que atribuyó una altura de 245 metros, un período de nueve segundos y tres niveles de estos elementos de vinculación, junto con otros proyectos de geometrías distintas en Amador y Santa María.

Representación esquemática de un sistema de outriggers, mediante el cual el núcleo central de un edificio se vincula con las columnas perimetrales para mejorar su comportamiento ante cargas laterales.
Fuente: Angelucci, G., Cecca, E. y Mollaioli, F., Parametric Analysis of Outrigger Systems for High-Rise Buildings with Different Geometric Shapes, Applied Sciences, 2025, figura 1. Ver esquema académico

La conclusión fue que la forma arquitectónica, la altura y la distribución de los elementos resistentes deben analizarse conjuntamente. Simular ese comportamiento permite examinar fenómenos que no quedan suficientemente descritos al tratar el edificio como una estructura que solo se desplaza en una dirección.

Los suelos de la capital y las decisiones de cimentación

Ramírez vinculó el crecimiento de la ciudad con diferencias del subsuelo. En su caracterización general destacó la presencia de roca superficial o relativamente cercana en Paitilla y Punta Pacífica, frente a depósitos compresibles en otros sectores, incluidos Costa del Este y Santa María. También describió cambios hacia la avenida Balboa y el entorno canalero. Estas apreciaciones fueron parte de su explicación territorial, no estudios individualizados de cada parcela.

Para mostrar que el sitio afecta también la economía de una obra, comparó ilustrativamente el costo estructural de un edificio de seis plantas en dos condiciones de terreno. La idea fue que una mayor demanda puede exigir soluciones diferentes y más costosas. Esas cifras se utilizaron como ejemplo durante la exposición; no constituyen una cotización aplicable a proyectos actuales.

Las soluciones de cimentación descritas incluyeron zapatas, pilotes prefabricados o de acero hincado y pilotes vaciados y empotrados en roca. Para determinadas torres, Ramírez explicó la alternativa de excavar hasta el estrato competente y aprovechar los niveles de sótano, de manera que parte del costo se vincule con el uso de esos espacios. La elección depende de las cargas, la capacidad del terreno, los asentamientos y la viabilidad del proyecto.

También aclaró que un pilote no debe examinarse únicamente por su capacidad para soportar carga vertical. Durante un sismo intervienen acciones laterales, cortantes, momentos y efectos asociados al desplazamiento de la estructura. Mencionó pruebas con celda de Osterberg en pilotes a escala real para conocer la contribución de la fricción lateral y de la resistencia de punta. Asimismo, destacó los amarres entre cimentaciones para favorecer un comportamiento conjunto.

En conjunto, estas explicaciones desaconsejan dos simplificaciones: que cimentar sobre roca dispense de un buen diseño estructural o que construir sobre materiales compresibles implique, por sí solo, una condena de inseguridad. La cuestión planteada por los especialistas fue si el terreno se investigó adecuadamente y si la solución adoptada responde a lo encontrado.

La mayor parte de las viviendas no está en los rascacielos

Vargas recordó que una conversación dominada por las torres puede dejar fuera a gran parte de la población. Según los datos censales de 2023 que presentó, Panamá contaba con más de un millón de viviendas unifamiliares, equivalentes aproximadamente al 86 % de las unidades de vivienda. Los apartamentos representaban alrededor del 12 %. En las áreas rurales, la proporción de viviendas unifamiliares superaba el 98 % y en las urbanas rondaba el 81 %.

La exposición también relacionó la distribución de la población con la amenaza. Vargas señaló que el área metropolitana ampliada —Panamá, San Miguelito, Arraiján, La Chorrera y Colón— concentraba cerca del 49 % de los habitantes. Al incorporar otras áreas del occidente, sostuvo que más del 55 % de la población se encontraba en zonas que identificó como de alta amenaza. La relevancia del argumento está en la coincidencia entre concentración humana y condiciones sísmicas que requieren atención.

Desde esa perspectiva, la vivienda pequeña no puede tratarse como una obra de escasa importancia técnica. Vargas comenzó por aclarar que las disposiciones del capítulo 7 del REP que estaba explicando se refieren a viviendas unifamiliares de una sola planta. No deben trasladarse automáticamente a escuelas, centros de salud, estaciones de bomberos, instalaciones policiales o comercios solo porque también tengan un nivel.

Tampoco toda vivienda de una planta puede resolverse copiando detalles típicos. El expositor distinguió entre construcción típica y no típica, atendiendo al suelo, la amenaza, la regularidad de la planta, la altura de las paredes y su densidad. Entre las condiciones examinadas mencionó suelos no expansivos ni susceptibles a licuación, límites de aceleración y una distribución adecuada de muros. La presencia de suelos blandos de determinadas categorías, irregularidades o mayores exigencias requiere un diseño particular.

En la explicación geográfica utilizó como referencia la zona de Capira, Coronado, El Valle, Penonomé, Aguadulce, Chitré y Santiago para discutir dónde podían cumplirse las condiciones de amenaza de los detalles típicos. Contrastó ese ámbito con el área metropolitana, Darién, sectores del sur de Azuero y localidades del occidente. La distinción no eliminaba los demás requisitos del terreno y de la vivienda: todos debían examinarse conjuntamente.

Cómo trabaja una vivienda de mampostería y por qué importan sus detalles

Vargas explicó que, en la práctica constructiva que describió, predominan las viviendas de mampostería confinada, con paredes acompañadas por vigas y columnas de amarre. En ellas, las paredes forman parte del sistema resistente. Por eso introdujo el índice de densidad de paredes, que relaciona el área de paredes considerada en cada dirección principal con el área de la planta. No basta con tener muchos muros si todos se concentran en una sola dirección.

Componentes de una construcción de mampostería confinada, incluidos muros, vigas y columnas de amarre, así como elementos de refuerzo alrededor de puertas y ventanas.
Fuente: Borah, B., Kaushik, H. B. y Singhal, V., Analysis and Design of Confined Masonry Structures, Buildings, 2023, figura 1. Consultar ilustración original

También distinguió entre una pared de cerramiento dentro de un marco de vigas y columnas y un muro que participa en el sistema de carga de una vivienda. En el primer caso, si la mampostería permanece conectada al marco, puede actuar como un puntal comprimido y modificar su rigidez y resistencia. En el segundo, el muro y sus elementos de confinamiento participan en la resistencia al cortante y a la combinación de flexión y compresión.

Esta interacción ayuda a explicar el problema de la columna corta. Una pared que restringe parcialmente el movimiento de una columna puede reducir su longitud efectiva de deformación y generar un comportamiento desfavorable. Vargas relacionó el fenómeno con configuraciones de ventanas frecuentes en escuelas, hospitales y oficinas, y explicó la función de juntas que permitan movimientos independientes cuando así lo contemple la solución estructural.

La configuración arquitectónica fue otro punto esencial. El expositor recomendó evitar plantas excesivamente alargadas, distribuciones muy desiguales de paredes y discontinuidades que dificulten los amarres. Una disposición de muros en direcciones perpendiculares favorece su apoyo mutuo. Alinear puertas y ventanas permite dar continuidad a los elementos horizontales y verticales; las paredes extensas pueden requerir elementos intermedios que controlen su comportamiento.

En los detalles concretos, señaló la ubicación de columnas de amarre en extremos, esquinas e intersecciones; la continuidad del acero de las vigas; los anclajes del refuerzo longitudinal y el adecuado doblado de los estribos. Distinguió los anclajes de 90 grados que mostraba en ciertos elementos longitudinales de los ganchos de 135 grados de los estribos de confinamiento de sus ejemplos. La distinción importa porque no todos los dobleces cumplen la misma función.

Explicó además el dentado de los bloques o el empleo de conectores para integrar la mampostería con las columnas, el refuerzo alrededor de los vanos y la prolongación de dinteles y alféizares más allá de las aberturas. En los detalles presentados insistió en el relleno con el material especificado, diferenciando el concreto del mortero. Estas observaciones no eran una receta intercambiable para cualquier obra, sino ejemplos de cómo una ejecución aparentemente menor condiciona la respuesta del sistema.

El diseño, añadió, debe considerar cargas permanentes, de uso y laterales; resistencia del suelo; asentamientos; deformaciones; acciones de diafragma y distribución de esfuerzos según las rigideces. La mampostería no posee la misma ductilidad que otros sistemas: en el procedimiento que presentó citó factores específicos de modificación de respuesta, sobrerresistencia y amplificación de desplazamientos. También incluyó durabilidad, ambiente de exposición, recubrimientos y protección frente al fuego. Una vivienda próxima al mar, por ejemplo, no enfrenta las mismas condiciones ambientales que otra alejada de la costa.

Las construcciones pueden volverse vulnerables después de inauguradas

El panel identificó las edificaciones anteriores a la incorporación de exigencias modernas de ductilidad como un grupo que merece atención. Ramírez se refirió particularmente a construcciones anteriores a mediados de los años ochenta. Aclaró que el problema no implica necesariamente una mala ejecución original: muchas fueron concebidas bajo conocimientos y requisitos distintos de los actuales. La antigüedad sirve, por tanto, para orientar evaluaciones, no para declarar automáticamente que un inmueble va a fallar.

En las viviendas, Vargas destacó una vulnerabilidad que se adquiere con el tiempo. Una ampliación posterior, un nuevo cuarto o la incorporación de un segundo nivel pueden modificar las condiciones para las cuales se construyó originalmente la casa. El problema se agrava cuando esas intervenciones se realizan sin evaluación, sin planos adecuados o fuera de la capacidad de supervisión de las autoridades.

El expositor vinculó esta práctica con una realidad social: ante las dificultades para adquirir una vivienda, las familias amplían la casa de sus padres o construyen sobre ella. Reconocer esa necesidad no elimina el problema técnico. Más bien muestra que la prevención necesita comprender por qué ocurren las modificaciones y cómo acompañarlas con decisiones constructivas responsables.

Las laderas y los suelos susceptibles a licuación constituyeron otra preocupación. Vargas mencionó sectores de San Miguelito, Arraiján y Chiriquí, así como el área de El Empalme, en Changuinola. En este último caso cuestionó que, pese a la evidencia de licuación del terremoto de 1991, continuara el desarrollo en áreas que habían mostrado problemas. Su crítica fue que las lecciones de un desastre pierden valor si no influyen en las decisiones posteriores sobre ocupación del territorio.

Representación del fenómeno de licuación, mediante el cual determinados suelos saturados pierden resistencia durante un terremoto y pueden expulsar agua y arena hacia la superficie.
Fuente: U.S. Geological Survey (USGS), Liquefaction Illustration. Fotografía de Martin Luff y esquema explicativo. Consultar original

Las imágenes de viviendas sin amarres suficientes, paredes extensas y construcciones en pendientes ilustraron esas inquietudes. Sin embargo, la respuesta propuesta no fue limitarse a observar fotografías: el propio foro reclamó estudios y diagnósticos científicos para determinar dónde están los problemas y cuáles requieren intervención.

Mantenimiento y rehabilitación: la resiliencia también se construye en lo existente

Vargas explicó la vida de una edificación como un proceso en el que su desempeño puede deteriorarse. El mantenimiento, las inspecciones y las intervenciones permiten corregir problemas, mejorar el comportamiento y extender la vida útil. Esperar al sismo significa aceptar que la pérdida de capacidad ocurra sin preparación y que la reparación posterior pueda ser costosa, lenta o incluso inviable.

En esa explicación, la resiliencia comprendía la capacidad de recuperación y adaptación. No solo interesa cuánto daño aparece, sino cuánto se pierde y cuánto tiempo toma recuperar la funcionalidad. Reforzar antes del evento busca reducir esa caída y facilitar la recuperación. La cuestión, por tanto, no es elegir entre construir y conservar: es reconocer que la fase de funcionamiento también exige decisiones técnicas.

Como ejemplo de una respuesta constructiva, Vargas describió las viviendas desarrolladas con participación del Centro Experimental de Ingeniería después del sismo de Puerto Armuelles. Destacó losas de cimentación reforzadas, anclajes para paredes y columnas, elementos de amarre en esquinas y refuerzos alrededor de puertas y ventanas. El caso mostró cómo las lecciones del daño pueden transformarse en soluciones concretas.

Medir los edificios para comprobar lo que realmente hacen

Carlos González presentó el Programa de Instrumentación Sísmica —PINS— como una herramienta para contrastar el comportamiento calculado con el observado. Según su explicación, el programa tiene antecedentes en la norma de instrumentación de 1998; posteriormente se reconoció la necesidad de estudiar no solo los edificios, sino también el movimiento del terreno, hasta incorporar estaciones a campo abierto en su evolución normativa.

La separación entre ambos tipos de instrumentación es fundamental. Un acelerógrafo situado en la base de un edificio registra una respuesta influida por la cimentación y la estructura. En la azotea, el registro incluye la amplificación asociada al comportamiento del edificio. Las estaciones a campo abierto aportan información distinta, necesaria para comprender el movimiento del suelo y relacionarlo con lo observado en las construcciones.

Al momento de la exposición, González informó de 11 estaciones nacionales, principalmente en centros regionales universitarios, dos estaciones adicionales vinculadas en la zona fronteriza costarricense y más de 200 estructuras instrumentadas. Señaló que esos datos permiten estudiar la respuesta local, la atenuación de las ondas y su dispersión, además del comportamiento de las edificaciones.

Personal técnico de la Universidad Tecnológica de Panamá durante las labores relacionadas con la instalación de un acelerógrafo en el Centro Regional de Colón, como parte del desarrollo de la Red Acelerográfica Nacional.
Fuente: Centro Experimental de Ingeniería de la Universidad Tecnológica de Panamá, 27 de agosto de 2026. Consultar fotografía de la UTP

El objetivo no es acumular registros sin interpretación. González planteó un ejemplo hipotético: ¿qué ocurriría si se diseña suponiendo una capacidad importante de disipación de energía y un modelo calibrado revela que la estructura no alcanza el comportamiento esperado? Utilizó la comparación entre un factor de reducción de respuesta de ocho y una ductilidad inferior a dos para ilustrar la necesidad de comprobar las hipótesis. No presentó ese ejemplo como un diagnóstico de todos los edificios del país.

En una investigación concreta mostró un modelo digital de un edificio y registros de un sismo de magnitud seis, junto con una réplica. Mediante análisis de frecuencias, funciones de densidad y funciones de transferencia, el equipo examinó sus períodos de vibración. Después comparó dos modelos: uno que trataba las paredes únicamente como peso y otro que incorporaba su interacción con el sistema estructural.

Los modelos que incluían esa interacción se aproximaron mejor a los registros de los casos estudiados. El resultado conectó directamente con la explicación de Vargas sobre los puntales de compresión: una pared puede influir en el comportamiento, aunque el cálculo la haya tratado solo como carga. González propuso utilizar esa evidencia para revisar detalles constructivos y expresiones de período empleadas en el diseño.

Un acelerógrafo no es un dispositivo que impide los daños

El conversatorio permitió aclarar un malentendido importante. González describió dos actitudes opuestas: propietarios que creen que el instrumento protege el edificio y otros que consideran que no sirve para nada y lo dejan deteriorarse. Ambas impiden aprovechar correctamente el programa. El acelerógrafo registra movimientos; no refuerza columnas, no mejora el suelo y no garantiza la seguridad de la construcción.

Patiño señaló que, después de los eventos comentados en el foro, recibían consultas de propietarios que esperaban una respuesta inmediata sobre la seguridad de sus inmuebles a partir del aparato. El intercambio puso de manifiesto la necesidad de explicar qué información proporciona, cómo debe analizarse y cuáles son sus límites. Los registros son una base para investigar, no una certificación automática.

Como siguientes pasos, González planteó ampliar la red a campo abierto, aumentar la instrumentación fuera de la capital y medir más puntos dentro de los edificios. Instrumentar una estructura en numerosos niveles permitiría comprender con mayor detalle sus deformaciones y contrastar mejor los modelos.

Los hospitales y la infraestructura crítica: una prioridad que el panel consideró impostergable

La discusión más firme sobre políticas públicas se concentró en las instalaciones que deben atender a la población después de un desastre. Ramírez propuso un programa científico de evaluación de vulnerabilidad y una revisión paralela de la infraestructura crítica. Vargas coincidió y calificó la evaluación, el diagnóstico y la rehabilitación como tareas impostergables.

Vargas llegó a mencionar instalaciones concretas: el Hospital Rafael Hernández y el Complejo Hospitalario de la Caja de Seguro Social en la ciudad de Panamá. Sostuvo que requerían rehabilitación por las condiciones bajo las cuales fueron diseñadas y recordó episodios de evacuación de pacientes. Estas son valoraciones expresadas por el panelista; la transcripción no incluye los estudios individuales que permitan establecer de manera independiente la condición de cada instalación.

El mismo razonamiento se extendió a escuelas, estaciones de policía y bomberos, centros de salud y puentes. Si esos servicios quedan fuera de funcionamiento, la emergencia afecta simultáneamente a la población y a los medios disponibles para auxiliarla. La experiencia de Changuinola se utilizó para ilustrar esa acumulación de dificultades.

Patiño mencionó la posibilidad de que la UTP promoviera una propuesta normativa para asegurar recursos estatales destinados a evaluar edificaciones esenciales. Se trató de una iniciativa sugerida durante la conversación, no de una medida aprobada. Vargas, por su parte, advirtió que transformar la resiliencia de una ciudad puede requerir 25 o 30 años, precisamente por lo cual consideraba necesario comenzar sin seguir aplazando los diagnósticos.

La discusión incluyó una crítica a los incentivos de la inversión pública. Vargas sostuvo que inaugurar obras nuevas suele resultar políticamente más atractivo que mantener o rehabilitar las existentes. Utilizó las potabilizadoras y las pérdidas de agua como ejemplo de la necesidad de valorar la conservación y mejora de lo disponible, en lugar de privilegiar automáticamente nuevas construcciones.

La norma necesita profesionales capaces de aplicarla y autoridades que hagan cumplirla

Para Ramírez, la modernización normativa debe acompañarse de formación. Planteó una brecha entre la habilitación profesional y la preparación necesaria para resolver estructuras complejas. Su pregunta sobre un recién graduado al que se encomienda un edificio de cien pisos buscó mostrar que una autorización formal no equivale, por sí sola, a dominar todos los métodos y problemas que puede presentar ese encargo.

También expresó preocupación por la reducción o sustitución de contenidos técnicos en planes de estudio que se diversifican para atender otros objetivos formativos. No propuso simplemente convertir un título de posgrado en requisito universal. Defendió la coordinación entre las universidades y la Junta Técnica, la formación continua y un sistema de revisión de diseños que incentive la adquisición de competencias.

La revisión independiente resulta particularmente importante en el diseño por desempeño. Ramírez explicó que las reglas utilizadas contemplan revisores especializados y señaló que, ante la insuficiencia de profesionales disponibles localmente para esas funciones, se ha recurrido a especialistas de Estados Unidos, Chile y Colombia. Su propuesta fue desarrollar capacidad nacional para participar tanto en el diseño como en la revisión.

Grajales agregó la necesidad de atender el relevo generacional de los comités normativos y ampliar la participación de especialistas en estructuras, ingeniería sísmica, sismología y paleosismología. La calidad de las reglas depende también de quiénes las estudian, actualizan e interpretan.

La educación debe alcanzar asimismo la ejecución de obra. Vargas mostró fotografías recibidas de estudiantes en práctica profesional, incluidos detalles que tuvieron que corregirse. Recomendó guías de diseño y construcción de mampostería confinada, referencias mexicanas, una tesis sobre viviendas conforme al REP 2021 dirigida por el doctor Avendaño y el Manual de Inspecciones de Viviendas Unifamiliares, de Carlos Alfredo Arias. La intención fue acercar el conocimiento a quienes calculan, inspeccionan y construyen, incluidos capataces y responsables de cuadrillas.

Finalmente, Vargas insistió en la ética profesional. No todos los problemas nacen del desconocimiento: también pueden surgir de decisiones tomadas a sabiendas de que se apartan de los requisitos técnicos. La preparación, la supervisión y la responsabilidad deben actuar juntas para que el plano se convierta en una construcción que conserve el comportamiento para el cual fue concebida.

Una agenda que empieza antes de la próxima emergencia

Las propuestas finales del foro confluyeron en una agenda concreta. Grajales defendió la microzonificación sísmica municipal: estudios locales que permitan conocer parámetros del terreno, como velocidades de onda cortante y períodos fundamentales, y ponerlos a disposición de las autoridades antes de planificar nuevos desarrollos. La finalidad es que las decisiones urbanas incorporen la amenaza sísmica y la presencia de laderas susceptibles a inestabilidad.

Como áreas prioritarias de investigación, había señalado Panamá, Colón y Chiriquí. En las dos primeras destacó la concentración de población y la importancia de los puertos y de la vía interoceánica; en la tercera, la actividad y complejidad que justifican continuar profundizando los estudios existentes. La prioridad combina, por tanto, amenaza, exposición y consecuencias económicas y sociales.

Ramírez y Vargas concentraron su propuesta en diagnosticar y rehabilitar las construcciones críticas. González planteó que la investigación y los registros permitan adaptar progresivamente los criterios de diseño a las condiciones regionales de Panamá. Esa adaptación no supone prescindir del conocimiento internacional, sino contrastarlo con lo que efectivamente ocurre en los suelos y estructuras del país.

El mensaje conjunto no fue que todas las construcciones estén en peligro ni que las normas existentes garanticen por sí solas su seguridad. Fue más exigente: la seguridad debe sustentarse en conocimiento del sitio, diseño competente, ejecución controlada, evaluación de lo existente y conservación a lo largo del tiempo. La instrumentación permite aprender; la investigación reduce incertidumbres; la normativa orienta; la inspección comprueba; la rehabilitación corrige. Ninguna de esas tareas reemplaza por completo a las otras.

La pregunta que dejó el foro no fue únicamente cuándo ocurrirá otro terremoto. Fue qué decisiones se tomarán antes: qué suelos se estudiarán, qué viviendas se construirán mejor, qué ampliaciones se revisarán, qué hospitales se rehabilitarán y qué conocimientos se convertirán en práctica. En ese trabajo previo se encuentra la diferencia entre reaccionar ante el daño y construir, de manera sostenida, la capacidad de afrontarlo.

Reflexión final y recomendaciones para fortalecer la resiliencia sísmica de Panamá

El foro «Ingeniería y Riesgo Sísmico: Construyendo un Panamá Resiliente» constituye una valiosa contribución al conocimiento y a la comprensión de los desafíos que enfrenta Panamá en materia de prevención, preparación y reducción del riesgo sísmico. Merece especial reconocimiento la Universidad Tecnológica de Panamá (UTP) por haber organizado este encuentro el 8 de septiembre de 2026, apenas un mes antes del terremoto que sacudió el territorio nacional el 9 de octubre de 2026. La oportunidad de esta iniciativa demuestra la importancia de promover espacios de reflexión científica y técnica, anticipándose a acontecimientos que pueden comprometer la seguridad de la población y de las infraestructuras del país.

En este sentido, corresponde expresar un especial agradecimiento a la doctora Ángela Laguna Caicedo, rectora de la Universidad Tecnológica de Panamá, por impulsar la realización del foro; al ingeniero Angelino Harris, decano de la Facultad de Ingeniería Civil; y a los profesionales, docentes, investigadores y colaboradores que participaron en su organización. Igualmente, resulta oportuno reconocer las valiosas contribuciones de los doctores Francisco Grajales, Óscar Ramírez, Ramiro Vargas y Carlos González, cuyas exposiciones permitieron comprender, desde distintas especialidades, las condiciones sísmicas del país, las características de nuestros suelos, la respuesta de las edificaciones y la importancia de la investigación científica y la instrumentación sísmica. Asimismo, se reconoce la participación del ingeniero Óscar Patiño, director del Centro Experimental de Ingeniería de la UTP, quien moderó el conversatorio y facilitó la integración de las diferentes perspectivas técnicas.

La riqueza de los conocimientos compartidos y las conclusiones expuestas durante el encuentro justifican que sus resultados trasciendan el ámbito universitario. Por ello, sería conveniente que la UTP prepare una memoria técnica integral del foro, que reúna las ponencias, los estudios y antecedentes presentados, las intervenciones del conversatorio, las principales conclusiones y las recomendaciones formuladas por sus participantes. Aunque la Universidad ha divulgado información sobre el evento y se dispone de su grabación, una memoria de esta naturaleza permitiría organizar y preservar los conocimientos expuestos, convirtiéndolos en un documento de referencia para futuras investigaciones y decisiones institucionales.

Se recomienda que dicha memoria sea compartida con la Autoridad del Canal de Panamá (ACP), la Sociedad Panameña de Ingenieros y Arquitectos (SPIA), la Cámara Panameña de la Construcción (CAPAC), el Instituto de Geociencias de la Universidad de Panamá, el Ministerio de Educación (MEDUCA) y el Ministerio de Vivienda y Ordenamiento Territorial (MIVIOT), así como con otras instituciones relacionadas con la planificación territorial, la construcción y la gestión de riesgos. Su divulgación nacional e internacional contribuiría a ampliar el alcance de las reflexiones del foro y promover el intercambio de conocimientos entre profesionales, investigadores, autoridades y organismos especializados.

La difusión de estos conocimientos debe acompañarse de iniciativas permanentes de formación, investigación y especialización profesional. En este ámbito, es importante reconocer que Panamá ya cuenta con capacidades académicas y científicas relevantes, particularmente a través del Centro Experimental de Ingeniería de la UTP, sus laboratorios especializados, el Programa de Instrumentación Sísmica y los grupos de investigación dedicados a la ingeniería sísmica y la geotecnia. Asimismo, la Universidad dispone de programas de maestría en Ingeniería Estructural e Ingeniería Geotécnica, que constituyen una base importante para la preparación de profesionales en estas disciplinas.

Sobre estos antecedentes, más que crear estructuras paralelas, resultaría conveniente fortalecer y articular las capacidades existentes, elevando la formación especializada en ingeniería sísmica y resiliencia estructural a un ámbito académico e institucional de mayor desarrollo, con recursos, programas y objetivos definidos. Ello permitiría ampliar la investigación, impulsar nuevas especializaciones y programas doctorales, fortalecer la capacitación continua y contribuir permanentemente a la actualización de las normas de diseño, construcción, inspección y rehabilitación de obras civiles, atendiendo las características geológicas y sísmicas particulares del territorio panameño.

De igual manera, sería recomendable ampliar la cooperación que ya existe entre la UTP y la Secretaría Nacional de Ciencia, Tecnología e Innovación (SENACYT), aprovechando los convenios y programas de becas mediante los cuales ambas instituciones han contribuido a la formación de profesionales e investigadores. En particular, se propone promover líneas específicas de financiamiento para estudios de maestría y doctorado en ingeniería sísmica, ingeniería estructural, ingeniería geotécnica, dinámica de suelos, sismología aplicada, evaluación de vulnerabilidad y rehabilitación de infraestructuras, tanto en Panamá como en universidades y centros de investigación extranjeros de reconocida trayectoria. Sería igualmente importante establecer mecanismos que permitan incorporar los conocimientos adquiridos por estos profesionales a la docencia, la investigación, los proyectos nacionales y el perfeccionamiento de la normativa estructural.

La cooperación interinstitucional representa otro elemento fundamental para convertir el conocimiento científico en acciones concretas. En este sentido, convendría aprovechar y fortalecer los convenios que la UTP mantiene con distintas instituciones nacionales, particularmente con la Autoridad del Canal de Panamá, el Ministerio de Educación y el Ministerio de Vivienda y Ordenamiento Territorial, así como los antecedentes de cooperación con la SPIA y CAPAC. Estos instrumentos ofrecen oportunidades para desarrollar programas conjuntos de investigación, capacitación, intercambio de información, evaluación de edificaciones y mejoramiento de las prácticas constructivas.

Resulta especialmente importante considerar que han existido acuerdos entre la UTP y el MEDUCA orientados a la evaluación estructural de instalaciones educativas, lo que demuestra que algunas de las iniciativas recomendadas durante el foro cuentan con antecedentes institucionales. Por ello, sería conveniente examinar los resultados y el grado de ejecución de estos convenios, identificar las actividades pendientes y establecer programas de trabajo que permitan aprovechar plenamente sus posibilidades, especialmente en la evaluación, mantenimiento y rehabilitación de hospitales, escuelas, puentes y demás infraestructuras esenciales para la atención de emergencias.

Asimismo, debería fortalecerse la colaboración con el Instituto de Geociencias de la Universidad de Panamá, procurando una mayor integración de los estudios geológicos, geofísicos, sismológicos y estructurales. La coordinación de estas especialidades permitiría ampliar las investigaciones sobre las fallas activas, mejorar la caracterización de los suelos, desarrollar estudios de microzonificación sísmica y generar información útil para la planificación urbana, la actualización de los reglamentos y la toma de decisiones sobre nuevos desarrollos.

En el ámbito internacional, Panamá debería continuar ampliando sus relaciones de cooperación con gobiernos, universidades, centros de investigación e instituciones especializadas de países que se hayan destacado en el estudio de los terremotos, el desarrollo de códigos de diseño sismorresistente y la aplicación de tecnologías destinadas a reducir los daños estructurales. Para ello, sería conveniente aprovechar los convenios académicos internacionales existentes y promover acuerdos o proyectos específicos que permitan el intercambio de investigadores, la formación de especialistas, la realización de estudios conjuntos y la transferencia de conocimientos y tecnologías.

Esta cooperación no debería limitarse al diseño y construcción de edificaciones resistentes a los terremotos. También resulta indispensable incorporar el estudio de las medidas de prevención, preparación y respuesta ante emergencias sísmicas, la atención de los damnificados, la rehabilitación de los servicios esenciales, la reconstrucción de infraestructuras y el restablecimiento de las comunidades y áreas afectadas. La experiencia acumulada por otros países puede aportar conocimientos valiosos para fortalecer la capacidad nacional de respuesta y recuperación, considerando que las consecuencias de un terremoto pueden extenderse durante años e incluso décadas después de ocurrido el evento.

Finalmente, tomando en consideración la experiencia que Panamá ha adquirido en la organización de congresos internacionales de ingeniería y encuentros relacionados con la gestión del riesgo de desastres, sería conveniente consolidar una plataforma permanente de intercambio científico y tecnológico especializada en ingeniería sísmica, resiliencia estructural y tecnologías avanzadas de construcción. Esta iniciativa podría desarrollarse mediante congresos periódicos, jornadas de investigación, talleres técnicos y encuentros internacionales que contribuyan a posicionar a Panamá como una sede regional y de proyección mundial para el estudio y desarrollo de métodos constructivos innovadores.

El alcance de estos encuentros no debería limitarse a las viviendas y edificios de altura, sino comprender también obras civiles de especial importancia para el desarrollo nacional, como carreteras, puentes, vías férreas, túneles, instalaciones portuarias, sistemas de abastecimiento de agua y otras infraestructuras de gran magnitud. La posición geográfica de Panamá, su experiencia en la construcción y operación de una de las principales vías interoceánicas del comercio mundial y los conocimientos acumulados mediante los estudios sísmicos del Canal constituyen elementos que podrían aprovecharse para impulsar esta proyección internacional.

En definitiva, las reflexiones y recomendaciones del foro representan una oportunidad para transformar el conocimiento científico en acciones concretas y sostenidas. Panamá no parte de cero: cuenta con profesionales, centros de investigación, laboratorios, programas académicos, mecanismos de financiamiento y acuerdos de cooperación que constituyen una base importante para avanzar en esta materia. El verdadero desafío consiste en articular y fortalecer estos esfuerzos mediante una estrategia nacional de largo plazo, con objetivos, responsabilidades, recursos y mecanismos de seguimiento que permitan evaluar las condiciones de nuestras infraestructuras, reducir su vulnerabilidad y mejorar la preparación del país frente a futuros eventos sísmicos.

La mejor manera de reconocer el aporte de la Universidad Tecnológica de Panamá y de los especialistas que participaron en este encuentro será procurar que sus conocimientos y recomendaciones no permanezcan únicamente como parte de una jornada académica, sino que se conviertan en iniciativas permanentes para fortalecer la seguridad de las personas, la calidad de nuestras construcciones y la capacidad de recuperación de nuestras comunidades. Porque la resiliencia de Panamá no dependerá solamente de cuánto conozcamos sobre los terremotos, sino de nuestra capacidad para convertir ese conocimiento en prevención, mejores decisiones y acciones oportunas antes de que ocurra el próximo evento sísmico.

Referencias y recursos para profundizar

Los antecedentes históricos, las investigaciones científicas y los conceptos técnicos abordados en este artículo constituyen una invitación a profundizar en el conocimiento de la actividad sísmica de Panamá y en las medidas necesarias para reducir sus consecuencias.

Con ese propósito, se presentan a continuación documentos normativos, publicaciones académicas, estudios históricos y recursos institucionales que permiten ampliar la información expuesta durante el foro «Ingeniería y Riesgo Sísmico: Construyendo un Panamá Resiliente».

1. Reglamento Estructural Panameño y normativa de construcción

Reglamento para el Diseño Estructural de la República de Panamá (REP-2021). Junta Técnica de Ingeniería y Arquitectura (JTIA). Adoptado mediante Resolución JTIA-020-2022 de 22 de junio de 2022, publicada en la Gaceta Oficial Digital No. 29594-A de 5 de agosto de 2022.

Es la principal referencia normativa actual de las disposiciones de diseño estructural abordadas en el artículo. Incluye requisitos de diseño sismorresistente, estudios geotécnicos, clasificación de suelos, mapas de amenaza sísmica, viviendas unifamiliares y otros aspectos relacionados con la seguridad estructural.

Consultar el REP-2021 completo en la Gaceta Oficial

Reglamento Estructural Panameño (REP-2014). Junta Técnica de Ingeniería y Arquitectura. Adoptado mediante Resolución JTIA-187 de 1 de julio de 2015, publicada en la Gaceta Oficial No. 27927-A de 14 de diciembre de 2015.

Esta edición resulta especialmente relevante porque incorporó información de los estudios sísmicos realizados durante la ampliación del Canal de Panamá, incluidos los relacionados con las fallas geológicas cercanas a las ciudades de Panamá y Colón.

Consultar el REP-2014 en la Gaceta Oficial

Reglamento Estructural Panameño (REP-2004). Junta Técnica de Ingeniería y Arquitectura. Resolución JTIA-639 de 29 de septiembre de 2004, publicada en la Gaceta Oficial No. 25181 de 22 de noviembre de 2004.

Permite conocer la evolución de las normas estructurales panameñas. Su reseña histórica explica los antecedentes del Código Antisísmico de 1976, basado en el Código de California, y el desarrollo posterior de los reglamentos nacionales.

Consultar el REP-2004, copia disponible en CAPAC

Reglamento Estructural Panameño (REP-94). Junta Técnica de Ingeniería y Arquitectura. Resolución No. 329 de 23 de noviembre de 1994, publicada en la Gaceta Oficial No. 22681 de 13 de diciembre de 1994.

Permite estudiar una etapa anterior de la evolución normativa, particularmente la incorporación de parámetros sísmicos y disposiciones para el diseño y la instrumentación estructural.

Consultar la ficha normativa del REP-94 en la Procuraduría de la Administración

Reglamento Estructural Panameño (REP-84). Junta Técnica de Ingeniería y Arquitectura. Resolución No. 196 de 5 de noviembre de 1984, publicada el 23 de enero de 1985.

Constituye el primer Reglamento Estructural Panameño de aplicación obligatoria y un antecedente fundamental para comprender la evolución de las exigencias legales y técnicas de construcción del país.

Consultar el archivo histórico de la Gaceta Oficial de Panamá

2. Historia sísmica de Panamá y estudios del Canal

Report of the Isthmian Canal Commission, 1899–1901. Comisión del Canal Ístmico de Estados Unidos. Washington, 1901.

Documento histórico de especial importancia para conocer las investigaciones estadounidenses sobre las rutas de Nicaragua y Panamá. Incluye estudios sobre las condiciones geográficas, geológicas, constructivas y sísmicas consideradas antes de la selección de la ruta panameña.

Consultar y descargar el informe original de 1901

Documents Relating to the Interoceanic Canal and the Earthquake at Panama in 1882. Senado de Estados Unidos, 12 de marzo de 1906.

Compilación histórica de documentos sobre las investigaciones de las rutas interoceánicas, incluidos antecedentes relacionados con terremotos y registros sísmicos en Nicaragua y Panamá.

Consultar el expediente histórico en el Smithsonian Institution

La construcción del Canal por los estadounidenses. Autoridad del Canal de Panamá.

Reseña histórica que permite profundizar en la selección de la ruta panameña, la intervención de Philippe Bunau-Varilla y el episodio de la estampilla nicaragüense del volcán Momotombo durante las deliberaciones del Senado estadounidense en 1902.

Consultar la reseña histórica de la ACP

The Panama Canal and the Panamanian Structural Design Code. Luis Alfaro y Fernando Guerra, Autoridad del Canal de Panamá. Presentación académica realizada en la Universidad de California, Berkeley, en 2017.

Contiene una cronología de los reglamentos estructurales aplicados en Panamá desde principios del siglo XX, los estudios sísmicos relacionados con el Canal y las contribuciones de especialistas internacionales a los criterios de diseño de las obras canaleras.

Consultar la presentación técnica en PDF

Neotectonics and Paleoseismology of the Limón and Pedro Miguel Faults in Panamá: Earthquake Hazard to the Panamá Canal. Thomas Rockwell y colaboradores. Bulletin of the Seismological Society of America, 2010.

Investigación científica sobre las fallas de Limón y Pedro Miguel, sus antecedentes de ruptura, desplazamientos geológicos e implicaciones para la amenaza sísmica del Canal y de la ciudad de Panamá.

Consultar la publicación científica en el Servicio Geológico de Estados Unidos (USGS)

3. Investigaciones, instrumentación sísmica y materiales académicos

Foro «Ingeniería y Riesgo Sísmico: Construyendo un Panamá Resiliente». Universidad Tecnológica de Panamá, 8 de septiembre de 2026.

Grabación completa de las exposiciones de los doctores Francisco Grajales, Óscar Ramírez, Ramiro Vargas y Carlos González, así como del conversatorio moderado por el ingeniero Óscar Patiño.

Ver la grabación completa del foro

Programa de Instrumentación Sísmica (PINS) y Red Nacional de Movimientos Fuertes. Centro Experimental de Ingeniería, Universidad Tecnológica de Panamá.

Recurso institucional que explica el funcionamiento de la red acelerográfica nacional, la instrumentación de edificios y el procesamiento de información sísmica. Permite consultar documentos del programa, normas de instrumentación y procedimientos aplicables a los acelerógrafos.

Consultar la información y los documentos técnicos del PINS

Instituto de Geociencias de la Universidad de Panamá. Red Sísmica Nacional.

Plataforma oficial que permite consultar los eventos sísmicos registrados por el Instituto de Geociencias, incluyendo fecha, hora, magnitud, profundidad y ubicación geográfica.

Consultar los sismos recientes registrados en Panamá

Analysis and Design of Confined Masonry Structures: Review and Future Research Directions. Borah, B.; Kaushik, H. B.; Singhal, V. Buildings, 2023.

Investigación académica sobre el comportamiento de la mampostería confinada, las disposiciones de diseño, los elementos estructurales y los criterios utilizados para mejorar la seguridad de este tipo de construcciones. Complementa las explicaciones presentadas durante el foro sobre viviendas unifamiliares.

Consultar el artículo científico de acceso abierto

Parametric Analysis of Outrigger Systems for High-Rise Buildings with Different Geometric Shapes. Angelucci, G.; Cecca, E.; Mollaioli, F. Applied Sciences, 2025.

Estudio sobre el funcionamiento de los sistemas de outriggers utilizados en edificios de gran altura, su relación con el núcleo estructural y su influencia sobre el comportamiento de edificaciones sometidas a cargas laterales.

Consultar el artículo científico de acceso abierto

4. Prevención, reducción del riesgo y protección de la población

Sistema Nacional de Protección Civil de Panamá (SINAPROC). Recomendaciones ante movimientos sísmicos.

Información oficial sobre preparación, medidas de protección durante un terremoto y recomendaciones posteriores al evento, dirigidas a la población.

Consultar las recomendaciones de SINAPROC

U.S. Geological Survey (USGS). What Are the Effects of Earthquakes?

Recurso educativo del Servicio Geológico de Estados Unidos que explica los principales efectos de los terremotos, incluyendo movimientos del terreno, rupturas superficiales, licuefacción, asentamientos y deslizamientos.

Consultar la explicación técnica del USGS

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Introducción Hace escasamente dos (2) años que fue aprobada la nueva ley de la Caja del Seguro Social (CSS) y el análisis se centraba, sin obviar aristas importantes, en las finanzas de la entidad y el sistema de pensiones establecido...

Orientación para viajeros nacionales e internacionales en excursiones y paseos marítimos

Gracias a su privilegiada ubicación geográfica y la diversidad de su riqueza natural, Panamá, ofrece una gama de travesías marítimas, que atraen la atención tanto a turistas nacionales como internacionales. Pero este atractivo y fuente de ingreso en nuestro...

El Niño: cuando cambia el Pacífico y el agua falta en nuestras comunidades

Por: Gustavo Cárdenas Castillero. Hidrogeólogo, Doctor en Recursos Hídricos y Cambio Climático. Contacto: [email protected] Durante generaciones, las comunidades han organizado sus siembras, sus actividades y su vida cotidiana siguiendo el ritmo de las lluvias y las estaciones. Hoy, el calentamiento...

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