Resiliencia en acción: cuidando la salud mental durante las crisis

“La verdadera resiliencia de una sociedad se mide no solo por su capacidad para reconstruir infraestructuras, sino también por su compromiso de sanar las heridas emocionales que dejan las emergencias.»
La salud mental no se protege únicamente a través de publicaciones, fotografías o discursos; requiere de una respuesta oportuna, el acceso a profesionales capacitados, recursos adecuados y un acompañamiento humano efectivo. En situaciones de emergencia como el reciente terremoto y las réplicas que han afectado a Panamá, el impacto va más allá de los daños materiales; alcanza el bienestar emocional de miles de personas.
Los desastres naturales, accidentes, crisis sociales y pérdidas inesperadas pueden provocar una variedad de reacciones psicológicas, como la ansiedad, miedo, tristeza la angustia, el estrés y sentimientos de vulnerabilidad. Cada año, se reportan millones de individuos, que son víctimas de situaciones, producto de conflictos armados y desastres naturales, que impactan su seguridad como sus medios de vida. Esta situación adquiere una mayor relevancia, cuando la persona ya presenta una condición de salud mental previa, puesto que los efectos de una crisis o emergencia pueden incrementar su vulnerabilidad y profundizar el impacto emocional de estos eventos.
Por ello, la salud mental, debe considerarse como una prioridad dentro de toda estrategia de respuesta y recuperación de desastres, destacando que cuidar la mente es también es una forma de salvar vidas. Los expertos en el tema sugieren una variedad de actividades para ofrecer apoyo psicosocial y mejorar la salud mental durante la crisis, que van desde la autoayuda y la comunicación comunitaria hasta la implementación de primeros auxilios psicológicos y atención clínica especializada.
Los problemas sociales en este tipo de situaciones se dividen en tres categorías: los preexistentes: la pobreza y la discriminación de grupos marginados; los generados por la emergencia: que incluyen la separación de familias, inseguridad y pérdida de medios de subsistencia; y los derivados de la respuesta humanitaria: como el hacinamiento y la disminución del apoyo comunitario, propiciando un escenario favorable para la descomposición del tejido social y a una reducción de la confianza y los recursos disponibles. La atención a estos problemas es esencial para mitigar la afectación psicológica, que si bien es cierto puede mejorar con el tiempo, también puede llevar a condiciones más graves si no se aborda adecuadamente.
La Organización Mundial de la Salud (OMS), tiene un papel fundamental en la coordinación de la preparación y respuesta ante emergencias de salud mental a nivel global, enfocándose sobre todo en los servicios de salud mental a largo plazo después de una crisis. En un reciente pronunciamiento la Asamblea Mundial de la Salud destaca la importancia de integrar servicios de salud mental de calidad en todas las fases de emergencias, instando a sus Estados Miembros a implementar un Plan de Acción Integral sobre Salud Mental 2013-2030 y a realizar inversiones sostenibles en servicios comunitarios.
En su contexto actual, enfatiza la necesidad de cuidar la salud mental con la misma atención que se brinda a las lesiones físicas, resaltando la importancia de ofrecer apoyo emocional y acceso a profesionales de salud mental. Aconsejando buscar información de fuentes confiables, establecer redes de apoyo con familiares y amigos, y recurrir a líneas de ayuda profesional cuando se necesite asistencia. He aquí algunas recomendaciones en este tipo de crisis:
- Ten confianza: Las personas podemos tener más recursos para afrontar una situación de lo pensamos, es preciso mantener la confianza en nuestro ser.
- Procúrate momentos de distracción: Incorpora actividades que permitan desconectarse temporalmente de las preocupaciones y aliviar la tensión emocional.
- Cuida tu salud física: Reducir al máximo el riesgo de que estos efectos agraven problemas de salud preexistentes.
- Respeta tus tiempos: Cada persona afronta esta situación de manera diferente. La adaptación es un proceso gradual, así que date el tiempo necesario y evita compararte con otras personas.
- Solidaridad y Ayuda: Si te sientes con ánimo, involúcrate en acciones de apoyo comunitario. Ayudar a otras personas puede fortalecer el sentido de propósito, promover la empatía y contribuir al bienestar colectivo.
- Agradece: En medio de la adversidad, reconocer y valorar los pequeños aspectos positivos que el día a día puede ofrecer como consuelo, fortalecer la esperanza y contribuir al equilibrio emocional.
CUANDO TODO CAMBIA: CÓMO ACOMPAÑAR EMOCIONALMENTE A NIÑOS, NIÑAS Y ADOLESCENTES EN SITUACIONES DE CRISIS.
Tras el sismo registrado en nuestro país, es normal que niños, niñas y adolescentes experimenten diversas reacciones emocionales como miedo, incertidumbre, tristeza, preocupación o cambios en su comportamiento. En momentos como estos es vital el acompañamiento de sus padres, cuidadores y familiares, a fin de brindar la seguridad, que ayude a su recuperación emocional y a comprender lo ocurrido.
Las respuestas emocionales pueden variar según la edad y las experiencias vividas durante y después del evento. Los bebés y niños pequeños pueden presentar alteraciones del sueño, llanto frecuente o una mayor necesidad de cercanía y protección. En los niños de edad preescolar puede surgir la inseguridad, temor a separarse de sus padres o conductas regresivas. En la edad escolar pueden presentar estados de ansiedad, dificultades para concentrarse, preocupación por su seguridad o la de sus seres queridos, mientras que los adolescentes se puede generar episodios de angustia, frustración, enojo o comportamientos de aislamiento.
Es importante recordar que estas reacciones suelen ser una respuesta normal ante una situación anormal; donde la escucha activa, el afecto, la paciencia y el restablecimiento gradual de las rutinas cotidianas son acciones clave para fortalecer su bienestar emocional y promover su resiliencia frente a la experiencia vivida. Mantener espacios de diálogo y brindar información clara, adaptada a su edad, contribuirá a que puedan procesar lo sucedido y recuperar progresivamente la sensación de seguridad. En fin, es recomendable el establecimiento de protocolos o guías que permita dirigirse a los niños y jóvenes sobre catástrofes, así como escuchar sus explicaciones y adaptar estas opiniones para establecer un diálogo más cercano y comprensivo. Una situación de crisis puede ser vistas como una oportunidad para que nuestros países inviertan en salud mental, aprovechando el aumento los recursos actuales y el espacio para desarrollar sistemas de atención más efectivos y a largo plazo. Es importante tener en cuenta que cuando la “tierra tiembla, el apoyo emocional se convierte en un refugio tan importante como cualquier ayuda material.»