Uno de los mayores riesgos que tiene la empresa es el riesgo de quien la dirige, sea su dueño o un gerente profesional. Este riesgo se refiere a la posibilidad de que él que la dirige pierda el enfoque del verdadero negocio en que está, o que cometa errores de ética comercial, padezca de stress extremo o que simplemente se enferme.
Dentro de mi práctica profesional y mi propia inquietud de hacer empresa me encontré con que el éxito o fracaso de los negocios depende no solo de la parte técnica sino también de la parte humana, de la forma en que gerencian su vida las personas que dirigen las empresas: sus hábitos de alimentación, su disciplina hacia una vida sana en la que el ejercicio sea parte de su rutina y en la que no existan excesos en los momentos de diversión y por su puesto su actitud hacia la vida empresarial, ya sea como empresario o como un profesional corporativo.
Está comprobado que trabajar en actividades que nos motivan y que nos hacen sentir realizados, producen inevitablemente la afluencia de bienestar económico y emocional.
Entonces, el asunto es encontrar dentro de nosotros lo que queremos hacer, buscar la razón de nuestra vida, ver qué actividad es la que nos hace felices y hacer de esta una actividad productiva.
Un buen ejemplo podemos verlo reflejado en el rostro de felicidad de los músicos, siempre lucen felices cuando tocan la guitarra, el violín o el instrumento de su preferencia, ellos disfrutan su trabajo, porque su trabajo es su vida, pero esto no tiene nada que ver con hacerse ricos, la mayoría de las personas que viven del arte no lo son, pero viven felices con lo que hacen y lo disfrutan.
Todos tenemos dentro de nosotros un geniecillo que representa nuestra conciencia, en algunos casos esta duerme y en otros momentos de nuestra vida puede brillar y producir excelentes ideas acerca de lo que deseo hacer en mi vida profesional. Pero esto debemos buscarlo y preguntarnos si quiero trabajar en un negocio que me inspire y que no me limite, un trabajo que haga que el empresario que está dentro de mi brille y que haga que tanto yo como el negocio que dirijo y mi equipo de trabajo seamos felices por el servicio o el producto que ofrecemos al mercado.
Observen lo siguiente, todos los días trabajamos un número importante de horas: de 8 a 10 horas y en ocasiones más. Entonces la gran pregunta es ¿Por qué no ocupar ese tiempo para hacer una actividad productiva que nos guste? El día que lo hagas dejarás de “trabajar”, comenzarás con mucho ánimo y gran esfuerzo a hacer la actividad que te gusta y que te producirá dinero, tal vez te hagas rico y es posible también que no llegues a serlo, pero vivirás feliz haciendo lo que te gusta, disfrutarás cada día.
Luego de estas reflexiones podemos decir que un empresario es la persona que ha permitido a su geniecillo dirigir su energía natural hacia una actividad productiva, no importa si es su empresa o si solo la dirige, tampoco importa el tamaño de la empresa, porque en realidad es nuestra actitud la que me hace ser un empresario, porque toda actividad productiva que realizamos con entusiasmo, amor y dedicación es lo que nos convierte en un empresario.
Desde mi punto de vista el hecho de que una persona herede una empresa no lo convierte automáticamente en empresario. Es muy posible que el beneficiario de la herencia no tenga la actitud, la energía ni el impulso que tuvieron sus padres o abuelos que fueron quienes crearon el negocio, sin embargo, la hereda, pero reitero que esto no lo convierte en un empresario, si no tiene la actitud. Prueba de esto es que solo el 40% de las empresas que pasan a la segunda generación continúan operando con éxito y apenas un 12% de las que son heredadas por la tercera generación.