Trump, Colombia y Venezuela: ¿el retorno de la Doctrina Monroe?

La reciente escalada militar en el norte de Sudamérica marca un punto de inflexión en la política exterior de Estados Unidos bajo el segundo mandato de Donald Trump. Las tensiones entre Washington, Caracas y Bogotá reflejan una estrategia más amplia de reconfiguración del poder en el hemisferio occidental, en la que resurgen ecos de la vieja Doctrina Monroe: América para los americanos… o, más bien, para los norteamericanos.
De la contención a la ofensiva
En 2025, Estados Unidos pasó de una política sancionatoria contra Venezuela a una fase activa de confrontación marítima. Bajo el discurso de la lucha contra el narcotráfico, Trump ha desplegado buques de guerra, autorizado operaciones encubiertas de la CIA y ejecutado ataques contra embarcaciones sospechosas en aguas del Caribe y el Pacífico. Estas acciones, que han dejado decenas de muertos, marcan la expansión del teatro de operaciones hacia la costa colombiana y difuminan los límites entre la interdicción y la intervención directa.
Washington ha declarado organizaciones terroristas a varios carteles latinoamericanos —incluido el venezolano “Cartel de los Soles”, supuestamente dirigido por Nicolás Maduro—, lo que le otorga base legal para actuar sin aprobación del Congreso. Al mismo tiempo, el Comando Sur y el Pentágono coordinan los despliegues con el argumento de proteger la seguridad hemisférica.
Venezuela: resistencia y alianzas
El gobierno de Maduro ha respondido denunciando las acciones ante la ONU, reforzando su presencia militar costera y cerrando acuerdos logísticos con aliados extrarregionales como Rusia, China e Irán. La narrativa chavista presenta el conflicto como un nuevo episodio de resistencia frente al imperialismo estadounidense. A ello se suman apoyos simbólicos —como la llegada de técnicos iraníes y asesores rusos— que elevan el perfil geopolítico del país en la región.
Colombia: el aliado en tensión
Colombia, tradicional socio estratégico de Washington, atraviesa una relación cada vez más tensa. La administración Trump ha acusado al presidente Gustavo Petro de “blandura” frente al narcotráfico y de permitir el fortalecimiento de grupos armados. En octubre, el Departamento de Estado incluso retiró la certificación de cooperación antinarcóticos y sancionó a funcionarios colombianos. Aunque Bogotá insiste en su soberanía, Estados Unidos ha insinuado que podría revisar los programas de asistencia militar.
Petro, por su parte, ha condenado los ataques estadounidenses en el Pacífico —algunos con víctimas colombianas— y ha reclamado respeto a la jurisdicción nacional. Así, Colombia queda atrapada entre su histórica cooperación con Estados Unidos y su intento de mantener autonomía frente a la presión militar y diplomática.
Un conflicto regionalizado
Los hechos recientes —ataques marítimos, despliegue de portaaviones, operaciones encubiertas, sanciones y retórica antinarcóticos— componen una campaña regional de presión, no solo contra Venezuela sino también como advertencia a Colombia. Para la autora, este escenario constituye una reedición moderna de la Doctrina Monroe, en la que Estados Unidos reafirma su dominio hemisférico frente a potencias competidoras y gobiernos disidentes.
El discurso de Trump combina guerra híbrida y disuasión simbólica: operaciones limitadas, sanciones económicas, guerra de información y aislamiento diplomático, todo sin llegar —al menos por ahora— a una invasión abierta. Sin embargo, la militarización progresiva del Caribe y del Pacífico genera una tensión estructural que puede escalar en cualquier momento.
El dilema de la soberanía y la legalidad
Las operaciones navales sin autorización de la ONU han sido criticadas por juristas y organismos multilaterales, al considerar que vulneran el principio de soberanía. Washington, en cambio, se ampara en la doctrina de la “autodefensa extendida” para justificar sus acciones. Este argumento amplía su margen de maniobra, pero también erosiona el derecho internacional y la credibilidad del sistema interamericano.
Repercusiones hemisféricas
La confrontación no se limita al terreno militar: tiene derivaciones diplomáticas y económicas. La suspensión venezolana de acuerdos energéticos con Trinidad y Tobago o la división entre gobiernos latinoamericanos ante la escalada militar evidencian la fragilidad del orden regional. Mientras Lula da Silva y otros líderes piden mediación y diálogo, la OEA y la CELAC muestran incapacidad para contener la crisis.
Una nueva geopolítica del hemisferio
El análisis concluye que esta crisis simboliza un retorno de la geopolítica clásica, adaptada al siglo XXI. La competencia entre potencias globales —EE. UU., Rusia, China e Irán— se libra ahora en los márgenes del continente. El Caribe y el Pacífico sur se convierten en escenarios de guerra híbrida, vigilancia y disuasión.
Aunque una guerra abierta parece improbable, el riesgo de una securitización permanente de América Latina —donde la militarización sustituye al diálogo— es real. Para el Instituto Español de Estudios Estratégicos, lo que está en juego no es solo la política de tres países, sino la vigencia del sistema interamericano y la soberanía regional.
Epílogo: la paradoja Monroe
Dos siglos después de su formulación, la Doctrina Monroe reaparece bajo nuevas formas. Estados Unidos invoca la seguridad hemisférica para justificar su intervención, mientras América Latina insiste en la autodeterminación. En este pulso entre fuerza y soberanía, el norte de Sudamérica se convierte nuevamente en el epicentro de la lucha por el poder en el continente.
REYES RAMÍREZ, Rocío de los. Trump, Colombia y Venezuela: ¿el retorno de la doctrina Monroe? Documento de Análisis IEEE 69/2025. https://www.defensa.gob.es/documents/2073105/2990223/trump_colombia_y_venezuela_2025_dieeea69.pdf (consultado 12/11/2025)