“YO NO VENDO A MI PATRIA”
Esta gloriosa frase patriótica es atribuida al gran patriota panameño, connotado médico, político, abogado, fogoso orador, Dr. MATEO ITURRALDE DE LA VEGA, quien nació en la ciudad de Panamá el 21 de septiembre de 1821, poco antes de la independencia de Panamá de España el 28 de septiembre de 1821. Fue hijo de Tomás de Iturralde y Aquilina de la Vega, a quienes desafortunadamente desde niño perdió.
Desde muy joven fue un lector perseverante, al punto que apenas teniendo la edad de 17 años fue nombrado para ejercer como profesor de la lengua española por la Junta de Educación Pública en el Colegio San Diego de la ciudad de Panamá. Luego del fallecimiento de sus padres lo recogió en su hogar en el arrabal de Santa Ana su anciana tía paterna Manuelita de Iturralde. Al morir su tía viajó y decidió radicarse por varios años en Ecuador, donde laboró en una firma de abogados y con su salario devengado recibe el sustento para estudiar en la Universidad de Guayas, una de las instituciones más antiguas e importantes del Ecuador.
Al finalizar sus estudios de medicina, después de sufrir estrecheces económicas y otras penurias que hicieron de él un gran profesional, de carácter firme, decide regresar al Istmo de Panamá y se dedica a labor social, atendiendo a ciudadanos de bajos recursos económicos que no podía pagar sus honorarios médicos. Al no aceptar ningún tipo de compensación, esta generosidad lo hizo merecedor del respeto y aprecio de sus pacientes, quienes lo llamaban el Médico del Pueblo.
En 1853 se trasladó a Bogotá, Colombia, para continuar sus estudios de Derecho en el Colegio del Rosario en Bogotá, donde fortalece su amistad con el General Tomás Herrera, quien fue Jefe del Estado del Istmo, hasta tal punto que lucharon juntos en misiones militares y defendieron juntos los ideales liberales, lo que lo hizo merecedor del rango de Coronel. Ambos compartían la visión progresista y el compromiso con los sectores populares. Participó como médico del Ejército Revolucionario y, después de la caída del presidente interino de Colombia, José Marín Melo, fue elegido representante de Panamá ante el Congreso de Colombia.
En 1881 protestó ante las autoridades del Ferrocarril de Panamá las condiciones negociadas por Rafael Núñez, con el propósito de fundar el Banco Nacional cuando aún pertenecía el istmo de Panamá a Colombia. Mateo Iturralde no sólo fue representante en el Congreso colombiano; también fue diputado varias veces y Procurador del Estado de Panamá. Además fue Secretario de Estado y Magistrado de la Corte Suprema de Justicia, donde dejó huellas de su creatividad e inteligencia. Es considerado uno de los más grandes intelectuales del Siglo XIX de Panamá.
Sus continuas protestas ante las injusticias y su patriótica frase “YO NO VENDO A MI PATRIA” defendiendo los ideales del istmo de Panamá, provocó gran controversia, al punto que se le calificara de idealista a esta figura extraordinaria de nuestra historia nacional. A pesar de las presiones enfrentadas, no apoyó con su voto cosas que consideraba inmorales.
En iniciativa con el Dr. Carlos De Icaza, otro prestigioso galeno, en 1882 fundó la primera Academia de Medicina de Panamá. Fue miembro del Partido Liberal desde muy joven y participó de manera notoria en ese colectivo político junto a distinguidos liberales como Gil Colunge, Rafael Aizpuru, Buenaventura Correoso y otros.
La Plaza de la Catedral era su lugar favorito para conversar con sus amigos y prestaba atención preferencial a los jóvenes con quienes compartía sus experiencias y enseñanzas vividas.
Afortunadamente la figura de este notable panameño ha recibido diversos merecidos reconocimientos y conmemoraciones en Panamá, tales como el Busto Conmemorativo en 1913, erigido en su honor por el Presidente de la República Dr. Belisario Porras Barahona, en reconocimiento oficial del Estado panameño por su férrea defensa de la soberanía nacional. La Biblioteca Municipal de Colón lleva su nombre desde 1928. Actualmente se reubicó en las instalaciones del nuevo Centro de Arte y Cultura de Colón, donde se resguarda una importante colección de literatura e historia local. Mediante la Ley 55 de 1980 se declaró Monumento Histórico su casa natal y residencia, en el No 7-38 de la Calle 6 y Calle 14 Oeste, Corregimiento de Santa Ana. En 1982 se crea el Corregimiento Mateo Iturralde dentro del Distrito de San Miguelito, el cual conmemora décadas de historia y desarrollo comunitario. Esto ocurre como parte de la división política administrativa del Distrito de San Miguelito, que se reorganizó en cinco corregimientos originales (Amelia Denis de Icaza, Belisario Porras, José Domingo Espinar, Mateo Iturralde y Victoriano Lorenzo). Se le llama Escuela Doctor Mateo Iturralde al centro educativo ubicado en la barriada de Río Abajo y en él se honra su memoria celebrando aniversarios educativos y culturales. Sus iniciativas comunitarias y sociales son celebradas en entidades como el Club de Leones Mateo Iturralde, donde se desarrollan programas de impacto social y salud visual en su honor.
Definitivamente el legado de civismo y nacionalismo que deja este eximio panameño a su país representa un cimiento fortalecedor de la identidad nacional y su vida una guía moral para las actuales y futuras generaciones. A lo largo de su vida no solamente se distinguió por sus logros en la política y en el campo militar, sino además por ese legitimo mensaje que deja de herencia, haciendo una invitación a la responsabilidad constante y al verdadero amor que se debe tener por la patria. Al igual que han hecho grandes líderes patrióticos, en todo momento demostró con hechos reales que los intereses de la gran mayoría deben estar siempre por encima de sus ambiciones y objetivos personales. Recordando a su pueblo que la diversidad de pensamiento enriquece al país, al final su objetivo principal debe ser el progreso y la paz de todos los ciudadanos dentro de un mismo territorio. El probado amor a la patria del Dr. Matero Iturralde fue incesante y no sólo acreditado con palabras sino también trabajando con probidad y ayudando a su prójimo con honestidad, enseñando los valores y contribuyendo siempre al desarrollo del país.
El sepelio de este ilustre panameño constituyó una profunda demostración de afecto y admiración, sin precedente en el istmo de Panamá, al que los hombres más distinguidos de su tiempo hicieron acto de presencia, acompañándolo hasta su tumba para rendirle un tributo de admiración. Esa célebre frase “YO NO VENDO A MI PATRIA” del Dr. Mateo Iturralde, debe ser recordada por todos los panameños sin excepción, gobernantes y gobernados, como un acto de absoluta probidad moral frente a las presiones políticas o económicas para no ceder los recursos y la dignidad del país a cambio de beneficios particulares. Como recordatorio histórico nos enseña a los que verdaderamente queremos a nuestro Panamá, que los intereses de la nación deben estar siempre por encima de los beneficios personales o de grupos de poder.