La contaminación de los ríos La Villa y Estibaná y los daños ocasionados por el terremoto del 9 de octubre de 2026 plantean un desafío que trasciende la reparación de tuberías. Recuperar el abastecimiento exige proteger las fuentes, verificar la calidad del agua y fortalecer los sistemas que sostienen a las comunidades.
La crisis del agua en Azuero ha adquirido una nueva dimensión. A los problemas de contaminación que afectaron el abastecimiento desde mayo de 2025 se sumaron los daños provocados por el terremoto del 9 de octubre de 2026 en acueductos rurales, tanques, tuberías y estructuras de captación. Dos emergencias de distinto origen convergen sobre una misma necesidad: disponer de agua suficiente y segura para la vida cotidiana. Los antecedentes documentados por la Secretaría Nacional de Ciencia, Tecnología e Innovación (SENACYT) y las inspecciones posteriores al sismo realizadas por el Ministerio de Salud (MINSA) permiten comprender esa superposición.
El reportaje de Ohigginis Arcia Jaramillo, publicado en La Prensa el 20 de octubre de 2026, puso de relieve esta doble afectación. La publicación estimó en alrededor de 150 mil personas la población sometida a restricciones de consumo vinculadas con la contaminación y describió las dificultades de comunidades rurales cuyos sistemas de abastecimiento resultaron dañados por el movimiento sísmico. Esa dimensión social obliga a examinar conjuntamente la calidad del recurso, la integridad de la infraestructura y la capacidad de respuesta institucional, sin asumir que todos los sistemas presentan las mismas condiciones.
El problema, por tanto, no puede reducirse a determinar si vuelve a salir agua del grifo. La recuperación debe responder a una pregunta más exigente: ¿están dadas las condiciones para que esa agua llegue de manera continua y sea segura para quienes la utilizan?
Una crisis con antecedentes científicos
La contaminación de la cuenca del río La Villa no apareció por primera vez en 2025. El MINSA conserva un expediente público sobre la contaminación por atrazina ocurrida en 2014, que reúne resultados de laboratorio, muestras del Instituto de Acueductos y Alcantarillados Nacionales (IDAAN), registros de la entonces Autoridad Nacional del Ambiente y análisis del Instituto Especializado de Análisis. Este archivo constituye un antecedente concreto de vigilancia sanitaria y demuestra que la calidad de esta fuente hídrica había sido objeto de preocupación institucional más de una década antes de la emergencia reciente.
A esa documentación se suman investigaciones sobre otros componentes del ambiente. El estudio “Metales pesados en suelos y sedimentos en la cuenca del río La Villa-Panamá”, publicado en 2018 en la revista Ciencia Agropecuaria, examinó 21 muestras recolectadas durante la época lluviosa de 2016 y otras 20 durante la época seca de 2017. También analizó abonos y agroquímicos utilizados en la zona. Los investigadores reportaron valores elevados de cobre en suelos y de cobre, manganeso, cromo y arsénico en sedimentos, y recomendaron mantener la vigilancia de las áreas de producción de la cuenca.
Estos resultados deben interpretarse dentro de su alcance: corresponden a suelos, sedimentos y productos examinados en aquellas fechas. No constituyen, por sí solos, una prueba de que el agua distribuida actualmente a los hogares contenga esos metales en concentraciones peligrosas. Su importancia reside en documentar presiones ambientales y justificar investigaciones específicas y periódicas, no en sustituir los análisis del agua destinada al consumo humano.
La evidencia microbiológica también precede a la crisis de 2025. Una investigación de Félix Camarena, Jheferson Castro, Ricardo Calderón y Benedicto Valdés, publicada en enero de 2024 en Centros: Revista Científica Universitaria, estudió los sectores del balneario Los Olivos y el puente sobre el río La Villa. El análisis encontró que tres de cuatro muestras microbiológicas superaban el valor máximo de coliformes fecales utilizado por el estudio para evaluar aguas naturales destinadas a recreación con contacto directo. Se trataba de agua del río, no de muestras tomadas en los grifos de las viviendas.
Considerados en conjunto, estos antecedentes muestran que existen distintas formas de contaminación que requieren métodos de evaluación y respuestas diferentes. La presencia de residuos sólidos, la contaminación fecal, los agroquímicos y la acumulación de metales no pueden agruparse bajo una explicación única ni corregirse necesariamente con una misma medida. La investigación debe identificar qué se encuentra, dónde, en qué concentración y en qué momento.
La emergencia de 2025 confirmó un problema de cuenca
El diagnóstico oficial presentado por el Gobierno el 17 de junio de 2025 identificó una combinación de factores: actividades agropecuarias no reguladas, vertimientos de lixiviados y contaminantes pecuarios, agroquímicos, manejo inadecuado de aguas servidas, pérdida de cobertura vegetal y uso no planificado del suelo. La comisión interinstitucional había evaluado 36 puntos en los ríos La Villa y Estibaná y determinado la existencia de 23 puntos críticos de alta contaminación. Esas cifras describen el diagnóstico de aquella fecha, no un inventario actualizado de las condiciones actuales de cada sitio.
La información divulgada por SENACYT en agosto de 2025 amplió el análisis. En un encuentro con investigadores y representantes de instituciones públicas se discutieron la degradación de la cuenca, los vertidos, la ocupación desordenada del territorio y la necesidad de fortalecer el monitoreo. También se plantearon alternativas como tratamientos basados en la naturaleza, recuperación de suelos, reforestación de áreas de recarga y mejoras en el manejo de instalaciones productivas.
La consecuencia para la política pública es clara: concentrar la respuesta únicamente en las plantas potabilizadoras deja fuera una parte esencial del problema. La protección del abastecimiento comienza aguas arriba, donde se generan los vertimientos y se toman decisiones sobre el uso del suelo. El tratamiento del agua debe acompañarse de control de descargas, saneamiento, protección de riberas y seguimiento de las medidas correctivas.
Esto tampoco supone atribuir indiscriminadamente la contaminación a todos los productores de una actividad económica. Los hallazgos generales sobre una cuenca y la determinación de responsabilidades individuales son asuntos distintos. Una respuesta seria debe combinar asistencia técnica para corregir prácticas, fiscalización efectiva y decisiones sustentadas en pruebas.
El terremoto: los daños que sí documentan los reportes oficiales
Existen publicaciones oficiales que permiten complementar el panorama descrito por la prensa. Sin embargo, sus cifras deben leerse con atención, porque corresponden a territorios, fechas y categorías diferentes.
En Veraguas, el MINSA informó el 17 de octubre de 2026 que el sismo había afectado 24 acueductos rurales en los distritos de Soná y Mariato, de los cuales 22 habían sido puestos nuevamente en funcionamiento. A esa fecha, los equipos no habían logrado ingresar a las tomas de agua de Malena y Furniales debido a deslizamientos y daños en el terreno. El balance también registró la entrega de tres tanques de almacenamiento provisional de 10 mil litros cada uno y la distribución de 255 pastillas de cloro en 20 comunidades.
La precisión territorial es importante: los 24 sistemas reportados corresponden a Soná y Mariato. No deben presentarse como el total de acueductos afectados en Herrera, Los Santos y el sur de Veraguas. Asimismo, el impedimento para acceder a las captaciones demuestra que recuperar el servicio puede requerir más que sustituir tuberías: también es necesario habilitar accesos y evaluar la seguridad del terreno.
En Herrera, el boletín del MINSA del 18 de octubre describió casetas colapsadas, daños en tanques de reserva y afectaciones en las líneas que transportan el agua hacia las comunidades. Las intervenciones comprendieron sectores de Los Pozos, Ocú, Las Minas y Pesé, entre ellos Pitaloza Arriba y Pitaloza Abajo, El Cedro, Llano Arriba, Llano Abajo, Quebrada de Agua y El Ciprián. Además de las reparaciones, se realizaron muestreos de calidad del agua, evaluación de pozos y verificaciones de los tanques de abastecimiento de instalaciones de salud.
Una publicación posterior, del 26 de octubre, informó que personal del Departamento de Agua Potable y Obras Sanitarias había visitado unas 30 comunidades de Herrera y albergues para revisar el suministro y la calidad del agua. El MINSA señaló que algunos acueductos habían sido reparados por las comunidades y otros por entidades gubernamentales. Ese dato muestra la participación comunitaria en la respuesta, aunque no equivale a un balance completo de todos los sistemas dañados o rehabilitados en la provincia.
En Los Santos, la actualización oficial del 23 de octubre añadió información posterior al reportaje de La Prensa: el MINSA comunicó 116 evaluaciones de acueductos rurales y la habilitación de 11 pozos con sistema solar. Se reportaron reparaciones de daños menores en Bajo Corral Centro, Las Lagunitas y Bajo Las Capas; recuperación del suministro en Quebrada Grande; y otras intervenciones en Tonosí y Macaracas. La institución también identificó sistemas sin daños, como el de Praderas del Manantial. Por ello, 116 evaluaciones no significa 116 acueductos afectados.
La Organización Panamericana de la Salud también publicó un Informe de Situación No. 3, con fecha 18 de octubre de 2026, que incorpora el acceso a agua segura y saneamiento entre los componentes de la respuesta sanitaria. Su existencia complementa los boletines nacionales y confirma la necesidad de abordar el abastecimiento como parte de la protección de la salud durante la emergencia.
Restablecer el servicio no equivale a certificar la potabilidad
Uno de los mayores riesgos de comunicación consiste en utilizar como equivalentes expresiones que describen situaciones distintas: una fuente recuperada, una planta operativa, un acueducto reparado y agua apta para consumo humano.
La seguridad del abastecimiento requiere examinar todo el recorrido del agua. La Organización Mundial de la Salud recomienda planes de seguridad que evalúen los riesgos desde la captación hasta el consumidor, con medidas de control, seguimiento y vigilancia independiente. Bajo ese enfoque, una mejora en el río no sustituye la verificación del tratamiento, del almacenamiento y de la red de distribución.
Después de una emergencia, los daños en las redes también pueden crear riesgos sanitarios adicionales. La Agencia de Protección Ambiental de Estados Unidos explica que la pérdida de presión puede favorecer la entrada de agua externa y contaminantes a través de grietas, roturas o uniones. Se trata de un riesgo técnicamente reconocido, no de una afirmación de que haya ocurrido en todos los acueductos afectados en Panamá. Precisamente por ello, la rehabilitación física debe acompañarse de las verificaciones sanitarias correspondientes.
La condición del agua tampoco puede generalizarse para toda una región sin identificar el sistema y la fecha. Un ejemplo de esa delimitación es el comunicado del MINSA del 25 de febrero de 2026, que declaró apta para consumo el agua de Llano de Piedra y Las Tablas, mientras señalaba que quedaban pendientes trabajos y validaciones en Guararé, La Villa de Los Santos y Chitré. Esa comunicación es un antecedente territorial y fechado; no sustituye las evaluaciones posteriores al terremoto ni permite extender sus conclusiones a otros sistemas.
También debe evitarse presentar la desinfección doméstica como una solución universal. Los Centros para el Control y la Prevención de Enfermedades de Estados Unidos advierten que hervir o desinfectar no vuelve segura el agua que contiene sustancias químicas tóxicas. Por consiguiente, las instrucciones a la población deben corresponder al riesgo identificado y a las indicaciones de la autoridad sanitaria, no a una recomendación indiferenciada para cualquier forma de contaminación.
Las comunidades sostienen los acueductos, pero no deben enfrentar solas la recuperación
El reportaje del 20 de octubre dimensionó la importancia de los sistemas comunitarios al señalar la existencia de 267 acueductos rurales en Herrera, 226 en Los Santos y 151 en el sur de Veraguas: 644 sistemas en conjunto. Ese universo no representa el número de instalaciones dañadas; describe la extensión de una infraestructura esencial para las comunidades y la necesidad de conocer con precisión su estado.
Las juntas administradoras de acueductos rurales, conocidas como JAAR, cuentan con un marco regulatorio establecido mediante el Decreto Ejecutivo No. 1839 de 5 de diciembre de 2014. La norma las reconoce como organismos corresponsables con el Estado de la administración, operación, mantenimiento y ampliación de los sistemas de abastecimiento rural, y establece responsabilidades de coordinación y supervisión del MINSA.
Esa corresponsabilidad debe traducirse en apoyo efectivo. La participación de los habitantes es indispensable, pero no debería convertirse en una razón para trasladarles, sin acompañamiento suficiente, la evaluación de daños estructurales, los análisis de laboratorio o el financiamiento de reconstrucciones que excedan sus posibilidades.
La dimensión jurídica del problema es igualmente relevante. El artículo 109 de la Constitución reconoce la protección de la salud como función esencial del Estado, y el numeral 4 del artículo 110 vincula la prevención de enfermedades transmisibles con el saneamiento y la disponibilidad de agua potable. El artículo 118 establece el deber estatal de garantizar un ambiente sano, mientras los artículos 119 y 120 incorporan la prevención de la contaminación y la fiscalización del aprovechamiento de los recursos naturales.
Desde esta perspectiva, el abastecimiento seguro no constituye únicamente una aspiración técnica o una respuesta humanitaria transitoria. Es una responsabilidad pública que exige continuidad: antes del desastre, mediante prevención y mantenimiento; durante la emergencia, mediante suministro y protección sanitaria; y después, mediante reconstrucción, control y rendición de cuentas.
Monitorear mejor y comunicar con precisión
Entre los avances institucionales destaca la estación de monitoreo inaugurada por MiAMBIENTE el 30 de mayo de 2026 en el río La Villa. Según la información oficial, permite generar datos continuos sobre parámetros como oxígeno disuelto, conductividad, pH, turbidez, temperatura y sólidos suspendidos. Esta capacidad aporta información para seguir cambios en la calidad de la fuente y apoyar decisiones oportunas.
El 7 de octubre, dos días antes del terremoto, MiAMBIENTE anunció un intercambio técnico con especialistas israelíes orientado a fortalecer un protocolo de alerta temprana. La iniciativa contemplaba definir umbrales, criterios de evaluación y mecanismos de comunicación entre MiAMBIENTE, el MINSA y el IDAAN, así como evaluar la incorporación de nuevos puntos de monitoreo. La publicación anunció la elaboración de un informe al concluir la gira; no debe confundirse ese anuncio con la publicación de resultados definitivos o con una certificación general de potabilidad.
El valor de estas herramientas dependerá de su conexión con decisiones verificables. Una alerta debe permitir identificar quién recibe la información, qué medidas se activan, cómo se protege a los usuarios y cuándo se comunica la normalización del servicio.
La información pública también requiere mayor integración. Los boletines consultados permiten reconstruir intervenciones y avances, pero no ofrecen, en un único documento, una relación completa de los sistemas afectados de las tres provincias con población abastecida, daños, reparaciones, resultados de laboratorio y condición sanitaria posterior. Publicar una matriz de esa naturaleza facilitaría distinguir entre sistemas inspeccionados, averiados, reparados, operativos y habilitados para consumo.
La transparencia no consiste solamente en anunciar trabajos. Para una comunidad, la información verdaderamente útil es saber qué ocurre con su acueducto, cuál es la fuente alternativa disponible, qué usos del agua están permitidos y qué falta para recuperar un servicio seguro.
Una recuperación que reduzca la vulnerabilidad
La respuesta debería organizarse alrededor de objetivos complementarios, no de actuaciones aisladas.
El primero es sostener el abastecimiento de emergencia mientras persistan restricciones o interrupciones, con especial atención a centros de salud, escuelas, albergues y hogares con personas que requieren asistencia. La OPS identificó el agua potable entre las necesidades operativas surgidas tras el terremoto y documentó interrupciones de agua y electricidad con impacto sobre servicios sanitarios. Por ello, la continuidad del suministro debe formar parte de la recuperación de los servicios esenciales.
El segundo es reconstruir con una evaluación de riesgos que vaya más allá de reponer lo que se rompió. Conviene revisar la ubicación y protección de captaciones, la estabilidad de los terrenos, las condiciones de tanques y tuberías, los accesos para mantenimiento y las alternativas de abastecimiento. Estas son líneas de evaluación que deberían orientar los proyectos, no conclusiones sobre la seguridad estructural de instalaciones que requieren inspección especializada.
El tercero es mantener el saneamiento de las cuencas como una tarea permanente. La urgencia del terremoto no debe desplazar la corrección de vertimientos ni la vigilancia de las actividades que afectan los ríos. Reparar un acueducto no elimina una descarga contaminante; del mismo modo, recuperar una fuente no resuelve los daños de una conducción.
El cuarto es fortalecer a las organizaciones comunitarias mediante asistencia técnica, capacitación, insumos y recursos para mantenimiento. La planificación de la seguridad del agua promovida por la OMS es adaptable a sistemas de distintos tamaños y condiciones, incluidos los abastecimientos comunitarios. Su utilidad radica en identificar y controlar riesgos antes de que se conviertan en una nueva emergencia.
Finalmente, la recuperación necesita metas públicas y comprobables. Más que contabilizar únicamente materiales entregados o visitas realizadas, debería permitir conocer cuántas comunidades recuperaron continuidad, qué sistemas superaron las verificaciones sanitarias y cuáles mantienen necesidades pendientes.
Recuperar el agua también exige recuperar la confianza
La doble crisis de Azuero deja una lección: no basta con tratar el agua cuando la cuenca se deteriora ni con reparar la infraestructura después de que falla. La protección de las fuentes, la vigilancia sanitaria, el mantenimiento y la preparación ante desastres deben operar como partes de una misma política.
La respuesta tampoco debería plantearse como una elección entre atender la emergencia y corregir los problemas históricos. Ambas tareas son necesarias. Las comunidades requieren soluciones inmediatas, pero también garantías de que la recuperación no las devolverá a las mismas condiciones de vulnerabilidad.
El éxito no debe medirse únicamente por el regreso del agua a las tuberías, sino por la posibilidad de disponer de ella de forma segura, continua y confiable. Alcanzar ese objetivo exige que la ciencia oriente las decisiones, que las instituciones coordinen sus responsabilidades y que la población tenga acceso a información clara sobre el servicio del que depende.
Fuentes consultadas
Informes y publicaciones oficiales de Panamá
- Ministerio de Salud (MINSA). Contaminación del río La Villa por atrazina 2014. Archivo institucional que reúne resultados de análisis y documentación sobre el episodio de contaminación ocurrido en 2014. MINSA
- Presidencia de la República de Panamá. Gobierno informa sobre avances de trabajos para resolver crisis de agua en Azuero por contaminación del río La Villa. 17 de junio de 2025. Publicación del diagnóstico interinstitucional y de las medidas adoptadas por MiAMBIENTE, el IDAAN y el MINSA. Presidencia de Panamá
- Secretaría Nacional de Ciencia, Tecnología e Innovación (SENACYT). La Senacyt realizó el taller «Diálogo de saberes técnicos sobre la cuenca del río La Villa». 6 de agosto de 2025. Síntesis de los hallazgos, problemas ambientales y propuestas discutidos por investigadores y representantes institucionales. Senacyt
- Ministerio de Salud (MINSA). El Minsa declara que el agua potable de Llano de Piedra y Las Tablas es apta para el consumo humano. 25 de febrero de 2026. Comunicado sobre la validación sanitaria del agua en esas localidades. MINSA
- Ministerio de Ambiente (MiAMBIENTE). MiAMBIENTE inaugura primera Estación de Monitoreo de Calidad del Agua del Río La Villa. 30 de mayo de 2026. Información sobre la instalación, operación y parámetros evaluados por la estación de monitoreo continuo. MiAmbiente – Ministerio de Ambiente
- Ministerio de Ambiente (MiAMBIENTE). Panamá e Israel impulsan sistema de alerta temprana para proteger las fuentes de agua de Azuero. 7 de octubre de 2026. Publicación sobre la cooperación técnica y el desarrollo de mecanismos de alerta y coordinación interinstitucional. MiAmbiente – Ministerio de Ambiente
- Ministerio de Salud (MINSA). Minsa intensifica trabajos para restablecer acueductos rurales afectados por el sismo en Veraguas. 17 de octubre de 2026. Balance oficial de los 24 acueductos afectados en Soná y Mariato y de las actuaciones para recuperar el abastecimiento. MINSA
- Ministerio de Salud (MINSA). Minsa evalúa y repara acueductos rurales de Herrera para garantizar el suministro de agua. 18 de octubre de 2026. Información sobre daños, inspecciones, muestreos y reparaciones en comunidades de Herrera. MINSA
- Ministerio de Salud (MINSA). Ministerio de Salud apoya la recuperación de acueductos rurales en Los Santos. 23 de octubre de 2026. Reporte de las 116 evaluaciones realizadas, las reparaciones y la habilitación de pozos durante la emergencia. MINSA
- Ministerio de Salud (MINSA). Equipo de salud de Panamá Norte se traslada a Herrera para brindar atención médica a damnificados por el sismo. 26 de octubre de 2026. Actualización sobre la atención a las comunidades afectadas y el seguimiento sanitario. MINSA
Investigaciones científicas
- Villarreal-Núñez, José Ezequiel, y otros. “Metales pesados en suelos y sedimentos en la cuenca del río La Villa-Panamá”. Ciencia Agropecuaria, núm. 29, 2018, pp. 41–64. Investigación sobre concentraciones de metales en suelos, sedimentos, abonos y agroquímicos utilizados en la cuenca. Panindex
- Camarena, Félix; Castro, Jheferson; Calderón, Ricardo; y Valdés, Benedicto. “Clasificación de contaminantes y su impacto en la calidad del agua del río La Villa”. Centros: Revista Científica Universitaria, vol. 13, núm. 1, 2024, pp. 38–59. Universidad de Panamá. DOI: 10.48204/j.centros.v13n1.a4633. Revistas UP
Informes y referencias técnicas internacionales
- Organización Panamericana de la Salud / Organización Mundial de la Salud (OPS/OMS). La OPS/OMS coordina con el Ministerio de Salud el apoyo a la respuesta en salud tras el terremoto en Panamá. Publicación del 10 de octubre de 2026. Información sobre afectaciones sanitarias y necesidades de agua potable y otros servicios esenciales. Organización Panamericana de la Salud
- Organización Panamericana de la Salud / Organización Mundial de la Salud (OPS/OMS). Informe de Situación 3: Terremoto en Panamá, octubre 2026. Informe fechado el 18 de octubre de 2026. Actualización sobre afectaciones, continuidad de los servicios de salud, agua segura, saneamiento y necesidades prioritarias. Organización Panamericana de la Salud
- Organización Mundial de la Salud (OMS). Water safety planning —planificación de la seguridad del agua—. Referencia técnica sobre la evaluación y gestión de riesgos en los sistemas de abastecimiento, desde la captación hasta el consumidor. Organización Mundial de la Salud
- Agencia de Protección Ambiental de Estados Unidos (EPA). Loss of Pressure in Drinking Water Systems in Wyoming and on Tribal Lands in EPA Region 8. Actualización del 5 de mayo de 2026. Referencia técnica sobre los riesgos de contaminación asociados con la pérdida de presión en las redes de distribución. US EPA
- Centros para el Control y la Prevención de Enfermedades de Estados Unidos (CDC). How to Make Water Safe in an Emergency. 19 de septiembre de 2024. Orientaciones sobre agua segura en emergencias y limitaciones de la ebullición y desinfección frente a contaminantes químicos. CDC
Normativa
- Constitución Política de la República de Panamá. Artículos 109, 110, numeral 4, y 118 a 120, relativos a la protección de la salud, el saneamiento, el agua potable y la protección del ambiente. Texto consultado en el portal del Tribunal Electoral. Constitucion de la República de Panamá
- Decreto Ejecutivo No. 1839 de 5 de diciembre de 2014. Marco regulatorio de las juntas administradoras de acueductos rurales (JAAR). Publicado en la Gaceta Oficial No. 27678-A de 5 de diciembre de 2014. Referencia normativa consultada en Infojurídica, Procuraduría de la Administración. Infojurídica
Fuente periodística
- Arcia Jaramillo, Ohigginis. “Azuero enfrenta dos crisis de agua: una por la contaminación y otra por el terremoto”. La Prensa, 20 de octubre de 2026. Reportaje utilizado como punto de partida para el análisis de la concurrencia de ambas emergencias. La Prensa Panamá
Fecha de consulta de las fuentes: 27 de octubre de 2026.




